Evaristo Carriego, poeta argentino(1883-1912). Misas herejes

Sugerimos, desde INTROFILOSOFIA, la lectura de este poema del argentino Evaristo Carriego, donde se muestra cómo la obra de Cervantes, Don Quijote de La Mancha, puede ser fuente de creaciones poéticas tras varios siglos desde que fuese escrita esta importantísima obra cervantina. Tal como sostiene el profesor de Teoría de la Literatura y de Literatura Comparada, Jesús González Maestro, de la Universidad de Vigo (España), pensamos que realmente la Poesía es Filosofía en verso. Por eso es que en esta bitácora que lleva como nombre INTROFILOSOFIA, sugerimos y entendemos que la Poesía, y en general, la Literatura,son actividades que han de ser muy tomadas en cuenta cuando tratemos de hacer crítica y análisis de corte filosófico, y en concreto , planteados desde el Materialismo Filosófico, forjado por el filósofo español Gustavo Bueno ( Santo Domingo de la Calzada 1924, Niembro 2016 )

Salida de la venta por don Quijote encantado con toda la comitiva
PÉREZ RUBIO, ANTONIO
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Enlace con el libro completo de Evaristo Carriego https://www.biblioteca.org.ar/libros/10031.pdf

VIEJOS SERMONES


Por el alma de Don Quijote
Con el más reposado y humilde continente,
de contrición sincera; suave, discretamente,
por no incurrir en burlas de ingeniosos normales, sin risueños enojos ni actitudes teatrales
de cómico rebelde, que, cenando en comparsa,

5
ensaya el llanto trágico que llorará en la farsa, dedico estos sermones, porque sí, porque quiero,
al Único, al Supremo famoso Caballero,
a quien pido que siempre me tenga de su mano,
al santo de los santos Don Alonso Quijano
10
que ahora está en la Gloria, y a la diestra del Bueno: su dulcísimo hermano Jesús el Nazareno,
con las desilusiones de sus caballerías
renegando de todas nuestras bellaquerías,
Pero me estoy temiendo que venga algún chistoso 15
con sátiras amables de burlador donoso,
o con mordacidades de socarrón hiriente,
y descubra, tan grave como irónicamente,
-a la sandez de Sancho se le llama ironía-
que mi amor al Maestro se convierte en manía.
20
Porque así van las cosas; la más simple creencia requiere el visto bueno y el favor de la Ciencia:
si a ella no se acoge no prospera y, acaso,
su propio nombre pierde para tornarse caso.
Y no vale la pena (no es un pretexto fútil
25
con el cual se pretenda rechazar algo útil)
de que se tome en serio lo vago, lo ilusorio,
los credos que no tengan olor a sanatorio.
Las frases de anfiteatro, son estigmas y motes propicios a las razas de Cristos y Quijotes
30
-no son muchos los dignos de sufrir el desprecio
del aplauso tonante del abdomen del necio-
en estos bravos tiempos en que los hospitales

de la higiénica moda dan sueros doctorales… Sapientes catedráticos, hasta los sacamuelas
35
consagran infalibles cenáculos y escuelas,
de graves profesores, en cuyos diccionarios
no han de leer sus sueños los pobres visionarios… ¡De los dos grandes locos se ha cansado la gente: así, santo Maestro, yo he visto al reluciente

40
rucio de tu escudero pasar enalbardado,
llevando los despojos que hubiste conquistado, en tanto que en pelota, y nada rozagante,
anda aún sin jinete tu triste Rocinante!
(Maestro ¡si supieras! desde que nos dejaste,
45
llevándote a la Gloria la adarga que embrazaste, andan las nuestras cosas a las mil maravillas: todas tan acertadas que no oso a describillas, -Hoy, prima el buen sentido. La honra de tu lanza no pesa en las alforjas del grande Sancho Panza. 50
Tus más fieles devotos se han metido a venteros y cuidan de que nadie les horade sus cueros. Pero, aguarda, que, cuando se resuelva a decillo, ya verás que lindezas te contará Andresillo – aunque hay alguna mala nueva, desde hace poco: 55
Aquel que también tuvo sus ribetes de loco,
tu primo de estas tierras indianas y bravías, -¡lástima de lo añejo de tus caballerías!
tu primo Juan Moreira, finalmente vencido
del vestigio Telégrafo, para siempre ha caído,
60
mas sin tornarse cuerdo: tu increíble Pecado…

-¡Si supieras, Maestro, como lo hemos pagado!- ¡Tu increíble Pecado…! Caer en la demencia
de dar en la cordura por miedo a la Conciencia!) Para husmear en la cueva, pródiga en desperdicios, 65

no hacen falta conquistas que imponen sacrificios: sin mayores audacias cualquier tonto con suerte es en estos concursos el Vencedor y el Fuerte, pues todo está en ser duros. El camino desviado malograría el justo premio del esforzado…

70
Por eso, cuando llega la tan temida hora
del gesto torturado de una reveladora
protesta de emociones, el rostro se reviste
de defensas de hielo para el beso del triste;
y porque ahogarse deben, salvando peores males, 75
las rudas acechanzas de las sentimentales
voces de rebeldía -quijotismo inconsciente- también se fortalecen, severa, sabiamente,
los músculos traidores del corazón, lo mismo
que los del brazo, en sanas gimnasias de egoísmo, 80
donde el dolor rebote sin conmover la dura
unidad, necesaria, de la férrea armadura:
quien no supere al hierro no es del siglo: no medra. -¡Que bella es la impasible cualidad de la piedra!- El ensueño es estéril, y las contemplaciones
85
suelen ser el anuncio de las resignaciones.
El ensueño es la anémica llaga de la energía;
la curva de un abdomen -todo una geometría-
es quizás el principio de un futuro teorema,
cuyas demostraciones no ha entrevisto el poema…

90
En la época práctica de la lana y del cerdo
hoy, Maestro, tu mismo te llamarías cuerdo-
se hallan discretamente lejos los ideales
de los perturbadores lirismos anormales.
El vientre es razonable, porque es una cabeza
95
que no ha querido nunca saber de otra belleza
que la de sus copiosas sensatas digestiones:
fruto de sus más lógicas fuertes cerebraciones. Por eso, honradamente, se pesan las bondades
del genio, en la balanza de las utilidades,
100
y si a los soñadores profetas se fustiga
hay felicitaciones para el que echa barriga.
Y esto no tiene vuelta, pues está de por medio
la razón, aceptada, de que ya no hay remedio… Como que cuando, a veces, en el Libro obligado, 105
la Biblia del ambiente, a todos manoseado,
hay un gesto de hombría traducido en blasfemia, por asaz deslenguado lo borra la Academia…
La moral se avergüenza de las imprecaciones
de los sanos impulsos que violan las nociones 110
del buen decir. El pecho del mejor maldiciente que se queme sus llagas filosóficamente,
sin mayor pesar, antes de irrumpir en verdades que siempre tienen algo de ingenuas necedades; porque quien viene airado, con gestos de tragedia, 115
a intentar gemir quejas aguando la comedia,
es cuando más un raro, soñador de utopías
que al oído de muchos suenan a letanías…

Por eso, remordido pecador, yo me acuso
-preciso es confesarlo- de haber sido un iluso
120
de fórmulas e ideas que me mueven a risa,
ahora que no pienso sino en seguir, a prisa,
la reposada senda, libre de los violentos
peligros que han ungido de mirras de escarmientos las plantas atrevidas que pisaron las rosas

125
puestas en el camino de las rutas gloriosas.
Pero ya estoy curado, ya no más tonterías,
que las gentes no quieren comulgar insanias…
¡En el agua tranquila de las renunciaciones
se han deshecho las hostias de las revelaciones! 130
Ya no forjo intangibles castillos cerebrales,
de románticos símbolos de torres augurales.
Sobre el dolor ajeno ni siquiera medito,
porque sé que una frase no vale lo que un grito;
y, sin ser pesimista, no caigo en la locura
135
de buscar una página de serena blancura,
donde pueda escribirse la canción inefable
que ha de cantar el Hombre de un futuro probable. Las últimas etapas
Ya puestos en camino,
la fuerza propulsora de la marcha
nos impele a seguir, con la serena
actitud, sin desmayos, de la causa
sustentadora de un ideal glorioso,
5
que luce sus ensueños de esperanza
como flámulas rojas que flotasen
en girones de carnes torturadas.

Nos impele a seguir. Siempre la brega deja un poco de fiebre sobre el alma, 10
en la frente un fulgor, y en la pupila la radiante visión de las etapas;

etapas de dolor, hechas teorías
de credos inefables, de parábolas
de lengua incomprendida que pasasen
15
en la locomoción de las audacias,
¡como una blanca tropa de lirismos
por inmortales rutas incendiadas!
Preciso es continuar. Todas las dudas
que agobian la cabeza con su carga,
20
son grilletes fatales del cerebro
y su sitio mejor está en la espalda. Arrojémoslas, pues. En el avance
hay un cóndor audaz que no se arrastra: cóndor es la pasión, jamás sujeta,
25
de las vidas enfermas de ser sanas.
¡Con rumbo hacia lo azul: aunque deslumbre lo intenso de la luz, hay que mirarla!
Los primeros fulgores,
quemarán, tras la noche de las ansias,
30
la primera visual que los descubra
ocultos en la sombra impenetrada,
así como una antorcha cuyo fuego
ardiese el brazo que la levantara.
¡Insanias de amor, que los enfermos
35
del manicomio de ese Ideal contagian!…

¡Locos, venid! Yo quiero aquí, en el canto, soltar al viento un corazón con alas:
Los discretos normales podrán, solo, arrojarnos las piedras de sus lástimas…

40
¡No haya vacilación! El derrotero
se ha poblado de enérgicas constancias; pero, porque no siempre en el peligro hay carne de temblores libertada, también es necesario
45
hacer que resplandezcan llamaradas,
del fecundo calor de un entusiasmo,
en la quietud mortal que todo embarga, ¡como una floración de primaveras
en el propio país de las escarchas!
50
Si se llagan los pies en el camino,
más firme, mucho más, será la marca: en la senda candente que cruzamos
se ve, mejor la huella ensangrentada.
55
Alienten la Epopeya,
los himnos fraternales de esperanza alzados entre víctores y músicas
con el clamor de las protestas bravas, como un beso de paz sobre una inmensa 60
cicatriz que dejase la jornada,
y en cármenes de púrpura
resurjan reventando sus fragancias ¡todas las rosas del Amor perenne
que perfuman la enorme caravana!
65

Y en el salmo coral, que sinfoniza un salvaje ciclón sobre la pauta, venga el robusto canto que presagie, con la alegre fiereza de una diana que recorriese como un verso altivo 70

el soberbio delirio de la gama,
el futuro cercano de los triunfos,
futuro precursor de las revanchas;
el instante supremo en que se agita
la visión terrenal de las canallas,
75
los frutos renovados
en la incesante fuerza de las savias,
del germen luminoso que cayera
en el resurgimiento de las almas,
¡como una rubia polución de soles
80
en el vientre del surco derramada!
¡Un ensueño en camino,
que sufre la obsesión de la montaña,
bajo la plenitud de las auroras
que alumbran los tropiezos de la marcha! 85
No hay obstrucción posible: es el Principio la promesa del Fin. Arde en la llama
de la hoguera moral, el negro escombro
de la atávica Torre de ignorancias,
madre de ese temor: lo incognoscible,
90
cuyos tupidos velos desgarrara,
en la prisión intelectual más honda, -rechazando el concepto de la Nada-
la verdad de la Ciencia hecha Justicia

al procesar la Esfinge del Nirvana!
95
La gesta de las causas en los siglos, no ha bordado poemas en sus páginas: El libro de los mártires no tiene

sino una historia de grandezas trágicas, de sangre floreciendo en el tormento 100
sus azucenas que parecen lacras… ¡Clarín de los Suplicios cuyas voces en las generaciones se dilatan!

Toda Idea fue así ¡Dolor bendito
de heridas que supuran enseñanzas!: 105
Al lado de la Cruz está la Horca,
-y es bueno no quererlas separadas-
¡el leño o el dogal: hablen las épocas, pues la Cruz y la Horca son hermanas! ¡Y por eso en la lidia,
110
camino al porvenir de la Cruzada, coronando el pendón de las bravuras, los trofeos, aun tibios, se levantan, como ejemplos viriles anunciados
en la fulguración de la escarlata,
115
desde sórdidos púlpitos sangrientos
por muertos sacerdotes que aún tronaran palabras de rencor, hechas conjuros, predicando el sermón de las venganzas! Triste labor del Odio,
120
que desata sus hordas, de amenazas, diciendo su creación demoledora

a las hoscas angustias de la Raza.
Los tremendos instantes de la prueba saben de los martillos que no aplastan 125
los ímpetus hermosos, más hermosos después del golpe que sobre ellos baja;
y en la espera, nerviosa, del momento del derrumbe final, la última etapa,
a través de las brumas sigilosas
130
que puedan ocultar la Ciudad blanca,
se descubren, allá, en otro horizonte, espléndidas auroras que se älzan,
los risueños Orientes -¡bienvenidos!-
los iris eternales del mañana;
135
¡Arcos gloriosos de los triunfos nuevos por donde toda la Epopeya pasa!
Y tras el loco batallar de siglos,
así como después de la jornada
en infinitas gotas se traduce
140
la honra del sudor sobre las caras,
sobre las rudas frentes, pensativas
como un viejo Pesar que meditara,
la cicatriz de sangre se resuelve
en agua de Perdón que todo lava,
145
en agua dulce y bautismal, borrando
las huellas más infames, más amargas, ¡como un Jordán de Olvido que quitase hasta el recuerdo mismo de las manchas! Preciso es continuar; cada desmayo
150

hace ver insalvables las distancias.
En la estéril noción de lo imposible, los músculos morales se relajan,
y en el afán que el miedo empequeñece se ven lejos las cumbres más cercanas. 155

La formidable voz de anunciaciones estremece el ambiente con sus vastas repercusiones de tonantes notas, cubriendo las necrópolis de calmas. La anunciación postrer que se divulga 160

con los alertas de cerebros-guardias. …Muertos odios que vuelven en caricias las opresiones de la lucha bárbara, ¡como una herida que revienta en flores y perfuma las vendas maculadas!
165
…Ya puestos en camino,
no se esquiva el obstáculo: se aparta.
La senda libre de cualquier tropiezo nunca fue la más digna de la planta encallecida en la ascensión penosa
170
del breñal que la suerte deparara.
Así va la legión, atravesando
los últimos espacios que separan
del rumbo abierto al porvenir soñado, como ruta augural, por donde marchan 175
las sombras fugitivas del silencio,
en larga proyección, cantando hosannas si triunfantes por fin, y si vencidos: ¡cayendo frente al Sol, como las águilas!

La muerte del cisne
En un largo alarido de tristeza
los heraldos, sombríos, la anunciaron,
y las faunas errantes se aprontaron
a dejar el amor de la aspereza.
Con el Genio del bosque a la cabeza,
5
una noche y un día galoparon,
y cual corceles épicos llegaron
en un tropel de bárbara grandeza.
Y ahí están. Ya salvajes emociones,
rugen coros de líricos leones…
10
cuando allá, en los remansos de lo Inerte.
Como surgiendo de una pesadilla,
¡grazna un ganso alejado de la orilla
la bondad
15
provechosa de la Muerte!
La apostasía de Andresillo
-I-
Pues, aquí estoy, señores. Pues…yo soy Andresillo, ¿no recuerdan ustedes? Yo soy aquel chiquillo
a quien el gran Quijote librara cierto día
-porque ahí encajaba bien su caballería-
de la nube de palos, que mi amo, furioso,
5
sobre mí descargaba ferozmente donoso,
Al pobre señor loco le hice una ruin ofensa, maldiciendo, más tarde, su gallarda defensa, dejándole mohíno, cabizbajo y corrido-.
(Sé que fui un mentecato). Después, arrepentido, 10
al correr de los años, comprendiendo la humana

obra que yo pagase con acción tan villana, deseoso de la gracia del noble caballero,
sobre su incierto rumbo interrogué al ventero
y el muy bellaco, riendo, me relató su muerte… 15

(Desde entonces empieza lo malo de mi suerte.) – II –
Así olvidando algunas de las cerriles mañas, vine a ser otro andante, soñador de fazañas inauditas y fieras, en lides peligrosas

que los encantamentos no hacen siempre sabrosas 20
Porque ya se mostraba cansado de su dueño
al flaco Rocinante cambié por Clavileño,

y recorrí la tierra, buscando honor y fama
que ofrecer a mi hermosa, desconocida dama,
de quien he recibido desdenes y rigores,
25
hasta que, al fin, vencido de los encantadores,
me trajeron a ésta prisión o manicomio,
una institución sabia, digna de todo encomio,
en donde escarnecido sin cesar, y aporreado como mi buen maestro, seriamente he pensado 30
que desfacer agravios no es sino una locura
que honrara sólo al triste de la Triste Figura.
– III –
…Aquí medro y engordo. Tranquilamente yanto, sin jamás acordarme de mi viejo quebranto
tan magro y tonto. Nunca, ni aun en broma,
35
peco suspirando retornos al antiguo embeleco. No hay una sola parte donde mire y no encuentre, como emblema del siglo, una bolsa y un vientre…

Y así va todo ësto: de la misma manera
que en los menguados tiempos de la pasada era.
40
Los potentados, viven de prematuros cielos,
y los que nada tienen que se lo papen duelos…
De las lanzas famosas de las justas de antes
hoy, harían bastones los duchos comerciantes,
y, sacando provecho, del yelmo de Mambrino
45
venderían quincallas para guardar tocino.
Si se habla a Dulcinea de amorosas pasiones
no es mucho que se mezclen venteriles razones: Los valientes envíos, vizcaínos y gigantes,
ahora se traducen en perlas y brillantes.
50
Basilio está de malas: aunque audaz el muchacho, sus industrias no valen las ollas de Camacho.
Hasta Aldonza Lorenzo, la hija de Corchuelo, reniega de los callos que heredó de su abuelo.
-Si bien ya es una dama, no sé porque barrunto
55
que el olor de los ajos anda muy en su punto.-
Para los que libertan recuas encadenadas,
ahora como entonces hay asaz de pedradas. Ginesillo, ha dejado de ser titiritero:
por sospechosas artes ha ascendido a banquero.
60
El barbero y el cura, pregonando sus ciencias,
en buenas migas, raspan y escrutan las conciencias. El bachiller Carrasco, sin reposar momento pontifica en la cátedra de su doctoramiento, deslumbrando a los bobos, que serán sus secuaces, 65
y acallando la grita de los puros y audaces.

(Mi aporreado maestro no hubiera permitido
que mease en su celada ningún recién parido.)
Los yangüeses de marras, prontos en sus desmanes, cuidan yeguas ajenas y se llaman rufianes.
70
A la justicia -¡pobre reina Micomicona!- cualquiera Malambruno le hürta la corona.
Los andantes del día, se salen del camino
si ven a la distancia las aspas de un molino;
aunque hoy poco valdrían los hidalgos gentiles
75
fuertes perseguidores de pícaros y viles,
pues doncellas y viudas hallan amparo en esos burdeles de oratoria con nombre de Congresos –
– Muy semejante a aquello -quizás en lo aromado- que cuando los batanes hizo Sancho apremiado
80
por urgencias mayores, en situación bien crítica, hay aquí cierta cosa que se dice política.
Los gobernantes gozan de mil prebendas diarias
y se rascan y comen en estas Baratarias,
porque en pos del misterio de los grandes destinos 85
nadie baja a la honda cueva de Montesinos.
– IV –
En fin… quietos curiosos: malicio que ya es mucha peroración, y acaso me merezca una ducha
del jayán enfermero cuidador de mis males,
-en verdad que me ahorquen si yo sé de los tales- 90
y peor es meneallo. Con que… buenos señores hasta… que os permitan mis doctos curadores nuevas sutiles burlas, si no tenéis reparo
de oír, en horas de ocios, a este caso tan raro

que dos, únicamente, la humanidad ha visto,
95
Y ellos no fueron otros que Don Quijote y Cristo. Aquí me hallaréis siempre, manso a las exigencias de discretas preguntas y suaves ocurrencias
de los graves galenos o de vuesas mercedes, honesto y comedido como lo ven ustedes…
100
ENVÍOS
A Doña Sylla da Silva
En su álbum
Si de estas cuerdas mías, de tonos más que rudos, te resultasen ásperos sus rendidos saludos,
y quieres blandos ritmos de credos idealistas, aguarda delicados poetas modernistas
que alabarán en oro tus posibles desdenes,
5
coronando de antorchas tus olímpicas sienes, devotos de la blanca lis de tu aristocracia,
con que ilustro los rojos claveles de mi audacia,
o espera, seductora, decadentes orfebres
que graben tus blasones en sus creadoras fiebres: 10
yo, trabajo el acero de temples soberanos:
los sonantes cristales se rompen en mis manos.
** *
Palmera brasileña, que al caminante herido ofrendaras tus dátiles de Pasión y de Olvido,
en el Desierto Único: tu ëres la apoteosis
15
que, nimbando de incendios sus fecundas neurosis, cruzas por los vaivenes de su hondos desvelos como si fueras Luna de sus noches de duelos.
Yo traigo a tu floresta la Alondra moribunda

que, en el violín del Bosque, preludió la errabunda 20
sinfonía terrena de aquel Ardor eterno,
que ahuyenta suavemente las aves del Invierno,

y en las horas tranquilas descubre su cabeza como un símbolo vago de Amor y de Belleza. …Y pasas, y no sola, presintiendo dorados
25

Orientes, los propicios a los enamorados,
como una novia enferma que evoca espirituales promesas en las largas noches sentimentales;
o esperas al amado, sonriente, como algunas heroínas que aguardan al amor de las lunas
30
hojeando florilegios alegres de la Galia,
con manos de Giocondas poéticas de Italia.
¡Oh, las divinas magas que comulgan misterios en los ratos fugaces de indecibles imperios… cuyos tiernos mandatos y ansiadas tiranías
35
de las claudicaciones saben las agonías!
** *
Quiero brindarte versos porque te finjo buena, con no sé que bondades, y porque eres morena como la inspiradora de mis lejanos votos… -perspectivas azules de paisajes remotos-
40
Generosa que amparas de los fríos crüeles,
como un fruto viviente de tus sanos vergeles,
las rosas inviolables que tus labios oprimen. (¡Oh las instigadoras del Ensueño y del Crimen!) Paloma fugitiva de la Ciudad vedada,
45
donde el Dolor muriera bajo la enamorada

caricia del Consuelo: Ciudad donde las risas suenan como campanas de las futuras Misas! Ya sobre los hastíos de tus meditaciones, como en fugas radiantes escucharás canciones de músicas heráldicas, de las músicas locas que enardecen las ansias y enrojecen las bocas 70

en besos fecundantes, cual rocíos de mieles
que hasta en el yermo hicieron florecer los laureles. Yo, a tu rostro moreno consagraré violetas,
las nerviosas amadas tristes de los poetas,
y allá en las tibias tardes, serenas de optimismos,
75
cuando al disipar todos tus más graves mutismos mis estrofas de hierro torturen tu garganta,
has de pensar, acaso, si es un hierro que canta! Como un deslumbramiento de rubias primaveras irradian y perfuman las dichas prisioneras
80
de todos tus encantos ¡Oh, poemas paganos! Heroína y señora de rondeles galanos:
para que siempre puedas orquestar tus mañanas calandrias y zorzales mis selvas entrerrianas
te ofrecen en mis trovas. Que en todos los momentos 85
te den las grandes liras sus más nobles acentos,
y revienten las yemas donde el Placer anida,
en las exaltaciones gloriosas de la Vida
que surgen en el cálido Floreäl de tus horas,
como un carmen de auroras, ¡eternamente auroras! 90
A Carlos de Soussens
Caballero de Friburgo, de un castillo de aventuras, cuyas águilas audaces remontaron el Ideal,

soñadoras de los nidos de las líricas futuras,
la pupila al sol abierta, coronando las alturas
en el vuelo de armonías de una musa: la orquestal.
5
Visionario de un ensueño que inspiró un vino divino, melancólicas vendimias de las uvas de tu Abril…
tu también tendrás un Murger, y verá el barrio Latino perpetuarse tu bohemia; milagroso peregrino, compañero de prisiones en la Torre de marfil…
10
Que se cumpla, por tu gloria, la promesa de Darío,
al decirte de una estatua sobre firme pedestal;
que relinchen tus corceles los clarines de su brío,
que la Virgen del sudario no desole con su frío
el jardín de poesía de un eterno Floreäl.
15
En las misas de tu credo, más cordiales, más inquietas, que te canten y consagren fugitivo de Verlaine;
que te nombren compasivas las Mimis y las Musetas, y relaten conmovidos sus pintores y poetas
cuando entrabas predicando por tu azul Jerusalén…
20
Que tus pálidas princesas de inefables corazones, lleven lirios de tus rimas a un olímpico Paris…
con las hostias fraternales de tus suaves comuniones, que el orfebre de los triunfos en tus líricos, blasones, grabe todos tus laureles con olivo y flor de lis.
25
Ya serás en el recuerdo, cuando seas un pasado,
como aquel de la leyenda que tus éxtasis meció,
ya serás, para in eternum, de algún bronce perpetuado, como guardan tus memorias infantiles, por sagrado, ¡aquel beso con que Hugo tu niñez acarició!
30

A Juan Más y Pí
En la gran copa negra de la sombra que avanza quiero probar del vino propicio a la añoranza. Quiero beber del vino que bebiéramos juntos,
y estos ratos, de aquellos, serán nobles trasuntos. (No sé porque esta hora, sombría y silenciaria,
5
me ha invadido el cerebro de fiebre visionaria.) En la acera de enfrente, su clara risa suena
una muchacha alegre como una Noche Buena.
El arrabal, desierto, conmueve un organillo,
y bailan las marquesas del sucio conventillo;
10
Y vienen las memorias, conturbadas e inciertas como un vago regreso de ensoñaciones muertas… …He leído tu libro. Un saludo levanta
la voz del entusiasmo, que perdura y que canta; la voz alentadora de buenas expansiones
15
en las largas teorías de nuestras comuniones. Aquel señor tan loco… -Único hijo de Dios,
y Único Caballero- nos hermanó a los dos.
(Y eso que tu quisiste, no sé porque crüel sospecha inconfesable serle una vez infiel…
20
Mas, ya estás perdonado. Pero en verdad te digo que en otra no te escapas sin sufrir tu castigo…) En la calma severa de las meditaciones:
dolor de tus constantes inquietas obsesiones. Ideando el derrotero de los rumbos plausibles
25
se enfermó tu cabeza de ensueños imposibles… Te veo como äntes, duro en el Bien y el Mal, pletórico de un ansia de vida ascensional.

De tus actuales fórmulas hiciste las amadas
que en la expansión te ofrendan bellezas flageladas. 30
Has volcado el consuelo de tu mejor augurio
en el vaso de angustias: el cáliz del tugurio.
Amas el bello gesto que en las horas aciagas
tiene orgullo de púrpura para cubrir las llagas.
Te obseda el clamoreo de enormes muchedumbres 35
que van, con su Epopeya de siglos, a las cumbres… -Compañero: seamos en nuestra Misa diaria tentación, sermón, hostia: todo menos plegaria. Cantemos en las liras de los credos tonantes
la canción nunciadora de mañanas radiantes.
40
La vida es Dolor siempre, así cambie de nombre:
es Dolor hecho carne y es Dolor hecho Hombre. Libertémosla, entonces, de las contagios viles
que, en la sangre, empobrecen los glóbulos viriles. ¡En marcha al País nuevo de las brumas ausentes, 45
que un día vislumbraron los geniales videntes! Derrotando el Silencio pregona la conquista
el salmo combativo de un fuerte Verbo artista… Pongamos en lo höndo de las frases más sacras besos consoladores que suavicen las lacras.
50
En procesión inmensa va el macilento enjambre: mordidas las entrañas por los lobos del hambre.
Lo custodia el Misterio, y lleva en sus arterias inoculado un virus de sórdidas miserias;
No hay que temer la lepra que roë los abyectos:
55
quizás es peor la higiene de los limpios perfectos.

Efigien su nobleza también los infelices: ¡Blasón de los harapos, lis de las cicatrices! Lidiemos en la justa de todos los rencores… ¡insignias de los bravos modernos luchadores! 60

Para esperarte, amigo, después de la contienda, aunque sea en el yermo yo plantaré mi tienda.
Te envío, pues, mis versos, mis versos torturados, como flores amargas de jardines violados…

¡Y sean mis estrofas los heraldos cordiales 65
de una lírica tropa de poemas triunfales! A J. J. Soiza Reilly

Al astrólogo Ensueño, sus novias: las estrellas, contáronle el secreto de unas cosas tan bellas que un ruiseñor lunático, que cantaba a las rosas, puso en sus sinfonías esas extrañas cosas.

Era un noble pronóstico, que, enigmáticamente, 5
irradiaba su Verbo, como un límpido Oriente en gestación de soles. (Quizá una profecía

de los magos geniales en blanca Epifanía) Eran graves promesas. Era un coro de ästros que dejaba en la pauta sus luminosos rastros: 10

Yo, en mi musa salvaje, los evoqué, y entonces hablaron las estrellas con la voz de los bronces. Y así ritmo un saludo. Si hallas la canción dura, es porque cada estrofa tiene algo de armadura, que al corazón resguarda de la flecha amistosa: 15

la que, al clavarse, a veces se vuelve ponzoñosa. Tal vez en el Envío que trabaja mi mano
me ayuda Perogrullo ¡tan ingenioso y llano!…

…Son versos como zarzas, pero hay en sus rudezas muchas síntesis bravas de temidas bellezas.
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La Epopeya del Triunfo se ha anunciado sonora, al galope del rojo centauro de la Aurora

que llega, como heraldo de la Ciudad lejana, precursor del saludo, del laurel y la diana. -Floraciones de músicas en un carmen de gloria- 25

divulgan los clarines la futura Victoria,
pues, sobre nidos de águilas, se ha soñado la lumbre de las teas clavadas en la más alta cumbre.
Desfilan en el biógrafo del recuerdo entusiasta,
los residuos amargos de la sufriente casta:
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tus vagabundos trágicos, tus tristes heroínas:
testas de manicomios, cuellos de guillotinas;
tus perros soñadores, con nostalgias de luna,
la historia de la humana pasión donde se aduna
el delito y el beso, la amada y el suicida
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que se fue de la reja y después de la vida;
Tus asesinos bárbaros, apóstoles del Crimen,
tus pobres Margaritas que jamás se redimen,
tus poetas borrachos, con hambres de apoteosis,
tus Nietzsches de presidios en celdas de neurosis… 40
Y lo demás y todo… La herida de la pena,
que tiene tintes rojos para cada azucena,
y el último lamento del niño moribundo
que fue como un andrajo flotando sobre el mundo. Y lo que no harás nunca: lo que ocultó su clave,
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tal alma que al cerrarse se guardara la llave

lo que dejó la vida, por infame y monstruoso, en una frase trunca de gesto doloroso.
…Sea tu credo, hermano, mezcla de luz y acero: el triunfador es bravo y es duro el justiciero,

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porque la bondad misma, no es sino el espejismo que esconde el burgués sello del señor Egoísmo. Así, mantén tu lema: fuerte como la muerte,
para siempre in eternum, porque ya de esa fuerte raza de Don Quijotes vamos quedando pocos:
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-¡no hablaron de los vientres los Zarathustras locos!- Acometan serenos los modernos andantes,
que aün medran soberbios vestigios y gigantes. ¡Cabeza y brazo para realizar el empeño:
Si Rocinante es torpe que venga Clavileño!
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Den, sin temor, ejemplos de viriles acciones
delante de las jaulas de todos los leones,
y el burlador cobarde que se clave en la frente
las bellezas normales que le hacen ser hiriente. Buscando los peligros, en ignoradas sendas,
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no sabrán las heridas de femeniles vendas,
pero, eso sí, las lanzas, señores caballeros, encontrarán molinos y, aun mucho más, carneros, Entuertos y prejuicios, y otros añejos males, bellacos, malandrines, follones, hidetales
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y toda la caterva del torvo Encantamento
que ha hëcho del abdomen Ideal y Pensamiento. …Compañero: levanta, coronando imposibles,
el quijotismo, y lleva, como armas invencibles, cuando emprendas alguna simbólica salida,

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el Genio por escudo, ¡y por blasón la Vida!