Islamismo irracional y su auto propaganda como si fueran capaces de razonar filosófica y/o críticamente, cuando es mera doctrina dogmática

Averroes. 

(Averroes)… en 1195, el califa, cediendo a las presiones de los teólogos y de los canonistas (coránicos), que veían en las ciencias profanas, y sobre todo en la filosofía, un peligro para la religión, publicó un decreto contra los cultivadores de estas disciplinas y confinó en Lucena, arrabal situado a poca distancia de Córdoba, a su protegido, que había sufrido el disgusto de ver cómo se quemaban sus obras en la plaza pública y de verse expulsado, juntamente con su amigo Ibn Zuhr (Avenzohar), de la mezquita por la plebe fanatizada

La Yihad islámica:política,religión,globalización

El Proyecto de Filosofía en Español publica el libro Yiyad, escrito por el filósofo medieval Averroes

Hemos encontrado también un artículo de Alberto Sotillo publicado por el diario español ABC que ponemos a continuación por considerar que se trata de un excelente texto para ir entrando en materia sobre lo que significa el Islamismo en el presente, sobre lo que significa la Yihad
La revista El Catoblepas publica la transcripción Guerra y globalización
Transcripción de la sesión que, dentro de las II Jornadas de Nódulo en Madrid, tuvo lugar el lunes 15 de marzo de 2004 (al día siguiente del 11+3 de marzo) Se trata de un debate muy interesante para la temática aquí propuesta. De Serafín Fanjul, ponente en dicho debate, ponemos esta entrevista en video FUENTE libertaddigitaltv en su canal de


También es interesante la conferencia de John Esposito (en inglés) The Near East Section of the African and Middle Eastern Division presented, as part of the series “Beyond the Islamist Discourse: Muslims Look at Their Societies,” John Esposito, who discussed “Who Speaks for Islam?” este es el link al video y la FUENTE The Library of Congress http://www.loc.gov/today/cyberlc/feature_wdesc.php?rec=4303

TEXTO del artículo de A Sotillo :
Edward Said diría que los prejuicios occidentales contra el Islam alcanzaron una de sus principales cotas cuando el lector europeo se dejó cautivar por los fantásticos viajes de Marco y sus relatos
POR ALBERTO SOTILLO FUENTE http://www.abc.es/hemeroteca/historico-11-03-2007/abc/Domingos/libros-para-vencer-a-la-yihad_1631919018134.html
Actualizado 11/03/2007 – 10:07:09

Edward Said diría que los prejuicios occidentales contra el Islam alcanzaron una de sus principales cotas cuando el lector europeo se dejó cautivar por los fantásticos viajes de Marco y sus relatos del Viejo de la Montaña y la secta de los asesinos. Contaba el viajero veneciano que el Viejo encerraba a jóvenes aldeanos tras las altas almenas de Alamut, donde vivían una existencia feliz en un jardín edénico, permanentemente colocados en una nube de hachish, y rodeados de las más bellas muchachas. Cuando quería utilizar a aquellos felices rehenes, les arrancaba del jardín y les decía: ¿Queréis volver al paraíso? Pues tenéis que matar a tal o cual persona… Y los «assassini» corrían a cumplir su deseo.
Fantasías, sí, pero con una base real. Porque tal vez no sea casual que uno de los primeros trabajos que hicieron famoso a Bernard Lewis fuese «Los asesinos. Una secta islámica radical» (Ed. Alba) en el que aborda con rigor académico la historia de la secta de los «hashishim» o «assassini» y de Hassan i Sabah, el carismático señor de Alamut que cultivó a placer el asesinato político. La misma historia es tratada con amenidad por Edward Burman en «Los Asesinos. La secta de los guerreros santos del Islam» (Ed. Martínez Roca), que aborda el mundo de las minoritarias herejías en el que se forjó el prototerrorismo islamista en una atmósfera hermética y esotérica. En rigor, Bin Laden no es el Viejo de la Montaña; ni Al Qaida la secta de los «hashishim», por fuerte que sea la tentación de compararlos. Pero sí es interesante estudiar cómo en el Islam el atentado político nació en un gueto religioso en el que se formaba a los asesinos como a iniciados en un saber hermético, miembros de una secta secreta y devotos (fedayin) de un líder a quien obedecían ciegamente.
Aunque los trabajos que de verdad crearon polémica y dieron fama a Bernard Lewis son, entre otros, «Crisis of Islam. Holy war and unholy terror» (Ed. Random House) y «¿Qué ha fallado? El impacto de Occidente y la responsabilidad de Oriente Próximo» (Ed. Siglo XXI). Estudioso de la decadencia del imperio otomano y de las causas del atraso económico y social de buena parte del mundo musulmán, pionero en la investigación del islamismo radical, Lewis suscita pasiones y, a menudo, una furiosa animadversión entre los musulmanes por la intensidad con que subraya que su pérdida del tren de la modernidad no ha sido responsabilidad de Occidente, sino del aislamiento y de la arrogancia intelectual en que ha vivido el Islam en los últimos siglos. A Lewis no le convencen en absoluto las tesis tercermundistas que tanto han alimentado el masoquismo occidental. E insiste en que el extremismo ha tenido una de sus principales fuentes en el resentimiento sembrado por quienes achacan todos los males del Islam a la entrada de Occidente en su mundo.
Pasión neocon
Lewis ha sido proclamado por los neocon de Bush como su arabista de bandera. Puede que incluso él haya coqueteado con algún que otro neocon. Pero lo cierto es que sus investigaciones se inscriben más bien en la más clásica corriente liberal. Asegurar que la culpa histórica no es de Occidente tampoco equivale a dar carta blanca a cualquier acción futura de una potencia occidental.
El eterno contradictor de Lewis ha sido Edward Said, con quien mantuvo una de esas polémicas prolongadas a lo largo de toda una biografía. Y el clásico de Said es «Orientalismo» (Ed. Debate) que, aunque no aborda directamente la yihad islamista, debe ser citado aquí como complemento imprescindible de la visión de Lewis. Curiosamente, el reproche de Said es el mismo de Lewis: la autoafirmación, el sentimiento de superioridad cultural, el desprecio y el temor de lo ajeno, la incapacidad para aprender de otra civilización. Sólo que uno lanza su diatriba contra el Islam y otro contra Occidente. Said podría ser etiquetado de «tercermundista», pero no sería justo despacharlo de un plumazo. No era un indocumentado, sino un profesor de literatura comparada que combinaba la carga pasional con una sólida formación académica.
El seguidor más polémico de Said es John Esposito, cuya obra «Islamic threat, myth or reality?» (Oxford University Press) enfatiza que Occidente se deja guiar por ancestrales prejuicios cuando contempla el Islam como una civilización monolítica. Esposito es también de los que levantan pasiones, muy a menudo en contra, aunque en su caso éstas vienen sobre todo de los sectores más conservadores. Contra Esposito se levanta la voz de David Cook quien en «Understanding Jihad» (University of California Press) aborda la controversia de si la yihad es un concepto «espiritual» o un llamamiento a la guerra de civilizaciones. Cook, que es de los que creen que Esposito no es más que un ingenuo (en el mejor de los casos), se inclina más bien por considerar que la yihad idealiza la guerra y le da una dimensión «espiritual» que la hace tanto más peligrosa al servir de metafísica justificación de la violencia.
El profesor Lewis fue también el primero en acuñar la fórmula «Choque de civilizaciones» que después haría fortuna en la obra homónima de Samuel Huntington (Ed. Paidós). Un ensayo que, más allá de su contenido, ha creado una nueva categoría en la evaluación de las relaciones internacionales. Se puede o no estar de acuerdo con su teoría de que tras la guerra fría las líneas de enfrentamiento ya no son económicas o ideológicas, sino civilizatorias. O con su apotegma de que las fronteras que dividen a las civilizaciones pueden convertirse en los frentes de batalla del futuro. Lo cierto es que la controversia probablemente nos acompañará a lo largo de todo el siglo XXI. Parece claro que los islamistas radicales asumen la teoría sin necesidad de leer su obra. Aunque el propio Huntington se apresuró a señalar que su ensayo no debía ser utilizada para justificar intervenciones como la guerra de Irak.
Una obra imprescindible para comprender el origen de muchos de los males que nos afligen es el clásico de Ahmed Rashid «Los Taliban» (Ed. Península) sobre la yihad nacida en Afganistán, la conquista del poder por la familia más alucinada del islamismo y la instalación de Bin Laden en aquel país. Da qué pensar la circunstancia de que tantas de las calamidades del presente se remonten a ese recóndito rincón del mundo. Aunque tal vez sea su lejanía la que facilitó que se pudriera la situación sin que nadie reparase en ello. Cuando las tropas soviéticas se retiraron de Afganistán, el mundo perdió su interés por ese país. Pero fue entonces cuando se fraguaron muchos de los fenómenos que condicionarían nuestro futuro. Rashid fue uno de los poquísimos periodistas que dieron cuenta puntual de aquellos días. Para cualquier genealogía del fanatismo islamista su obra es fundamental.
Autor de referencia es Gilles Kepel, todo un precursor, uno de los primeros que llamaron la atención sobre el fenómeno de esos suburbios de las grandes ciudades europeas que están mucho más cerca de los arrabales de Argel o El Cairo que de París o Londres. Así lo explica en «Al Oeste de Alá. La penetración del Islam en Occidente» (Ed. Paidós) en el que alerta sobre la proliferación de unos guetos segregados del resto del cuerpo social en los que un imán salafista puede tener mucha más influencia que la escuela, la ley o el Estado.
Su investigación «La Yihad. Expansión y declive del islamismo» (Ed. Península) ha sido en los últimos seis años una referencia ineludible. La obra se presenta como una sinopsis divulgativa e histórica para orientarse en el laberinto de las diversas doctrinas que han alimentado el islamismo del siglo XXI. Kepel no se limita a glosar el nacimiento y expansión de los Hermanos Musulmanes, sino que presta también mucha atención a escuelas que parecían periféricas, como la deobandi o distintas corrientes del salafismo, que han tenido una sustancial influencia en el movimiento.
Podría decirse que el autor se equivocó plenamente cuando concluyó en su libro que el islamismo estaba en retroceso y condenado a integrarse o desaparecer. Tenía difícil dar continuidad a su obra tras el 11-S. Pero entonces fue cuando dio una espectacular pirueta en el trapecio y publicó «Fitna. Guerra en el corazón del Islam» (Ed. Paidós) donde cuenta cómo, tras fracasar en su intento de levantar a las masas, el islamismo radical se hizo fuerte al reorientar su guerra en contra de un enemigo lejano, casi metafísico. Una contienda en el fondo no muy diferente a la seguida por los más esotéricos apóstoles de la secta de los históricos «hashishim» a «assassini». La obra se abre con un impecable estudio del pensamiento neocon norteamericano, para explicar a continuación cómo se metieron éstos en un callejón sin salida al aplicar mecanismos de guerra fría a la «guerra contra el terrorismo» o al tratar a Al Qaida como a un «Estado canalla». A partir del análisis de la profusa literatura islamista aparecida en los últimos años, el libro se extiende también en la otra de las muy fundadas obsesiones del autor: la paulatina conversión de cada vez más barriadas de Europa en «tierra del Islam» y la labor que a tal efecto llevan a cabo los «salafistas-pietistas» -apartados de la vía armada, pero ultraintegristas practicantes de la «taqiya» o disimulo para vivir en la liberal Europa como en el gueto más fundamentalista del mundo. En esta misma vía de investigación se inscribe la obra de Oliver Roy «L’ Islam Mondialisé» (Ed. Seuil) en el que se estudia la aparición de un nuevo neofundamentalismo que sustituye al movimiento de viejos integristas cada vez más integrados e institucionalizados. Un neofundamentalismo que ya no promueve revoluciones nacionales, sino la preservación de un Islam ultrarrigorista por encima de fronteras.
Y para concluir esta atípica bibliografía, un recuerdo para una pertinente obra literaria, la «Historia Universal de la Infamia» de Jorge Luis Borges (Alianza). En ella se encuentra la historia de «Hakim, el velado», inspirado en uno de aquellos jefes de «assassini» a quienes antes aludimos. El velado cuenta a sus seguidores que no pueden verle el rostro porque quedarían cegados por el resplandor que éste emana tras haber contemplado al Divino. Hakim es un fanático, un resentido que detesta la vida y los espejos que la reflejan, y que promete una existencia de penas y penitencias. Pero cuando el velado perdió su primera batalla alguien se atrevió a quitarle la máscara. Y se descubrió entonces que lo que escondía era el corrupto rostro de un leproso. Sólo hubiera hecho falta que uno de los suyos se atreviese a romper el velo para que se detuviera tanto fanatismo.

la Yihad según Averroes

 

Domingo 15 de noviembre de 2009    

Lne.es » Asturias   FUENTE http://www.lne.es/asturias/2009/11/15/filosofia-yihad-eterna-ahora-caben-guerras-santas/834368.html

   «La filosofía de la Yihad es eterna, pero ahora ya no caben las guerras santas»

«Quirós tradujo a Averroes en los años veinte para conocer las tácticas de combate musulmanas en el protectorado español del norte de África» 

MANUEL ENRIQUE PRADO Doctor en Filosofía, editor en español de «El libro del Yihad», de Averroes

Oviedo, Javier NEIRA

 La Fundación Gustavo Bueno acaba de publicar la primera traducción al español de «El libro del Yihad» de Averroes, filósofo árabe-cordobés del siglo XII. La traducción la había realizado en su día Carlos Quirós, sacerdote, militar y arabista nacido en Pola de Siero en 1884 y muerto en la capital sierense en 1960. Permanecía inédita. La edición ha corrido a cargo de Manuel Enrique Prado, también natural de Pola de Siero, doctor en filosofía y actualmente profesor en el instituto pontevedrés de Porriño. Más allá de la curiosidad erudita Quirós realizó la traducción para, después del desastre de Annual de 1921, conocer mejor las tácticas de guerra islámica y así poder combatir eficazmente al temible enemigo magrebí.

 

-¿Cómo se encontró con la traducción de «El libro de la Yihad» de Averroes?

 

-En el año 2004 las sobrinas de Quirós habían traído desde Madrid su legado con la ayuda de Carlos Martino, párroco de Pola de Siero. Y una de ellas, Virginia Álvarez Quirós, me ofreció verlo. Carlos Quirós no me sonaba mucho. Indagué y Étienne Gilson lo cita en «La filosofía en la Edad Media» y también Gustavo Bueno en el estudio titulado «Materia». Empecé a atar cabos, analicé el legado y descubrí cosas importantes desde el punto de vista de la historia de la filosofía.

 

-¿Qué había en el legado?

 

-Por ejemplo una traducción de un libro de Averroes, titulado en castellano «La destrucción de la destrucción», que se creía perdido. Apareció más o menos la mitad. Y también la traducción de un compendio de derecho malekita, el derecho islámico que rige en el Magreb. Una historia muy borgiana en donde aparecen traducciones que aparentemente no existían. Algo muy bonito para los que estamos metidos en estos asuntos.

 

-¿Quién fue Carlos Quirós?

 

-Nació en Pola de Siero y murió en Pola de Siero. Era sacerdote y militar. Siendo aún joven, ya estaba interesadísimo en el mundo árabe así que se presentó a una oposición de traductor dentro de la esfera militar. Lo destinaron como capellán castrense al norte de África y allí, en los años veinte, quizá conoció directamente el desastre de Annual.

 

-¿Le marcó?

 

-Al menos vivió los coletazos. En aquella batalla murieron 13.000 soldados españoles y por ahí se empieza a entender por qué Quirós decide traducir «El libro del Yihad».

 

-¿Por qué?

 

-Las cabilas de Marruecos tenían unas estructuras y características que era importante conocer y que estaban ligadas a cuestiones antropológicas y tribales pero también a la yihad que desde los siglos XVII y XVIII está presente en esa zona. Tradujo a Averroes en los años veinte para conocer las tácticas de combate musulmanas en el Protectorado español del norte de África.

 

-En el libro de Averroes…

 

-En realidad es un capítulo del libro «Bidaya», de Averroes, que se puede traducir como introducción, digesto o código. La «Bidaya» es un libro jurídico que explica la regulación de la vida de todo musulmán en función del Corán. En este caso explica cómo se regula la guerra contra los cristianos.

 

-Así que cómo se hace la guerra.

 

-Explica cómo hacerla, cómo tratar a los vencidos, las penas a aplicar, qué se debe hacer con el botín o si se conquista un territorio qué estructura jurídica va a tener. Es muy importante considerar que todos los códigos tenían como referencia la vida del Profeta. Por un lado, el Corán y por el otro, la Sunna que recoge los datos de lo que hizo el Profeta para aplicarlos después a cualquier musulmán. Hay una fuerte relación entre religión, vida del Profeta y derecho musulmán.

 

-Pero Averroes es un posthelenista.

 

-Claro, es el gran comentador de Aristóteles. Comentó todas sus obras menos la «Política». Interesante omisión. Lo que hizo fue comentar la «República», Platón era importante entonces en el Islam oriental, en lo que ahora es Irak. Averroes trata de aplicar la Sunna y el Corán a la vida diaria con la lógica aristotélica.

 

-¿Casan?

 

-Lo hace casar. En la introducción de la «Bidaya» hay una parte que parece calcada de las refutaciones sofísticas de Aristóteles. La analogía, un elemento esencial en Aristóteles, lo es también en el derecho malekita. Algo fascinante.

 

-¿Qué Averroes maneja Quirós?

 

-Tiene los originales árabes, no todos, y algo en hebreo. Las ediciones que entonces se manejaban, algunas fechadas en Fez o en Egipto. España no tenía traductores, lo que llamaban trujimanes. Trataron de construir una escuela de estudios árabes como la que tenía Francia. Quirós fue uno de los encargados de montarla en Tetuán. Averroes es el paso a la modernidad. Es el fulcro o trampolín del mundo árabe hacia la modernidad. Si rearticulan esa filosofía tienen el equivalente al renacimiento cristiano.

 

-¿Y popularmente?

 

-Santo Tomás trató de demostrar la existencia de Dios. Dio una importancia enorme a la analogía hasta el punto de que es un horror para un fideísta. Para nuestros alumnos de secundaria, en Galicia, hemos introducido a Averroes. Pero en el mundo árabe lo que tienen que saber es el Corán.

 

-¿Qué tienen en común la Yihad de Averroes y la actual?

 

-Son parecidas. Averroes escribe en un tiempo en fricción con el mundo cristiano. Los árabes distinguen entre el territorio del Islam y el territorio de la guerra. Eso funciona siempre en la Yihad. Pero el terrorismo de Al Qaeda es otra cosa. Sería como hablar de raíces cristianas de ETA, considerando el contexto histórico donde surgió.

 

-¿Ayuda a entender Al Qaeda?

 

-La filosofía de la Yihad es eterna, debe regirse siempre por los mismos criterios. Pero políticamente en el mundo actual ya no caben aquellas guerras santas.

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