Revista Berceo y Teoría del Cierre Categorial en el homenaje a Gustavo Bueno en Santo Domingo de la Calzada, La Rioja. España

Interesantes aportes en este homenaje a Gustavo Bueno.

Exposición , por parte de David Alvargonzález, uno de los mejores conocedores y estudiosos del Materialismo Filosófico y la Teoría del Cierre Categorial. Desde la Fundación Gustavo Bueno en Oviedo, España

NOTA INTROFILOSOFIA. Agregamos este otro video, previo al superior, donde David Alvargonzález expone asuntos vinculados con el problema tratado sobre los rasgos genéricos y específicos de las Ciencias.

La Clasificación de las Ciencias.

IMPORTANTE: Material para trabajar, analizar, criticar, sobre la cuestión de la clasificación de las Ciencias

http://www.fgbueno.es/act/img/efo156.pdf http://www.fgbueno.es/act/img/efo156.pdf

Bioética : debate Filosófico desde el Materialismo

El filósofo y biólogo David Alvargonzález nos plantea las tesis esenciales que plante el Materialismo Filosófico para analizar y criticar las implicaciones de la Bioética

En el debate participa uno de los representantes más importantes para el asunto desde la perspectiva de la Unión Europea , el doctor en medicina Marcelo Palacios y otros invitados https://youtu.be/jTwI5ereuMw
Bioética desde el Materialismo Filosófico

La Idea de posibilidad desde las tesis del Materialismo Filosófico

LA IDEA DE POSIBILIDAD EN LA FILOSOFÍA DE GUSTAVO BUENO

The idea of possibility in Gustavo Bueno’s Philosophy

ISSN: 2255-5897

Fecha de recepción: 5 de febrero 2017 Fecha de aceptación: 10 de julio de 2017

Resumen

En este artículo discutiré la idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno. En primer lugar, expondré la teoría de Gustavo Bueno acerca de las ideas de existencia, necesidad y posibilidad tal como aparece en el escolio séptimo de la segunda edición de El animal divino (1996a): según esta teoría, no existe una necesidad, posibilidad o existencia en sentido absoluto, sino que hay que hablar siempre de com-posibilidad, co- existencia y co-necesidad. A continuación, expondré el argumento victorioso de Diodoro Cronos, y comentaré algunos asuntos que son

DAVID ALVARGONZÁLEZ Universidad de Oviedo (dalvar@uniovi.es)

importantes para su correcta interpretación. Después, comentaré los textos en los que Gustavo Bueno cita a Diodoro, y trataré de discernir cuál es la interpretación que hace Bueno del argumento de Diodoro. Luego pasaré a mostrar cómo la interpretación fatalista del argumento victorioso es incompatible con la teoría de la modalidad expuesta en 1996 y con algunas otras ideas relevantes defendidas por Bueno en sus obras. Mostraré, además, que el argumento de Diodoro puede ser rechazado desde la teoría de la modalidad expuesta al principio. Para terminar, me referiré al argumento victorioso en el contexto de

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

112

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

Diodoro

David Alvargonzález

la polémica sobre el significado ético I will comment on certain important

del aborto provocado.

Palabras clave

Necesidad, posibilidad,

Cronos, Gustavo Bueno, argumento victorioso

Abstract

In this paper, I will discuss Gustavo Bueno’s idea of possibility. Firstly, I will account for Gustavo Bueno’s theory about the ideas of existence, necessity, and possibility, as presented in the seventh scholium of the second edition of El animal divino [The Divine Animal] (1996a): Accordingly, there is no necessity, possibility, or existence in an absolute sense since the correct understanding of those ideas implies their consideration “in context”, as com- possibility, co-existence and co- necessity. Then, I will briefly explain Diodorus Cronus’ master argument and

1. Planteamiento del problema

issues concerning any proper interpretation. Having in sight the texts in which Gustavo Bueno quotes Diodorus, I will discuss on Bueno’s use of the master argument, and I will hold that the fatalist interpretation of Diodorus’ argument is incompatible with Bueno’s theory of modality, as presented in 1996, and with other relevant ideas that he has defended in his works. Furthermore, I will show that, from the tenets of the previously stated doctrine of modality, Diodorus’ argument is refutable. Finally, I will refer to the master argument in the context of the controversy about the ethics of abortion.

Keywords

Necessity, possibility, Diodorus Cronus, Gustavo Bueno, master argument

Gustavo Bueno, en el escolio séptimo de la segunda edición de El animal divino (1996a), expuso una teoría de la modalidad en la que definió las ideas de existencia, posibilidad y necesidad: según esta teoría, no existe una necesidad, posibilidad o existencia en sentido absoluto, sino que hay que hablar siempre de com- posibilidad, co-existencia y co-necesidad.

Sin embargo, Bueno, sin dejar de suscribir esa teoría (en la Tesela no 32 de 2010), también invocó el argumento victorioso de Diodoro Cronos en algunas de sus obras (2010b, 2010c, 2013, 2014a, 2014b). En concreto, el uso que Gustavo Bueno

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

113

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

hizo de ese argumento en relación con la polémica sobre la consideración ética del aborto provocado parece entrar en contradicción con su propia teoría de la modalidad y con otras partes muy relevantes de su sistema filosófico.

En este artículo, en primer lugar, resumiré la doctrina de la modalidad expuesta por Bueno en el escolio séptimo de El animal divino. A continuación, expondré el argumento victorioso de Diodoro Cronos, y propondré una serie de condiciones que, a mi juicio, debería cumplir toda interpretación actual del victorioso. Argumentaré que las posiciones mantenidas por Gustavo Bueno en muchas de sus obras son coherentes con la doctrina de la modalidad expuesta en primer lugar y no resultan compatibles con la reivindicación del argumento de Diodoro. De hecho, desde los supuestos del materialismo filosófico, no resulta difícil refutar el argumento victorioso. Por último, comentaré el papel que ha jugado el argumento victorioso en la discusión acerca de la valoración ética del aborto provocado.

2. La teoría de la modalidad de Gustavo Bueno en el escolio séptimo de

El animal divino

En el escolio séptimo de la segunda edición de El animal divino (1996a), Gustavo Bueno intentó caracterizar las ideas de necesidad, posibilidad y existencia teniendo en cuenta los usos de esas ideas en las diferentes ciencias (lógica, matemáticas, biología, física, ciencias humanas) y en la filosofía (especialmente en ontología y filosofía de la religión, dado el contexto en el que escribió este escolio).

Concluyó que necesidad, posibilidad y existencia son términos sincategoremáticos ya que se dicen siempre “de algo”. Negó que puedan ser considerados “en términos absolutos” o vayan referidos a la materia ontológico general y afirmó que van referidos a partes del mundo Mi.

La “posibilidad positiva” (no absoluta), por ejemplo, implica la com-posibilidad de algo con respecto a otros términos o conexiones de términos tomados como referencia (la definición de Aristóteles en los Primeros Analíticos I, 13, 32a18-21 podría reinterpretarse de ese modo). Bueno afirma que la posibilidad así entendida, aunque se abre paso a través de operaciones, es objetiva y, a diferencia de la probabilidad, “no va referida a la existencia concreta”, como demostraría la imposibilidad del Dios terciario sostenida por el ateísmo esencial (1996a, 374)

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

114

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

Lo mismo ocurriría con la idea de existencia entendida como “existencia positiva” que supone la co-existencia, la existencia junto con otros términos: eso hace posible que se pueda deducir la existencia de algo ausente a partir del contexto, como ocurre con la huella dejada por un animal, o como en la historia en la que las reliquias exigen la intercalación de los sujetos pretéritos. Bueno afirma que la existencia así entendida, como co-existencia “dice contingencia (pues ‘existir allí’ es contingente; puede variar o al menos puede variar el sujeto corpóreo observador)” (1996a, 376).

Gustavo Bueno insiste en que la posibilidad, necesidad y existencia lógicas son un caso particular (regional: lógico-lingüístico) más, en el que la com-posibilidad, co-necesidad y co-existencia de ciertas partes se evalúa en relación con el resto de las materialidades tipográficas tal como se definen en cada cálculo (ya sean enunciados, proposiciones, relaciones, clases).

En la doctrina de la modalidad anteriormente expuesta, voy a interpretar lo posible de un modo inclusivo respecto a las otras dos modalidades, es decir, voy a suponer que lo existente y lo necesario son posibles. Tomo esta decisión porque, de otra manera, lo posible se confundiría con lo contingente. Si tomamos los seis modos (posible/imposible; necesario/contingente, existente/inexistente) y los combinamos de dos en dos, obtendremos quince duplas. De ellas, seis son inconsistentes pues conducen a una contradicción: cada modo no puede darse a la vez que su contradictorio, lo imposible no puede ser existente ni necesario, y lo necesario no puede no existir. El resto de las combinaciones de los seis modos tomadas de dos en dos sí puede darse a la vez. Según esta interpretación inclusiva que propongo, la relación entre los tres modos fundamentales puede representarse por medio de un diagrama de Venn en el que lo necesario está incluido en lo existente y ésto, a su vez, en lo posible. Esta doctrina de la modalidad entiende lo contingente como lo que es no-necesario pero posible (en este punto se aleja de la posición de Richard Gaskin que entiende lo contingente como existente: Gaskin 1995, 286-290). Creo que esta interpretación aquí propuesta es la única compatible con el escolio séptimo de El animal divino.

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

115

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

3. El argumento victorioso de Diodoro Cronos

Epicteto es la principal fuente a la hora de conocer la estructura del argumento victorioso de Diodoro Cronos. En sus Disertaciones, caracterizó el argumento de Diodoro en los siguientes términos

El argumento victorioso parece haber sido planteado a partir de tres premisas semejantes a éstas, entre las cuales hay conflicto cuando tomamos juntas dos de ellas frente a la tercera: “(1) Todo pasado verdadero es necesario. (2) Lo posible no se sigue de lo imposible. (3) Existen posibles que ni son ni serán verdaderos”. Consciente de esa contradicción, Diodoro sostuvo la plausibilidad de las dos primeras proposiciones para probar que “nada hay posible que no sea verdadero en el presente o vaya a serlo en el futuro”.

Por lo demás, alguno se atendrá a la segunda y la tercera, que existe algo posible que ni es ni será verdadero, y que lo imposible no se sigue de lo posible; pero entonces no podrá afirmar que todo pasado verdadero es necesario; esto es lo que parecen sostener los del círculo de Cleantes, con quienes coincidía Antípatro. Otros [como Crisipo], admiten la primera y la tercera: que hay posible que ni es ni será verdadero, y que todo pasado verdadero es necesario; entonces, lo imposible se sigue lógicamente de lo posible. Pero no hay modo de mantener las tres proposiciones a la vez ya que en todos los casos hay conflicto entre una de ellas y las otras dos (Epicteto, Disertaciones, 2.19).

Este texto es el único en el que se presenta explícitamente la estructura del argumento. En otros textos de Cicerón, (Sobre el destino, 12, 13, 17) y de Plutarco (Refutaciones estoicas, 1055e-f) se menciona a Diodoro pero sólo de un modo indirecto, a la hora de hablar de los estoicos (todos estos textos pueden consultarse en el “Apéndice” de este artículo).

Aristóteles en el capítulo noveno de su Sobre la interpretación, en la Metafísica (1046b 29 – 1047b) y en su Acerca del cielo (I, 283b, 6-17) trató asuntos próximos al argumento de Diodoro. Aristóteles no cita a Diodoro, aunque en la Metafísica se refiere a las teorías de “los megáricos”. David Sedley ha argumentado que no es seguro que Aristóteles conociera a Diodoro, y es más probable que Aristóteles influyera sobre Diodoro que al revés (Sedley 1977, 75-80). Las similitudes

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

116

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

entre ciertos textos de Aristóteles y las proposiciones del argumento de Diodoro han sido subrayadas y analizadas por Hintikka y Sambursky (Hintikka 1957 y 1964; Sambursky 1959).

Ateniéndonos al texto de Epicteto, las premisas en conflicto que conducen a Diodoro a su famoso argumento son las siguientes:

a) (1) Todo pasado verdadero es necesario.

b) (2) Lo posible no se sigue de lo imposible.

c) (3) Existen posibles que ni son ni serán verdaderos.

Diodoro, como es bien sabido, niega la proposición tercera y, afirma las dos

primeras, de modo que concluye:

d) (4) Nada hay posible que no sea verdadero en el presente o vaya a serlo en el futuro.

Epicteto, en el texto citado, dando por sentada la incompatibilidad entre las tres primeras tesis, contempla también las otras dos posibilidades abiertas por la afirmación de dos de los supuestos frente al tercero:

a) Que las proposiciones segunda y tercera sean verdaderas y la primera falsa: esta sería la posición de la escuela del estoico Cleantes y de Antípatro. Según esta opción, no todo lo pasado es necesario y, puede haber posibles que no son ni serán verdaderos, por ejemplo, los futuros contingentes que no llegan a realizarse.

b) Que la primera y la tercera proposición sean verdaderas y la segunda falsa: esa sería la posición de Crisipo el estoico.

En todo caso, parece que los estoicos, en contra de Diodoro, admitían

unánimemente la verdad de la tercera proposición (Harven 2016; Mates 1973).

A mi juicio, las interpretaciones actuales del argumento victorioso se enfrentan con el importante reto de hacer que éste adquiera sentido como argumento respetando una serie de condiciones mínimas, entre las cuales estarían las siguientes:

a) Se debe hacer uso de las tres premisas del argumento. Gaskin considera que hay algunas reconstrucciones del argumento, como la de Vuillemin (1996), que no hacen uso de alguna de ellas (Gaskin 1995, 279).

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

117

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

b) Es necesario probar que esas tres premisas son incompatibles, asunto disputado que algunos analistas niegan (W. Kneale y M. Kneale 1961, 113) y otros afirman (Michael 1976).

c) En el caso de que quedara probada esa incompatibilidad, hay que justificar por qué la solución de esa incompatibilidad pasa por negar la tercera de las premisas y no alguna de las otras dos, en especial la primera. Si se admite la existencia de acontecimientos contingentes, la primera premisa resulta discutible: como argumenta Susanne Bobzien (2011), puede ocurrir que “ayer estuviera en Corinto” pero de ahí no se sigue que mi estancia ayer en Corinto fuera “necesaria”.

d) No se deben utilizar otros presupuestos o premisas auxiliares. Muchas de las reconstrucciones ensayadas los utilizan en mayor o menor medida (Prior 1955; Wiggins1991; Vuillemin 1996).

e) Es necesario justificar cómo de la afirmación de las dos primeras premisas y la negación de la tercera se puede deducir la conclusión que saca Diodoro. Realizar esta deducción sin hipótesis auxiliares sigue siendo un reto. Como afirma Rice (2014), el argumento de Diodoro no explica el paso de la verdad a la necesidad.

f) Parece exigible que se haga uso de las tres modalidades (posibilidad, existencia y necesidad) de forma que esas modalidades no se reduzcan unas a otras o se lleguen a confundir o identificar (ellas o sus contradictorias): Gaskin se refiere a este problema de la identificación de unas modalidades con otras como el “colapso modal” (Gaskin 1995). Esta es la debilidad de la interpretación fatalista de Cicerón (en Sobre el destino). David Sedley considera que Diodoro no llegó a dar el paso de identificar lo existente, lo posible y lo necesario (Sedley 1977, 99). William y Martha Kneale interpretan que Diodoro sostuvo que los cambios de modalidad son permisibles (menos en el caso de las cosas necesarias e imposibles cuyo valor y modalidad no puede cambiar) y, si es así, los posibles podrían ser contingentes (W. y M. Kneale 1961, 112). Es razonable pensar que si Diodoro hubiera querido identificar unas modalidades con otras no se habría conformado con concluir que “nada hay posible que no sea verdadero en el presente o vaya a serlo en el futuro” sino que habría llegado a la conclusión mucho más fuerte de que lo

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

118

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

posible, lo necesario y lo existente (o lo verdadero) coinciden (o que coinciden algunas de esas modalidades).

g) También parece exigible que, si se admite una determinada modalidad (por ejemplo, la existencia de configuraciones o procesos contingentes) en un determinado momento (por ejemplo, en un momento pasado), se admita también en los demás momentos (presentes o futuros). La idea de que no haya habido en absoluto contingencias en un momento pasado, pero las haya en el presente o las vaya a haber en el futuro (Vuillemin 1996; Gaskin 1995) resulta muy difícil de justificar desde un punto de vista ontológico. La interpretación de Nicholas Denyer que supone que Diodoro sólo aplica la necesidad al pasado y considera que los presentes y los futuros son contingentes sería, según esto, problemática (Denyer 1981, 50-51).

Como es bien sabido, existe una tradición según la cual el argumento de Diodoro conduciría a una filosofía fatalista. Esta tradición arranca de los filósofos helenísticos (en especial de los estoicos, si damos crédito a Cicerón) que interpretaron que el argumento victorioso suponía negar la existencia de los futuros contingentes (Sedley 1977). En la actualidad, autores como Frederick Copleston, Nicolás Abbagnano y Jean Brun, en sus tratados de historia de la filosofía, atribuyen a Diodoro la tesis de que sólo lo real es posible, de que los acontecimientos que ya sucedieron son necesarios y los que no llegan a suceder son imposibles (Copleston 1968, 129; Abbagnano 1982, 68; Brun 1969, 250). Prior y Hintikka, en sus respectivas reconstrucciones del argumento victorioso, suponen que la necesidad de los acontecimientos pasados (que aparece en la premisa primera) se puede transferir al presente y al futuro (Prior 1955; Hintikka 1964).

La discusión de las diferentes interpretaciones del argumento victorioso excede con mucho los objetivos de este artículo: los tratados de Gaskin (1995) y Vuillemin (1996) pueden cumplir este cometido. Por mi parte, solo pretendo discutir el uso del argumento de Diodoro en la obra de Gustavo Bueno.

4. Los textos de Gustavo Bueno sobre Diodoro Cronos

Si analizamos los textos de Gustavo Bueno publicados en los que hace referencia al argumento victorioso de Diodoro Cronos (Bueno 2010b, 2010c, 2013, 2014a, 2014b), es interesante subrayar lo siguiente:

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

119

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

a) Cuando Bueno se refiere al argumento de Diodoro o a su teoría de la posibilidad, siempre lo hace formando parte de la primera premisa de un condicional. Así: «[…] si nos atenemos a la ontología actualista del materialismo muy afín al “argumento victorioso” de Diodoro Cronos» (2010b); «[…] desde el “argumento victorioso” de Diodoro Cronos» (2010b); «si adoptamos la concepción de la posibilidad de Diodoro Cronos» (2013); «[…] al menos si nos atenemos a la idea de posibilidad que definió Diodoro Cronos» (2014a); «El hombre que midió mal sus posibilidades ignorando el axioma de Diodoro Cronos […]» (2014b).

Recuerdo que Gustavo Bueno comentó en alguna ocasión cómo este recurso estilístico de utilizar un condicional cuyo antecedente no llega nunca a ser afirmado del todo le había permitido, en los tiempos del primer franquismo, escribir muchas páginas acerca de la existencia de Dios y otros asuntos parecidos: sólo hacía falta introducir el tema del siguiente modo: “si suponemos que Dios existe […]”, “si suponemos un ser necesario […]”, etc. Advertía Bueno que este procedimiento permitía explorar posibilidades sin necesidad de comprometerse con la verdad de lo que se decía.

b) También es relevante recordar que dos de estos textos coinciden temporalmente (2010) con la grabación y la publicación de la Tesela 32 (“Existencia, posibilidad, necesidad”) en la que Bueno reitera sin cambios la doctrina modal expuesta en el escolio séptimo de la segunda edición de El animal divino (1996a) que, como mostraré más adelante, es incompatible con la conclusión del argumento victorioso.

c) La referencia al argumento de Diodoro en todos estos textos, lo mismo que en el debate sobre el aborto que comentaré en el epígrafe final, se hace para defender la tesis de que sólo lo que se ha verificado es posible y, por tanto, que la posibilidad depende de la realización efectiva. Pero, si la “posibilidad de algo sólo existe en un sentido retrospectivo” (Bueno 2014 a y b), entonces los futuros contingentes no existen. Ya sabemos que lo existente es posible pero Bueno afirma ahora que “sólo lo existente es posible”, de modo que entonces “lo no existente es imposible”, y lo posible se identifica con lo existente (con lo que las tres modalidades se reducen a dos).

Javier Pérez Jara también considera que, cuando esta teoría se aplica al futuro, es tanto como negar los futuros contingentes y afirmar que todo futuro es necesario, aunque sea impredecible (Pérez Jara 2016). Esta posición se

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

120

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

coordina con las tesis, mantenidas en ocasiones por Bueno, según las cuales no existe el futuro y los proyectos humanos son, en realidad, variedades de recuerdos (la prolepsis como anamnesis) (Bueno 1992; 1995; 1996b, 419; 2004, 92).

d) Bueno aplica esta interpretación, que entiende la posibilidad como exclusivamente retrospectiva, tanto a contextos propios de las ciencias naturales, biológicos (alfa operatorios) (2010b) como a contextos de las ciencias humanas y etológicas (2010c, 2013, 2014a y b).

5. Algunas ideas relevantes defendidas por Gustavo Bueno que resultan incompatibles con el argumento de Diodoro Cronos

Los temas resumidos en este apartado son una muestra, no exhaustiva pero sí significativa, de algunas teorías del materialismo filosófico que resultan incompatibles con la interpretación buenista del argumento victorioso de Diodoro Cronos.

5.1 Incompatibilidad con la doctrina de la modalidad expuesta en el escolio séptimo de El animal divino (1996a)

Como es muy evidente, la teoría de la modalidad canónica de Gustavo Bueno resumida en el apartado segundo choca directamente en varios puntos con el argumento victorioso de Diodoro Cronos. En primer lugar, Bueno, en su teoría modal, supone que existen posibles que no se actualizan nunca, afirmando la tercera proposición negada por Diodoro (“existen posibles que ni son ni serán verdaderos”). Bueno también niega la primera proposición afirmada por Diodoro, a saber, que “todo pasado verdadero es necesario” ya que, en muchos lugares, afirma explícitamente la existencia de cosas y procesos que fueron contingentes en el pasado. Del mismo modo, Bueno también niega explícitamente la conclusión que saca Diodoro en su argumento (“nada hay posible que no sea verdadero en el presente o vaya a serlo en el futuro”) ya que supone que hay muchas situaciones posibles, en el sentido por él definido (es decir, “com-posibles con respecto a otros términos o conexiones de términos tomados como referencia”), sin necesidad de que tengan que darse en el presente o vayan a darse en el futuro: los númenes mitológicos secundarios, en

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

121

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

cuanto entes reales, no existieron en el pasado, no existen en el presente y podrían perfectamente no existir en el futuro pero, sin embargo, son posibles, a diferencia del Dios terciario que, según el ateísmo esencial, es imposible pues encierra internamente una contradicción, una in-com-posibilidad. Es evidente que, en 1996, Bueno diferencia existencia de posibilidad y admite que hay posibles no existentes.

En todo caso, el aforismo “de posse ad factum non valet illatio” (invocado por Bueno en 2010b) sí es compatible con la teoría modal de Bueno, tal como ha quedado expuesta en el apartado segundo de este artículo, ya que de ninguna manera lo existente puede entenderse como una consecuencia (lógica, causal) de lo posible. Pero esto no significa que la posibilidad sea un no-ser ya que, como ha quedado dicho, la posibilidad se define como com-posibilidad.

5.2 Incompatibilidad con la existencia de los futuros contingentes, con la doctrina de las metodologías beta operatorias de la teoría del cierre categorial, y con la reivindicación de la ciencia media de Luis de Molina

La teoría del cierre categorial exige el reconocimiento de las operaciones desplegadas por los científicos de modo que éstas se puedan evaluar por sus resultados. La doctrina de las ciencias humanas presupone, además, que ese espacio operatorio abierto contingente (al que Bueno bautizó como “infecto”) es también compartido por el sujeto temático (hablante, nativo, agente económico, sujeto pretérito): las metodologías beta operatorias son el reconocimiento de ese espacio abierto de futuros contingentes (Bueno 1978b). Esto se aprecia con toda claridad en la respuesta dada por Bueno a mis comentarios acerca de las metodologías operatorias en la que reivindicó la ciencia media de Luis de Molina cuya situación canónica sería el juego del ajedrez. Bueno dice explícitamente que la idea de un Dios que controlara íntegramente el campo operatorio, y para el que todas las verdades serían verdades necesarias (serían verdades de razón) es contradictoria (Alvargonzález 1989, Bueno 1989b, Alvargonzález 2015). La gnoseología de la psicología de Gustavo Bueno es solidaria con la teoría de la ciencia media de los futuros contingentes (Bueno 1994).

Si aplicáramos la interpretación buenista del victorioso según la cual sólo existe la posibilidad retrospectiva, entonces no podría haber ciencias humanas como ciencias de simple inteligencia ni como ciencias medias sino sólo como ciencias de visión.

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

122

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

5.3 Incompatibilidad con la posibilidad y no existencia de los dioses secundarios

Diodoro niega que existan posibles que no hayan sido, sean o serán verdaderos. La filosofía de la religión del materialismo es compatible con la idea de que los númenes primarios, aun teniendo componentes míticos, tengan un correlato real animal (Alvargonzález 2005). Además, supone la posibilidad de los dioses secundarios definidos como voluntades e inteligencias que no son animales linneanos pero que son corpóreos finitos (y, por tanto, posibles en cuanto corpóreos y finitos). Al mismo tiempo que se afirma su posibilidad, se niega que hayan existido en el pasado o existan en el presente y no se contempla ningún argumento para suponer que vayan a existir en el futuro (Bueno 1996a). Este es un ejemplo claro de posibles que no se actualizan nunca (afirmando la tesis tercera, negada por Diodoro). Lo no existente, por tanto, no se identifica con lo imposible ya que puede ser posible y “contingentemente no existente”.

5.4 Incompatibilidad con las ideas de necesidad e imposibilidad esencial científica (geométrica, termodinámica, física, biológica) dada al margen del sujeto, de acuerdo con la teoría del cierre categorial

La teoría del cierre categorial supone que, en las ciencias, existe necesidad por esencia, que se define por su composición con determinadas configuraciones de cada campo científico. La idea de necesidad, entendida como “necesidad positiva” (regional, no absoluta) se encuentra ejercitada, involucrada, en ciertos teoremas científicos verdaderos: dado cierto contexto geométrico euclidiano, es necesario que los ángulos del triángulo sumen dos rectos; dado cierto contexto físico, es necesario que el bloque de hierro macizo se hunda en el agua; dado el contexto biológico del organismo humano es necesario que sea mortal (utilizo deliberadamente ejemplos tomados de Amonio en sus Comentarios al Sobre la interpretación de Aristóteles). Esta necesidad esencial es la más fuerte que cabe concebir y es la que está implícita en la doctrina del hiperrealismo materialista que supone la imposibilidad de separar los aspectos ontológicos y gnoseológicos de la realidad. Aunque Bueno no llega a identificar lo necesario con lo posible y lo existente, es evidente que todo lo necesario tiene que ser posible. La necesidad esencial de las ciencias no es exclusivamente

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

123

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

retrospectiva y, como todo lo necesario es posible, nos encontramos aquí con algo posible que es conocido a priori como posible. Si es así, entonces no toda posibilidad es retrospectiva como reivindica Bueno al invocar el argumento victorioso.

Ahora bien, aunque existan procesos necesarios en cada ciencia, la composición de los fenómenos de ciencias diferentes puede no ser necesaria: en la reproducción de los animales, el determinismo genético tiene que contar con la selección sexual que responde a situaciones etológicas contingentes.

Recíprocamente, la imposibilidad esencial está ligada a esa idea de necesidad pues se entiende como “in-com-posibilidad” (imposibilidad de que ciertas cosas se compongan): es imposible conmensurar la diagonal y el lado del cuadrado (ejemplo de imposibilidad puesto ya por Aristóteles en Metafísica IX,4, 1047b3-6); es imposible el decaedro regular; el móvil perpetuo es termodinámicamente imposible; es imposible, desde un punto de vista biomecánico, un mamífero terrestre que mida cien metros de altura; es imposible un viviente incorpóreo que estuviera formado exclusivamente de radiación. Nuevamente, esta imposibilidad no es retrospectiva ya que no hay que reducirla a lo ya pasado ni esperar al futuro para comprobar si tendrá o no lugar (Bueno 1993, 1996a).

5.5 Incompatibilidad con la necesidad e imposibilidad filosóficas, en especial con la doctrina del ateísmo esencial referido al dios terciario

La necesidad y la imposibilidad esencial aparecen también en el ámbito del sistema filosófico del materialismo. Por ejemplo, dado cierto contexto (histórico, ético, moral, político), habrá que reconocer (la necesidad de) una responsabilidad del hombre sobre algunos de sus actos pues sin esa responsabilidad carecerían de sentido muchas de las discusiones de carácter ético, moral o político (Bueno 1996b).

Bueno elaboró una doctrina del “ateísmo esencial” referido al Dios de las religiones terciarias que mantiene que el Dios de la ontoteología es esencialmente imposible, ya que sus infinitos atributos entrarían en contradicción unos con otros (Bueno 1989a). Por tanto, no hace falta recorrer exhaustivamente el pasado para comprobar que el Dios terciario no ha existido y derivar su imposibilidad retrospectivamente, como tampoco es necesario suspender indefinidamente el juicio sobre el ateísmo para comprobar si, en el futuro, el Dios terciario se va a actualizar o

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

124

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

no. Bueno distinguió claramente el ateísmo esencial del ateísmo existencial (Bueno 1989a, 1996a).

5.6 Incompatibilidad con la doctrina de la teleología, muy en especial con la idea de una teleología propositiva

La idea de finalidad del materialismo (con sus dos variantes, la finalidad propositiva y la no propositiva) implica tomar en consideración siempre un conjunto de alternativas que son posibles y que, sin embargo, no se llegan a actualizar nunca (en contra de Diodoro). Incluso cuando estamos considerando procesos finalistas necesarios (y suponemos que no todos los son), esa necesidad sólo se construye cuando se evalúa frente a otras posibilidades (equifinales o no) que no llegan a existir nunca. En el caso de la finalidad propositiva esto es evidente ya que los proyectos del sujeto se dibujan frente a una diversidad de alternativas que no llegan a actualizarse nunca (Bueno 1992 y 2012).

5.7 Incompatibilidad con la interpretación no necesarista de todos los procesos dinámicos físicos y geológicos y de los procesos evolutivos biológicos

Según la doctrina materialista, de la circunstancia de que ciertos científicos crean poder regresar desde el estado actual del universo hasta situaciones pretéritas de hace trece mil millones de años no se sigue que desde aquellas situaciones se pueda progresar de nuevo al estado del universo actual. Desde posiciones materialistas se ha criticado reiteradamente esa historia cosmológica total lo mismo que se ha criticado la interpretación de la teoría de la evolución biológica como una narración de la historia de la biosfera considerada como un todo atributivo (Alvargonzález 1996; Bueno 1998 y 2013). El argumento de Diodoro, reivindicado por Bueno, afirma en su primera proposición que todo pasado verdadero es necesario. Esta tesis podría considerarse, desde el materialismo, como una metafísica de la naturaleza propia de un fundamentalismo científico unificacionista que pretende dar una visión científica de todo lo existente. Por otra parte, es un asunto discutido hasta qué punto situaciones como la que se describe en el experimento de la doble rendija

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

125

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

de la mecánica cuántica son compatibles con el argumento de Diodoro (Vuillemin 1996, 261-265).

5.8 Incompatibilidad con la teoría acerca del papel del individuo en la historia

Bueno reconoce un papel determinante de ciertos individuos en la reconstrucción de la historia fenoménica contingente (Bueno 1978a, 1980). También contempla la situación en la que la finalidad histórica alfa operatoria, propia de los procesos históricos de larga duración, se componga con la finalidad proléptica individual, beta operatoria: el político que evita la tentación utópica o el aventurerismo es porque ajusta la finalidad de sus programas, no sólo a las finalidades de los demás agentes políticos, sino también a esas otras finalidades no prolépticas cuya presencia reconoce y “respeta” (Bueno 1995, 4; 2005). Bueno niega de plano la existencia de una historia universal total en la que todo lo ocurrido sea necesario (Bueno 1992) y en esto se aparta de la primera tesis del argumento de Diodoro. En otra ocasión, he comparado esa historia universal total, metafísica, con la idea teológica del Juicio Final (Alvargonzález 2015).

5.9 Incompatibilidad con la idea de libertad y de autodeterminación

Bueno define al sujeto de la ética, la moral y la política por su autodeterminación operatoria por referencia a un grupo determinado. Esa autodeterminación se da en el ámbito de la libertad-para y supone la desconexión parcial de ese individuo respecto de ciertas series causales que le son externas. Dice Bueno, el “esse [del individuo] se constituye a través de su operari, y sobre este principio está organizada la vida de las sociedades humanas ‘civilizadas’ (el mercado, por ejemplo, supone esa capacidad de autodeterminación del sujeto, capaz de elegir según sus preferencias, y a través de esa elección, dirigir la propia producción social)” (Bueno 2010, 75-76). La libertad-para y la autodeterminación así entendida implican que el sujeto se enfrenta a menudo a un conjunto diverso de alternativas posibles muchas de las cuales nunca llegarán a existir (Bueno 1996b). Nuevamente se afirma la tercera proposición que es negada por Diodoro.

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

126

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

5.10 Incompatibilidad con cualquier perspectiva ética, moral o política y, en especial, explícitamente con los principios de la bioética y de la política materialista

En un mundo en el que sólo lo existente fuese posible y no existieran posibles que no se llegan a actualizar, la libertad-para y la autodeterminación del individuo no existirían y, entonces, tampoco tendría sentido hacer ninguna consideración de carácter ético, moral o político porque el sujeto, en rigor, no sería responsable de lo que hace. La imputación ética, moral o legal sería un sinsentido. Este mundo en el que “sólo lo que se ha verificado es posible” y en el que “todo pasado verdadero es necesario” es afín a la idea calvinista de la predestinación, que ha sido criticada por Bueno reiteradamente (Bueno 1996b).

5.11 Incompatibilidad con la idea de sentido expuesta en El sentido de la vida

La idea de sentido, tanto en su acepción antrópica (el sentido de una acción, el sentido de un instrumento) como anantrópica (el sentido de un vector o de un proyectil), en cuanto modulación de la idea de finalidad considerada más arriba, también exige la existencia de los posibles que no se actualizan porque, de otra manera, se disolvería (1996b).

5.12 Incompatibilidad con la idea de tiempo del materialismo, en especial con las ideas de pasado, presente y futuro históricos

La doctrina materialista acerca de las ideas de presente, pasado y futuro supone que existe una diferencia ontológica entre el pasado, el presente y el futuro porque nosotros podemos afectar al futuro y al presente, pero no al pasado; además, el futuro permanece, en muchos aspectos, abierto, “infecto” (en palabras de Bueno), y no nos afecta (Bueno 1992; 1995, 3.3, especialmente 2010c). Siguiendo a Jules Vuillemin, me parece imprescindible distinguir lo que es irrevocable, inalterable, de lo que es necesario (Vuillemin 1996, 7-8). El sistema filosófico del materialismo comparte con Aristóteles (Ética a Nicómaco, VI,2, 1139b7-11) la idea de que el pasado es irrevocable, lo que implica que no se puede cambiar, que no se puede actuar sobre él

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

127

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

(una afirmación, por lo demás, trivial), pero esto no significa, de ningún modo, que todo lo ocurrido en el pasado sea necesario en el momento de ocurrir. Es una intuición común, y es también un principio de toda disciplina histórica que se aleje del determinismo total, que lo que fue posible en el pasado, deja de ser posible después de un tiempo. La doctrina materialista reconoce que hay un pasado (irrevocable, inalterable, como todo pasado) que, en su momento, fue contingente, aunque ya no lo sea (vid. Aristóteles, Retórica III, 17, 1418a3-5). Los Kneale sostienen que ya Aristóteles supo distinguir entre una necesidad relativa (relativa al tiempo en que se habla), según la cual el pasado es necesario y otra necesidad absoluta, en todo tiempo y lugar (W. Kneale y M. Kneale 1961, 113).

6. El argumento de Diodoro desde la doctrina modal expuesta en el escolio séptimo de la segunda edición de El animal divino

A continuación, voy a resumir una refutación del argumento de Diodoro que es compatible con la filosofía del materialismo filosófico y con la doctrina de la modalidad expuesta por Bueno en 1996, y que supone aceptar el reto de Diodoro y mostrar que las tres proposiciones del argumento pueden ser verdaderas a la vez sin entrar en contradicción.

a) Se afirma la primera premisa de Diodoro: Todo pasado verdadero es necesario.

Esta proposición es verdadera si la interpretamos como referida al momento mismo de su emisión, es decir, interpretamos “necesario” como “irrevocable”. Esta proposición, así entendida, es compatible con la existencia de contingentes en el pasado que, sin embargo, ya no son contingentes en el presente (es decir, en el momento de proferir la proposición).

Para Aristóteles, no todo lo que ocurre, ocurre por necesidad (Sobre la interpretación 19, 18b26) y, cuando nos referimos a cosas que no ocurren por necesidad, por ejemplo, cuando hablamos de futuros contingentes, no se aplica el principio de bivalencia ya que los futuros contingentes ni son imposibles ni son necesarios.

b) Se afirma la segunda premisa: Lo posible no se sigue de lo imposible.

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

128

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

No hay dificultad en admitir que “imposible” es una categoría que, en contextos intemporales, lógicos o matemáticos, no admite cambio de modalidad: siempre es verdad que es imposible el decaedro regular; siempre es verdad que es imposible conmensurar la diagonal y el lado del cuadrado. En contextos temporales, puede ser distinto, si es que la imposibilidad de la que se habla es accidental, sobrevenida, adventicia, reversible, debida a causas externas que pueden cambiar: algo que, en unas determinadas circunstancias y en un determinado momento, es imposible, podría llegar a ser posible, en un momento ulterior o en circunstancias diferentes.

c) Se afirma la tercera premisa: Existen posibles que ni son ni serán verdaderos.

De acuerdo con lo dicho en a), si hubo contingentes y posibles en el pasado, también suponemos que los hay en el presente y que los habrá en el futuro: por tanto, hay posibles que ni son ni serán, y que pasarán a convertirse en imposibles (ya que el cambio de modalidad de lo posible a lo imposible no contradice ninguna de las otras dos premisas). Con Aristóteles (Sobre la interpretación 9), podemos decir que si es posible que haya mañana una batalla naval y también es posible que no la haya, entonces una de esas dos posibilidades no llegará a realizarse.

Ahora bien, si las tres premisas no entran en contradicción, la conclusión de Diodoro puede ser negada, y el supuesto reto del victorioso no plantearía un problema insoluble.

7. El argumento victorioso y la teoría ética sobre aborto provocado

Gustavo Bueno, en su libro ¿Qué es la Bioética?, admitió explícitamente que el cigoto, en sus primeras fases ontogenéticas, no tiene una identidad digna de ser tomada en consideración por la Bioética. Sostuvo, entonces, la conveniencia de la clonación tisular (no reproductiva), ya que supuso que en el nuclóvulo (un “cigoto artificial” obtenido in vitro mediante la transferencia de un núcleo a un óvulo enucleado, y que tiene una dotación genética completa 2n) no está ya preformado el individuo adulto. Decía entonces Bueno que los que rechazan el concepto de pre- embrión son preformacionistas y no tienen en cuenta que “el genoma sólo epigenéticamente contiene al individuo que de él puede resultar” (Bueno 2001, 125- 26). Por tanto, no habría ninguna prevención para destruir ese cigoto artificial

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

129

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

(nuclóvulo) con el objeto de obtener tejidos compatibles con el donante del núcleo. En este momento, por tanto, Bueno defendió que el nuclóvulo no tenía una identidad somática digna de ser preservada por motivos éticos.

En línea con estas ideas, en el año 2009, publiqué el libro La clonación, la anticoncepción y el aborto en la sociedad biotecnológica en el que defendí que el logro de la individualidad corpórea somática humana es el criterio para determinar el momento en que el embrión merece la consideración ética ya que, de acuerdo con los principios de la bioética materialista, la preservación de la individualidad corpórea humana es el mandato ético fundamental (Alvargonzález 2009. Vid. Bueno 1999; 2001, 80). De acuerdo con esta teoría, hasta que el embrión no está implantado no existe la individualidad somática propia del nasciturus debido a la posibilidad de gemelación de modo que, aunque el pre-embrión o la mórula temprana (gemelable) tienen, sin duda, una individualidad sui generis, ésta no es la del sujeto humano.

Nueve años más tarde, en su libro El fundamentalismo democrático, Bueno consideró que el cigoto, resultado de la fusión del óvulo y el espermatozoide, sí era acreedor de un tratamiento ético desde el momento de la fecundación y no podía ser destruido (Bueno 2010a). Por tanto, existiría aborto éticamente reprobable desde el primer instante de la concepción; por consiguiente, la llamada “píldora del día después” sería considerada un método abortivo más, y la situación de los pre- embriones congelados resultado de la fertilización in vitro quedaría también afectada por esa misma consideración ética. El libro de Bueno realizaba una crítica explícita de la teoría del aborto que yo había expuesto un año antes. La confrontación de estas dos posiciones continuó en varios artículos posteriores (Alvargonzález 2010a; Bueno 2010b; Alvargonzález 2010b y 2016). En su respuesta a mis objeciones, Gustavo Bueno trajo a colación el argumento victorioso de Diodoro afirmando que, en los casos en los que no hay gemelación, habría que concluir que ésta no es posible ya que, desde una interpretación materialista del argumento de Diodoro, “sólo lo que se ha verificado es posible”. Por tanto, el criterio según el cual se pone el logro de la individualidad orgánica en el momento de la implantación del embrión no sería válido (Bueno 2010b). Es interesante recordar que el momento de la publicación de este texto (abril de 2010) coincide con la grabación y publicación de la tesela número 32 titulada “Existencia, posibilidad y necesidad” en la que Bueno expone su teoría modal tal como aparece en el escolio séptimo de la segunda edición de El animal divino (1996a), esa teoría que, unas líneas más arriba, he mostrado que es incompatible con su propia interpretación del argumento victorioso.

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

130

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

Dos años más tarde, en los “XVII Encuentros de Filosofía” organizados por la Fundación Gustavo Bueno, dedicados a la finalidad y la teleología, se celebró una mesa redonda, moderada por Lino Camprubí, titulada “El debate del aborto a la luz de la idea de teleología” en la que intervinieron Laura Nuño, Íñigo Ongay y yo mismo (este debate tuvo lugar el día 31 de marzo de 2012, y se encuentra publicado en Youtube). Íñigo Ongay, en sus intervenciones invocó el argumento de Diodoro Cronos para defender que la mórula temprana ya tiene la misma individualidad que el feto posterior: si la mórula no se gemela, como ocurre frecuentemente, aplicando el argumento victorioso se podría decir que su individualidad era ya necesaria antes de la implantación y que la gemelación era imposible puesto que no se ha verificado (minutos 1:16, 1:44 y 2:02). En el coloquio posterior, Gustavo Bueno, que se encontraba entre el público, también intervino defendiendo la pertinencia de ese uso del argumento victorioso, y añadió que el argumento de Diodoro no se podía aplicar “en general”, sino sólo cuando fuera referido a una disyuntiva concreta como podría ser la del paso del río Rubicón por César: César no sería César si no hubiera pasado el Rubicón y este feto no sería tal feto si la mórula se hubiese dividido para dar lugar a dos organismos (en el minuto 1:26 y nuevamente en el minuto 1:41). La interpretación según la cual el argumento victorioso va referido a un caso concreto en un momento concreto, hace que cualquiera pueda aplicarlo o dejar de aplicarlo a conveniencia en cada caso, sin necesidad de justificar cuándo esa aplicación es legítima y cuándo no. Al aplicarlo, lo único que estamos haciendo es prescribir que determinado acontecimiento es necesario una vez que se ha producido. En concreto, por lo que hace al debate sobre la legitimidad ética del aborto provocado, si aplicáramos el argumento victorioso en el momento que nos pareciera oportuno, entonces se arruinaría cualquier defensa del óvulo fecundado ya que el individuo humano resultante de ese cigoto sólo será posible cuando efectivamente llegue a formarse, si llega a formarse (y, si tiene lugar un aborto, no llegará a formarse con lo cual habría sido un “organismo imposible”). En ese debate sobre el aborto y la teleología orgánica se pone de manifiesto cómo el argumento de Diodoro Cronos es incompatible con cualquier idea de teleología que tenga que explicar un estado de cosas en virtud de un futuro que está abierto y que puede conseguirse o malograrse. El caso de la gemelación de la mórula temprana, como ya he argumentado en otro lugar, no hace referencia a una necesidad lógica (definida, por ejemplo, en el contexto de la lógica de proposiciones), sino a una posibilidad biológica: de acuerdo con nuestros conocimientos actuales de biología, sabemos que esa mórula se puede gemelar como

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

131

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

también sabemos que es imposible que el embrión humano plenamente implantado (pongamos por caso, a los dos meses) sufra un proceso de gemelación (Alvargonzález 2010b y 2016).

Javier Pérez Jara, en un estudio reciente (2016), consideró que el argumento victorioso de Diodoro y su teoría de la posibilidad es un ejemplo de los “problemas de la idea ontológica de discontinuidad” del materialismo filosófico. En su artículo, Pérez Jara admitió que la filosofía de la posibilidad de Diodoro conduce a un fatalismo en el que no tienen cabida los futuros contingentes y consideró problemática su compatibilidad con la teoría expuesta por Bueno en el escolio séptimo de El animal divino. Ante esta dificultad, él propuso “combinar” ambas teorías. Esa “combinación” sería posible gracias a una supuesta “discontinuidad ontológica” que haría que el fatalismo de Diodoro no impidiera reconocer que los futuros contingentes tienen un “imprescindible funcionalismo pragmático” y una “pertinencia en otros contextos ontológicos” (Pérez Jara 2016, 182). A mi juicio, con esta propuesta, Pérez Jara estaría justificando un uso prescriptivo y oportunista (cuando convenga) del argumento victorioso. La idea de discontinuidad ontológica vendría a dar cobertura teórica a ese uso ad hoc del argumento: en ciertos “contextos ontológicos” habría contingencia y en “otros contextos” se aplicaría el victorioso (“solo lo existente es posible”). Pero la interpretación dada por Bueno al argumento victorioso de Diodoro Cronos tendría fuerza si se aplicara siempre, si negara los futuros contingentes en todos los casos, y afirmara que sólo lo ocurrido es posible y, una vez ocurrido, necesario (y no solamente irrevocable, lo cual es evidente) y que lo que no es o será es imposible, con todo lo que esto supone. Por eso, la solución propuesta por Pérez Jara se parece mucho a la defendida por Bueno en el coloquio de la mesa redonda antes citada: aplicamos el argumento victorioso en los casos en que nos convenga (para convertir lo meramente posible en necesario) y en el momento que nos resulte oportuno, y cuando no sea así dejamos que hagan su juego los futuros contingentes. Aplicamos el argumento victorioso al cigoto y a la mórula hasta que se produce la implantación y su individualidad somática está asegurada, pero no lo aplicamos a mitad de la gestación pues en ese caso un aborto (provocado o no) sería tan necesario (una vez que se produce) como lo sería cualquier otro acontecimiento una vez que ha pasado. De este modo, apelando al victorioso, tendríamos a mano un procedimiento para convertir lo contingente en necesario cuando nos convenga: la tentación de poseer este portentoso instrumento es grande.

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

132

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

A esto hay que añadir que, si la interpretación buenista del argumento de Diodoro implica la negación de los futuros contingentes, entonces no se ve qué sentido puede tener preguntarse por las implicaciones éticas, morales y políticas del aborto provocado ni de ninguna otra cosa ya que todo lo que hacen los individuos es posible si y solo si efectivamente lo hacen: una vez ocurrido, es necesario, y aquello que no hacen o no llegan a hacer, es imposible. Pero esto será así tanto si provocan el aborto de fetos bien formados como si no lo provocan y, en todo caso, si todo lo que ocurrió es necesario, y todo lo que no ocurrió es imposible, entonces los sujetos, al actuar, no podrán resistirse a esa necesidad infrustrable que recuerda la predestinación calvinista, tan alejada del materialismo.

Como ha quedado comentado en un apartado anterior, las ciencias dan lugar a conocimientos de ciertas configuraciones y procesos que son unas veces necesarios y otras imposibles. Además, en el contexto de una ciencia dada, existen ámbitos científicos deterministas. Sobre el fondo de esos procesos deterministas se construye la libertad humana: si el mundo fuera caótico, no podría haber libertad, pero si fuera completamente determinista, la libertad tampoco sería posible. Aunque haya determinismo dentro de una categoría científica (física, matemática), no hay argumentos para suponer que la composición de los fenómenos de categorías diferentes vaya a ser determinista (por razones semejantes a aquellas por las que decimos que un conjunto de esferas no es una esfera, ni un conjunto de ciencias da lugar a una ciencia). Tampoco tenemos argumentos para postular un “determinismo subyacente” allí donde nos convenga, en procesos o configuraciones que no están construidos como deterministas a escala científica: el proceso de desarrollo del cigoto hasta su implantación es uno de estos casos: para evitar esquemas metafísicos o apelaciones a una necesidad que se postula ad hoc, he sugerido en otro lugar aplicar a ese proceso la idea crítica de anamórfosis (Alvargonzález 2016).

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

133

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

Apéndice

Textos de Cicerón, Plutarco y Epicteto relacionados con el argumento victorioso de Diodoro Cronos

CICERÓN, Sobre el destino, pp. 12 y 13.

Acéptese, por tanto, que los saberes de los astrólogos son de este tipo: «si uno, por dar un ejemplo, ha nacido cuando sale la Canícula, ése no morirá en el mar». Ten cuidado, Crisipo, para no dejar indefensa tu causa, sobre la que mantienes una gran lucha con Diodoro, vigoroso dialéctico. Y es que, si es verdadero lo formulado mediante la condición «si uno ha nacido cuando sale la Canícula, ése no morirá en el mar», también es verdadero lo de que «si Fabio ha nacido cuando sale la Canícula, Fabio no morirá en el mar». Por tanto, se opone entre sí lo siguiente: que Fabio haya nacido cuando sale la Canícula y que Fabio vaya a morir en el mar. Y, ya que se plantea como cierto, en el caso de Fabio, que nació al salir la Canícula, también hay oposición entre lo siguiente: que Fabio existe y que morirá en el mar. Luego también la siguiente formulación consta de términos contradictorios: «Fabio existe y, además, Fabio morirá en el mar», pues es algo que, según lo supuesto, no puede ciertamente ocurrir. Luego aquello de que «Fabio morirá en el mar» es de tal especie que no puede llegar a ocurrir. Luego, cuanto se diga en falso con referencia al futuro, no puede llegar a ocurrir.

Mas tú, Crisipo, no quieres aceptar tal cosa, y tu mayor enfrentamiento con Diodoro se refiere a esto precisamente, porque él dice que sólo puede ocurrir aquello que es verdadero o que llegará a serlo, y dice que es necesario que ocurra aquello que llegará a pasar, y que no puede ocurrir aquello que no llegará a pasar. Tú dices que pueden ocurrir incluso las cosas que no llegarán a pasar, como que esta gema se rompa, aunque esto nunca llegará a pasar, y dices que no era de carácter necesario que Cípselo reinara en Corinto, pese a ser eso lo que se había revelado mil años antes a través del oráculo de Apolo. Mas, si admites que estas predicciones son de carácter divino, tendrás que incluir entre las cosas tales que no pueden llegar a ocurrir aquello que se diga en falso con

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

134

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

respecto al futuro, como si se dijera que el Africano no se apoderará de Cartago; y, si se dijera algo con carácter verdadero acerca del futuro, y así llegara a pasar, habrías de decir que era necesario. Ésta es, en todos sus extremos, la opinión que Diodoro os opone.

Ib., p. 17.

Pero volvamos a aquella discusión de Diodoro que llaman perì dynatón, en la que se investiga qué significado tiene aquello que puede llegar a ocurrir. Por tanto, según le parece a Diodoro, solamente puede ocurrir aquello que es verdadero o que va a serlo. Este tema enlaza con la siguiente cuestión: que no puede llegar a ocurrir nada que no fuera de carácter necesario; que, lo que puede llegar a ocurrir, o ya es, o será, y que las cosas futuras no pueden pasar de verdaderas a falsas en mayor medida que las que ya han sido. Ahora bien, mientras que en los hechos que han ocurrido es manifiesta la inmutabilidad, en el caso de algunas cosas futuras, dado que tal inmutabilidad no es manifiesta, ni siquiera parece serles inherente; del mismo modo, «éste morirá de tal enfermedad» es verdadero respecto a quien se ve asediado por una enfermedad mortal, mas no lo será menos si esto mismo se dice, con carácter verdadero, respecto a aquel en quien el alcance de la enfermedad no se manifiesta tan severamente. Así, resulta que el paso de verdadero a falso tampoco puede ocurrir en modo alguno en el caso de lo futuro, pues «Escipión morirá» es de tal condición que, aun si se dice respecto al futuro, no puede, sin embargo, convertirse en falso. Y es que se dice a propósito de un ser humano, para el que morir es cosa necesaria.

Traducción de Ángel Escobar. Madrid: Gredos, 1999

PLUTARCO, Moralia, 1055e-f.

Y su doctrina de las cosas posibles ¿cómo no va a contradecirse con su doctrina del destino? Pues, para Crisipo, si lo ‘posible’ no es, como sostiene Diodoro, aquello que o bien es verdad o bien lo será, sino que todo cuanto es susceptible de suceder, aunque no vaya a suceder, es posible, serán posibles muchas cosas que no están de acuerdo con el destino. [Por tanto], o el destino pierde su fuerza insuperable, ineluctable y

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

135

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

omnipotente, o si éste es como lo considera Crisipo, la susceptibilidad de que algo suceda se precipitará muchas veces en lo imposible. Y todo lo que es verdad será necesario al ser apresado por la necesidad más importante de todas, mientras que lo que es falso será imposible, al tener en su contra la causa más poderosa para que se vuelva verdadero. En efecto, si ha sido decretado por el destino que alguien muera en el mar, ¿cómo puede ser éste susceptible de morir en tierra? ¿Por qué va a ser posible que el de Megara vaya a Atenas si el destino no se lo impide?

Traducción de María Ángeles Durán y Raúl Caballero. Madrid: Gredos, 2004. Obras morales y de costumbres Tratados antiestoicos, vol XI

EPICTETO, Disertaciones, 2.19.

El argumento victorioso parece haber sido planteado a partir de tres premisas semejantes a éstas, entre las cuales hay conflicto cuando tomamos juntas dos de ellas frente a la tercera: «(1) Todo pasado verdadero es necesario. (2) Lo posible no se sigue lógicamente de lo imposible. (3) Existen posibles que ni son ni serán verdaderos». Consciente de esa contradicción, Diodoro sostuvo la plausibilidad de las dos primeras proposiciones para probar que «nada hay posible que no sea verdadero en el presente o vaya a serlo en el futuro».

Por lo demás, alguno se atendrá a la segunda y la tercera, que existe algo posible que ni es ni será verdadero, y que lo imposible no se sigue de lo posible; pero entonces no podrá afirmar que todo pasado verdadero es necesario; esto es lo que parecen sostener los del círculo de Cleantes, con quienes coincidía Antípatro. Otros [como Crisipo], admiten la primera y la tercera: que hay posible que ni es ni será verdadero, y que todo pasado verdadero es necesario; entonces, lo imposible se sigue lógicamente de lo posible. Pero no hay modo de mantener las tres proposiciones a la vez ya que en todos los casos hay conflicto entre una de ellas y las otras dos.

Traducción de Bréhier, V. Les Stoiciens. París: Gallimard,1962, pp.932- 933

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

136

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

Bibliografía

— ABBAGNANO, N. (1982) Historia de la filosofía vol. I. Barcelona: ed. Hora.

— ALVARGONZÁLEZ, D. (1989) Materialismo gnoseológico y ciencias humanas: problemas y expectativas. En La filosofía de Gustavo Bueno. Madrid: Universidad Complutense, pp. 127-154.

— ALVARGONZÁLEZ, D. (1996) El darwinismo visto desde el materialismo filosófico. El Basilisco 20:3-46.

— ALVARGONZÁLEZ, D. (2005) El problema de la verdad en las religiones del Paleolítico. En Peñalver, Jiménez y Ujaldón (eds.) Filosofía y cuerpo: debates sobre la filosofía de Gustavo Bueno, Madrid: Ediciones Libertarias, pp. 213- 243.

— ALVARGONZÁLEZ, D. (2009) La clonación, la anticoncepción y el aborto en la sociedad biotecnológica. Oviedo: Pentalfa.

— ALVARGONZÁLEZ, D. (2010a) El comienzo del individuo humano y el aborto provocado. El Catoblepas, 97:10.

— ALVARGONZÁLEZ, D. (2010b) Respuesta a Gustavo Bueno acerca del aborto y la teleología orgánica. El Catoblepas, 99:17.

— Alvargonzález, D. (2015) Relevance of the metaphysical discussion concerning divine sciences in Molina’s Concordia and Bañez’s Apology. International Journal of Philosophy and Theology 3/1: 89-95.

— ALVARGONZÁLEZ, D. (2016) The constitution of human embryo as substantial change. Journal of Medicine and Philosophy 41/2: 172-191.

— BOBZIEN, S. (2011) Dialectical School. The Stanford Encyclopedia of Philosophy (fall 2011 Edition) URL:

<https://plato.stanford.edu/archives/fall2011/entries/dialectical-school/&gt;

— BRUN, J. (1969) Los socráticos. En Brice Parain (dir.) Historia de la filosofía,

vol.2. Madrid: siglo XXI.

— BUENO, G. (1978a) Reliquias y relatos: construcción del concepto de historia

fenoménica. El Basilisco 1:5-16.

— BUENO, G. (1978b) En torno al concepto de ciencias humanas. La distinción

entre metodologías alfa operatorias y beta operatorias. El Basilisco 2:12-46.

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

137

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

— BUENO, G. (1980). El individuo en la historia: Comentario a un texto de Aristóteles, Poética 1451b. Lección inaugural del curso 1980-81 de la Universidad de Oviedo. Oviedo: Universidad de Oviedo, 112 pp.

— BUENO, G. (1989a) Cuestiones cuodlibetales sobre Dios y la religión. Madrid: Mondadori.

— BUENO, G. (1989b) Sobre el alcance de una ‘ciencia media’ entre las ciencias humanas estrictas y los saberes prácticos positivos. El Basilisco 2:57-72.

— BUENO, G. (1992) Estado e historia (en torno al artículo de Francis Fukuyama). El Basilisco 11: 3-27.

— BUENO,G.(1993)Teoríadelcierrecategorial,vol.II.Oviedo:Pentalfa.

— BUENO, G. (1994) Consideraciones sobre la estructura y la génesis del campo de las ciencias psicológicas desde la perspectiva de la teoría del cierre categorial. En Actas del III Simposio de metodología de las ciencias sociales y del comportamiento. Santiago de Compostela, Universidad de Santiago, pp.17-56.

— BUENO, G. (1995) Principios de una teoría filosófico política materialista. URL: http://filosofia.org/mon/cub/dt001.htm

— BUENO, G. (1996a) Escolio 7: Sobre las ideas de existencia, posibilidad y necesidad. En El animal divino, 2a ed. Oviedo: Pentalfa, pp.365-79. También editado en Calculemos… Matemáticas y libertad. Homenaje a Miguel Sánchez Mazas. Madrid: Trotta, pp.127-142.

— BUENO, G. (1996b) El sentido de la vida. Seis lecturas de filosofía moral. Oviedo: Pentalfa.

— BUENO, G. (1998) Los límites de la evolución en el ámbito de la Scala Naturae. En: Eustoquio Molia et al (eds.) Evolucionismo y racionalismo. Zaragoza: Universidad de Zaragoza, 49-87.

— BUENO, G. (1999) Principios y reglas generales de una Bioética materialista. El Basilisco 25:61-72.

— BUENO,G.(2001)¿Quéeslabioética?Oviedo:Pentalfa.

— BUENO, G. (2004) Panfleto contra la democracia realmente existente. Madrid:

La esfera de los libros.

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

138

David Alvargonzález

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

— BUENO, G. (2005) Sobre la imparcialidad del historiador y otras cuestiones de teoría de la historia. El Catoblepas 35:2

— BUENO, G. (2010a) La ley de plazos del aborto. En El fundamentalismo democrático. Madrid: Planeta, cap.14, pp.275-321.

— BUENO, G. (2010b) La cuestión del aborto desde la perspectiva de la teleología orgánica. El Catoblepas 98:2.

— BUENO, G. (2010c) El porvenir de la filosofía en las sociedades democráticas (I). El Catoblepas 100:2.

— BUENO, G. (2012) Tabla de acepciones (no equivocas ni unívocas), modos y modulaciones de la idea de Teleología. URL: http://fgbueno.es/act/efo031.htm

— BUENO, G. (2013) El ‘reino del hombre’ desde las coordenadas del materialismo filosófico. El Catoblepas 138:2.

— BUENO,G.(2014a)Elderechonaturalal‘puestodetrabajo’enlaépocadelos millones de parados. El Catoblepas 152:2.

— BUENO, G. (2014b) Ensayo de una definición filosófica de la idea de deporte. Oviedo: Pentalfa.

— COPLESTON, F. (1969) Historia de la filosofía: I. Grecia y Roma. Barcelona: Ariel.

— DENYER, N.C. (1981) Time and modality in Diodorus Cronus. Theoria 47:31- 53.

— GASKIN, R. (1995) The Sea-Battle and the Master Argument. Aristotle and Diodorus Cronus on the Metaphysics of the Future. New York, Berlin: Gruyter.

— HARVEN, V. de (2016) Necessity, Possibility and determinism in Stoic thought. In: Max Cresswell, Edwin Mares and Adriane Rin (eds.) Logical Modalities from Aristotle to Carnap. Cambridge Mass.: CUP, pp. 70-90.

— HINTIKKA, J (1957) Necessity, universality, and time in Aristotle. Ajatus 20: 65- 90.

— HINTIKKA, J (1964) Aristotle and the ‘master argument’ of Diodorus. American Philosophical Quarterly 1/2:101-114.

— KNEALE, W. y KNEALE, M. (1961) El desarrollo de la Lógica. Madrid: Tecnos (1972).

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

139

Artículo: La idea de posibilidad en la filosofía de Gustavo Bueno [pp. 112-140]

— MATES,B.(1973)StoicLogic.Berkeley:UniversityofCaliforniaPress.

— MIHAEL, F.S. (1976) What is the master argument of Diodorus Cronus?

American Philosophical Quarterly 13/3:229-235.

— PÉREZ JARA, J. (2016) Principios y problemas abiertos del materialismo

discontinuista. Studia Iberica et Americana 3/3:165-191

— PRIOR, A.N. (1955) Diodorean modalities. The Philosophical Quarterly 5: 205-

215.

— RICE, H. (2015) Fatalism. The Stanford Encyclopedia of Philosophy (summer 2015 Edition) URL:

<https://plato.stanford.edu/archives/sum2015/entries/fatalism/&gt;.

— SAMBURSKY, S. (1959) Physics of the Stoics. London: Routledge and Kegan

Paul.

— SEDLEY, D. (1977) Diodorus Cronus and Hellenistic Philosophy. Proceedings of the Cambridge Philosophical Society 203 NS23: 74-120.

— SEDLEY, D. (2013) Diodorus Cronus.The Stanford Encyclopedia of Philosophy (fall 2013 Edition). URL:

<https://plato.stanford.edu/archives/fall2013/entries/diodorus-cronus/&gt;.

— VUILLEMIN, J. (1996) Necessity and Contingency. The Master Argument. California: CSLI Publications.

— WIGGINS, D. (1991) Temporal necessity, time and ability: A philosophical commentary on Diodorus Cronus’ master argument as given in the interpretation of Jules Vuillemin. In: C. Britain (ed.) Causality, Method and Modality. Dordrecht: The University of Ontario Series in Philosophy of Science, pp.185-206.

David Alvargonzález

SCIENTIA HELMANTICA. Revista Internacional de Filosofía

Vol. IV – No 7, 2017. Monográfico Gustavo Bueno. ISSN: 2255-5897

140

Versión en español del artículo de David Alvargonzález sobre la estructura de la Bioética

Acerca de la estructura de la Bioética como una disciplina pragmática

David Alvargonzález

Metaphilosophy 48/4(July 2017): 467-483.

Resumen

Este artículo analiza algunos aspectos de la estructura de la Bioética como una disciplina pragmática. Comienza argumentando que la Bioética es una disciplina de naturaleza pragmática y presenta una clasificación de los problemas, asuntos e intereses propios de la Bioética, usando esa clasificación como un instrumento para determinar los límites y la estructura de su campo. A continuación, se pretende que un tratamiento comprensivo de cualquier asunto de naturaleza bioética implica tomar en consideración tres dimensiones normativas (la ética, la moral y la política). Se concluye que la clasificación de los asuntos propios de la Bioética y el análisis de las tres dimensiones de cada asunto pueden dar lugar a contribuciones valiosas con el objeto de entender la estructura sui generis de la Bioética como disciplina pragmática.

Palabras clave

Estructura de la Bioética, problemas bioéticos, disciplinas bioéticas, tipos de normas.

1. La Bioética como una disciplina pragmática

Una disciplina es un cuerpo de conocimiento y de habilidades que pueden ser enseñadas y aprendidas. Las técnicas, las tecnologías, los deportes, los hobbies, las artes, la retórica, la teología, el derecho y la filosofía, entre otras muchas cosas, pueden ser enseñados y aprendidos y, por tanto, pueden dan lugar a disciplinas. En el contexto de las normas y de la praxis humana, las disciplinas implican una cierta institucionalización, mientras que los animales no humanos, en la naturaleza, no tienen disciplinas estructuradas a pesar de que se encuentran inmersos en una gran variedad de procesos de aprendizaje. Incluso se puede afirmar que cualquier institución educativa puede inventar cualquier disciplina que considere que merece ser enseñada de acuerdo con las demandas de la sociedad a las que esa institución presta sus servicios.

En este artículo, yo partiré del supuesto de que la Bioética es una disciplina consolidada en la universidad, y que tiene un marcado carácter interdisciplinar dado el origen tan variado de los profesionales que la practican: filósofos, historiadores, juristas, científicos sociales, investigadores de los campos biomédicos, médicos, enfermeras, teólogos, periodistas, analistas políticos, vendedores de seguros y hombres de negocios, entre otros muchos. La naturaleza interdisciplinar de la bioética ha sido defendida, entre otros, por Callahan (1982), O’Neill (2002), Kopelman (2009) y Wilson (2013). Esta naturaleza interdisciplinar de la Bioética se complementa con su estabilidad relativa como disciplina académica que viene siendo compatible con la variada formación de sus practicantes. La existencia de una disciplina institucionalizada, sin embargo, convive con el hecho de que no se requiere ninguna preparación específica para tratar los asuntos de la Bioética y ningún experto de ningún campo puede pretender que esos asuntos son de su exclusiva competencia. Lo mismo que ocurre con otros profesionales como los periodistas, los políticos y los emprendedores, no existe una única trayectoria académica para llegar a ser un “especialista” en bioética (si es que tiene sentido hablar aquí de “especialistas”). Como ocurre con muchos otros asuntos de la vida pública, cualquier ciudadano puede discutir públicamente los asuntos disputados sin tener por qué ser excluido a priori del debate. En cualquier caso, una vez admitida la naturaleza interdisciplinar de la bioética, es preciso reconocer que, para bien o para mal, esta actividad interdisciplinar ha sido institucionalizada académicamente y que, por tanto, se ha convertido en una disciplina, en un cuerpo de conocimientos que puede ser enseñado y aprendido y al que se le supone una cierta estructura interna. De todas formas, el reconocimiento de la Bioética como una disciplina académica no significa que esa disciplina sea una ciencia sensu stricto ya que, en su campo, existe una falta de consenso acerca de sus principios generales y de las teorías, y la confrontación continua de doctrinas parece inevitable.

Desde sus orígenes, la Bioética ha tratado con un amplio espectro de asuntos prácticos. En cualquier caso, como dice Callahan, “un proyecto de investigación en Bioética, o un especialista en bioética que trabaje en el ámbito público, debe tratar de dar cuenta de una pregunta práctica que implique un “debe” (Callahan 1973, 73). Callahan, entre otros, ha subrayado la naturaleza práctica de la Bioética: “La disciplina de la Bioética debe estar diseñada de tal modo que tendrá que estar al servicio de aquellos médicos y biólogos cuyas posiciones exijan la toma de decisiones prácticas, y ello incluso a costa de la elegancia de la disciplina (Callahan 1973, 73). De acuerdo con estos requerimientos, en este artículo se mantendrá que, dado el carácter práctico de los asuntos tratados por la Bioética, y dada la ausencia de un consenso teórico, la mejor manera de sacar a la luz la estructura de este campo es intentando enumerar y clasificar los problemas y las preocupaciones que han venido tratándose hasta el momento.

La ética, la moral y la política han formado parte de los sistemas filosóficos más importantes desde la República de Platón y la Ética a Nicómaco de Aristóteles, pero la constitución de la Bioética como una disciplina específica que aglutina los problemas prácticos suscitados por las actuales ciencias y tecnologías biológicas tuvo lugar en el último tercio del siglo veinte (Jonsen 1998). En este artículo, supondré que el surgimiento de la Bioética como una disciplina fue el resultado del surgimiento de un conjunto de problemas y preocupaciones nuevas en relación con los organismos biológicos. Esos asuntos, a su vez, están relacionados con dos procesos diferentes, aunque interrelacionados, que pueden ser distinguidos. Por una parte, el desarrollo de ciertas ciencias y tecnologías tales como la medicina moderna, la biotecnología, la ingeniería genética, la ecología, la etología, la física atómica, las tecnologías de la información, la computación y otras cosas parecidas que desencadenaron un conjunto de realidades nuevas que incluyen la investigación sobre embriones humanos, la clonación, el trasplante de órganos, las nuevas prótesis, la contaminación por radiactividad y la extinción de las especies, por citar sólo algunas de las más sobresalientes. Por otra parte, ciertos cambios socio-económicos de amplio alcance plantearon problemas prácticos acuciantes. Sin ánimo de ser exhaustivo puede citarse la Revolución Verde, el crecimiento demográfico, la caída del socialismo real de la Unión Soviética, el triunfo del capitalismo de consumo, la aplicación de ese capitalismo de consumo a la asistencia y cuidado médicos y, en los países occidentales en los que surgió la Bioética, el triunfo de los movimientos feministas y el declive relativo de la influencia de la antropología teológica y los códigos morales del cristianismo (Bueno 1999 y 2001; Baker y McCullogh 2008).

2. Un intento de clasificar los principales asuntos, preocupaciones y problemas de la Bioética

Como ya se ha dicho, la Bioética, a diferencia de la geometría, la física o la biología no es una ciencia estricta y su estructura interna es la propia de una disciplina de carácter práctico. Por tanto, alguien podría pensar que lo único que puede hacerse es un mero inventario empírico de los asuntos tratados, como una especie de lista de lavandería. Los documentalistas han propuesto algunas clasificaciones de los tópicos de la Bioética como, por ejemplo, la creada y mantenida por el Kennedy Institut of Ethics en la Universidad de Georgetown, el llamado Bioethics Research Library Classificatory Scheme. Aunque estas clasificaciones pueden ser muy útiles para ciertos propósitos prácticos, sin embargo, carecen de una estructura interna clara. Jorge Luis Borges se refirió a una cierta enciclopedia china, titulada Emporio celestial de conocimientos benévolos, en la que está escrito que los animales se dividen en “(a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas” (Borges 1984, 103).

Cuando se compara esta clasificación con las taxonomías filogenéticas basadas en la teoría de la evolución, se puede apreciar la diferencia entre una lista de lavandería, como la de la enciclopedia china de Borges, y una clasificación esencial coherente que brota de un teorema científico. Otro tanto se podría decir si comparamos las listas heterogéneas de compuestos de los primeros alquimistas con la tabla periódica de los elementos químicos. Las listas de lavandería pueden resultar útiles en ciertos contextos prácticos, pero no son el tipo de clasificación que uno está buscando cuando intenta entender la estructura de un determinado campo de conocimiento. Más bien, se trata de alcanzar el grado de completitud, coherencia y orden que reconocemos en la clasificación de los triángulos de acuerdo con el tamaño de sus lados (equiláteros, isósceles y escalenos) o en la categorización de los tres tipos de palancas.

La falta de estructura científica propia de la Bioética no debe disuadirnos de intentar diseñar una caracterización coherente basada en un conjunto de supuestos que se muestren como adecuados. Al contrario, el reto más importante precisamente es el de encontrar esos criterios filosóficos adecuados para dar cuenta de esa clasificación. Aunque los supuestos filosóficos no sean de naturaleza científica, también tienen que estar basados en argumentos y pueden ser evaluados por sus resultados cuando se ponen a funcionar.

En la bibliografía académica, el término “bioética” viene siendo utilizado en dos sentidos diferentes: en un sentido restringido, la bioética es entendida como ética biomédica; en un sentido amplio, la bioética incluye un amplio espectro de asuntos que afectan a los organismos biológicos. A pesar de que algunos autores como Warren T. Reich pretenden que la bioética no clínica es simplemente una palabra y nunca ha llegado a desarrollarse como disciplina (Reich 1994 y 1995), en este artículo yo seguiré las propuestas de Angus Dawson y Ruth Macklin y me referiré también al sentido ampliado de la palabra bioética (Dawson 2010; Macklin 2010). Esta elección tiene la ventaja de que nos permite tratar la estructura de la Bioética en ambos sentidos, restringido y amplio, y nos exige explicar la relación existente entre ambos. De este modo, daré por supuesto que los problemas y preocupaciones estudiados por la Bioética hacen referencia directa o indirecta a organismo humanos y no humanos, y también sostendré que la Bioética es una disciplina de etiología humana. Partiendo de estos supuestos, voy a dividir las relaciones y operaciones que afectan a los humanos en dos grupos: el primero contiene las relaciones y operaciones de los humanos con otros seres dotados de inteligencia y voluntad, mientras que el segundo incluye las relaciones y operaciones de sujetos humanos con entidades sin inteligencia ni voluntad. Esta dicotomía adquiere un significado inmediato en la Bioética ya que las normas y los asuntos que concierne a animales con inteligencia y voluntad (ya sean humanos o no) requieren ordinariamente un tratamiento diferente que aquellos que conciernen a otras entidades. El primer grupo que, como acabo de decir, contiene las relaciones de los sujetos humanos con otros animales dotados de inteligencia y voluntad puede, a su vez, ser divido en dos. A pesar de que esta propuesta chocará inmediatamente con los críticos del especismo, voy a argumentar que las relaciones y operaciones entre humanos tienen que diferenciarse de las relaciones y operaciones entre sujetos humanos y otros sujetos animales inteligentes no humanos. Por su parte, las relaciones entre los humanos y los entes que carecen de inteligencia y voluntad también se pueden dividir en dos ya que algunos de ellos son seres vivos (por ejemplo, organismos no animales como las bacterias, las eucariotas o las arqueas) mientras que otros son cuerpos inertes (piedras, ríos, nubes, estrellas y cosas parecidas). Sin embargo, supondré que, en el contexto de la Bioética, esta última diferencia entre los viviente y lo no viviente no juega ningún papel significativo (y también soy plenamente consciente de lo controvertido de esta afirmación). 

Si designamos a los seres humanos con una “H”, a los seres que no son animales con una “I” (independientemente de que sean organismos vivos o no), y a los animales dotados de inteligencia y voluntad con una “A”, los criterios para clasificar la esfera práctica antrópica de la Bioética se pueden resumir como sigue:

(1) Asuntos que conciernen a las relaciones y operaciones entre hombres (H-H).

(2) Asuntos que conciernen a las relaciones y operaciones entre hombres y otros animales no humanos dotados de inteligencia y voluntad (H-A).

(3) Asuntos que conciernen a las relaciones y operaciones de los humanos con otras entidades distintas de los animales referidos en (2) (H-I).

La etología y la psicología animal han mostrado de un modo inequívoco que la teoría cartesiana del automatismo de las bestias está equivocada ya que nadie niega hoy que ciertos animales están dotados de inteligencia, sentimientos y deseos. Por tanto, el trato dado a esos animales no puede ser el mismo que el que se da a otros seres vivos o a los entes inertes. Por supuesto, el trato con estos últimos (H-I) también plantea problemas bioéticos, pero esos asuntos requieren un tratamiento diferente de aquel que reciben las relaciones entre los humanos y otros animales no humanos con inteligencia y voluntad (H-A) ya que la mayor parte de los organismos vivos y los cuerpos inertes no realizan operaciones similares a las de los humanos, no sufren, no tienen deseos y no se comportan de un modo inteligente. Es más difícil justificar la conveniencia de tratar de forma diferente los asuntos que implican las relaciones entre humanos (H-H) y los que implican las relaciones entre humanos y animales no humanos dotados de inteligencia, sentimientos y voluntad (H-A). Esta justificación exige discutir los argumentos del antiespecismo. Por razones de espacio, no puedo tratar este asunto aquí con el detenimiento que merece, pero para los propósitos de este artículo, los argumentos en favor del especismo humano pueden resumirse como sigue:    

a. Una comparación entre los animales inteligentes no humanos en estado salvaje con los humanos sanos adultos enculturados en sociedades complejas revela la existencia de importantes diferencias entre los dos grupos. Los humanos tienen un conjunto de interrelaciones entre ellos muy complejas que incluyen el lenguaje fonético de palabras y la capacidad de desplegar conductas éticas en las que se da reciprocidad. Además, los humanos tienen unas capacidades de aprendizaje mucho mayores. Todo esto está relacionado con la existencia de una cultura objetiva que incluye las técnicas, las artes, las ciencias y las tecnologías más sofisticadas.

b. Las diferencias entre los animales no humanos inteligentes y los humanos, cuando estos últimos están en los primeros estados de su desarrollo (como recién nacidos y niños) o en estados transitorios de enfermedad, puede justificarse con un argumento teleológico que tenga en cuenta el estadio final de desarrollo inherente a todos los miembros de los grupos humanos que van a convertirse en adultos sanos enculturados. Como nadie nace adulto, el periodo desde el nacimiento hasta la madurez (o los periodos transitorios de enfermedad) requieren una protección ética que, a diferencia de lo que ocurre con los animales, tenga en cuenta el estatus futuro de la persona como un adulto sano enculturado.

c. Los argumentos antiespecistas parecen adquirir una fuerza especial cuando se compara a ciertos chimpancés criados en cautividad y que comparten una parte importante de la cultura humana (incluyendo rudimentos del lenguaje d sordomudos) con ciertos individuos humanos que tienen enfermedades graves incurables e irreversibles, tales como un retraso mental severo. La comparación de esos dos grupos tan específicos, que han sido seleccionados ad hoc, arroja cierta luz acerca del tratamiento caritativo que merecen ciertos chimpancés integrados en una comunidad humana, pero no puede ser usado como un argumento en contra de distinguir a los humanos de otros animales cuando estamos tratando de analizar la estructura de la Bioética. Cualquier intento de establecer distinciones en cualquier terreno da lugar a situaciones que resultan difíciles de clasificar, como puede verse en la discusión actual acerca de si los virus son o no organismos vivos (Hegde et al. 2009; Moreira y López García 2009). El análisis de esos casos fronterizos, sin embargo, no hace desaparecer la diferencia entre los organismos vivos y las piedras. Dejando de lado ciertos casos particulares fronterizos, mantendré que los asuntos éticos adoptan una significación diferente dependiendo de que afecten a relaciones entre hombres (h-H), y a las relaciones entre hombres y animales no humanos con inteligencia y voluntad (H-A). Esta estructura está tomada de la teoría del espacio antropológico de Gustavo bueno (1978).

Sin pretender ser exhaustivo, los asuntos más significativos tratados por la Bioética se pueden clasificar de acuerdo con los tres dominios de relaciones antropológicas que he propuesto, tal como se aprecia en la tabla 1.

Los dominios segundo y tercero pueden ser identificados con los ordinariamente se conoce como “Bioética animal” (Singer 1975; Beauchamp y Frey 2011) y “Bioética ambiental” (Naess 1973, Taylor 1986). Sin embargo, el primer grupo, que toman en consideración las relaciones entre sujetos humanos (H-H) no se puede reducir a lo que ordinariamente se conoce como 

Tabla 1

Clasificación de algunos asuntos característicos de la Bioética

Primer dominio: Relaciones entre humanos (H-H)
Anticoncepción, aborto, infanticidio, esterilización, sexualidad, orientación sexual

Maternidad subrogada, tecnologías de reproducción asistida, adopción, ectogénesis

Manipulación de embriones, investigación en células madre, clonación terapia genética, eugenesia, siameses

Consentimiento informado, confidencialidad, privacidad, conflictos de intereses

Cuidados médicos

Drogas de abuso, ética del deporte, neuro-ética 

Mutilación, ablación, circuncisión, deformación corporal, Bioética de la alimentación

Muerte cerebral, reanimación, trasplantes, donación

Patologización, medicalización, iatrogénesis

Pacientes terminales, sufrimiento, eutanasia clínica, suicidio asistido

Pena capital (eutanasia procesal)

Políticas de salud y seguros, regulación sanitaria y legislación, distribución de recursos, desigualdad

Emigración, racismo, sexismo, acceso a la salud y experimentación en el Tercer Mundo, control epidemiológico

Segundo dominio: Relaciones entre humanos y otros animales no humanos con inteligencia y voluntad (H-A)
Investigación y experimentación con animales

Derechos animales, liberación animal, proyecto Gran Simio

Eutanasia animal, límites de la maleficencia animal, patentes animales

Especies en peligro de extinción

Legislación relativa a los animales

Tercer dominio: Relaciones entre los humanos y otras entidades (ya sean vivientes o no) (H-I)
Límites de la maleficencia biológica, especies en peligro

Vida artificial, modificación genética

Demografía, sociedad de ancianos

Ecología, sostenibilidad, cambio climático, calentamiento global polución 

Bio-riesgos, bio-terrorismo, Guerra biológica, Guerra nuclear

Ética espacial, astro-ética 

“Bioética médica” o “Bioética clínica”. Hay ciertos asuntos tales como la pena capital, el racismo, el sexismo, la discriminación por causa de género, la orientación sexual, o el infanticidio que no se consideran ordinariamente asuntos de naturaleza médica o clínica, además, existe un animado debate en marcha acerca de si ciertas cuestiones tales como el aborto o el suicidio asistido deben ser eliminados de la práctica médica (Rachels 1986; Pellegrino 1992; Baurim 1998).

El interés de la clasificación propuesta (H-H; H-A; H-I) puede apreciarse cuando se observan las consecuencias de modificar su estructura. Este es el caso del que podríamos llamar “humanismo divergente” que prevé que la relación entre hombres (H-H) pronto se dividirá en dos como consecuencia de la materialización de un grupo de humanos mejorados gracias a ciertos avances de la biotecnología: ingeniería genética, modificación física, biónica, tecnología de la información y nanotecnología, entre otras. Estos humanos mejorados darán lugar a unos superhombres (SH) que se irán separando de los actuales humanos normales dando lugar a una nueva relación entre ellos mismos (SH-SH), con los humanos normales (SH-H), con los animales no humanos (SH-A) y con el entorno (SH-I). Dejando al margen la cuestión de si ese transhumanismo divergente podrá o no alcanzar su objetivo, es necesario admitir que la mera formulación de estos asuntos ha planteado ya cuestiones de bioética relativas a los límites en la utilización de nuevas tecnologías que persiguen el fin de la mejora humana (Savulescu 2001 y 2002; Naan 2005; Agar 2010). Una eventual admisión del transhumanismo divergente, en la medida en que afecta a la cuestión central de la igualdad distributiva entre humanos, implicaría un cambio radical en la estructura de nuestra antropología filosófica y, consiguientemente, en la estructura de la Bioética.

Para terminar este epígrafe, voy a referirme brevemente a ciertas variedades de la bioética feminista que sostienen que las relaciones entre humanos (anthropos) (H-H) encubren dos situaciones radicalmente diferentes dependiendo de que se trate de mujeres (gyne) (M-M) o de hombres (andros) (V-V). Por tanto, los tres dominios de relaciones que hemos propuesto (H-H, H-A, H-I) habría que desplegarlos del siguiente modo: hombres varones- animales (V-A); mujeres- animales (M-A); varones – seres inanimados (V-I); mujeres – seres inanimados (M-I); y, por supuesto, las relaciones entre las mujeres (M-M), entre los varones (V-V), y entre los dos grupos (M-V). Por tanto, si nos basáramos en los supuestos de este feminismo, el mapa de las preocupaciones éticas debería ser enriquecido y ampliado en todas estas direcciones. 

3. Las tres dimensiones normativas de todo asunto bioético

Las personas humanas, en su vida diaria, deben observar tres diferentes tipos de normas que persiguen tres objetivos diferentes. El primer grupo de reglas busca preservar la integridad de cada uno de los sujetos humanos, el segundo persigue el mantenimiento de ciertos grupos (profesiones, asociaciones, grupos étnicos, grupos religiosos, etc.), y el tercero pretende asegurar el correcto gobierno de un estado político. Esta doctrina fue formulada por Gustavo Bueno que se refirió a estos tres ámbitos como “ética”, “moral” y “política”, respectivamente (Bueno 1996 y 2003).

Siguiendo la filosofía de Bueno, las normas y reglas éticas tratan de preservar la integridad de cada uno de los sujetos humanos, tanto en lo referente a su cuerpo biológico como en lo que afecta a su estatuto como personas dotadas de auto-determinación. En su Ética, Espinosa propuso que la virtud ética fundamental es la fortaleza, que se entiende como firmeza cuando se refiere a uno mismo y como generosidad cuando se aplica a los demás. Siguiendo este criterio, las conductas éticas contribuyen al correcto desarrollo de la gente en lo que se refiere a su firmeza y su salud corporal. Al contrario, las conductas que amenazan la integridad personal son anti-éticas. El homicidio, la esclavitud, la mutilación, el abuso, la tortura, los daños físicos, las injurias, las difamaciones, la denigración y la burla son algunos ejemplos de conductas destinadas a socavar la firmeza de otras personas. Además, aquellas personas que ponen en peligro su propia integridad sin necesidad también tienen una conducta no ética hacia sí mismas. El suicidio, el abuso de drogas, y otros hábitos nocivos para la salud pueden servir de ejemplo. La disciplina de la Bioética ha estado comprometida, desde sus mismos comienzos, con la protección de la integridad individual y con el respeto de la auto-determinación de las personas para contribuir a su firmeza.

El segundo grupo de reglas y normas persigue el mantenimiento de ciertos grupos. Toda persona pertenece a ciertos colectivos en función de su etnia, familia, género, edad, lengua, religión, profesión, clase social, nivel educativo, o residencia, por citar sólo unos ejemplos relevantes. Cada uno de estos grupos tiene intereses y objetivos diferentes y sigue sus propias costumbres, normas y reglas. Gustavo Bueno propuso llamar a estas normas morales fundamentando su propuesta en los usos ordinarios que tiene la palabra moral en muchos idiomas modernos, como cuando se habla de la moral victoriana, o de la moral burguesa o cristiana: los victorianos, los burgueses y los cristianos son grupos específicos que comparten unas normas y costumbres particulares. La virtud cardinal de los códigos morales es la lealtad hacia otros miembros del grupo como ocurría en el famoso credo de los piratas, titulado Credo de ética o costumbres de los hermanos de la costa (1640). De este modo, muchos especialistas en bioética han defendido la necesidad de tomar en consideración, en una amplia variedad de contextos, las reglas que afectan a los individuos en cuanto miembros de ciertos colectivos (etnias, religiones, edades, sexos, profesiones, etc.) ya que ninguna persona está aislada. De este modo, a la Bioética no sólo le conciernen los principios abstractos que se aplican a los individuos sino también una amplia variedad de morales: judía (Freedman 1999), musulmana (Sachedina 2009), médica (Pellegrino y Tomasma 2003), de los pacientes, militar (Cook y Syse 2010), y otras muchas (Thompson 2012).

La tercera dimensión normativa que afecta, de un modo inevitable, a la praxis humana tiene que ver con las reglas que contribuyen al buen funcionamiento de un Estado político. En el mundo actual, toda persona forma parte de un Estado político y, por tanto, está sometido al derecho de ese estado. Muchos especialistas en bioética han argumentado de un modo convincente que los asuntos y preocupaciones políticas han constituido un contenido irrenunciable de la Bioética desde sus inicios (Callahan 1973; Downie 1983; Sheehan y Dunn 2013).

Las normas éticas son universales y distributivas en la medida en que afectan a los sujetos individuales con independencia de su raza, lengua, religión, sexo, edad, clase, profesión o cualquiera otra determinación. Esta universalidad abstracta y el individuo humano abstracto al que va referida no se alcanzan sino vaciando todas las determinaciones concretas que los caracterizan. Las personas individuales están siempre enculturadas en una amplia variedad de grupos y han crecido como ciudadanos de un Estado político concreto. Esos grupos siguen sus propias normas morales mientras que el Estado impone su propio orden legal. Aunque las normas éticas en muchas ocasiones no entran en conflicto con la moral de un grupo determinado, a veces ocurre que sí lo hacen de modo que las prescripciones de una determinada comunidad resultan ser incompatibles con los derechos individuales. Por ejemplo, un testigo de Jehová que rechaza una trasfusión de sangre está siguiendo una normal moral religiosa que choca con el imperativo ético de preservar la vida. Los cultos destructivos pueden servir como otro ejemplo de grupos que sostienen normas morales, pero no éticas. Incluso los miembros de una asociación profesional, con el fin de protegerse mutuamente, pueden incurrir en una conducta anti-ética, como cuando El código ético de la Sociedad Médica Americana de 1847 exigía a los médicos que no criticasen a los colegas que hubieran tratado un caso concreto con anterioridad (Fox y Swazey 1984). Mucho se ha escrito acerca de la moral médica nazi que era, en muchos extremos, anti-ética. Las morales de ciertos grupos contravienen frecuentemente ciertos imperativos éticos como en los casos de abusos de género, sexismo, racismo y discriminación social.

En cualquier caso, las normas éticas pueden ser dirigidas por motivos morales ulteriores como cuando la decisión colectiva (un mandato moral) tomada por ciertos grupos étnicos anula implícitamente la autoderminación de un sujeto (que es un requerimiento ético) respecto a ciertos asuntos que afectan su salud individual. En tales casos, la persona que no está habituada a tomar sola ciertas decisiones, se siente arropada por el grupo y espera que sea el grupo el que decida (Johnstone 2012). En otros casos, los dictados éticos chocan con los intereses del grupo, como ocurre cuando la preservación de la confidencialidad relativa a la información genética es puesta en entredicho por el interés que puedan tener ciertos familiares de sangre para acceder a esa información (Chadwick 200). Además, las normas morales de colectivos diferentes pueden entrar en conflicto entre sí como cuando el código de los testigos de Jehová sobre las trasfusiones de sangre entra en conflicto con el código médico de salvar la vida del paciente. Las diferentes normas de musulmanes y cristianos, de pacifistas y militares, de policías y mafiosos pueden servir como otros ejemplos de la incompatibilidad entre códigos morales diferentes. Muchos conflictos de intereses pueden entenderse como conflictos entre un individuo y un grupo o entre normas de diferentes grupos (Schunklen 2004).

Las normas políticas son normalmente compatibles con las normas éticas y una parte sustancial de las legislaciones de los Estados contribuyen al desarrollo de las virtudes éticas personales. Sin embargo, las normas políticas y éticas también entran, a veces, en conflicto. Las normas éticas abstractas no establecen diferencias entre personas de Estados diferentes, pero la política de una determinada nación implica la existencia de fronteras y la toma de medidas policiales y deportaciones como modo de preservar el bienestar del Estado, incluso cuando esas medidas condenan a otras personas a morirse de hambre, oponiéndose de este modo al bienestar de esa persona concreta. Lisa Eckenwiler, Christine Straehle, y Ryoa Chung (2012) han subrayado la dialéctica entre los requerimientos éticos y políticos relativos a la desigualdad en la salud, aunque su propuesta de una “solidaridad global” no deja de ser internamente problemática, ya que la solidaridad es siempre la solidaridad de un grupo frente a otros.

La ética y la política también entran en conflicto a propósito de los derechos reproductivos de la persona en relación con la planificación familiar. La libertad reproductiva incluye la posibilidad de decidir cuántos hijos se desea tener, pero este derecho en ocasiones resulta ser incompatible con la necesidad política de controlar el exceso de población. Como tantas veces se ha argumentado, algunos de los costes de tener hijos son soportados por otras personas distintas de los padres y, por tanto, esas personas también tienen algo que decir acerca del control de la natalidad (Buchanan et al. 2000, 210). Otro ejemplo de conflicto entre ética y política nos lo proporciona Mary Warnock que ha argumentado la primacía del bien político sobre la vida individual en su defensa del “deber de morir” que tendrían los pacientes dementes terminales como un medio para economizar recursos sanitarios (2008). La pena capital (mejor llamada eutanasia procesal), la guerra y la inteligencia político militar son otros tantos ejemplos de conflictos entre los requerimientos políticos y los valores y las virtudes éticas. Otro botón de muestra de esta tensión podría ser el equilibrio entre la privacidad individual y la seguridad ciudadana y estatal.

La relación entre normas políticas y morales también puede ser conflictiva. Como es sabido, los países occidentales que asumen ciertas normas éticas se oponen al infanticidio preferencial femenino, a los matrimonios forzados, a la mutilación sexual, al racismo, y al sexismo que son promovidos por ciertos grupos. Otro ejemplo del conflicto entre la moral de un grupo y la buena marcha del Estado lo proporciona el terrorismo. Por supuesto, también se dan muchas situaciones en las que un asunto puede tener relevancia ética o moral y carecer de importancia política: la promiscuidad sexual y el consumo legal de tabaco o de alcohol puede llegar a ser contraria a la ética, si pone en riesgo la firmeza del sujeto, y puede ser contraria de la moral, si perjudica a ciertos grupos tales como familias o empresas y, sin embargo, continúa siendo legal en muchos países.

La distinción entre ética, moral y política como tres dimensiones normativas diferentes de la praxis humana no se propone aquí como una simple definición de diccionario acerca de los usos de ciertas palabras en algunos idiomas modernos, sino que se presenta como el fundamento de la existencia de tres dominios diferentes de normas. Como ha afirmado Callahan, en Bioética “la dimensión puramente ética no puede ser considerada sin referirse a las dimensiones legal, política, psicológica y social” (1973, 72). En este texto tan antiguo se puede encontrar ya la distinción entre la dimensión ética, la social y la política de cualquier asunto bioético (la dimensión social puede ponerse en correspondencia con los que aquí llamamos moral).

Muchas de las adiciones de las últimas ediciones de los Principios de ética biomédica introducidos por Tom L. Beauchamp y James F. Childress para responder a sus críticos se podrían entender mejor si los principios de autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia fueran reinterpretados desde el conflicto entre ética, moral y política (Beauchamp y Childress 2009; Gert y Clouser 1990). La autodeterminación es en sí misma un principio ético, en la medida en que afecta al sujeto individual distributivo y a su firmeza, pero se encuentra inmediatamente restringido cuando se ponen a funcionar las normas morales de un grupo o las de un Estado político. Los conflictos y equilibrios entre los tres primeros principios de Beauchamps y el principio de justicia pueden entenderse como variaciones de las concesiones mutuas entre normas éticas y políticas como resultado de la contextualización de las normas éticas abstractas en la realidad de las contingencias políticas y de las restricciones morales institucionales. Como Mark Sheenan y Michael Dunn han dicho recientemente, todo requerimiento ético debe ser discutido en el contexto de los que es políticamente practicable y que realmente se puede implementar” (2013).

Robert Baker ha sostenido que es necesario realizar en la Bioética una revolución de corte historicista parecida a la que hizo Kuhn en la filosofía de la ciencia abstracta con el objeto de poner fin a la metodología actual ahistórica y racionalista y poner los asuntos en su contexto histórico. El libro de James H Jone de 1981 sobre el experimento de Tuskegee suele citarse para ejemplificar la fertilidad de la aproximación histórica. Duncan Wilson ha defendido también la relevancia de la historia en los análisis bioéticos (2013). Desde mi punto de vista, el análisis de Baker se podría entender mejor si asumimos que la Bioética no implica sólo la perspectiva ética sino también las mencionadas dimensiones moral y política. Debido a su naturaleza abstracta, el punto de vista ético puede proceder, en ciertos aspectos, de un modo ahistórico, como le ocurre a la geometría frente a la física. La moral y la política, no pueden proceder ahistoricamente ya que, por definición, están históricamente determinadas. La Bioética no puede quedar reducida al análisis abstracto de ciertos asuntos y ha incluido desde sus comienzos las dimensiones morales y políticas de modo que requiere una metodología histórica y comparada. En realidad, la dicotomía entre racionalismo e historicismo propuesta por Baker puede ser el resultado de centrarse solamente en la dimensión ética de la Bioética (dejando de lado la política y las morales), y centrarse sólo en los trabajos de cierto grupo de

académicos (ciertos filósofos analíticos estrictos) que asumen como única metodología el racionalismo cartesiano criticado por Baker. Esto nos explicaría la afirmación de Roger Cooter según la cual los especialistas en Bioética muestran siempre “superficialidad (o ausencia) de comprensión socio-económica o política” (1995, 259).

En la praxis de la vida ordinaria, las personas están inmersas en este espacio de normas heterogéneas y, por consiguiente, cualquier discusión de un asunto bioético se beneficiará de tomar en consideración la dimensión ética (la perspectiva del individuo tomado distributivamente), la dimensión moral (considerando los grupos que estén involucrados), y la dimensión política (en la medida en que afecta al Estado y a la legislación), teniendo siempre en mente que estos tres tipos de normas pueden entrar en conflicto entre sí.

4. Acerca de la estructura de la Bioética como una disciplina pragmática

Como ya se ha dicho, la Bioética es una disciplina de naturaleza pragmática. A pesar de la falta de consenso acerca de sus doctrinas y sus principios, el campo de esta disciplina no es ni caótico, ni amorfo, de modo que se puede apreciar en él cierta estructura. Por una parte, los asuntos de la bioética pueden ser clasificados basándose en los tres tipos de relaciones implicadas en la praxis humana: las relaciones entre humanos, las relaciones entre humanos y animales no humanos con inteligencia y voluntad, y las relaciones entre los humanos y otras entidades sin inteligencia ni voluntad. La razón fundamental para mantener esta clasificación es que las normas que gobiernan cada uno de estos dominios requieren un tratamiento específico ya que implican responsabilidades diferentes. Por otra parte, las personas humanas están sumergidas de modo inevitable en un espacio normativo tridimensional que afecta a su praxis: las normas éticas, que tratan de fortalecer a los individuos humanos, las normas morales, que persiguen el mantenimiento de determinados grupos sociales, y las normas políticas, que salvaguardan la buena marcha del Estado.

Por lo que hace a los tres dominios de relaciones humanas, las críticas más radicales provienen del animalismo anti-especista, que pretende hacer desaparecer las fronteras entre los hombres y ciertos animales, y del transhumanismo divergente, que busca dividir a la humanidad en grupos como resultado de una mejora humana divergente (una vez que se han abandonado definitivamente el racismo “científico” del siglo diecinueve). Incluso dejando a un lado las pretensiones anti-especistas, el grado de compromiso ético hacia ciertos animales con inteligencia y voluntad permanece siendo objeto de consideración.

Por lo que hace a las tres dimensiones de las normas humanas, la cuestión principal puede formularse del siguiente modo: en caso de un conflicto entre normas éticas, morales y políticas ¿contamos con alguna regla para establecer prioridades entre ellas? Esta cuestión está en el núcleo de la discusión entre universalismo y relativismo, entre liberalismo y comunitarismo, entre la autonomía del paciente y el paternalismo médico, y entre los partidarios de la autonomía individual y los que defiende el poder del grupo del estado. El reconocimiento de estas tres dimensiones normativas también puede arrojar alguna luz sobre el problema de las prioridades entre ciertos valores que están en competencia y que afectan al individuo, al grupo y al Estado, así como sobre el conflicto y el equilibrio entre ciertos principios bioéticos, y puede ser de ayuda para dar cuenta del lugar de la perspectiva histórica en Bioética.   

Bibliografía citada

Agar, Nicholas. 2010. Humanity’s End: Why We Should Reject Radical Enhancement. Cambridge Mass: MIT Press.

Alvargonzález, David. 2013. “Alzheimer’s disease and the conflict between ethics, morality and politics”. Journal of Alzheimer’s Disease and Parkinsonism S10, no.004, special issue Neurodegenerative Disorders. doi: 10.4172/2161-0460.S10-004

Baker, Robert. 2002. “Bioethics and history.” Journal of Medicine and Philosophy 27, no.4: 447-474.

Baker, Robert B., and Laurence B. McCullough. 2008. The Cambridge World History of Medical Ethics. Cambridge: Cambridge University Press. 

Baumrin, Bernard. 1998. “Physician, stay thy hand!” In: Physician Assisted Suicide: Expanding the Debate, edited by Margaret P. Battin, Rosamond Rhodes and Anita Silvers, 177-181. New York: Routledge.

Beauchamp, Tom L., and James F. Childress. 2009. Principles of Biomedical Ethics. New York: Oxford University Press, 6th ed.

Beauchamp, Tom L., and Raymond G. Frey. 2011. The Oxford Handbook of Animal Ethics. New York: Oxford University Press.

Borges, Jorge Luis. 1984. “The analytical language of John Wilkins.” In: Other Inquisitions 1937-1952. By Jorge Luis Borges. Texas: University of Texas Press.

Buchanan, Allen, Brock, Dan W., Daniels, Norman, and Daniel Wikler. 2000.  From Chance to Choice. Cambridge: Cambridge University Press.

Bueno, Gustavo. 1978. “Sobre el concepto de espacio antropológico.” El Basilisco 5: 57-69.

Bueno, Gustavo. 1996. “Ética, moral y derecho.” In: El sentido de la vida, by Gustavo Bueno, 15-88. Oviedo: Pentalfa.

Bueno, Gustavo. 1999. ”Principios y reglas generales de una Bioética materialista.” El Basilisco 25: 61-72.

Bueno, Gustavo. 2001. ¿Qué es la bioética? Oviedo: Pentalfa.

Bueno, Gustavo. 2003. “En nombre de la ética.” El Catoblepas 16: 2.

Callahan, Daniel. 1972.  “Bioethics as a discipline.” Studies Hasting Center 171: 73.

Callahan, Daniel. 1982. “At the center”. Hasting Center Report 12/3: 4.

Chadwick, Ruth. 2009. “What is applied in “applied ethics’?” Journal of Applied Philosophy 1: 5.

Cook, Martin L., and Henrik Syse. 2010. “What should we mean by ‘military ethics’?” Journal of Military Ethics 9 no.2: 119-122.

Cooter, Roger. 1995. “The resistible rise of medical ethics.” Social History of Medicine 8: 257-270.

Dawson, Angus. 2010. “The future of Bioethics: Three dogmas and a cup of hemlock.” Bioethics 24, no.5: 218-225.

Donovan, Josephine, and Carol J. Adams. 2007. Feminist Care Tradition in Animal Ethics. New York: Columbia University Press.

Downie, Robin. 1983. “Is there a right to be unhealthy?” Nursing Mirror 158: 30.

Eckenwiler, Lisa, Straehle, Chistine, and Ryoa Chung. 2012. “Global solidarity, migration and global health inequity.” Bioethics 26/7: 382-390.

Freedman, Benjamin. 1999. Duty and Healing: Foundations of Jewish Bioethics. New York: Routledge.  

Fox, Renée C., and Judith P. Swazey. 1984. “Medical morality is not bioethics: Medical ethics in China and the United States.” Perspectives Biological Medicine 27, no.3: 336-360.

Gert, Bernard, and K. Danner Clouser. 1990. “A critique of principlism.” Journal of Medicine and Philosophy 15, no.2: 219-236.

Gordon, John-Stewart. 2011. Bioethics. In: International Encyclopedia of Philosophy, edited by Feiser, James, and and Bradley Dowden. http://philpapers.org/rec/GORB-2 [Accessed 18 Oct 2014]

Hegde, Negendra R., Madur, Mohan S., Kaveri, Srini V., and Jagadeesh Bayry, 2009. “Reasons to include viruses in the tree of life.” Natural Reviews of Microbiology 7, no.8: 615.

Johnstone, Megan-Jane. 2012. “Bioethics, cultural differences and the problem of moral disagreements in end-of-life care: A terror management theory.” Journal of Medicine and Philosophy 37: 181-200.

Jones, James H. 1981. Bad Blood: The Tuskegee Syphilis Experiment. London: Free Press.

Jonsen, Albert R. 1998. The Birth of Bioethics. New York and Oxford: Oxford University Press.

Kopelman, Loretta M. 2009. “Bioethics as public discourse and second-order discipline.” Journal of Medicine and Philosophy 34: 261-273

Macklin, Ruth. 2001. “Bioethics and public policy in the next millennium: presidential address.” Bioethics 15, no.5-6:373-381.

Macklin, Ruth. 2010. “The death of bioethics (as we once knew it).” Bioethics 24, no.5:211-217.

Moreira, David, and Purificación López-García. 2009. “Ten reasons to exclude viruses from the tree of life.” National Review of Microbiology, 7, no.4: 306-311.

Naam, Ramez. 2005. More than Human: Embracing the Promise of Biological Enhancement. London: Broadway Books.

Naess, Arne. 1973. “The shallow and the deep, long-range ecology movement. A summary.” Inquiry 16, no.1: 95-100.

Pellegrino, Edmund D. 1992. “Doctors must not kill.” In: Euthanasia: The Good of the Patient, the Good of Society, edited by Robert I. Misbin, 33-34.  Maryland: University Publishing Group.

Pellegrino, Edmund D., and David C. Thomasma. 2003. The Virtues in Medical Practice. Oxford: Oxford University Press.

Plumwood, Val.  1986. “Ecofeminism. An overview and discussion of positions.” Australasian Journal of Philosophy 64, no.1:120-138.

O’Neill, Onora. 2002. Autonomy and Trust in Bioethics. Cambridge: Cambridge University Press.

Rachels, James. 1986. The End of Life: Euthanasia and Morality. Oxford: Oxford University Press. 

Reich, Warren Thomas. 1994. “The word “bioethics”: its birth and legacies of those who shaped it.” Kennedy Institute of Ethics Journal 4, no.4:319-35.

Reich, Warren Thomas. 1995. “The word ‘bioethics’: the struggle over its earliest meanings.” Kennedy Institute of Ethics Journal 5, no.1:19-34.

Sachedina, Abdulaziz. 2009. Islamic Biomedical Ethics. Oxford: Oxford University Press.

Savulescu, Julian. 2001. “Procreative beneficence: Why we should select the best children.” Bioethics 15, no.5-6:413-426.

Savulescu, Julian. 2002. “The embryonic stem cell lottery and the cannibalization of human beings.” Bioethics 16, no.6:508-529.

Schunklenk, Udo. 2004. “Bioethics and (public) policy advice”. In: Bioethics in a Small World, edited by Felix Thiele, and Richard Ashcroft, 129-138.  Berlin: Springer Verlag.

Sheehan, Mark, and Michael Dunn. 2013. “On the nature and sociology of bioethics.” Health Care Analysis 21:54-69.

Singer, Peter. 1975. Animal Liberation: A New Ethics for Our Treatment of Animals. New York, Random House.

Singer, Peter. 1979. Practical Ethics. New York: Cambridge University Press.

Singer, Peter. 2009. “Speciesism and moral status.” Metaphilosophy 40, no.3-4:567-581.

Taylor, Paul W. 1986. Respect for Nature: A Theory of Environmental Ethics. Princeton: Princeton University Press.

Thompson, Dennis F. 2012. “Political ethics.” In: International Encyclopedia of Ethics, edited by Hugh LaFollette. Oxford: Blackell Publishing Company.

Warnock, Mary. 2008. “A duty to die?” OMSORG 4:3-4.

Wilson, Duncan. 2013. “What can history do for bioethics?”’ Bioethics 27, no.4:215-223.

   

Estructura de la Bioética como disciplina normativa. David Alvargonzález

20100331013503-bioeticalogo

ON THE STRUCTURE OF BIOETHICS AS A PRAGMATIC

DISCIPLINE

DAVID ALVARGONZALEZ

Abstract: This article analyzes certain aspects of the structure of bioethics as a

discipline. It begins by arguing that bioethics is an academic discipline of a pragmatic

nature and then puts forward a classification of the main problems, issues,

and concerns in bioethics, using this classification as a way to outline the limits

and framework of the field. Pushing further, it contends that comprehensive treatment

of any topic in bioethics requires that three normative dimensions (the ethical,

the moral, and the political) be taken into account. It concludes that the classification

of the issues and analysis of each issues normative dimensions can

provide valuable contributions toward understanding the sui generis structure of

bioethics as a pragmatic discipline.

Keywords: bioethics structure, bioethics problems, bioethics disciplines, norms

types.

1. Bioethics as a Pragmatic Discipline

A discipline is a body of knowledge or skills that can be taught and

learned. Techniques, technologies, sports, hobbies, arts, rhetoric, theology,

law, and philosophy, among many others, can be taught and

learned and, therefore, can be formed into disciplines. In the context of

human praxis and norms, disciplines imply a certain institutionalization,

whereas nonhuman animals in the wild have no structured disciplines,

although they may take part in a wide range of learning

processes. Even further, any educational institution can invent any discipline

it considers useful to be taught according to the demands of the

society it serves.

In this article, I start from the assumption that bioethics is a discipline

consolidated in the academy, where the diverse origins of its practitioners

(philosophers, historians, lawyers, social scientists, biomedical

researchers, clinicians, nurses, theologians, journalists, policy analysts,

insurance brokers, and businessmen, among others) reveal its interdisciplinary

nature. The interdisciplinary nature of bioethics has been

defended, among others, by Callahan (1982), ONeill (2002), Kopelman

(2009), and Wilson (2013). Complementing this interdisciplinary nature,

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

METAPHILOSOPHY

Vol. 48, No. 4, July 2017

0026-1068

the relative stability of bioethics as an academic discipline has proven

to be compatible with the varied backgrounds of its practitioners. Notwithstanding,

neither the fact that addressing issues in bioethics does

not require any specific license nor the fact that no expert can lay claim

to exclusive competence precludes the existence of an institutionalized

discipline. As happens with certain professionals, such as journalists,

politicians, and entrepreneurs, there is no single academic path to

becoming a bioethicist; and as happens with so many issues concerning

the public sphere, any citizen can publicly discuss disputed issues without

being excluded a priori from the debate. In any event, with bioethics

assumed to be a field of an interdisciplinary nature, it is worth

recognizing that, for better or worse, this interdisciplinary activity has

been academically institutionalized and, hence, turned into a discipline,

into a body of knowledge that is taught and can be taught and learned,

one that is assumed to be endowed with a certain inner structure.

Nevertheless, recognizing bioethics as an academic discipline does not

entail recognizing the discipline as a science stricto sensu, since there is

a lack of consensus in the field of bioethics regarding general principles

and theories, and the ongoing confrontation of differing, competing

doctrines seems unavoidable.

Since its origins, bioethics has dealt with a wide spectrum of practical

issues concerning the ethics of biological organisms. In any event,

the ethical approach implies, as Callahan points out, that “an academic

research project in bioethics, or a bioethicist working in the public

sphere, must primarily be concerned to address a practical ought question”

(1973, 73). Callahan, among others, has stressed the practical

nature of bioethics: “The discipline of bioethics should be so designed,

and its practitioners so trained, that it will directly—at whatever cost

to disciplinary elegance—serve those physicians and biologists whose

position demands that they make the practical decisions” (Callahan

1973, 73). Based on the foregoing requirements, I shall contend that,

due to the absence of theoretical consensus and to the practical character

of issues in bioethics, the unity of the discipline is mainly pragmatic

in nature. I shall argue too that one effective way to reveal the structure

of its field is by pointing out and classifying the practical problems and

concerns that themselves raise bioethical issues.

Although ethics, morality, and politics have been part of the most

important philosophical academic systems since the time of Platos

Republic and Aristotles Nicomachean Ethics, the constitution of bioethics,

as a discipline that groups together the current practical issues

posed by biological sciences and technologies, took place in the last

third of the twentieth century (Jonsen 1998). In this article, I hold that

the rise of bioethics as a discipline resulted from the advent of a cluster

of new problems and concerns related to biological organisms. These

issues were characterized in relation to two different kinds of processes

468 DAVID ALVARGONZALEZ

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

that, although closely related, can be analytically distinguished. There

is, on the one hand, the development of certain sciences and technologies,

such as modern medicine, biotechnology, genetic engineering, ecology,

ethology, atomic physics, information technologies, computation,

and the like, which triggered a raft of new realities, including human

embryo research, cloning, organ transplantation, enhanced prosthesis,

radioactive contamination, and species extinction. On the other hand,

wide-ranging socioeconomic changes posed certain practical issues

soliciting inquiry. A nonexhaustive list of these changes includes the

Green Revolution, world demographic growth, the fall of Soviet-style

socialism and overall triumph of consumer capitalism, the widespread

application of this capitalism to medical assistance and care, and, in

the Western countries where bioethics arose, the rise of the feminist

movement and relative decline of the social influence of Christianitys

theological anthropology and ethical codes (Bueno 1999 and 2001;

Baker and McCullough 2008).

2. Venturing to Classify the Main Problems, Concerns, and

Issues in Bioethics

As stated above, bioethics, unlike geometry, physics, or biology, is not a

strict science, and its inner unity is that of a discipline with a practical

character. Consequently, one would suspect that the only thing we can

hope for is to draw up a purely empirical inventory of the issues in bioethics,

a sort of laundry list. Librarianship specialists have proposed

certain classifications of bioethical topics, such as the one created and

maintained by the Kennedy Institute for Ethics at Georgetown University,

the Bioethics Research Library Classificatory Scheme. Although

those classifications prove to be very useful for their practical purposes,

they lack a theoretical inner structure. Jorge Luis Borges refers to the

Chinese encyclopedia entitled Celestial Empire of Benevolent Knowledge,

in which “it is written that the animals are divided into: (a) belonging

to the emperor, (b) embalmed, (c) tame, (d) sucking pigs, (e) sirens, (f)

fabulous, (g) stray dogs, (h) included in the present classification, (i)

frenzied, (j) innumerable, (k) drawn with a very fine camelhair brush,

(l) et cetera, (m) having just broken the water pitcher, (n) that from a

long way off look like flies” (Borges 1984, 103).

When we compare this classification with the phylogenetic taxonomies

based on the theory of evolution, we can see the difference

between a laundry list, like that of the Borgean Chinese encyclopedia,

and a coherent essential classification stemming from a scientific

theory. The same could be said if we compare the heterogeneous lists

of substances of the early alchemists with the current periodic table of

elements. Although laundry lists can be useful for certain practical

THE STRUCTURE OF BIOETHICS AS A PRAGMATIC DISCIPLINE 469

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

purposes, they are not the kind of classification one is searching for

when elucidating the structure of a given field. Rather, one is seeking

the completeness, coherence, and order we recognize in the classification

of triangles by the relative lengths of their sides (equilateral, isosceles,

and scalene) or in the categorization of the three classes of levers.

The lack of a scientific structure of bioethics does not force retreat

from an attempt to design a coherent categorization based on a suitable

set of assumptions. Rather, the main challenge lies in finding the

appropriate philosophical criteria to account for such a classification.

While philosophical foundations are not scientific in nature, they must

still be grounded in arguments and are evaluated by being put into

action and judged by their results.

In the literature, the term “bioethics” has been used in two different

senses: in a narrow sense, bioethics is understood as biomedical ethics;

in its broader sense, bioethics includes a wide spectrum of issues concerning

biological organisms. Although Warren T. Reich contends that

nonclinical bioethics is merely a word and never flourished as a discipline

(Reich 1994 and 1995), in this article I shall follow the proposals

of Angus Dawson and Ruth Macklin and also refer to the more widereaching

sense (Dawson 2010; Macklin 2010). This choice has the

advantage that it allows treating the structure of bioethics in both the

broad and narrow senses while also requiring that one take into consideration

the nature of the relations between them. Accordingly, I shall

assume that the problems and concerns articulated by bioethics in its

broader sense make either direct or indirect reference to human and

nonhuman biological organisms and shall also contend that bioethics

in this sense is a discipline of human etiology. Based on the foregoing,

I shall divide the set of relationships and operations affecting humans

into two main groups: the first contains the relationships and operations

between humans and other intelligent and willing beings, while

the second contains the relationships and operations between humans

and entities lacking will and knowledge. This dichotomy takes on

immediate meaning in bioethics, since norms and issues concerning

intelligent and willing animals (whether human or not) usually require

treatment different from those concerning other entities. The former

group, containing the relationships and operations between human

beings and other intelligent and willing beings, can in turn be broken

down into another dichotomy. Cognizant that this proposal will be

criticized by the supporters of antispeciesism, I shall argue that the

relationships and operations among humans should be differentiated

from the relationships and operations between humans and other intelligent

and willing animals. The relationships between humans and

entities lacking will and knowledge could also be dichotomized, since

some of the latter are living beings (for instance, the nonanimal

archaea, bacteria, and eukaryota), while others are inert bodies (stones,

470 DAVID ALVARGONZALEZ

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

rivers, clouds, stars, and so on). Nevertheless, I shall assume that, in a

bioethical context, this latter difference between living and nonliving

entities does not play a significant role (I am also aware of the controversial

nature of this assumption).

Where “H” refers to humans, “I” to entities other than animals

(whether living or not), and “A” to intelligent and willing nonhuman

animals, the criteria to classify the practical, anthropic sphere of bioethics

can be summarized as follows:

(1) Issues concerning the relationships and operations between

humans (H–H).

(2) Issues concerning the relationships and operations between

humans and nonhuman intelligent and willing animals (H–A).

(3) Issues concerning the relationships and operations of humans

with entities other than the animals included under (2) above

(H–I).

Ethology and animal psychology have unequivocally shown that the

Cartesian automatism of beasts is misguided, as no one today dares

deny that certain animals are endowed with intelligence, feelings, and

desires. Accordingly, our treatment of those animals cannot be equated

with treatment of other living beings or the inert environment. Of

course, the latter relationships (H–I) still pose bioethical issues, but

those issues require treatment other than that received by the relationships

between humans and nonhuman intelligent and willing animals

(H–A), since most living beings, and inert bodies, do not perform operations

similar to those of humans, nor do they suffer, desire, or behave

in an intelligent way. It is more difficult to justify the expediency of

affording different treatment to the issues involving the relationships

among humans (H–H) and to the issues involving the relationships

between humans and certain nonhuman animals endowed with intelligence,

feelings, and will (H–A). Advocating this difference implies confronting

the arguments of antispeciesism (Singer 1975; 1979; 2009).

Space constraints here limit any attempt to deal with this complex issue

in depth, but, for the purposes of this article, the arguments in favor of

human speciesism can be outlined as follows.

a. Comparing nonhuman intelligent animals in the wild with healthy

adult humans enculturated in complex societies reveals remarkable

differences between the two groups. Humans have a set of

very complex interrelationships between them, which include phonetic

language and the ability to deploy and reciprocate ethical

conduct. In addition, humans have much greater learning capabilities.

This is all linked to an objective culture, which includes the

most elaborate of techniques, arts, sciences, and technologies.

THE STRUCTURE OF BIOETHICS AS A PRAGMATIC DISCIPLINE 471

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

b. The differences between nonhuman intelligent animals and

humans, when humans are in the early stages of development (as

infants or children) or in transient states of disability, can be justified

by means of a teleological argument that looks to the inherent

final stage of development of members of the human group

who will become healthy, enculturated adults. As no person has

ever been born as an adult, the period from birth to adulthood

(or the period of transient disability) requires an ethical protection

that, unlike the case with animals, accounts for a persons

future status as a healthy, enculturated adult.

c. Antispeciesism arguments acquire special force when comparing

certain chimpanzees that have been bred in captivity and share a

significant portion of human culture (including the rudiments of

American Sign Language) to certain human individuals who have

severe, incurable, and irreversible disabilities, such as profound

mental retardation. While comparing these two highly specific

groups, which have been selected ad hoc, may shed some light on

the charitable treatment to be accorded to the chimpanzees upon

integration into a human community, I am afraid it cannot be

put forward as an argument against distinguishing between

humans and other animals when articulating the structure of bioethics.

Any attempt to draw distinctions in any field inevitably

uncovers certain situations and examples that prove difficult to

classify, as seen in the current discussion about whether viruses

are indeed living organisms (Hegde et al. 2009; Moreira and

Lopez-Garcıa 2009). Analyzing such borderline cases, however,

does not remove the difference between living organisms and

stones. Notwithstanding certain particular borderline cases, I contend

that ethical issues adopt a varying degree of significance

depending on whether they affect the relationships among

humans (H–H) or the relationships between human and nonhuman

intelligent and willing animals (H–A). This structure is

highly indebted to Gustavo Buenos theory of anthropological

space (1978).

The most significant issues addressed by bioethics (though admittedly

not an exhaustive list) can be classified on the basis of the three

domains of anthropological relationships offered in table 1.

The second and third domains may be matched to what are called

“animal bioethics” (Singer 1975; Beauchamp and Frey 2011) and

“environmental bioethics” (Naess 1973; Taylor 1986). However, the

first group, which accounts for the relationships and operations among

human subjects (H–H), should not be reduced to so-called medical (or

clinical) bioethics. There are issues, such as capital punishment, racism,

sexism, gender discrimination, sexual orientation, and infanticide that

472 DAVID ALVARGONZALEZ

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

are not regarded as being primarily medical or clinical concerns; there

is also an ongoing, lively debate regarding the extent to which certain

other issues, such as abortion and assisted suicide, ought to be eliminated

from medical practice (Rachels 1986; Pellegrino 1992; Baumrin

1998).

This, though, is not the end of the matter, since the core value of

the proposed classification (H–H; H–A; H–I) in accounting for the

structure of bioethics can be further demonstrated when observing the

radical consequences arising from an alteration of that structure. Such

is the case in what I term “divergent transhumanism,” which foresees

that the relationship among humans (H–H) will soon be split as a

result of the impending materialization of a group of enhanced humans

benefiting from certain biotechnological advances: genetic engineering,

TABLE 1. Classification of certain significant issues in bioethics

First domain: Relationships between humans (H–H)

Contraception, abortion, infanticide, sterilization, sexuality, sexual orientation

Surrogate motherhood, assisted reproductive technologies, adoption, ectogenesis

Embryo manipulation, stem cell research, cloning, gene therapy, eugenics, conjoined

twins

Informed consent, confidentiality, privacy, conflict of interests

Health care

Drug abuse, sport ethics, neuroethics

Mutilation, ablation, circumcision, body deformation, food bioethics

Brain death, reanimation, transplantation, donation

Pathologization, medicalization, iatrogenesis

Terminally ill patients, suffering, clinical euthanasia, assisted suicide

Capital punishment (procedural euthanasia)

Health politics and insurance, health regulation and law, resource allocation, inequalities

Migration, racism, sexism, access to health care and human research in the Third World,

epidemic control

Second domain: Relationships between humans and nonhuman, intelligent, and willing

animals (H–A)

Animal research and experimentation

Animal rights, animal liberation, Great Ape Project

Animal euthanasia, limits of animal maleficence, animal patents

Endangered animal species

Legislation concerning animals

Third domain: Relationships between humans and other entities (whether living or not)

(H–I)

Limits of biological maleficence, endangered species

Artificial life, genetic modification

Demography, aging society

Ecology, sustainability, climate change, global warming, pollution

Bio-risks, bio-terrorism, biological warfare, nuclear warfare

Space ethics, astroethics

THE STRUCTURE OF BIOETHICS AS A PRAGMATIC DISCIPLINE 473

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

physical modification, bionics, information technology, and nanotechnology,

among others. These enhanced humans will give rise to superhumans

(SH), who will diverge from current, standard humans, thus

giving rise to new relationships among themselves (SH–SH), with nonenhanced

humans (SH–H), with nonhuman animals (SH–A), and with

the inanimate environment (SH–I). Regardless of whether this divergent

transhumanism reaches fruition, it must be admitted that the very formulation

of these issues has already raised bioethical questions concerning

the limits of new technologies when applied to divergent

human enhancement (Savulescu 2001 and 2002; Naam 2005; Agar

2010). The eventual admission of divergent transhumanism, such as it

affects the highly central issue of distributive equality among humans,

would imply a radical change in the structure of philosophical anthropology

(and hence in the structure of bioethics).

To end this section, I shall briefly touch on certain varieties of feminist

bioethics according to which the relationships between humans

(anthropos) (H–H) conceal two radically different situations depending

on whether they relate to females (F–F) (gyne) or to males (M–M)

(andros). Consequently, the three domains of relationships I have put

forward (H–H, H–A, H–I) might unfold as follows: men–animals (M–

A); women–animals (F–A); men–inanimate entities (M–I); women–inanimate

entities (F–I); and, of course, the relationships among women (F–

F), among men (M–M), and between the two groups (M–F). As certain

feminist bioethicists view it, women have a special sensitivity in dealing

with animals (Donovan and Adams 2007), with other living beings,

and even with inert bodies (Plumwood 1986), not to mention with

other humans, particularly with other women. Consequently, drawing

on these feminists tenets, the map of bioethical concerns should be

“enriched” and “enlarged” in all those directions. Notwithstanding any

possible gender discrimination in this approach, it is worth stressing

that the majority of feminist bioethics is directly committed to combating

sexism and gender inequality (Macklin 2001).

3. The Three Normative Dimensions of Any Bioethical Issue

Human persons, as they go about their daily lives, must observe three

different sets of norms in place to serve three different purposes.1 The

first group of rules looks to preserve the integrity of each human subject,

the second looks to maintain certain groups (professions, associations,

ethnicities, religions, and so forth), and the third looks to ensure

the smooth governance of the political state. Taking cues from Bueno,

1 This section draws on an argument that I have already developed elsewhere when

discussing certain bioethical problems raised by Alzheimers disease (Alvargonzalez

2013).

474 DAVID ALVARGONZALEZ

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

I shall refer to these three kinds of rules as “ethics,” “moralities,” and

“politics,” respectively (Bueno 1996 and 2003).

Following Bueno, ethical norms and rules are aimed at preserving

the integrity of each human subject, as both an individual biological

body and a human person endowed with self-determination. In his

Ethics, Spinoza put forward “strength of character” as the core ethical

virtue, adding that this virtue is understood as both firmness toward

oneself and generosity toward others. Accordingly, ethical behaviors

contribute to peoples proper development and to the improvement of

their bodily health and firmness. Educational activities and medical

professions serve as prime illustrations of inherently ethical practices.

Conversely, behaviors that threaten personal integrity are regarded as

unethical. Homicide, slavery, mutilation, abuse, torture, injury, defamation,

denigration, and derision are just some examples of behaviors

geared toward undermining another persons strength. Moreover, people

unnecessarily endanger their own integrity, thereby behaving unethically

toward themselves. Suicide, drug abuse, and other reckless health

habits illustrate this point. From its very beginning, the discipline of

bioethics has been committed to protecting the integrity of individuals,

to respecting their self-determination, and to contributing to every person

s firmness.

The second set of norms and rules serves the purpose of preserving

and maintaining certain groups. All people belong to certain collectives

by virtue of their ethnicity, family, gender, age, language, religion, profession,

social class, educational level, residence, and the like. Each

group has different interests, aims, and purposes and follows its own

particular customs, mores, and rules. As proposed by Bueno,

“morality” deals with group norms and rules. This proposal is

grounded in the uses of the word “morality” in certain modern languages,

as, inter alia, in the expressions “Victorian morality,”

“Christian morality,” and “bourgeois morality,” since Victorians, the

bourgeoisie, and Christians are groups with particular customs and

norms. Moral codes, the cardinal virtue of which is loyalty to other

group members, have also been drawn up in this connection, such as

the Pirates Creed of Ethics or Custom of the Brothers of the Coast

(1640). Accordingly, many bioethicists have advocated the need to take

into account, in a wide variety of contexts, the rules affecting individuals

as members of certain collectives (ethnicities, religions, ages, sexes,

professions, and so on), since no man is an island. Hence, bioethics is

concerned not only with abstract ethical principles regarding the individual

but also with a wide variety of moralities: Jewish (Freedman

1999), Muslim (Sachedina 2009), medical (Pellegrino and Tomasma

2003), patient, military (Cook and Syse 2010), and others (Thompson

2012).

THE STRUCTURE OF BIOETHICS AS A PRAGMATIC DISCIPLINE 475

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

The third normative dimension that inevitably affects human practices

deals with the rules contributing to the smooth running of a political

state. In the current world, every individual is a citizen of or lives

in a particular political state and, consequently, stands within a states

legal reach. Many bioethicists have convincingly argued that issues of

policy and political concerns have constituted the inviolable content of

bioethics from its very origins (Callahan 1973; Downie 1983; Sheehan

and Dunn 2013).

Ethical norms are universal and distributive insofar as they affect

any human individual, regardless of race, language, religion, sex, age,

class, profession, and so forth; however, this abstract ethical universality

and the related abstract human individual are not reached until all

the concrete contents that characterize them have been emptied. Individual

persons are always enculturated in a wide variety of groups and

are brought up as citizens of a particular political state. These groups

follow their own moral norms, while every state imposes its own legal

order. Although ethical rules do not in many cases come into conflict

with the morality of a given group, they sometimes do, and the prescripts

of a given community prove incompatible with individuals

rights. For instance, a Jehovahs Witness refusing a blood transfusion is

following a religious norm that clashes with the ethical imperative of

preserving life. Destructive cults serve as another illustration of groups

that support moral yet unethical norms. Furthermore, the members of

a professional association, in protecting one another, may engage in

unethical behavior, as when the 1847 American Medical Association

Code of Ethics urged physicians not to criticize colleagues who had previously

been treating a particular case (Fox and Swazey 1984). And

much has been said about the Nazis unethical medical morality. Group

moralities frequently contravene ethical imperatives, as in gender abuse,

sexism, racism, and social discrimination.

At any rate, ethical norms may be directed by ulterior moral

motives, as when the collective decisions (moral commands) taken by

certain ethnic groups implicitly override self-determination (an ethical

commitment) in respect of certain issues affecting an individuals

health. In such cases, the person is not habituated to taking certain

decisions alone, feels sheltered by the group, and looks to it for decisions

(Johnstone 2012). In other cases, ethical dictates clash with group

interests, as when the preservation of confidentiality concerning genetic

information has been challenged by the interest of blood relatives to

ascertain that information (Chadwick 2009). In addition, the moral

prescripts of different collectives may come into conflict with each

other, the code of Jehovahs Witnesses concerning blood transfusions

conflicting with the physicians code of ethics being just one example.

Further examples of incompatible moral codes include Muslims and

Christians, pacifists and the military, and police and street gangs.

476 DAVID ALVARGONZALEZ

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

Many conflicts of interest may themselves be conflicts between the individual

and the group and between different groups (Schunklenk 2004).

Political norms are usually compatible with ethical norms, and a

substantial portion of a states legislation contributes to fostering personal

ethical virtues. Nonetheless, political and ethical norms do occasionally

come into conflict. Abstract ethical norms make no distinction

between people from different countries, whereas the policies of a given

nation require the existence of borders, policing, and deportation as a

means to preserve the states well-being, even if such policies condemn

a person to squalor and hunger, thus running counter to an individual

s well-being. Lisa Eckenwiler, Christine Straehle, and Ryoa Chung

(2012) have stressed the dialectic between ethical and political requirements

regarding health inequity, although their proposal of “global solidarity”

remains internally problematic, since solidarity is always

solidarity of a given group against others.

Ethics and politics also enter into conflict with respect to any

persons reproductive rights enjoyed as a part of the persons family

planning. Reproductive freedom includes the power to decide how

many children one will have, but this right sometimes proves incompatible

with the political need to control overpopulation. As it has sometimes

been argued, some of the costs of having children are borne by

people other than parents, and therefore these people should have a say

in birth control (Buchanan et al. 2000, 210). In parallel, Mary Warnock

has advocated the primacy of political expediency over the individual

s life in her defense of demented, terminally ill patients “duty to

die” as a means to economize state resources (2008). Capital punishment,

war, and political intelligence further serve as illustrations of the

conflict between political requirements and ethical values and virtues,

while the tension between privacy and political security is another hotbutton

issue in bioethics.

The relationship between political and moral rules may also be

marked by conflict. As is well known, Western countries that follow

certain ethical standards oppose elected female infanticide, arranged

marriage, sexual mutilation, racism, and sexism as promoted by certain

groups. Terrorism provides another illustration of the conflict between

a groups moral norms and the smooth running of the state. Of course,

there are also a large number of situations in which an individual case

may take on ethical or moral significance while lacking political relevance.

Sexual promiscuity and the legal consumption of tobacco or

alcohol may be unethical, if they threaten a subjects firmness, and

may be morally harmful, if they adversely affect certain groups, such as

families or companies, while still being legally permissible in many

countries.

The proposed distinction between ethics, morality, and politics as

three different normative dimensions of human praxis is not offered up

THE STRUCTURE OF BIOETHICS AS A PRAGMATIC DISCIPLINE 477

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

as a mere dictionary definition of certain words as they are used in

modern languages; it is in fact the very foundation upon which three

different domains of rules are positioned. As Callahan stated, in bioethics

“the purely ethical dimensions neither can nor should be factored

out without remainder from the legal, political, psychological

and social dimensions” (1973, 72). In this early text, one can already

find the distinction between the ethical, the social, and the political

dimensions of any bioethical issue (the social dimension may be linked

to what I have been calling “morality”).

Many of the additions to later editions of Principles of Biomedical

Ethics introduced by Tom L. Beauchamp and James F. Childress to

respond to their critics can be better understood if the principles of

autonomy, beneficence, nonmaleficence, and justice are construed on

the basis of the conflict between ethics, moralities, and politics (Beauchamp

and Childress 2009; Gert and Clouser 1990). Itself an ethical

principle insofar as it affects the individual and his or her firmness,

self-determination finds itself curtailed as it runs into a groups moral

norms or a states political norms. The conflicts among and balancing

of the foregoing three principles and the principle of justice can be

seen as variations of the trade-offs made between ethical and political

norms as the result of the contextualization of abstract ethical norms

in the reality of political contingencies and institutional moral constraints.

As Mark Sheenan and Michael Dunn (2013) recently noted,

any ethical requirement should be discussed in the context of what is

politically practicable and actually implementable.

Robert Baker (2002) contends that a revolution of the “historicizing”

sort advanced by Kuhn in the abstract philosophy of science

must be carried out in bioethics to put an end to its ahistorical and

rationalist methodology and address its issues in historical context.

Backing Bakers contention, James H. Joness 1981 book on the Tuskegee

experiment is often quoted to illustrate the fertility of the historical

approach, and Duncan Wilson (2013) has insightfully advocated the

relevance of history in bioethical analysis. In my view, Bakers analysis

would be better understood under the assumption that bioethics entails

not only the ethical approach but also the aforementioned moral and

political dimensions. Due to its abstract nature, the ethical standpoint

may in certain respects advance in an ahistorical fashion, as does

geometry, but not physics. Nevertheless, morality and politics cannot

move forward in such a way, for they are historically determined. As

bioethics cannot be reduced to the abstract ethical analysis of certain

issues and has also included from its very beginning their moral and

political dimensions, it requires a historical and comparative methodology.

Indeed, the dichotomy between rationalism and historicism proposed

by Baker may be the result of focusing only on the ethical

dimension of bioethics (leaving aside politics and moralities) and on

478 DAVID ALVARGONZALEZ

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

the work of a particular group of bioethicists (certain strict analytic

philosophers) who assume as their exclusive methodology the Cartesian

rationalism critiqued by Baker. This may also help us to understand

Roger Cooters negative statement that bioethicists usually exhibit

“shallowness (or absence) of socio-economic and political understanding”

(1995, 259).

In their ordinary praxis, people are immersed in this space of heterogeneous

norms, and, consequently, a comprehensive discussion of any

bioethical issue would benefit from an accounting of its related ethical

dimension (the perspective of the distributive individual), the moral

dimension (considering the groups involved), and the political dimension

(to the extent it affects the state and legislation), while bearing in

mind that these three different kinds of rules may frequently come into

conflict with each other.

4. On the Structure of Bioethics as a Pragmatic Discipline

As stated above, bioethics is a discipline of a pragmatic nature.

Despite the lack of consensus regarding bioethical doctrines and principles,

the field of bioethics is neither chaotic nor amorphous, and a

certain inner structure can be noted. On the one hand, bioethical

issues can be classified based on the three different kinds of relationship

involved in human praxis: relationships between humans, relationships

between humans and nonhuman, intelligent, and willing

animals, and relationships between humans and entities lacking intelligence

and will. The primary rationale sustaining this classification is

that the norms governing each of these domains require specific treatment

and imply different responsibilities. On the other hand, humans

are inevitably submerged in a three-dimensional normative space

affecting their praxis: ethical norms, which look to fortify human

individuals; moral norms, which pursue the maintenance of certain

social groups; and political norms, which safeguard the smooth running

of the state.

Regarding the three domains of human relationships, the most radical

concerns have been raised by antispeciesist animalism, which seeks

to remove the borders between humans and certain animals, and divergent

transhumanism, which looks to divide humankind into groups as

a result of the effects of divergent human enhancement (once it has

definitively shed any nuances of nineteenth-century “scientific” racism).

Even setting aside antispeciesist contentions, the degree of ethical commitment

toward certain intelligent and willing animals is still under

discussion.

Regarding the three dimensions of human norms, the main issue can

be articulated as follows: in the case of conflict between ethical, moral,

THE STRUCTURE OF BIOETHICS AS A PRAGMATIC DISCIPLINE 479

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

and political norms, is there any rule in place to establish priorities

between them? This question lies at the heart of the ongoing discussions

between universalism and relativism, between liberalism and

communitarianism, between patients autonomy and physicians paternalism,

and between advocates of individual autonomy and supporters

of group or state power. Recognizing those three normative

dimensions may also shed some light on the problem of the priorities

between certain competing values affecting the individual, the group,

and the state, as well as on the balancing of and conflict among certain

bioethical principles, and may be of some help to account for the place

of the historical approach in bioethics.

Department of Philosophy

University of Oviedo

Teniente Alfonso Martınez, s/n

33011 Oviedo

Spain

dalvar@uniovi.es

Acknowledgments

I want to honor philosopher Gustavo Bueno (1924–2016), whose ideas

are the main source of inspiration for this work, and I wish to thank

Brendan Burke for his help in improving my English and style.

References

Agar, Nicholas. 2010. Humanitys End: Why We Should Reject Radical

Enhancement. Cambridge, Mass.: MIT Press.

Alvargonzalez, David. 2013. “Alzheimers Disease and the Conflict

Between Ethics, Morality and Politics.” Journal of Alzheimers Disease

and Parkinsonism S10, no. 004, special issue entitled Neurodegenerative

Disorders. doi: 10.4172/2161-0460.S10-004.

Baker, Robert. 2002. “Bioethics and History.” Journal of Medicine and

Philosophy 27, no. 4:447–74.

Baker, Robert B., and Laurence B. McCullough. 2008. The CambridgeWorld

History ofMedical Ethics. Cambridge: Cambridge University Press.

Baumrin, Bernard. 1998. “Physician, stay thy hand!” In Physician

Assisted Suicide: Expanding the Debate, edited by Margaret P. Battin,

Rosamond Rhodes, and Anita Silvers, 177–81. New York:

Routledge.

Beauchamp, Tom L., and James F. Childress. 2009. Principles of Biomedical

Ethics. 6th edition. New York: Oxford University Press.

Beauchamp, Tom L., and Raymond G. Frey. 2011. The Oxford Handbook

of Animal Ethics. New York: Oxford University Press.

480 DAVID ALVARGONZALEZ

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

Borges, Jorge Luis. 1984. “The Analytical Language of John Wilkins.”

In Other Inquisitions 1937–1952, 101–5. Austin: University of Texas

Press.

Buchanan, Allen, Dan W. Brock, Norman Daniels, and Daniel Wikler.

2000. From Chance to Choice. Cambridge: Cambridge University Press.

Bueno, Gustavo. 1978. “Sobre el concepto de espacio antropologico.”

El Basilisco 5:57–69.

——––. 1996. “Etica, moral y derecho.” In El sentido de la vida, 15–88.

Oviedo: Pentalfa.

——––. 1999. “Principios y reglas generales de una Bioetica materialista.”

El Basilisco 25:61–72.

——––. 2001. >Que es la bioetica? Oviedo: Pentalfa.

——––. 2003. “En nombre de la etica.” El Catoblepas 16:2.

Callahan, Daniel. 1973. “Bioethics as a Discipline.” Hastings Center

Studies 1, no. 1:66–73.

——––. 1982. “At the Center.” Hastings Center Report 12, no. 3:4.

Chadwick, Ruth. 2009. “What Is Applied in Applied Ethics?” Journal

of Applied Philosophy 1:1–7.

Cook, Martin L., and Henrik Syse. 2010. “What Should We Mean by

Military Ethics?” Journal of Military Ethics 9, no. 2:119–22.

Cooter, Roger. 1995. “The Resistible Rise of Medical Ethics.” Social

History of Medicine 8:257–70.

Dawson, Angus. 2010. “The Future of Bioethics: Three Dogmas and a

Cup of Hemlock.” Bioethics 24, no. 5:218–25.

Donovan, Josephine, and Carol J. Adams. 2007. Feminist Care Tradition

in Animal Ethics. New York: Columbia University Press.

Downie, Robin. 1983. “Is There a Right to Be Unhealthy?” Nursing

Mirror 158:30.

Eckenwiler, Lisa, Christine Straehle, and Ryoa Chung. 2012. “Global

Solidarity, Migration and Global Health Inequity.” Bioethics 26, no.

7:382–90.

Freedman, Benjamin. 1999. Duty and Healing: Foundations of Jewish

Bioethics. New York: Routledge.

Fox, Renee C., and Judith P. Swazey. 1984. “Medical Morality Is Not

Bioethics: Medical Ethics in China and the United States.” Perspectives

in Biological Medicine 27, no. 3:336–60.

Gert, Bernard, and K. Danner Clouser. 1990. “A Critique of

Principlism.” Journal of Medicine and Philosophy 15, no. 2:219–36.

Hegde, Negendra R., Mohan S. Madur, Srini V. Kaveri, and Jagadeesh

Bayry. 2009. “Reasons to Include Viruses in the Tree of Life.”

Natural Reviews of Microbiology 7, no. 7:306–11.

Johnstone, Megan-Jane. 2012. “Bioethics, Cultural Differences and the

Problem of Moral Disagreements in End-of-Life Care: A Terror

Management Theory.” Journal of Medicine and Philosophy 37:

181–200.

THE STRUCTURE OF BIOETHICS AS A PRAGMATIC DISCIPLINE 481

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

Jones, James H. 1981. Bad Blood: The Tuskegee Syphilis Experiment.

London: Free Press.

Jonsen, Albert R. 1998. The Birth of Bioethics. Oxford: Oxford University

Press.

Kopelman, Loretta M. 2009. “Bioethics as Public Discourse and

Second-Order Discipline.” Journal of Medicine and Philosophy 34:

261–73.

Macklin, Ruth. 2001. “Bioethics and Public Policy in the Next Millennium:

Presidential Address.” Bioethics 15, nos. 5–6:373–81.

——––. 2010. “The Death of Bioethics (as We Once Knew It).” Bioethics

24, no. 5:211–17.

Moreira, David, and Purificacion Lopez-Garcıa. 2009. “Ten Reasons

to Exclude Viruses from the Tree of Life.” National Review of

Microbiology 7, no. 4:306–11.

Naam, Ramez. 2005. More Than Human: Embracing the Promise of

Biological Enhancement. London: Broadway Books.

Naess, Arne. 1973. “The Shallow and the Deep, Long-Range Ecology

Movement: A Summary.” Inquiry 16, no. 1:95–100.

Pellegrino, Edmund D. 1992. “Doctors Must Not Kill.” In Euthanasia:

The Good of the Patient, the Good of Society, edited by Robert I.

Misbin, 33–34. Frederick, Md.: University Publishing Group.

Pellegrino, Edmund D., and David C. Thomasma. 2003. The Virtues in

Medical Practice. Oxford: Oxford University Press.

Plumwood, Val. 1986. “Ecofeminism: An Overview and Discussion of

Positions.” Australasian Journal of Philosophy 64, no. 1:120–38.

ONeill, Onora. 2002. Autonomy and Trust in Bioethics. Cambridge:

Cambridge University Press.

Rachels, James. 1986. The End of Life: Euthanasia and Morality.

Oxford: Oxford University Press.

Reich, Warren Thomas. 1994. “The Word Bioethics: Its Birth and

Legacies of Those Who Shaped It.” Kennedy Institute of Ethics

Journal 4, no. 4:319–35.

——––. 1995. “The Word Bioethics: The Struggle over Its Earliest

Meanings.” Kennedy Institute of Ethics Journal 5, no. 1:19–34.

Sachedina, Abdulaziz. 2009. Islamic Biomedical Ethics. Oxford: Oxford

University Press.

Savulescu, Julian. 2001. “Procreative Beneficence: Why We Should

Select the Best Children.” Bioethics 15, nos. 5–6:413–26.

——––. 2002. “The Embryonic Stem Cell Lottery and the Cannibalization

of Human Beings.” Bioethics 16, no. 6:508–29.

Schunklenk, Udo. 2004. “Bioethics and (Public) Policy Advice.”

In Bioethics in a Small World, edited by Felix Thiele and Richard

Ashcroft, 129–38. Berlin: Springer.

Sheehan, Mark, and Michael Dunn. 2013. “On the Nature and Sociology

of Bioethics.” Health Care Analysis 21:54–69.

482 DAVID ALVARGONZALEZ

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

Singer, Peter. 1975. Animal Liberation: A New Ethics for Our Treatment

of Animals. New York: Random House.

——––. 1979. Practical Ethics. New York: Cambridge University Press.

——––. 2009. “Speciesism and Moral Status.” Metaphilosophy 40, nos.

3–4:567–81.

Taylor, Paul W. 1986. Respect for Nature: A Theory of Environmental

Ethics. Princeton: Princeton University Press.

Thompson, Dennis F. 2012. “Political Ethics.” In International

Encyclopedia of Ethics, edited by Hugh LaFollette, 3929–37. Oxford:

Blackwell.

Warnock, Mary. 2008. “A Duty to Die?” OMSORG 4:3–4.

Wilson, Duncan. 2013. “What Can History Do for Bioethics?”

Bioethics 27, no. 4:215–23.

THE STRUCTURE OF BIOETHICS AS A PRAGMATIC DISCIPLINE 483

VC 2017 Metaphilosophy LLC and John Wiley & Sons Ltd

Materialismo gnoseológico ( exposición de David Alvargonzález – Universidad de Oviedo-)

muerte-gustavo-bueno-materialismo-filosofico_atlvid20160807_0024_7

http://www.fgbueno.es/med/dig/meta89f.pdf

MATERIALISMO GNOSEOLOGICO Y CIENCIAS
HUMANAS: PROBLEMAS Y EXPECTATIVAS
David Alvargonzález
El objetivo de esta conferencia es doble: en primer lugar, se trata de
presentar los problemas que plantea la fílosofía materialista de Gustavo Bueno
por lo que se refiere a la investigación en gnoseologfa especial de las ciencias
humanas; en segundo lugar, también se hará mención de las expectativas
abiertas por las investigaciones realizadas desde el materialismo sobre el
estatuto gnoseológico de las ciencias humanas con el fm de detectar los temas
más adecuados sobre los que centrar las investigaciones futuras.
La filosofía materialista de Gustavo Bueno sobre las ciencias humanas ha
sido utilizada, desde sus primeras formulaciones (Bueno 1970a, 1971a, 1972a,
1976a), para realizar análisis gnoseológico-especiales de la lingüística, de la
epistemología genética, de la Historia, de las disciplinas psicológicas, de las
ciencias de la religión, y de la antropología cultural. Algunos de estos estudios
arrojan resultados que aconsejarían la revisión de los esquemas generales sobre
las diferencias entre ciencias naturales y ciencias humanas, y sobre la posibilidad
de construir identidades materiales sintéticas utilizando exclusivamente
metodologías operatorias p. Intentaremos mostrar de un modo problemático las
razones en las que se fundamentaría esta revisión, los problemas que plantea en
la gnoseología de las ciencias y de las técnicas, y las expectativas que abre a
la hora de enfrentarse con nuevas investigaciones sobre estos temas.
Con el objeto de que los contenidos de esta ponencia resulten inteligibles
para las personas no familiarizadas con la filosofía de Bueno, la conferencia se
estructurará del siguiente modo: en primer lugar, intentaremos caracterizar
brevemente algunos de los rasgos más sobresalientes del materialismo gnoseológico.
En segundo lugar, presentaremos el criterio de demarcación propuesto por el
materialismo con el objeto de diferenciar las ciencias naturales de las ciencias
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
128 David Alvargonzález
humanas, refiriéndonos a los diferentes estados operatorios a y p. Por último,
nos detendremos en el análisis de los problemas planteados por este criterio de
demarcación y presentaremos las posibles líneas a seguir por las investigaciones
futuras.
I. Caracterización del materialismo gnosológico
de G. Bueno
1. El materialismo gnoseológico de Gustavo Bueno es una filosofía del
conocimiento que cristaliza de un modo más o menos estable en tomo a 1970
en una serie de obras que tratan de analizar, entre otras cosas, las relaciones
entre el conocimiento científico y filosófico (Bueno 1970a, 1971a, 1972a). Las
obras de G. Bueno anteriores a esta fecha abordan temas muy diversos (lógica,
crítica de arte, estética, etc.) y su orientación filosófica es, a menudo, ecléctica
(1960a) aunque incluyendo gran cantidad de componentes críticos y una importante
puesta al día de conocimientos filosóficos y científicos. La obra de Bueno
posterior a 1970 forma ya un sistema coherente de filosofía metarialista donde
las teorías gnoseológicas (1970a, 1971a y b, 1972a y c, 1973b, 1976a y b,
1978b, etc.), las teorías ontológicas (1972b, 1974a, 1980b, etc.), la filosofía de
la religión (1985a, 1989), la filosofía moral y política (1982c, 1987a), etc.,
aparecen ya plenamente articuladas. Por tanto, por lo que se refiere a esta
conferencia, no me referiré a las obras anteriores a 1970, aun teniendo en
cuenta la importancia biográfica de ese periodo de juventud, y el interés de
realizar un estudio sobre la influencia de aquellas primeras obras sobre las
posteriores.
2. El materialismo gnoseológico parte de la diferenciación entre diversos
tipos de saber (mítico, mágico, religioso, técnico, científico, filosófico, etc.) y
diferencia las formas de conocimiento características de las sociedades ágrafas,
preestatales (mito, magia, religión, técnica), de los conocimientos propios de la
sociedad universal contemporánea, heredera de la cultura mediterránea (ciencia
y filosofía, y también ideología, pseudociencia, tecnología, etc.). La gnoseología
de la ciencia implica necesariamente la discusión del papel de la filosofía en el
conjunto del saber (Bueno 1970a), de los orígenes de la filosofía (Bueno 1974a)
y de las diferencias y semejanzas entre el conocimiento científico y el conocimiento
filosófico.
La filosofía y la ciencia son las formas de conocimiento más elaboradas de
que disponemos. Su carácter abstracto y universal hace que sean saberes de
naturaleza diferente al resto. Como disciplinas características surgidas en las
sociedades civilizadas, constituyen el prototipo de construcción racional crítica
en la medida en que analizan constantemente las condiciones de validez de las
verdades que construyen. Los conocimientos de las restantes culturas son
analizados y triturados por los saberes críticos (ciencia y filosofía) que los
asimilan y reexponen conforme a esquemas generales: las matemáticas, la
física, la biología, la termodinámica o la sociología son construcciones univer-
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
Materialismo gnoseológico y ciencias humanas … 129
salmente válidas, son ciencias comunes a todos los pueblos (en el sentido de Ibn
Hazm de Córdoba). La filosofía, en la medida en que analiza ritos, mitos,
magia, religiones, etc. muy diversos, conforme a criterios de racionalidad,
también es universal, y su historia única.
La ciencia y la filosofía, en cuanto conocimientos que surgen exclusivamente
en las sociedades civilizadas, comparten características comunes: ambos
conocimientos son organizados, sistemáticos, y crítico-racionales, y se transmiten
y desarrollan históricamente. Sin perjuicio de estas semejanzas, la filosofía
puede diferenciarse del conocimiento científico. Analizando a través de la
historia el modo de ejercer los filósofos su disciplina, podríamos entresacar una
serie de características específicas del saber filosófico. Podemos decir que la
filosofía en sentido estricto es un saber construido sobre otros saberes previos
(mitos, religiones, magia, técnicas, ideologías, ciencias, etc.). Con estos materiales
la filosofía construye ideas que intentan superar las contradicciones
existentes entre esos mismos materiales, necesariamente heterogéneos. Los
filósofos académicos, aunque no siempre han sido los inventores de las ideas
con las que trabajan, intentan formularlas de un modo abstracto, sistemático,
ordenado, y crítico, y ensayan relaciones entre unas ideas y otras. Las relaciones
entre ideas dan lugar a sistemas filosóficos que, por su carácter global,
suponen la presentación ordenada y crítica de los conocimientos humanos en
un momento dado de la historia. E>e este modo, ningún tipo de conocimiento
puede quedar fuera de la reflexión filosófica. Así definida, la fílosofía no es,
ni puede ser, una ciencia. Tampoco es la reina de las ciencias (ciencia de las
ciencias), ni la madre de las ciencias (el tronco común de (k>nde éstas habrían
surgido). No es la reina de las ciencias pues, al ser un saber de segundo grado,
su desarrollo depende, en gran medida, del desarrollo de los otros conocimientos
científicos y no científicos. No es la madre de las ciencias porque los campos
de las ciencias tienen sus orígenes en la organización de materiales a escala
técnica.
Las ciencias se diferencian de la filosofía en que acotan un conjunto de
términos materiales formando un campo y segregando gran cantidad de contenidos
que no resultan relevantes para su construcción. Cada ciencia acota su
campo como consecuencia del cierre parcial de un sistema de operaciones. Los
campos de las ciencias se enfrentan unos con otros como se enfrentan sistemas
operatorios cerrados diferentes entre sí. La ciencia unitaria no existe de hecho,
pero existen, sin embargo, multitud de ciencias, humanas y naturales, reales y
formales, que se enfrentan unas con otras. Las proposiciones y conceptos
científicos se definen por referencia a un determinado campo a través de
relaciones y operaciones entre los términos de ésta.
Las ideas construidas por la filosofía no pueden quedar reducidas al campo
de una sola ciencia sino que, por el contrario, se constituyen a partir de los
conocimientos de múltiples ciencias y de saberes no científicos. La idea de
hombre, por ejemplo, se construye con materiales provenientes de los campos
de la física, la química o la biología, pero también de la Historia, la sociología,
la antropología cultural y la economía política, e, incluso, de la religión, el mito.
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
130 David Alvargoniález
la técnica o la tecnología. Esa idea de hombre, así construida, no es científica
sino filosófica: pretende recoger, ordenar y sistematizar todos nuestros conocimientos
sobre el hombre. Lo mismo ocurre con las ideas de estructura,
totalidad, materia, etc.
Entre las ideas que cabe construir desde una perspectiva filosófica se
encuentra la idea de ciencia y la idea de ciencias humanas. La idea de ciencia
deberá ser una idea de carácter genérico capaz de explicar las partes y el
funcionamiento de todas las ciencias existentes (formales y reales, físiconaturales
y humanas), para lo cual deberá estar fundamentada sobre múltiples
análisis gnoseológico-especiales de las ciencias más diversas. Pero la idea de
ciencia tendrá que ser, además, una idea capaz de reexponer, desde sus propias
partes constituyentes, el resto de las ideas de ciencia dadas en la historia de la
filosofía y de la teoría de las ciencias. De acuerdo con lo dicho, la presentación
de cualquier filosofía de las ciencias debe llevar necesariamente asociada una
teoría de teorías de la ciencia donde se expongan, de forma polémica y
ordenada, las filosofías consideradas inadecuadas.
3. El materialismo gnoseológico se asienta sobre una teoría de teorías de las
ciencias (Bueno 1976a, 1982b). Ateniéndose al tipo de partes que se distinguen
en las ciencias a la hora de analizarlas, se diferencian las teorías de las ciencias
no gnoseológicas de las teorías de las ciencias gnoseológicas. Se distinguen dos
tipos de partes: las partes formales serían aquellas que conservan la forma del
todo que constituyen, frente a las partes materiales que no conservarían la
forma del todo que constituyen. Las partículas subatómicas son partes materiales
de un organismo biológico complejo cuyas partes formales serían los
órganos, los tejidos, etc. A partir de las partes materiales exclusivamente resulta
imposible reconstruir el todo; no así a partir de las partes formales.
Aquellos conocimientos sobre las ciencias que centran su atención en el
estudio de las partes materiales de éstas no son considerados por el materialismo
como verdaderas filosofías de la ciencia (y ello, sin perjuicio de que puedan
ser conocimientos verdaderos sobre las ciencias). Estarían dentro de este grupo
las teorías de las ciencias de carácter gramatical que consideran que la ciencia
es, fundamentalmente, un conjunto de proposiciones o de materialidades tipográficas
(el Wittgenstein del Tractatus y el Camap de la Sintaxis lógica del
lenguaje). Las teorías de las ciencias psicologistas también analizarían las
ciencias ateniéndose a sus partes materiales: conceptos (Descartes), razonamientos
(el habitas conclusionis de la escolástica), o juicios (Platón, El sofista.
El político). Otro tanto ocurre con los análisis de las ciencias realizados desde
categorías sociológicas (Snow, Andreski, Moles) que, sin perjuicio de su
interés indudable, no pueden considerarse tampoco como verdaderamente
filosóficos. Las filosofías de corte epistemológico también considerarían las
ciencias según sus partes materiales que en este caso serían las verdades o los
conocimientos alcanzados por el sujeto frente al objeto (Karl Otto Apel,
Windelband, Rickert, etc.). Por último, tampoco serían propiamente gnoseológicas
las filosofías que estudian la ciencia en sus dimensiones ontológicas deduciendo
la organización interna de cada disciplina, y los criterios de demarcación
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
Materialismo gnoseológico y ciencias humanas … 131
entre ciencias, a partir de divisiones de la realidad en estratos ontológicos
(Dilthey, naturaleza-espíritu; R. Worms, inorgánico-orgánico-superorgánico;
etcétera).
Es necesario poner de manifiesto que la negación del alcance gnoseológico
de las teorías gramaticales, psicológicas, sociológicas, epistemológicas de la
ciencia no implica necesariamente negar su interés, sino su pretensión de
convertirse en verdaderas filosofías de las ciencias, lo mismo que el análisis
lógico del lenguaje científico, pueden arrojar informaciones que nos ayuden a
comprender mejor el funcionamiento de la investigación científica. Lo que se
niega es la posibilidad de construir una idea de ciencia verdaderamente gnoseológica
desde estas perspectivas. Porque lo que se hace es elaborar, más bien,
autorrepresentaciones parciales de la ciencia (Bueno 1976b). Y son parciales
porque, al dividir la ciencia en sus partes materiales, son incapaces de reconstruir,
a una escala adecuada, su funcionamiento. Los estudios de sociología y
psicología de la ciencia, y los de semiótica de la ciencia, cuando se proponen
como una filosofía general de la ciencia, pueden considerarse un caso de
reduccionismo (psicológico, sociológico, o lógico-gramatical).
Las teorías de las ciencias que el materialismo de G. Bueno considera
gnoseológicas seccionan la ciencia en partes formales que son capaces de
reconstruir el todo que constituyen. La teoría de teorías de las ciencias gnoseológicas
está construida alrededor de las relaciones entre materia y forma, considerando
este par como un caso de conceptos conjugados. El materialismo gnoseológico
considera que, dado tXfactum de la «república de las ciencias», de la multiplicidad
de las ciencias existentes (en cuanto negación del monismo gnoseológico),
una verdadera filosofía de la ciencia (al margen de que sea o no filosofía de la
ciencia verdadera) debe responder al problema de la relación entre la materia de
las diferentes ciencias y la forma científica, necesariamente común a todas ellas.
Se considera además que la verdad científica brota de las relaciones entre materia
y forma y, por eso, las diferentes teorías sobre la verdad científíca pueden
clasificarse según su modo de entender las relaciones entre materia y forma.
Ahora bien, el par materia/forma puede considerarse un caso de «conceptos
conjugados» (Bueno i978c, 1972b: 338-360). Se llaman conceptos conjugados
a aquellos pares de conceptos que surgen y se desarrollan históricamente juntos,
siendo pares dialécticos que soportan alternativamente relaciones «metaméricas»
y «diaméricas». Los esquemas de conexión metaméricos entre un par de
conceptos A y B son aquellos que no distinguen partes homogéneas en A ni en
B, y que establecen relaciones que los consideran globalmente, como términos
enterizos. Las relaciones metaméricas pueden ser de reducción, articulación y
fusión. También puede considerarse metamérica la relación de yuxtaposición
aunque, en rigor, es más bien una pseudorrelación. Los esquemas de conexión
diamérícos son aquellos que no tratan ni a A ni a B como términos enterizos sino
que los dividen en partes homogéneas (a,,…, a„) (b,,…, b„) de modo que las
relaciones entre A y B se dan a través de sus partes a,, b,. Las relaciones
diaméricas podrían entenderse como relaciones de «infiltración» entre las
partes constituyentes de cada par de términos.
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
132 David Alvargonzález
Pues bien, la noción de conceptos conjugados es un noción crítica por
cuanto pretende que los esquemas de conexión metaméricos son fenomenológicohistóricos,
mientras que los esquemas diaméricos (cuando están apropiadamente
construidos) son esenciales. Además, puede considerarse un prototipo de
situación dialéctica por cuanto las relaciones diaméricas entre los términos del
par, al mismo tiempo que niegan las relaciones metaméricas que aparecen como
fenoménicas, las incluyen y reexponen. Por último, es una distinción funcional
pues presupone un material determinado sin el cual la distinción es vacía.
Reinterpretar la distinción materia/forma como un par de conceptos conjugados
(Bueno 1972b: 342-392) significa criticar la sustancialización metafísica
de la distinción en la medida en que incluye esquemas de conexión metaméricos
que consideran globalmente los términos de este par. Pero, además, supone
decir que es posible recuperar el genuino contenido ontológico (no metafísico)
de la distinción a través de las relaciones diaméricas. Partamos de un conjunto
de términos materiales de modo que la materia M aparezca dividida en partes
m^. Analicemos la situación en que ese conjunto de términos N= (n,, n,, …, n„)
se transforma desde una situación N a una situación N’ de modo que otro
contenido material f, actúe como determinante de la transformación. Consideremos,
por ejemplo, un conjunto de contenidos materiales que sean bases
púricas y pirimidínicas, moléculas de ácido fosfórico, y pentosas 2-desoxi-Dribosas.
Consideremos la situación en la que estos compuestos orgánicos se
unen y organizan para dar una macromolécula de ADN (ácido desoxirribonucléico).
Supongamos que otra molécula de ADN actúa como molde de la transformación
desde N= (bases nitrogenadas, ácido fosfórico, y pentosas) a N’= (ADN).
Pues bien, diremos que la molécula de ADN que actúa como molde puede ser
considerada, un determinante formal f,, una forma. De este modo, se niega la
hipóstasis metafísica (por ejemplo, la noción de «formas separadas») a la vez
que se reinterpreta dialécticamente, todo ello sin abandonar la perspectiva del
materialismo filosófico ya que las formas, entendidas diaméricamente como
determinantes formales, son también contenidos operables.
El materialismo gnoseológico propone que las relaciones materia/forma
sean entendidas diaméricamente de modo que las teorías de las ciencias alternativas
puedan reexponerse, utilizando la noción crítica de conceptos conjugados,
como filosofías que proponen esquemas relaciónales metaméricos y, por
tanto, como episodios fenomenológico-históricos en la construcción de las
relaciones entre materia y forma. Esto significa que podemos construir una
teoría de teorías gnoseológicas de las ciencias tomando como hilo conductor los
esquemas relaciónales metaméricos en cuanto se aplican a este par de conceptos.
El primer grupo de teorías de la ciencia al que se refiere el materialismo
gnoseológico es el que propone una reducción de la forma a la materia,
construyendo una idea de ciencia que podemos caracterizar como descrípcionista.
La ciencia es una mera descripción de la realidad, de la materia. No existe
forma en ella o, si existe, es meramente instrumental. El nominalismo empirista
de Roger Bacon sería el paradigma del descripcionismo gnoseológico. En
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
Materialismo gnoseológico y ciencias humanas … 133
lingüística Bloomfield y Pike se autorepresentan la ciencia como una mera
descripción de hechos o de estructuras. E. Husserl {Investigaciones lógicas,
invest. IV) podría encuadrarse también en este grupo en cuanto que en la
fenomenología lo que se describe no serían contenidos fisicalistas sino vivencias
trascendentales puras. El empiriocriticismo de Emest Mach también recorrería
esta vía reduccionista que considera las leyes y las teorías científicas
como meras abreviaturas lingüísticas.
En contraposición con el descripcionismo, las teorías de las ciencias teoreticistas
propondrían la vía reductiva metamérica de la materia a la forma. Se habla de
teoreticismo gnoseológico como consecuencia de reinterpretar la forma de las
ciencias como teoría, frente a la experiencia. La filosofía de la ciencia de Karl
Popper (en la Lógica de la Investigación científica, 1959), construida en tomo
a la idea de falsación, puede considerarse la representante más cualificada del
grupo de filosofías teoreticistas gnoseológicas.
El tercer grupo de teorías gnoseológicas de las ciencias ensaya la vía de la
yuxtaposición de materia y forma. Se le da el nombre genérico de adecuacionismo
ya que este grupo de teorías propone la existencia de una adecuación entre
materia y forma que, en el límite, sería un isomorfismo. Las teorías dan cuenta
de los datos experimentales de modo que la verdad de la ciencia reside en esta
correspondencia entre los componentes teóricos y empíricos. Los Segundos
Analíticos de Aristóteles podrían ser reinterpretados como un prototipo de
filosofía adecuacionista (Bueno 1982b: 119-121, Bueno 1987a: 321). Mario
Bunge (1980) y Wolfgang StegmüUer (1970) serían dos versiones puestas al día
de este esquema de coordinación entre materia y forma. La teoría semántica de
la verdad de Alfred Tarski (1923-38, 1944) recorrería también esta vía en la
medida en que la verdad de un enunciado se hace residir en su correlación con
un estado de cosas. Pero la mera yuxtaposición de materia y forma, unida a un
postulado extemo sobre su adecuación, resultaría totalmente insuficiente para
explicamos el proceder efectivo de las ciencias. Ello porque la forma y la
materia de las ciencias no se relacionarían de un modo global, sino a través de
sus partes. O, dicho de otro modo, el esquema de yuxtaposición según el cual
por un lado está la experiencia y por el otro lado está un lenguaje teórico o, más
en general, una teoría científica, tan solo podría constatar el hecho de que los
componentes experimentales y teóricos están relacionados, pero sería incapaz
de reconstruir esa relación. Y ello porque las relaciones entre materia y forma,
experiencia y teoría, en las ciencias, no se establecerían entre totalidades (M,
F; E, T) sino entre sus partes; por tanto, siguiendo el esquema diamérico. La
idea de ciencia del materialismo gnoseológico pretende realizar un análisis de
las ciencias reconstruyendo las relaciones diaméricas entre forma y materia
partiendo de una pluralidad de contenidos materiales (objetos, instmmentos,
sustancias, aparatos, materialidades lingüísticas sonoras, materialidades tipográficas,
etc.), y estudiando las situaciones en las que algunos de estos contenidos
puedan actuar como determinantes formales.
4. Desde una postura materialista crítica, G. Bueno construye una idea de
ciencia que recibe el nombre de teoría del «cierre categorial» {vid. Ferrater
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
134 David Alvargonzález
1979: vól. 1 405 y 501; Guy 1974; Huisman 1984: vól. 1 419-421; Quintanüla
1976: 82-86; vid Bueno 1976b). Se trata de una idea general de ciencia que
pretende explicar, de un modo interno a sus partes constituyentes, la organización
de las ciencias, proporcionando, a su vez, criterios de demarcación entre
el conocimiento científico y el resto, y entre unas ciencias y otras. Tal idea es
genérica en un sentido posterior, ya que es parte de los diferentes tipos de
conocimiento existentes (analizados en estudios gnoseológico-especiales) y
clasificándolos, y combinando sus rasgos y partes formales, se constituye una
idea de ciencia donde las especies son heterogéneas pues no todas contribuyen
en igual medida a la formación del género. La idea gnoseológico general de
ciencia descansa, por tanto, sobre los análisis gnoseológico-especiales sin los
cuales carece de sentido en la medida en que se trata de una construcción
filosófica realizada sobre otros conocimientos (es decir, de un saber de segundo
grado).
La expresión «cierre categorial» se utiliza para denotar la propia organización
interna de las ciencias: la unidad de una ciencia sería el resultado de un
cierre parcial de un sistema de operaciones materiales realizadas con un
conjunto de términos (tipográficos y no tipográficos) de forma que aparezcan
episodios de confluencia operatoria en identidades materiales sintéticas. La
palabra «cierre» hace referencia al hecho de que una ciencia es un conjunto de
términos (objetos, proposiciones, etc.) que logra su cohesión interna en virtud
de un sistema de operaciones que resulta ser parcialmente cerrado. La estructura
algebraica conocida con el nombre de «cuerpo», y la noción matemática
de conjunto cerrado para una operación dada, pueden ayudamos a aclarar el
sentido de esta idea, teniendo siempre presente que en las ciencias los objetos
son también términos, y las operaciones no tienen exclusivamente un contenido
tipográfico, lógico-formal, sino objetual, lógico-material, quirúrgico. El adjetivo
«categorial» incide en el carácter semántico y pragmático del cierre
operatorio: el cierre no es exclusivamente sintáctico, sino que incluye los
objetos y los sujetos, aunque más tarde estos últimos puedan ser eliminados en
virtud de procesos de confluencia operatoria. «Categorial» significa, también,
que, dado que el cierre operatorio es material, se puede hacer corresponder cada
ciencia con una categoría, de modo que las diferentes ciencias, que remiten a
cierres de operaciones diferentes, pueden considerarse categorías irreductibles
unas a otras. O, dicho de otro modo, como resultado de la actividad operatoria
(manipulativa) de los sujetos, determinados contenidos materiales pueden llegar
a ordenarse de acuerdo con diversos cierres operatorios para dar lugar a las
diferentes ciencias, lo cual permitiría considerar dichos campos gnoseológicos
como categorías.
La idea de ciencia gnoseológico-general propuesta por la teoría del cierre
categorial es una idea compleja en la que se pueden diferenciar partes atributivas.
En primer lugar se habla de unas partes generales a todas las ciencias en un
sentido analítico, «anatómico»: los términos, los fenómenos, los contenidos
fisicalistas, las normas, etc., serían partes gnoseológicas analíticas. Pero cabe
hablar de otras partes generales de un orden complejo mayor pues hacen
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
Materialismo gnoseológico y ciencias humanas … 135
referencia a mecanismos «fisiológicos» de las ciencias: llamaremos sintéticas
a estas partes. Así como en un organismo viviente pueden diferenciarse partes
anatómicas (huesos, músculos, conductos, etc.), y fisiológicas (aparato
cardiovascular, locomotor, digestivo, etc.), del mismo modo se puede hablar de
unas partes gnoseológicas analíticas (términos, fenómenos, relaciones, etc.) y
sintéticas (teoremas, clasificaciones, demostraciones, etc.), teniendo siempre
en cuenta que estas últimas suponen un nivel de complejidad mayor que las
primeras. Las partes gnoseológicas sintéticas son unidades procesuales comunes
a las diferentes ciencias, y están construidas a partir de las partes analíticas.
Sin embargo, no es menos cierto que estas últimas sólo resultan inteligibles
cuando se observan las ciencias en pleno funcionamiento, ya que es de ese
ejercicio de donde surgen y en donde se conforman, lo mismo que la anatomía
del cuerpo humano, por ejemplo, resulta ininteligible sin referirse a su fisiología.
Dentro de la gnoseología general se hablará, por tanto, de analítica y de
sintética. A la hora de delimitar las partes analíticas generales a todas las
ciencias se toma el lenguaje como hilo conductor, dado que las relaciones
diaméricas entre materia y forma, sujeto y objeto, sólo pueden reconstruirse
considerando los signos como mediadores, pues todos los contenidos de las
ciencias aparecen intercalados con conductas verbales o, más en general,
simbólicas. Efectivamente, resultaría absurdo suponer que la ciencia y el
lenguaje son extemos el uno al otro, ya que en los campos de las ciencias, al
lado de los contenidos materiales no lingüísticos (objetos, instrumentos, sustancias),
aparecen materiales lingüísticos (tipográficos y sonoros), de modo que,
con razón se puede considerar que el lenguaje es interno a las ciencias. Ahora
bien, esto en absoluto supone que la ciencia sea interna al lenguaje (que sea un
lenguaje bien hecho) ya que, desde el primer momento, se ha puesto de
manifiesto la necesidad de considerar que el cierre operatorio es fundamentalmente
objetual. De este modo, a la vez que se consideran las conductas verbales
(orales y escritas) imprescindibles para la construcción de las ciencias, se evita
caer en el formalismo de las teorías de la ciencia lógico-proposicionales {vid.
suprá). Del mismo modo, se niegan las pretensiones de reducir la filosofía de
la ciencia al estudio de la semiótica de la ciencia o, más en general, a su estudio
por la semántica filosófica.
Las partes gnoseológico-generales analíticas de las ciencias surgen al
considerar la combinatoria diamérica que puede establecerse entre los sujetos
(s,), los objetos (0(), y los signos (o). Por tanto, no debe extrañamos que, a
grandes rasgos, los diferentes tipos de partes analíticas coincidan con las
funciones y la estructura del lenguaje, tal como aparecen en las teorías de los
lingüistas, en la medida en que dichas teorías contienen internamente la referencia
a planos extralingUísticos. Para abreviar, podemos decir que, inspirándose
en la teoría de C. Morris (1946, 1970), y en la de K. Bühler (1934), G.
Bueno distingue tres ejes gnoseológicos: sintáctico, semántico, y pragmático.
El eje sintáctico va referido a las relaciones que pueden establecerse entre los
signos (0|, Oj), considerando que tales relaciones tendrían que estar mediadas
siempre por sujetos (s,) y objetos (o,). Dentro de este eje se habla de tres
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
136 David Alvargonzález
sectores: términos [(o,, o) / (o, a)], relaciones t(o„ a) / (o, o^)], y [(s,, o) / (o,
Sj)], y operaciones [{a¡, s) / (s, a)]. En el eje semántico se sitúan los pares (Oj, Oj)
en cuanto que mediados por signos (a,) dando lugar a tres situaciones: referenciales
(a, Oj), fenómenos (Oj, o), y esencias (o,, Oj). Por último, se distingue un tercer
eje, el eje pragmático, que contendrá los pares (s,, Sj), en la medida en que están
mediados por signos (oj. Nuevamente existen tres sectores: autologismos (a, Sj),
dialogismos (s¡, a), y normas (s,, Sj). Así, queda delimitado un espacio gnoseológico
tridimensional en el que cada uno de los contenidos materiales que aparecen en
el ejercicio de las ciencias puede ser situado proyectándose simultáneamente
sobre los tres ejes: se puede hablar de términos fisicalistas dialógicos, de
relaciones esenciales normativas, de operaciones fenomenológicas autológicas,
etc. Estas partes analíticas de las ciencias se consideran generales a todas ellas
y, unidas a un «postulado de completud» según el cual todas las ciencias tienen
que estar saturadas en todos los sectores de los tres ejes, resultan un instrumento
extraordinariamente útil como criterio de demarcación entre los conocimientos
científicos y los no científicos, y como guía para construir una clasificación de
concimientos precientíficos, protocientíficos, técnicos, etcétera.
Vamos a repasar muy brevemente cada una de estas tres partes de la
gnoseología general analítica, teniendo cuidado de no perder nunca de vista el
hecho de que cualquier parte de la ciencia puede asumir a la vez funciones
sintácticas, semánticas y pragmáticas. Incluso las ciencias formales (la lógica
y las matemáticas), que son consideradas como los prototipos de disciplinas
exclusivamente sintácticas, en su ejercicio están saturadas de componentes
pragmáticos, y tienen contenidos semánticos inexcusables como, por ejemplo,
su materialidad tipográfica fisicalista y el carácter esencial de sus construcciones
(sobre la tesis del llamado «materialismo formalista» vid. Bueno 1979a).
Todas las ciencias tienen configuraciones que, dentro de un sistema operatorio
y relaciona!, desempeñan el papel de términos, ya sean simples o complejos:
puntos y rectas en geometría; animales, plantas, virus en biología; signos del
álgebra; sustancias, compuestos en la química; reliquias en la historia; etc. En
el campo de una ciencia aparece siempre una pluralidad de términos diversos,
algunos de los cuales pueden considerarse simples (es decir, sin partes) con
respecto al cierre de operaciones de dicho campo. Cada cierre operatorio
configura a la vez un nivel de términos complejos pertinentes y, en cierta
medida, característicos de dicho cierre: los átomos en la química, las células o
los tejidos en la biología, los fonemas y monemas en la lingüística, los rasgos
culturales y las culturas preestatales en la antropología cultural, etcétera.
Los términos pueden relacionarse dando lugar a proposiciones. Así, podemos
hablar de relaciones de igualdad, isomorfismo, congruencia, identidad, etc.
Las relaciones están intercaladas en el propio ejercicio de las ciencias, y ésto
hace que aparezcan también en contextos no específicamente lingüísticos: la
percepción del equilibrio de una balanza en cuyos platillos se han puesto dos
masas iguales sería uno de estos casos. En general, las relaciones entre los
términos de un campo se ejercitan muy abundantemente en la utilización del
instrumental científico, gran parte del cual puede ser considerado, desde el
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
Materialismo gnoseológico y ciencias humanas … 137
punto de vista sintáctico, como un relator. Las relaciones a partir de los
términos construyen proposiciones; las operaciones, sin embargo, a partir de
términos sacan términos, de modo que los términos resultantes de la operación
quedan segregados de aquellos que le dieron origen. E)esde un punto de vista
gnoseológico, las operaciones de las ciencias tienen siempre un significado
material, quirúrgico (aproximar, separar, juntar, mezclar, unir, etc.). Las operaciones
definidas en las matemáticas y en la lógica formal también tienen
contenidos semánticos, asignados por vía pragmática, y ligados a su materialidad
tipográfica. Las operaciones incluyen siempre signos y objetos: las operaciones
llamadas «algebraicas puras» incluyen objetos tipográficos; las operaciones
que se realizan al margen de signos algebraicos o lingüísticos no tendrán un
sentido propiamente gnoseológico. Otro gran contingente de instrumentos y
aparatos que aparecen en los campos de las ciencias pueden ser interpretados
como operadores (el telescopio en astronomía, el microscopio en citología, el
espectroscopio de masas o el tubo de rayos catódicos en física-química, la
máquina de vapor en termodinámica, etc.) de modo que resulta perfectamente
inteligible por qué tales instrumentos son imprescindibles para la construcción
de las ciencias, toda vez que la unidad de éstas es, precisamente, la consecuencia
de un cierre operatorio.
Desde un punto de vista gnoseológico-general-analítico-semántico se distinguen
en las ciencias tres tipos de contenidos. En primer lugar, los referenciales,
que aluden al hecho de que los signos nos remiten a objetos en un sentido
fisicalista. Los referenciales nos recuerdan el hecho trivial, pero a menudo
olvidado, de que en los campos de las ciencias tiene que haber objetos:
probetas, matraces, sólidos, sustancias, compuestos, organismos, piedras. Tales
contenidos fisicalistas son imprescindibles para asegurar la posibilidad de las
operaciones efectivas y la publicidad de las ciencias, de modo que el sector
fisicalista del eje semántico, unido al «postulado de completud», resulta especialmente
crítico para centrifugar una serie de disciplinas paracientíficas: la
angelología o la teología natural.
Los fenómenos son redefínidos diaméricamente por la teoría del cierre
categorial como las situaciones relativas en que un objeto físicaiista se aparece
a dos sujetos s, y Sj. El fenómeno no es entendido aquí como el «ser para mí» en
cuanto opuesto al «ser en sí», sino como el objeto para s, en cuanto opuesto al
objeto para s¡. La luna observada desde dos lugares distuites entre sí, da lugar a
dos fenómenos distintos. Las ciencias están plagadas de términos, relaciones y
operaciones fenoménicas en la medida en que aparecen ligadas a la actividad de
un sujeto determinado en cuanto distintas de las realizadas por otro. Los diferentes
fenómenos, enfrentados muchas veces entre sí, y contradictorios, nos remiten,
en las ciencias que tienen cierres operatorios bien consolidados, al sector semántico
de las esencias. Las esencias conforman un mundo de significados objetivos
donde la actividad de los sujetos ha quedado eliminada por procedimientos de
confluencia operatoria. Efectivamente, ocurre que diferentes cursos operatorios
materiales, transitados por diferentes sujetos, pueden confluir en una identidad
sintética de modo que se lleguen a establecer relaciones entre objetos que, una
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
138 David Alvargoniález
vez construidas, son independientes de los sujetos. Las múltiples observaciones
de estrellas, planetas, y satélites, realizadas por los astrónomos babilónicos y
griegos son el resultado de cursos operatorios ligados a sujetos individuales,
distantes espacial y temporalmente. Sin embargo, cuando Kepler elabora sus
leyes, todos esos cursos operatorios confluyen en una identidad material donde
se establecen una serie de relaciones entre objetos (el sol, los planetas, las
estrellas, etc.) que, una vez construidas, son independientes de los sujetos, ya que
los diferentes cursos fenoménicos aparecen neutralizados. La objetividad de las
verdades científicas debe entenderse exclusivamente como un resultado de estos
procesos de confluencia en una identidad sintética material. Por vía de ejemplo,
en la teoría atómica de Bóhr estarían confluyendo cursos operatorios muy
diversos construidos incluso en disciplinas que hasta entonces estaban separadas:
contenidos de la mecánica clásica (ecuaciones que relacionan la masa, la fuerza
y la velocidad, estudios de movimientos circulares y momentos, etc.); cursos
operatorios construidos alrededor del número atómico «Z» de la química inorgánica
en relación con la elaboración del sistema periódico; conocimientos elaborados
por la espectrometría, incluyendo la aparición de la constante de Rydberg, que
queda incluida en el modelo; leyes del electromagnetismo (Coulomb, Maxwell);
experimentos de radiofísica en tubos de vacío que llevaron a la construcción del
modelo planetario de Rutherford; cursos operatorios de la mecánica cuántica,
especialmente la construcción del llamado «cuerpo negro». Todos estos cursos
operatorios diferentes confluyen (cuando se establecen unas relaciones esenciales
entre corteza y núcleo atómico, entre las diferentes capas o niveles de energía
electrónica, etc.) en el modelo de Bóhr, cuya verdad, una vez construida, se libera
de los contextos de descubrimiento pues en ella las operaciones de los sujetos
aparecen neutralizadas. La verdad de la teoría de la evolución biológica de
Darwin descansaría también sobre la confluencia de diversas operaciones construidas
por cursos distintos: observaciones de geología, estratigrafía y estudio de
fósiles; análisis de ecología animal y vegetal; estudios de anatomía y fisiología
comparadas; trabajos de carácter taxonómico en la elaboración de macroclasifícaciones
biológicas; conocimientos técnicos de mejora animal mediante la selección
artifícial de individuos, etc. Después de Darwin estos cursos operatorios se han
enriquecido aún más: análisis generales de poblaciones; biología molecular
comparada; citología e histología comparadas; embriología, etc. Todos estos
cursos operatorios confluyen en la identidad sintética de la teoría de la evolución
que, de este modo, llega a establecer relaciones entre los diferentes organismos
que se independizan de los individuos que las establecen. Efectivamente, la
justificación de estas teorías científicas (astrofísicas, fisico-químicas, biológicas)
reside en la confluencia y posterior cierre operatorio de modo que los descubridores
y científicos aparecen como sujetos fenoménicos, meros episodios históricos
que, aun siendo imprescindibles y sin merma de su genialidad, son perfectamente
sustituibles, en la medida en que sus experimentos y observaciones se
pueden repetir.
Los nexos existentes en las ciencias entre fenómenos y esencias son un
prototipo de situación dialéctica. Las relaciones esenciales se oponen a los
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
Materialismo gnoseológico y ciencias humanas … 139
fenómenos, los niegan, los consideran erróneos, en cuanto resultados de situaciones
posicionales ligadas a un determinado sujeto. Pero, al mismo tiempo que
las esencias niegan la verdad de los fenómenos, los asumen, los incluyen. El
científico, a partir de los fenómenos, realiza un regressus hacia una construcción
objetiva (independiente de los sujetos) de carácter esencial. Pero tal
artefacto esencial se sustenta sobre un progressus, pues debe ser capaz de dar
cuenta de los fenómenos y de los cursos operatorios ligados a los sujetos
particulares de donde surgió, pero debe, además, dar cuenta de muchos otros
fenómenos que, eventualmente, pueden construirse.
La verdad científica, como identidad sintética material construida por
confluencia operatoria, es semánticamente un contenido esencial, a diferencia
del error que aparece ligado al sector fenoménico, y cuya explicación se deberá
reconstruir por vía pragmática. Esta teoría de la verdad nos aleja de aquellas
filosofías de la verdad (teoreticistas y adecuacionistas) que podríamos considerar
mas bien sintácticas o meramente pragmáticas, fenoménicas. Nos aleja,
también, del descripcionismo gnoseológico para el cual la verdad científica, en
cuanto descripción más o menos exacta de la realidad, tiene un claro componente
ontológico.
Las operaciones de los científicos confluyen en la construcción de una
esencia por un proceso de identidad sintética. No debe extrañamos, por tanto,
que la elaboración de esencias sea imprescindible con vistas a lograr el cierre
de operaciones de un determinado campo. Podemos suponer, incluso, que la
potencia de dicho cierre categorial será tanto mayor cuantos más cursos operatorios
confluyan en la construcción de un teorema o conjunto de teoremas. La
existencia o no de contenidos esenciales diferencia las ciencias de otra serie de
disciplinas, fundamentalmente de las artes, de las técnicas y de ciertas prácticas
precientíficas que se mueven todavía en un nivel meramente fenoménico.
En el eje pragmático de las ciencias se recogen las relaciones entre sujetos (s,,
Sj) considerando que aparecen mediadas por objetos y por signos. Los autologismos
se refieren a aquellas situaciones en las que un sujeto se relaciona consigo mismo,
dado que se trata de un individuo desarrollado históricamente. El «diálogo del
alma consigo misma» de Platón puede ser reinterpretado de un modo no mentalista
en el que los signos aparecen engranando las diversas operaciones de un mismo
individuo. Efectivamente, la memoria es imprescindible para la actividad científica
pues ¿qué sería del investigador que no recuerda dónde dejó sus probetas
y sus matraces? La segunda, tercera y cuarta reglas del Método cartesiano pueden
considerarse autologismos que regulan las operaciones del sujeto. Otro tanto
ocurre con la segunda y tercera reglas de la moral de Descartes. Las integrales
inmediatas del cálculo matemático son también autologismos, automatismos
operacionales, recuentos. La demostración por reducción al absurdo caería también
dentro de este sector del eje pragmático.
Los dialogismos se refieren a situaciones en las que sujetos diferentes se
relacionan a través de los signos: objeciones, controversias, discusiones, polémicas,
disputas, etc., son contenidos de este sector. Esta confrontación dialéctica,
a pesar de su carácter fundamentalmente fenoménico, resulta muy necesaria
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
140 David Alvargonzález
para el avance de las ciencias. El concepto de «postulado», como presuposición
cuya aceptación temporal se requiere para seguir adelante con una demostración,
es dialógico. También son dialógicos los grupos de investigación, las
sectas y las organizaciones de científicos. La enseñanza de los conocimientos
científicos es también un momento dialógico cuya importancia para la «buena
salud» de la ciencia no hace falta recordar aquí. La formulación lingüística o
simbólica es un momento crucial de la construcción de los teoremas.
Las normas son el último sector del eje pragmático de la gnoseología
general analítica. Los contenidos normativos abundan en las ciencias en forma
de convenios sobre unidades de medida, definiciones, pautas de utilización de
aparatos, reglas de disciplina en la investigación, etc. Hay figuras normativas
generales a todas las ciencias, como es el principio de no-contradicción formal.
Además, las verdades esenciales construidas en el campo de una ciencia son
normativas en ese campo. La recíproca, sin embargo, no es cierta, ya que no
todo lo normativo, desde un punto de vista pragmático, es semánticamente
esencial. De este modo, G. Bueno se desmarca de las teorías de la ciencia que
pretenden que la verdad científica es el resultado de un consenso social (d la
Feyerabend).
La gnoseología general sintética pretende distinguir una serie de partes
abstractas o momentos procesuales que aparecen en el cierre operatorio de las
diferentes ciencias en la medida en que tales determinaciones «fisiológicas»
son comunes a todas ellas. Se trataría de analizar la organización del campo de
una ciencia en funcionamiento, intentando determinar unas partes que puedan
diferenciarse del proceso global del cierre, aun cuando sólo aparezcan en el
curso de dicho proceso. El estudio del cierre categorial de las ciencias es la tarea
más importante de la gnoseología en la medida en que suponemos que es dicho
cierre el que determina la unidad y organización interna de una ciencia, y el que
nos permite establecer distinciones gnoseológicas entre ciencias, y entre el
conocimiento científico y el resto.
No vamos a detenemos aquí para presentar las diferentes partes gnoseológicas
sintéticas (procesuales) que el materialismo gnoseológico distingue al estudiar
las ciencias ya que no es estrictamente necesario para el propósito de esta
conferencia. Las personas interesadas pueden ver estos aspectos ampliamente
desarrollados en la obra de G. Bueno (1976a y 1982b, fundamentalmente). Por
lo que aquí nos interesa solamente reiterar cómo la teoría del cierre categorial
propone que la organización interna de las ciencias, y la unidad de cada uno de
los campos científicos, es el resultado de un cierre de operaciones materiales
que permite llegar a establecer relaciones esenciales entre ciertos términos
como consecuencia de procesos de confluencia operatoria en identidades sintéticas,
de modo que los sujetos queden neutralizados (eliminados).
Además, desde la filosofía del materialismo gnoseológico las teorías de la
ciencia alternativas, aparecidas en la historia de la filosofía, pueden ser
reinterpretadas como teorías parciales que se organizan en tomo a determinados
sectores analíticos, o en tomo a ciertas figuras sintéticas privilegiadas: el
proposicionalismo, que estudia sobre todo el carácter signífero y dialógico de
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
Materialismo gnoseológico y ciencias humanas … 141
las ciencias; el sociologismo y el psicologismo como filosofías «pragmáticas»;
el descripcionismo gnoseológico como fisicalismo; el teoreticismo como formalismo;
el adecuacionismo como una filosofía metamérica incapaz de reconstruir
a una escala adecuada las relaciones entre materia y forma; etcétera.
II. Caracterización de las ciencias humanas desde el materialismo
gnoseológico
El materialismo gnoseológico mantiene la pertinencia de la distinción entre
ciencias humanas y ciencias naturales. Desde un punto de vista intensional, la
expresión «ciencias humanas» tendría un sentido etiológico (causal) y un
sentido temático. Etiológicamente, desde una filosofía materialista, todas las
ciencias son humanas, todas han sido fabricadas por el hombre: de esta manera
se niega la posibilidad de que existan ciencias que no hayan sido construidas
por los hombres, que sean divinas (Juan de Santo Tomás Ars Lógica: parte II
quest. 25) o sobrehumanas, extraterrestres (Sendy 1970: cap. 16 y 17). Desde
un punto de vista temático, las ciencias humanas serían aquellas que tratan del
hombre, aquellas en cuyos campos aparece el hombre como objeto de estudio.
Las ciencias humanas aparecen entonces como una suerte de conocimiento
reflexivo que llevaría emparejada una pérdida de objetividad. Simultáneamente,
aparece una dificultad extraordinaria: ¿cómo establecer leyes científicas
sobre el hombre que es un ser eminentemente libre? Por esta última vía se deriva
hacia la distinción entre ciencias idiográficas y nomotéticas de las posturas
neokantianas de Windelband (1894) y Rickert (1899). Las distinciones intensionales
basadas en presupuestos ontológicos son ya clásicas (Dilthey, 1883) y han sido
reelaboradas más recientemente a través de la noción de «ciencias de la
conducta» (por ejemplo, Skinner 1953). Desde el materialismo gnoseológico de
G. Bueno, la distinción entre naturaleza y cultura debe ser reinterpretada de
acuerdo con otras ideas ontológico-especiales (Bueno 1972b: 466 y ss.) y, en
cualquier caso, no es pertinente como criterio de demarcación entre dos grupos
de ciencias, pues ya quedó dicho en el apartado anterior que no se puede
coordinar una ciencia, o un grupo de ciencias, biunívocamente, con un objeto
de estudio, ya que a cada ciencia le corresponde un campo con una multiplicidad
de términos. Por eso tampoco es posible caracterizar las ciencias humanas
como «ciencias de la conducta», pues en ellas aparecen muchos términos que
no son conductas, fundamentalmente la cultura objetiva: casas, libros, instrumentos,
reliquias, instituciones, etc. La demarcación entre ciencias no vendrá
dada por la exclusividad de unos términos sino por la exclusividad de sus cierres
operatorios.
Efectivamente, según la filosofía del cierre categorial, cabe ensayar un
criterio de demarcación entre ciencias físico-naturales y ciencias humanas
ateniéndose a los diferentes recursos operatorios movilizados en cada caso. La
relación reflexiva que supone que las ciencias humanas son el estudio que el
hombre hace de sí mismo puede entenderse diaméricamente, de forma no
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
142 David Alvargonzález
sustancialista, como el estudio que unos hombres hacen de otros. Sin embargo,
de este modo tampoco se llega a establecer un criterio de demarcación pertinente
entre las ciencias humanas y el resto, dado que muchas ciencias físiconaturales
también incluyen al hombre dentro de sus campos: la biología lo
incluye como un animal más, la mecánica como un móvil o un grave, la
termodinámica como un sistema que intercambia energía con el medio, etc.
Para dar signifícado gnoseológico a esta relación reflexiva G. Bueno entiende
al sujeto humano como un «sujeto gnoseológico». Se entenderá por «sujeto
gnoseológico» a aquel que aparece en la gnoseología general analítica: desde
el punto de vista sintáctico se tratará del individuo en cuanto realiza operaciones;
desde el punto de vista semántico, en cuanto construye fenómenos; desde
el punto de vista pragmático, todas las figuras (autologismos, dialogismos y
normas) afectan al sujeto. De acuerdo con la idea de ciencia del materialismo
gnoseológico y para simplificar, se suele considerar el sujeto gnoseológico
fundamentalmente como un sujeto operatorio.
De este modo, existirán ciencias en cuyos campos no aparezca formalmente
el sujeto operatorio. Será el caso de las ciencias físico-naturales, pues en ellas el
único sujeto operatorio es el propio científico. Efectivamente, el hombre, considerado
como un sólido grave, o como un conjunto de macromoléculas orgánicas,
no es un sujeto operatorio, no realiza operaciones. En estas ciencias se establecen
relaciones por contigüidad en un sentido físico y el sujeto puede ser totalmente
eliminado cuando se dan procesos de confluencia material operatoria. No se
puede decir que un neutrón, o un astro, o una sustancia química, realiza operaciones
salvo que antropomorficemos. El «genio» de Laplace, que conoce las
situaciones iniciales de un sistema y es capaz de predecir su curso, lo mismo que
el «demonio» de Maxwell, que discrimina las velocidades de las partículas en
movimiento en un recinto, son solamente alegorías.
Ahora bien, existirán otras ciencias, las ciencias humanas o etológicas, en
cuyos campos aparece formalmente un sujeto en cuanto realiza operaciones. El
historiador reproduce las operaciones de un sujeto pretérito partiendo de reliquias
y relatos, el psicólogo estudia las operaciones de una rata o de una paloma
en un laberinto o en una caja de Skinner, el lingüista analiza las operaciones
realizadas por un hablante, el antropólogo cultural se convierte él mismo en un
trobiandés o en un indio seneka con el objeto de estudiar las operaciones de los
nativos, de modo que puede llegar a darse una continuidad entre las operaciones
del científico y las operaciones de los sujetos a los que se estudia: Lorenz
camina graznando delante de una hilera de patitos; von Frisch reconoce los
mensajes de las abejas. En estas ciencias, en cuyos campos aparecen formalmente
sujetos operatorios, las relaciones físico-contiguas, aunque son imprescindibles,
no son pertinentes a la hora de elaborar una explicación de las
conductas de los sujetos ya que la noción de operación exige una distancia
gnoseológica entre el sujeto formal y el material: las operaciones se reconstruyen
y explican por semejanza operatoria entre dos sujetos que están distanciados
espacial o temporalmente (relaciones apotéticas). £1 hecho de que los
sujetos operatorios aparezcan formando parte formalmente de los campos de
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
Materialismo gnoseológico y ciencias humanas … 143
las ciencias humanas podría reexplicar las razones por las que estas ciencias
carecen de un lenguaje esotérico, puesto que muchas de las regiones sobre las
que tratan aparecen en la cultura ordinaria.
El criterio gnoseológico de demarcación entre ciencias físico-naturales y
ciencias humanas y etológicas ensayado por G. Bueno sería entonces el siguiente:
en los campos de las ciencias humanas aparecen, como un término o una
relación más del campo, individuos que realizan operaciones; en los campos de
las ciencias físico-naturales no aparecen formalmente sujetos operatorios. En
estas últimas el único sujeto operatorio es el científico que manipula los
términos del campo e intenta establecer entre ellos relaciones físico-contiguas
(paratéticas).
Las ciencias humanas se nos definen entonces gnoseológicamente, como
aquellas ciencias en cuyos campos semánticos figuran operaciones similares a
las propias operaciones gnoseológicas y, en casos particulares, las propias
operaciones gnoseológicas. (Bueno 1976a: 1084)
Esto lleva a distinguir diferentes metodologías operatorias: un científico
puede intentar construir una explicación de las operaciones de los sujetos a los
que estudia realizando a su vez operaciones sobre las operaciones de dichos
sujetos:
Llamaremos metodologías ^-operatorias a todos aquellos procedimientos
[.,.] que incluyen el intento de organizar científicamente un campo en tanto él
produce analógicamente las mismas operaciones […] que debe ejecutar el sujeto
gnoseológico para organizarlo. (Bueno 1978e: 29)
Pero también podrá ocurrir que el científico considere que las operaciones
realizadas por los sujetos a los que estudia son meros fenómenos que hay que
salvar y que la explicación debe ser elaborada regresando a componentes
objetivos o genéricos: las metodologías que
partiendo de las metodolog(as p-operatorias, regresan a un plano en el cual las
operaciones […] del campo gnoseológico han desaparecido como tales, factorízadas
en sus componentes objetivos, serán llamadas metodologías a-operatorias (Bueno
1978e: 30)
Pues bien, Bueno caracteriza las ciencias humanas por utilizar metodologías
operatorias a y ^ mientras que las ciencias físico-naturales y formales utilizarían
sólo procedimientos operatorios del tipo a donde las operaciones del sujeto
queden eliminadas o neutralizadas.
Dentro de las metodologías el materialismo gnoseológico distingue dos
tipos:
a l : Las operaciones de los individuos quedan eliminadas totalmente y se
regresa a factores anteriores a la operatoriedad de los sujetos que se estudian.
Es el caso de la construcción de universales antropológicos del estilo de «todas
las casas tienen puerta». La explicación de este universal no radica en la
operatoriedad de los humanos sino en una razón termodinámica: el intercambio
de energía con el medio (Bueno 1978e: apdo. 10). La propuesta de Adams
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
144 David Alvargonzález
(1981) para elaborar una teoría antropológica libre de la metafísica puede
considerarse como al-operatoria, pues allí los sujetos actúan de acuerdo con
las leyes de la energía: la segunda ley de la termodinámica, el principio de Lotka
(1922) y la teoría de Prigogine sobre los estados alejados del equilibrio (1977).
Estas leyes genéricas actúan absorbiendo las operaciones del sujeto que en la
práctica se consideran como no existentes.
a2: Las operaciones de los sujetos que se estudian se eliminan sólo relativamente
pues se parte de ellas para explicarlas regresando a estructuras envolventes
que las desbordan. Estas estructuras pueden ser genéricas a varias ciencias (por
ejemplo, estadísticas): situación I; o ser específicas de los propios campos
etológicos y humanos: situación II.
Situación I: Kurt Lewin (1966: cap. II, 9, cap. VI) explica cómo la trayectoria
de los individuos en un teatro que se incendia es similar a la trayectoria
de las moléculas de un gas al que se le aumenta la temperatura. Las operaciones
de los sujetos afectados por el siniestro son consideradas como fenómenos, pues
se explican regresando a relaciones de contigüidad físico-espacial propias de
términos operatorios en función de formas genéricas que son comunes: las
moléculas del gas se mueven en línea recta por el principio de inercia; los
individuos se mueven en línea recta como consecuencia de operaciones psicológicas.
Los modelos topológicos de R. Thom, aplicables a sistemas geológicos,
biológicos o económicos, también serían metodologías a2I. Estaría también en
este grupo la teoría de la evolución cuando se aplica a campos culturales,
políticos o sociales: se considera entonces que la evolución cultural tiene causas
a-operatorías que son independientes de la operatoriedad de los sujetos.
Situación II: Las operaciones de los sujetos que aparecen en el campo son
consideradas también como fenoménicas pero la explicación se construye
mediante esquemas que son específicos de las ciencias humanas. L. White
(1949: cap VI) aboga por explicaciones que él llama culturológicas: no es el
hombre el que hace la cultura sino al revés. El estructuralismo francés de Lévi-
Strauss sería también un ejemplo de metodología a2II, en una versión taxonómica
formalista, pues las operaciones de los sujetos son explicadas en virtud de
esquemas ocultos que se suponen genéricos a todos los hombres.
Dentro de las metodologías el materialismo gnoseológico distingue también
dos tipos:
pi: Las operaciones del científico reconstruyen (de forma esencial) las
operaciones realizadas por los sujetos a quienes se estudia, pero no al revés. El
científico reexplica las operaciones del sujeto experimental construyendo a su
vez otras operaciones, pero no ocurre que éste pueda reconstruir las operaciones
del científico (el caso de la etnohistoria fenoménica).
Situación I: Las operaciones que reconstruye el científico son construidas
efectivamente por él como tales: la ciudad histórica que es reconstruida partiendo
de sus ruinas (reliquias) o de relatos. El prehistoriador que, encontrando una
punta silex, reconstruye la lanza o la flecha precisamente porque es capaz de
reconstruir las operaciones que realizara un Neanderthal extinto del Pleistoccno
Superior, hace 75,000 años.
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
Materialismo gnoseológico y ciencias humanas … 145
Situación II: El científico pretende determinar las operaciones del sujeto
que estudia para así explicar su comportamiento. Esto sería lo que ocurre en la
teoría de juegos (von Neumann-Morgenstem 1953).
P2: Sería aquella situación en la que existe una continuidad entre las
operaciones que realizan los individuos que se estudian y las que realiza el
investigador (que deja de ser un científico para convertirse más bien en un
técnico). Este técnico reconstruye las operaciones del sujeto operatorio y
viceversa. Las operaciones de este técnico manifiestan una continuidad con la
praxis categorial: la economía en cuanto praxis política. En antropología esta
situación sería la que se da en la técnica colonial misionera de iglesias o estados.
En Historia, las metodologías se dan en la historiografía del presente o el
periodismo. En estos casos ya no tiene por qué existir asimetría gnoseológica
entre el sujeto que realiza el estudio y los individuos a quienes se estudia.
Como vemos, las metodologías al y a2 son situaciones extremas: al
reduce el material a explicaciones físico-químicas, sociobiológicas o termodinámicas,
de modo que las operaciones que realizan los sujetos y que aparecen
como materiales de campo de una determinada ciencia, casi no se reconocen
como existentes. Al contrario, en P2 las operaciones del sujeto que estudiamos
se confunden con las del científico, de tal modo que ya sólo se puede hablar de
praxis política o conocimientos de carácter tecnológico.
Las metodologías a2 y pi, por el contrario, reconocen la existencia de las
operaciones de los individuos dentro del campo de una ciencia: las metodologías
operatorias a2 consideran que estas operaciones son fenómenos que hay que
trascender para llegar a teorías que las expliquen de acuerdo con esquemas
genéricos biológicos o estadísticos (a2I) o con esquemas propiamente etológicos,
antropológicos o culturológicos (a2II). Las metodologías pi-operatorias consideran
que las operaciones del nativo deben ser reconstruidas a su misma
escala, elaborando otras operaciones que las reexpliquen en contextos más
amplios (PlI). En antropología las diferentes culturas aparecen explicadas
como resultado de la difusión o de la historia política. También se pueden
imponer operaciones a los sujetos que estudiamos para analizar sus desarrollos
operatorios (PlII).
Según el materialismo gnoseológico las ciencias humanas y etológicas
pueden diferenciarse de las ciencias físico-naturales y formales por tener un
doble plano operatorio. De este modo, gran parte de las discusiones entre
escuelas propias de estas ciencias son reinterpretadas por Bueno como una
contraposición de mecanismos operatorios diferentes (Bueno 1978e: O 4). El
hecho de que las ciencias humanas estén dotadas de doble plano operatorio (a
y P) también hace posible que el carácter causal y determinista de toda
construcción científica no choque con la libertad humana, puesto que las
relaciones deterministas aparecerían a un nivel o|}eratorio (el del científico)
distinto de las operaciones del sujeto a quien se estudia. £>e ahí que el ritmo de
la Historia causal (pogamos por caso, económica) sea distinto del de los
acontecimientos idiográficos históricos.
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
146 David Alvargonzález
III. Problemas y expectativas
1. En el apartado I hemos dicho que, según la filosofía de la ciencia del
materialismo gnoseológico, no se puede hablar de conocimientos científicos si
no es por referencia a un campo material de términos delimitado internamente
por un cierre parcial de un sistema operatorio. Además, ese campo no sería
propiamente científico hasta que no se hayan construido relaciones entre
términos por procesos de identidad sintética en los que diferentes cursos
operatorios confluyan. Esta es la única forma, según la teoría del cierre categorial,
de construir verdades científicas, independientes de los sujetos una vez establecidas,
en cuanto diferentes de las verdades técnicas, del sentido común, artísticas,
religiosas, etcétera.
En el apartado II hemos expuesto cómo el materialismo gnoseológico
considera pertinente la distinción entre ciencias físico-naturales y ciencias
humanas y etológicas en la medida en que estos dos grupos de ciencias
utilizarían mecanismos operatorios diferentes. En las ciencias físico-naturales
no habría más operaciones que aquellas que realiza el sujeto gnoseológico (el
científico) y que resultarán neutralizadas (eliminadas) al darse la confluencia
de cursos operatorios materiales distintos en una identidad sintética esencial.
En las ciencias humanas y etológicas, sin embargo, las operaciones de los
sujetos materiales son ellas mismas términos del campo (términos fisicalistas
y fenomenológicos) lo cual da lugar a una situación especial, toda vez que el
sujeto gnoseológico realiza operaciones sobre las operaciones del sujeto material
(y también puede ocurrir recíprocamente). Cuando no existe sujeto operatorio
material (en las ciencias físico-naturales), o cuando las operaciones de ese
sujeto material no son tenidas en cuenta en absoluto para elaborar relaciones
esenciales entre los términos del campo, se habla de mecanismos operatorios
a l . Si las operaciones del sujeto material son consideradas como fenómenos
para regresar a factores genéricos (estadísticos, biológicos, o culturales) que
expliquen esos fenómenos nos movemos en una metodología operatoria al. Si
la construcción de relaciones esenciales supone la consideración de una identidad
esencial entre las operaciones del sujeto material y del sujeto gnoseológico,
o la determinación de unas operaciones por otras, nos encontramos en los
estados operatorios pi. Por último, cuando hay una continuidad entre las
operaciones del sujeto material y del sujeto gnoseológico hablaremos de estados
p2. Pues bien, según G. Bueno, los estados a l serían propios de las ciencias
físico-naturales, los estados P2 serían propios de los conocimientos técnicos, y
los estados a2 y pi serían propios de las ciencias humanas y etológicas. Las
ciencias humanas resultan, de este modo, constitutivamente polémicas en la
medida en que en sus campos cabría construir verdades (identidades sintéticas)
siguiendo diferentes cursos operatorios (a2I, a2II, pil, pill). Estas verdades
se encontrarían enfrentadas y se comportarían como los dioscuros: cuando una
brilla la otra se oscurece. En este sentido interpreta Bueno las diferencias
Saussure (a2) – Chomsky (Pl), Paulov (a2) – Tolman (pi), Durkheim (a2) –
Tarde (pi), Leontief (a2) – Jevons (pi), etc. (Bueno 1978e).
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
Materialismo gnoseológico y ciencias humanas … 147
2. Desde su primera formulación en 1976, la teoría de Bueno sobre las
distinciones entre metodologías a y p en ciencias humanas ha sido utilizada
como marco teórico de referencia para diferentes estudios de gnoseología
especial que afectan a disciplinas tan variadas como la lingüística (Velarde
1979), la epistemología genética (Lafuente 1977, Palop 1976), la Historia
(Bueno 1980a), las disciplinas psicológicas (Fuentes 1985) y la antropología
(Alvargonzález 1988). Los resultados obtenidos en algunas de estas investigaciones
ponen de manifiesto ciertos problemas a la hora de detectar contenidos
esenciales (identidades sintéticas) construidos por medio de mecanismos operatorios
P en determinadas ciencias humanas. Este hecho hace conveniente empezar a
albergar la hipótesis de la imposibilidad constitutiva de construir identidades
sintéticas mediante metodologías p, con excepción del caso de la Historia
fenoménica que, como veremos, tiene unas características gnoseológtcas singulares.
De confirmarse esta hipótesis negativa resultaría que, en las ciencias
humanas, las operaciones del sujeto material aparecen en el sector fenoménico
del eje semántico, y los contenidos esenciales que eventualmente se puedan
construir habrán de regresar a planos a2 (análisis multifactorial, economía
clásica, antropología ecológica y estructural, etc.) de forma que los planos p
serían, en el ejercicio, técnicas humanas o ciencias meramente intencionales
aunque, en la representación, se autoconciban como verdaderas ciencias.
Si analizamos las obras de Bueno (1976a, 1978e, 1982a especialmente)
podemos observar que los estados P operatorios están representados por dos
situaciones. La situación primera es aquella en la que el sujeto gnoseológico
reconstruye las operaciones del sujeto material. Es el caso del arqueólogo,
partiendo de las ruinas de una ciudad destruida, reconstruye el plano, o del
historiador que, partiendo de determinadas reliquias, reconstruye (en rigor,
construye) un evento histórico. La Historia fenoménica utilizaría metodologías
piL La situación II aparecería en la llamada «teoría de juegos» donde las
operaciones del sujeto material aparecen determinadas por las operaciones del
sujeto que tiene la ciencia del juego, y donde no se puede dar cuenta de las
operaciones de ambos sujetos partiendo exclusivamente de criterios probabilísticos
o estadísticos. G. Bueno ha estudiado también la contraposición Saussure/
Chomsky como un caso de los problemas constitutivos del campo de la lingüística
(Bueno 1976a, 1978e) y J. Velarde ha desarrollado posteriormente este
estudio (Velarde 1979).
3. La existencia de identidades materiales sintéticas en la Historia fenoménica
construidas siguiendo cursos operatorios pil {verum estfactum) ha sido abundantemente
demostrada por Bueno (1980a y 1978b). En la Historia fenoménica
los referenciales y los fenómenos son las reliquias presentes, como materiales
con los que puede operar el científico. A partir de esos materiales el historiador
reconstruye las operaciones de los sujetos pretéritos ensayando operaciones
esencialmente idénticas a las de aquellos. Partiendo de esas operaciones podrá
progresar nuevamente hacia los fenómenos proponiendo la existencia, por
ejemplo, de reliquias hipotéticas, reliquias que todavía no han sido encontradas.
Pero la identidad sintética material en la Historia fenoménica se da propiamente
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
148 David Alvargonzález
en la construcción del contexto histórico, a saber, el tejido formado por todas
las reliquias de una época. Es en el contexto donde aparece la objetividad
histórica y donde, en rigor, el sujeto gnoseológico aparece eliminado en virtud
de un proceso de confluencia operatoria. Efectivamente, son los cursos operatorios
de los diferentes sujetos gnoseológicos, que pueden reconstruir las mismas
operaciones a partir de las mismas reliquias, los que confluyen en esa identidad.
Pero son también los diferentes cursos operatorios de los diferentes fenómenos
(de las diferentes reliquias) los que confluyen en la construcción de una
identidad sintética esencial, a saber, el evento histórico y/o el contexto histórico.
De este modo las operaciones del sujeto gnoseológico quedan eliminadas
y éste no se reconoce propiamente dentro del campo de su disciplina. A partir
de esos eventos y contextos históricos esenciales se puede progresar hacia las
reliquias fisicalistas y fenoménicas actualmente conocidas, pero también hacia
las reliquias hipotéticas que toman la misma forma gnoseológica que la predicción
de la existencia del planeta Plutón antes de su localización efectiva o las
casillas vacías de la tabla periódica de Mendeleiev-Lotar Meyer antes del
descubrimiento de todos los elementos químicos. Por supuesto, a partir de estos
eventos históricos o de las propias reliquias y relatos se puede regresar hacia
contenidos no propiamente operatorios sino genéricos, estadísticos (Historia
cuantitativa a2I), o estructurales culturales, económicos, etc. (a2II). Las biografías
construidas según «líneas exteriores» en las que el individuo biografiado
es un efecto histórico de causas culturales estructurales, económicas, etc. serían
también posibles siguiendo cursos operatorios a2 (Bueno 1980a: 74).
Me gustaría resaltar el hecho de que, en la tabla que construye Bueno en
donde aparecen ejemplos de autores y disciplinas de las diversas ciencias humanas
clasiflcados según el criterio de los mecanismos operatorios a y p (Bueno
1978e: 44), solamente la Historia fenoménica puede considerarse un ejemplo de
metodología operatoria pi, situación I. En el resto de los ejemplos puestos por
Bueno (la sintaxis de Chomsky, la psicología de Thomdike y Tolman, la sociología
de Tarde, la ciencia del gobierno de Maquiavelo, la praxeología de Jevons
y la etnopsicología) no puede aplicarse este mecanismo puesto que las operaciones
del sujeto material no hay que deducirlas o reconstruirlas a partir de otros
componentes (reliquias, relatos) sino que aparecen ya formalmente como términos
fisicalistas y fenomenológicos de los campos respectivos. De hecho, cuando
Bueno pone ejemplos de metodologías pll siempre recurre a la Historia fenoménica
(o a la arqueología, prehistoria, etc.) {vid. Bueno 1980a, 1982a).
4. Las metodologías pi en su estado II estarían representadas por la teoría de
juegos (Von Neumann-Morgenstem 1953). G. Bueno realiza un breve análisis
gnoseológico de la teoría de juegos (1976a: 1273-1290). Según este análisis, entre
los diferentes sujetos que conforman un juego (ya que el juego unipersonal sólo
podría llamarse juego por metonimia, pues su contexto determinante sería
probabilístico) se dan estrategias de ocultación de ciertos aspectos que podrían
ser considerados determinantes esenciales de otros aspectos fenoménicos. Existirían
también juegos en los que cada sujeto conoce la totalidad de aspectos
fisicalistas de cada jugador: serían los juegos de información perfecta tales como
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
Materialismo gnoseológico y ciencias humanas … 149
el ajedrez. De todas formas, inclusive en estos juegos sería posible construir
contenidos esenciales, por ejemplo, la posibilidad, determinísticamente establecida,
de dar mate en siete jugadas partiendo de ciertas posiciones de las fichas en
un tablero. La posibilidad de construir contenidos esenciales utilizando metodologías
PIII en teoría de juegos implica el hecho de que «el determinismo de las partes»
supondría el conocimiento del todo, aunque sea considerándolo como un fenómeno.
En estas situaciones lo único que garantizaría la verdad de esos contenidos
deterministas sería la propia posibilidad de repetir la situación cuantas veces
queramos. Sin embargo, es muy dudoso que esta forma de construir verdades
pueda equipararse con una verdadera identidad sintética donde los cursos operatorios
confluyentes sean no sólo distintos en cuanto que recurrentes, sino también, y
fundamentalmente, distintos en cuanto a los materiales que movilizan. El propio
Gustavo Bueno reconoce sus dudas sobre este asunto:
En este caso [refiriéndose a la teoría de juegos] es la recurrencia del sistema
el único criterio de su realidad, en cuanto contexto determinante. Lo que es más
dudoso es que esta situación pueda llamarse «científica»: No es que sea «anticientífica»
(«irracional») —es que es una situación sui generis, histórico cultural, de una
praxis que tiene simplemente componentes científicos (Bueno 1976a: 1287-
1288).
Desde la precaución que exige la carencia de un análisis gnoseológico extenso
y en forma de la teoría de juegos parece, sin embargo, necesario apuntar los
siguientes problemas: ¿en qué medida el sujeto gnoseológico deja de reconocerse
dentro del campo de su disciplina en las situaciones estudiadas por la
teoría de juegos? ¿no ha de existir siempre, necesariamenmte, una continuidad
entre el sujeto gnoseológico y el sujeto material para que no se esfume el propio
contexto del juego? y, sobre todo, ¿acaso en las situaciones P2, propias de las
técnicas, no existen intercalados episodios racionales, teóricos (más o menos
pertinentes) en el ejercicio operatorio de los sujetos? y, ¿no existen en las
situaciones P2 tramos de operaciones recurrentes (por razones histérico-culturales)
sin que hablemos entonces de contenidos esenciales construidos por
identidad material sintética? En fin, estos problemas hacen que resulte razonable
albergar serias dudas sobre la posibilidad de constituir el campo científico
de la teoría de juegos mediante mecanismos operatorios pill. Efectivamente,
no hay problema a la hora de constatar la existencia de un cierre parcial de un
sistema de operaciones en tomo a los materiales de la teoría de juegos. El
problema radica en determinar si se pueden construir contenidos esenciales en
virtud de procesos de identidad sintética por confluencia de cursos operatorios
cuyos materiales sean distintos. Hasta el momento, y en espera de análisis
gnoseológico-especiales más precisos, este extremo no aparece probado. Además,
el fundamentar la existencia de un contexto determinante en la recurrencia
de ciertas operaciones exclusivamente resulta claramente insuficiente desde los
propios criterios de la teoría del cierre categorial.
5. El análisis de los paradigmas propuestos por Bueno para explicar las
metodologías pi, en cuanto constitutivas del ejercicio de las ciencias humanas,
nos conduce a las siguientes conclusiones:
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
150 David Alvargonzález
a. Por lo que se refiere a la Historia fenoménica, es perfectamente posible
la construcción de identidades sintéticas por confluencia de cursos operatorios
materiales distintos. Los eventos históricos, en la medida en que son constituidos
por confluencia operatoria de cursos distintos procedentes de reliquias
distintas, pueden considerarse, con pleno derecho, verdades científicas. Sin
embargo, resulta muy difícil trasbasar el paradigma constructivo de la Historia
fenoménica a los campos de otras ciencias ya que en la Historia fenoménica los
contenidos fisicalistas y fenomenológicos son las reliquias y los relatos de
modo que las operaciones de los sujetos materiales (supuestos, pretéritos) en
rigor se construyen. Esta es una situación singularísima que no parece poder
darse en las disciplinas no históricas. O dicho de otro modo, en las ciencias
históricas caben metodologías pi científicas porque el sujeto material está
muerto y, por tanto, no opera.
b. Por lo que se refiere a la teoría de juegos como paradigma de la situación
II de las metodologías pi parece impropio hablar aquí de situación científica
si es que vamos a mantener el criterio de la necesidad de identidades materiales
sintéticas semánticamente esenciales para poder hablar con rigor de ciencia. O
dicho de otro modo, para hablar de situación científica en teoría de juegos sería
necesario elaborar un criterio de demarcación especial para determinar cuándo
la recurrencia de un sistema (por razones culturales) da lugar a un conocimiento
científico y cuándo da lugar a un conocimiento meramente técnico, pues
también en las técnicas las operaciones de unos sujetos determinan las operaciones
de otros y también los procesos son recurrentes de acuerdo con construcciones
materiales específicas y con pautas culturales.
6. Los análisis gnoseológico-especiales de las ciencias humanas realizados
hasta el momento parecen confirmar la tesis sobre la imposibilidad de construir
contenidos esenciales utilizando exclusivamente metodologías P (con la excepción
ya citada de la Historia). El estudio de J.Velarde sobre la metodología de
la gramática generativa (Velarde 1979) desarrolla el esquema de Bueno (1976a)
sobre la oposición Saussure-Chomsky, pero Velarde tropieza con el problema
de la imposibilidad de construir esencias por mecanismo pi:
Si la lengua de Saussure tiende a suprimir los fenómenos absorbidos en la
esencia, la competencia de Chomsky tiende a disolver las esencias en los
fenómenos. En la Gramática Generativa el lenguaje no es algo al margen de los
fenómenos lingüísticos, sino que es el mismo saber intuitivo del hablante
(Velarde 1979:10).
La utilización por parte de Chomsky de términos tales como competencia,
creatividad, intuición, etc., y la suposición de estructuras profundas del lenguaje
podría fácilmente ponerse en relación con las construcciones de los psicólogos
cognitivos.
Los estudios realizados por Juan Bautista Fuentes sobre el campo de las
disciplinas psicológicas aconsejaron, en un primer momento, distinguir una
situación III en las metodologías pi operatorias que albergara la situación en
la que las diferentes operaciones de un determinado sujeto material fueran
estudiadas a lo largo de su biografía para intentar establecer relaciones esen-
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
Materialismo gnoseológico y ciencias humanas … 151
cíales entre ellas. Los procesos de aprendizaje y modificación conductual
aparecían entonces como los candidatos más serios para consolidar una trama
de relaciones esenciales entre los términos del campo psicológico (entre las
operaciones de los sujetos materiales, entre las conductas) (Fuentes 1985). Sin
embargo, el intento de buscar identidades sintéticas materiales desde estos
supuestos cursos piIII se vio fracasado y condujo a Juan Bautista Fuentes a
considerar seriamente la imposibilidad constitutiva de las disciplinas psicológicas
para construir un campo científico específico: las metodologías al
llevarían a la psicología a convertirse en reflexología, neurología, fisiología y
anatomía del sistema nervioso, en fin, biología, ciencia natural; las metodologías
a2 operatorias considerarían fenoménicas las operaciones de los sujetos y
regresarían a factores estadísticos, topológicos, o en general culturológicos (en
el sentido de White) que tampoco serían propiamente psicológicos; las metodologías
P1 en su situación I solamente parecen aplicarse a la Historia fenoménica, como
ya quedó dicho; en su situación II la psicología se reduciría a teoría de juegos
y aun así parece dudosa la posibilidad de construir identidades sintéticas
esenciales desde este tipo de construcciones; por último, las metodologías ^2
nos remitirían ya a las técnicas psicológicas: el psicoanálisis clínico, las técnicas
de modificación de conducta, etc. (Fuentes 1988). Los resultados obtenidos
del análisis de las disciplinas psicológicas nos permiten presumir con cierto
fundamento la imposibilidad de construir identidades esenciales conservando
la escala de las operaciones del sujeto material y eliminado (por identidad
sintética) las operaciones del sujeto gnoseológico. Los estudios hechos por G.
Bueno y D. Alvargonzález sobre el campo de la antropología cultural (Bueno
1971a, 1976a, Alvargonzález 1988) muestran cómo la posibilidad de construir
relaciones esenciales en dicho campo incluye necesariamente la consideración
de las operaciones de los nativos como fenoménicas, con el objeto de regresar
a factores ecobiológicos, estadísticos o culturales (pero en todo caso al operatorios).
No parecen detectarse verdaderas identidades sintéticas, construidas por confluencia
de cursos operatorios diferentes, en las propuestas hechas por los
antropólogos de la cultura y la personalidad (Ruth Benedict, Margaret Mead,
etc.) desde enfoques etnopsicológicos. La etnopsicología comparte con las
disciplinas psicológicas gran parte de sus problemas constitutivos y, especialmente,
comparte la imposibilidad de neutralizar las operaciones del sujeto
gnoseológico y, al mismo tiempo, establecer relaciones esenciales entre las
operaciones del sujeto material (el nativo).
Por otra parte, el estudio realizado por Bueno sobre las categorías de la
economía política (Bueno 1972a) también insiste en el carácter no científico de
las verdades construidas por la praxeología económica. No es que la praxeología
económica sea anticientífica pero, si mantenemos el criterio de las identidades
sintéticas como único criterio para diferenciar los conocimientos científicos de
los técnicos, parece obligado colegir el carácter problemático de las construcciones
pi en economía: nuevamente parece darse una continuidad entre el sujeto
material y el sujeto gnoseológico y, nuevamente, parece imposible eliminar las
operaciones del segundo y construir relaciones esenciales entre las del primero.
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
152 David Alvargonzález
Por último, es necesario reconocer la inexistencia de análisis gnseológicoespeciales
de las situaciones pi en sociología y política. G.Bueno en su Estatuto
gnoseológico de las ciencias humanas (1976a) pone en relación la «ciencia» del
gobierno con la teoría de juegos. El llamado «teorema de Arrow» sería así un
teorema de la «ciencia del juego político». Pero este tipo de teoremas, como
fácilmente se puede apreciar, están ya incluidos en una praxis jurídica técnica y,
más bien, parecen resultados de situaciones históricas y culturales donde, nuevamente,
la identidad sintética construida parece exclusivamente recurrente.
7. Sin perjuicio de que nuestra hipótesis sobre la imposibilidad de construir
identidades sintéticas por cursos operatorios exclusivamente P tenga que continuar
siendo corroborada por los análisis gnseológico-especiales correspondientes,
nos gustaría insistir en el siguiente hecho: cuando las operaciones de
los sujetos materiales a quienes se estudia se reconocen como términos de un
campo pero se consideran como fenómenos que hay que explicar recurriendo
a otros componentes (culturales, biológicos, económicos, etc.) nos encontramos
en el caso de un procedimiento a2 operatorio. Para hablar de mecanismo
p 1 se supone que las operaciones de los sujetos materiales habrán de considerarse
esenciales a la vez que se eliminan, por procesos de identidad sintética,
las operaciones del sujeto gnoseológico (científico), pues de otra manera no
podrían construirse verdades según la gnoseología general del materialismo.
Pues bien, hasta donde nos es dado conocer, este proceso sólo tiene lugar en la
Historia fenoménica. Ahora bien, en esta disciplina las operaciones del sujeto
material se construyen a partir de las reliquias y de los relatos. Las reliquias y
los relatos son los fenómenos a partir de los cuales podemos construir por
confluencia operatoria (de diferentes sujetos gnoseológicos, y de diferentes
reliquias) los eventos históricos que sí son veraderas identidades sintéticas.
Pero esta situación no parece traspasable al resto de las ciencias humanas, lo
cual hace sospechar la imposibilidad de construir esencias por cursos exclusivamente
pi fuera del campo gnoseológico de la Historia.
8. De todo lo anteriormente dicho nos gustaría concluir lo siguiente: En
primer lugar, destacar el hecho de que hay una serie de investigaciones en
gnoseología general y en gnoseología especial de las ciencias humanas desde
los principios de la filosofía materialista de G. Bueno que son especialmente
urgentes. Resulta necesario elaborar una teoria de las identidades sintéticas que
permita clasificar los diferentes tipos según criterios internos gnoseológicos y
en cuyo repertorio se incluyan identidades sintéticas de los campos de las
ciencias humanas. Resulta necesario realizar una serie de análisis gnoseológico
especiales. Concretamente, carecemos de un análisis en forma de la teoría de
juegos, y de análisis extensos de la sociología y las ciencias políticas. Habría
que profundizar en los análisis realizados a la lingüística, la etnología y la
Historia para estudiar los procesos de identidad sintética en estas ciencias
prestando especial atención a los cursos operatorios al. Por último, parece
conveniente también realizar una gnoseología general de la técnica que dé
respuesta a los problemas de organización interna y de demarcación de los
conocimientos técnicos frente a otros tipos de conocimiento (científico, mítico,
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
Materialismo gnoseológico y ciencias humanas … 153
religioso, etc.). Resultaría especialmente oportuno profundizar en el concepto
de «técnicas humanas» a partir del análisis de las metodologías P2 operatorias.
En segundo lugar, si la tesis expuesta en esta conferencia (sobre la imposibilidad
de construir contenidos esenciales por procedimientos pi —con
excepción de la Historia—) se confirmase, sería necesario extraer la siguiente
consecuencia: las polémicas en ciencias humanas no serían propiamente constitutivas,
dada la inexistencia de verdades científicas p 1. En el ejercicio, todos
los científicos de estas disciplinas construirán verdades por cursos a2 (o en todo
caso, no las construirán). Los cursos p entrarían a formar parte de la elaboración
de los fenómenos. Sólo los conocimientos fenoménicos podrían ser construidos
exclusivamente por mecanismos p. Pero los campos que aspiraran a construir
verdades por identidad sintética material estarían construidos también con
metodologías a2 (en caso de que puedan ser construidos). Por tanto, en rigor,
las polémicas Durkheim-Tarde en sociología, estructuralismo-generativismo
en lingüística, cognitivismo-behaviorismo en psicología, etc. no serían, por
tanto, discusiones sobre el ejercicio de estas disciplinas, sino sobre las
autorrepresentaciones que los propios científicos hacen sobre lo que es y lo que
debe ser su ciencia.
Bibliografía
Para todas las referencias a Gustavo Bueno véase la bibliografía final.
Otra bibliografía citada:
ADAMS, Richard. 1981. «Natural Selection, Energetics, and Cultural Materialism», Curreni
Antropology v. 22, n.6: 603-624.
ALVARGONZALEZ, David. 1988. Análisis gnoseológico del materialismo cultural de
Marvin Harris, tesis doctoral. Resumen de esta obra Ciencia y materialismo cultural,
UNED, Aula abierta, 1989.
BUHLER, Karl. 1934. Teoría del lenguaje, Madrid, Revista de Occidente, 1950, 1967.
BUNGE, Mario. 1980. Epistemología, Barcelona, Ariel.
DILTHEY, Wilhelm. 1883. Introducción a las ciencias del espíritu, Madrid, Revista de
Occidente, 1966.
raRRATER MORA, José. 1979. Diccionario de filosofía, Madrid, Alianza, varias eds., 4
ts.
FUENTES, Juan Bautista. 1985. El problema de la construcción científica en psicologíaanálisis
epistemológico del campo de la psicología científica, tesis doctoral.
— 1988 «La psicología como técnica» ponencia al IV Congreso de teoría y metodología
de las ciencias, Gijón, Abril 1988.
GUY, Alain. 1974. «Le materialisme critique et socialiste de Gustavo Bueno» Penseurs
hétérodoxes du monde hispanique, Univ. Toulouse-Le Mirail, pp.; 311-328.
HUISMAN, D. (dir.). 1984. Dictionaire des Philosophes, Paris, Presses Univcrsitaires de
France.
LAFUENTE, Isabel. Causalidad y conocimiento según Piaget, León, Colegio Universitario.
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992
154 David A Ivargonzález
LEWIN, Kurt. 1966. Principies of Topological Psychologie, Nueva York, McGraw Hill.
LOTKA, A. 1922. «Contribution to the Energetics of Évolution», Proceedings of the
National Academy of Sciences, n.8: 151-154.
MORRIS, C. 1946. Signs, Language, and Behavior, Nueva York, Prentice Hall.
— 1970. «Foundations of the Theory of Signs», International Enciclopedia of Unified
Science, Chicago, University Chicago Press.
PALO?, Pilar. 1976. Epistemología, genética y filosofía, tesis doctoral.
PRIGOGINE, H. 1977. «Long Term Trends and the Évolution of Complexity» en Goals
in a Global Community (Lazslo y Bierman eds.), Nueva York, Pergamon Press.
QUINTANILLA, Miguel A. (dir.) 1976. Diccionario de filosofía contemporánea. Salamanca,
Sigúeme, 2′ ed. 1979.
RICKERT, Heinrich. 1899. Ciencia cultural y ciencia natural, Madrid, Espasa Calpe,
1943.
SENDY, Jean. 1970. L’ere du Versau, Paris, Laffont.
SKINNER, Burrhus Frederic. 1953. Ciencia y conducta humana, Barcelona, Fontanella,
1970.
STEGMULLER, Wolfgang. 1970. Teoría y experiencia, Barcelona, Ariel 1979.
TARSKI, Alfred. 1923-38. Logic, Semantics, Melamathematics (papers from 1923 to
1938), Oxford, Clarendon Press 1956.
— 1944. La concepción semántica de la verdad y los fundamentos de la semántica, Buenos
Aires, Nueva Visión, 1972.
VELARDE, Julián. 1979. «Metodología de la gramática generativa». El Basilisco 7: 4-16
VON NEUMANN-MORGENSTERN. 1953. Theory of Games and Economic Behavior,
Princeton, Princeton University Press.
WHITE, Leslie A. 1949. La ciencia de la cultura, Buenos Aires, Paidós, 1964.
WINDELBAND, Wilhelm. 1899. Preludios filosóficos, Buenos Aires, Santiago Rueda ed.
Revista Meta, Congreso sobre la filosofía de Gustavo Bueno (enero 1989), Editorial Complutense 1992