IMPRESCINDIBLE España: un análisis desde el Materialismo Filosófico. Exposición de Gustavo Bueno. Obligado estudio para Hispanistas, Hispanoamericanistas, Historiadores, Filósofos, Literatos y Politólogos, y de paso para Economistas.

Lecturas de obras de Gustavo Bueno recomendadas, como complemento , necesario, para comprender y estudiar con más calado, la conferencia sobre España , en el vídeo :

ESPAÑA FRENTE A EUROPA http://www.fgbueno.es/gbm/gb1999es.htm

PRIMER ENSAYO SOBRE LAS CATEGORIAS DE LAS CIENCIAS POLITICAS http://www.fgbueno.es/gbm/gb91ccp.htm

Escudo actual de España

NOTA de INTROFILOSOFIA: Este vídeo del fundador del Materialismo Filosófico, el filósofo español Gustavo Bueno, resulta realmente IMPRESCINDIBLE por varias razones que se pueden comprobar sin dificultad al escuchar atenta y críticamente las tesis en él expuestas.

HISPANOAMERICA

Su importancia para el análisis y la crítica de España, como problema complejo, y por sus conexiones con Europa y las concepciones históricas y filosóficas que el estudio de España como Imperio Católico, de alcance universal, etc.es una importancia que en absoluto resulta exagerada.

El Emperador Constantino se alía con la Iglesia Católica
España como Imperio se gesta en la lucha de los reinos cristianos contra los musulmanes
Símbolos del Islam
La Cruz de Lutero

Otros de los más peligrosos y recalcitrantes enemigos de España como Imperio generador, y por tanto de Hispanoamérica, son: 1) tanto la Leyenda Negra alimentada por los enemigos de España y de su Imperio ( los holandeses, ingleses, franceses, luego la variante estadounidense en cierta manera ), como 2- las distintas manifestaciones que se han generado desde el llamado indigenismo ( Filosofía de la Liberación , Teología de la Liberación, etc.)

Indigenismo e hispanofobia como elementos esenciales de las ideologías metafísicas del presente

A nuestro juicio se trata de una de las más valiosas e importantes conferencias pronunciadas a lo largo de la vida del profesor de la Universidad de Oviedo, Don Gustavo Bueno. Importancia que deducimos de la serie de implicaciones sociales, políticas, económicas, tanto para España como para los Estados de Hispanoamérica, en el presente y como parte de los planes y proyectos de Hispanoamérica y España ante el futuro que ya opera desde estos primeros años del siglo XXI.

GUSTAVO BUENO MARTINEZ , FILOSOFO ESPAÑOL ,

DEL ARTICULO ESPAÑA:

Introducción

“Me parece que muy pocos podrán negar que en un día como hoy, en el que coincide el aniversario, tan importante para la Historia de España, de la proclamación de la Segunda República Española con la presencia en Oviedo de un concurso tan distinguido de miembros de la Asociación de Hispanismo Filosófico (no necesariamente republicanos) y con los actos de «presentación pública» de nuestra Fundación (instituida precisamente desde la perspectiva de una filosofía en español), es una ocasión incomparable, y aún podría añadirse, inexcusable, para reflexionar «de frente» sobre España.” ( Cita de Gustavo Bueno )


En el enlace siguiente podemos entrar a la lectura del artículo de Gustavo Bueno, publicado en la revista El Basilisco titulado precisamente ESPAÑA.

http://www.fgbueno.es/gbm/gb1998es.htm

La Marseillaise – Le Canard républicain

RUBRIQUE
— Leer en www.xn--lecanardrpublicain-jwb.net/spip.php

Elvira Roca expone argumentos contra la Leyenda Negra Antiespañola

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https://youtu.be/DFelR3S1ecA?list=PLQjAbhn8QFU62MTeM1qWkllbQjnsbNXMn

Relaciones (de poder) internacionales, en la lucha por el control de las ex colonias europeas en Africa. Parámetro : Guinea Ecuatorial. Entrevista Nº 9 de la serie con Cruz Melchor Eya Nchama y Gustavo Bueno Sánchez

El canal fgbuenotv nos ofrece una serie de vídeo entrevistas, que contienen una información muy valiosa , tanto para el análisis como para la crítica, en torno a los procesos de colonización , y posterior descolonización de Africa.

Los conocimientos del entrevistado son de gran interés para conocer de modo crítico y materialista la Historia y el presente de los Estados Africanos, etc.

Conquista y evangelización española . Un análisis crítico histórico. El papel del sacrificio

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La historiadora mexicana Marialba Pastor Llaneza aporta un interesante análisis acerca de cómo se fue operando la evangelización mediante la visión cristiana de sacrificio en la Conquista y posterior evangelización de América

Marialba Pastor, “La visión cristiana del sacrificio humano”, Arqueología mexicana, México, septiembre, 2003, vol. XI, núm. 63, pp. 58-63.Datos curriculares: Marialba Pastor
Sumario:
La práctica del sacrificio permitió que los pueblos mesoamericanos y los conquistadores españoles se comunicaran y que ocurriera, aunque imperfectamente, la sustitución de los muchos sacrificios humanos por el último de ellos: el sacrificio de Cristo en la cruz.
Aunque en todas las antiguas comunidades, el sacrificio humano había sido una práctica frecuente, cuando los españoles llegaron al Nuevo Mundo, este acto les horrorizó. De ahí que fuera uno de los asuntos más abordados en los relatos sobre la Conquista.
Para poder explicar la incapacidad de los españoles para comprender el sacrificio humano, es necesario recordar que uno de los grandes cambios introducidos por el cristianismo fue, precisamente, la limitación de los sacrificios de animales a fiestas extraordinarias y la total prohibición de los sacrificios humanos. Cristo en la cruz fue la señal del último sacrificio humano para redención de la entera humanidad. Para los cristianos, después de éste sacrificio, no sería necesario ni permitido ningún otro.
La lucha universal contra los paganos
En los siglos III y IV, cuando el cristianismo comenzó su proceso de expansión y consolidación, la principal distinción entre paganos y cristianos fue que los primeros realizaban sacrificios de animales y, esporádicamente, de humanos; en cambio, los segundos los reprobaban con énfasis.
Entre el siglo IV y el siglo de la Conquista de América, los cristianos combatieron a todo tipo de paganos, infieles y herejes. Con ello acumularon variadas experiencias de lucha, así como, amplios conocimientos sobre las costumbres de otros pueblos, en especial sobre sus prácticas religiosas. Todo
esto lo dejaron plasmado en vastas obras que sirvieron para diseñar las estrategias de evangelización y conversión.
Algunos conquistadores, como el mismo Hernán Cortés, y, sobre todo, los primeros misioneros, conocían la historia del cristianismo y los textos de Teología en los cuales se planteaba que los pueblos que no habían logrado superar los sacrificios sangrientos eran crueles e incivilizados, porque el Demonio todavía los tenía atrapados. En consecuencia, Dios agradecería y premiaría a aquellos cristianos que extirparan las idolatrías y sustituyeran los falsos sacrificios por el único verdadero: el sacrificio de Cristo.
Los religiosos españoles afirmaron que el mismo Demonio que había engañado a griegos y romanos, lo había hecho con los indios, conminándolos a adorar a muchos dioses y objetos de la naturaleza y a hablarles a través de ellos. De acuerdo con el fraile franciscano, Bernardino de Sahagún, el Júpiter de Tenochtitlán era Huizilopochtli y los otros dioses mayores y menores se correspondían plenamente con el panteón romano.
Los métodos para lograr la eficaz expansión del cristianismo en América ocasionaron apasionadas disputas. Una de las más conocidas fue la que sostuvieron el teólogo y cronista de la Corona, Juan Ginés de Sepúlveda, y el fraile dominico Bartolomé de las Casas. Para Ginés, la práctica del sacrificio humano que — según sus informantes — siempre iba acompañada de antropofagia, era una de las principales razones por las que la guerra contra los indios era justa. Actos de tal naturaleza eran para Ginés intolerables y, para erradicarlos, había que destruir las instituciones prehispánicas, cambiar su gobierno, prohibir su religión, borrar sus costumbres e imponer la paz. Según Ginés, no se podía esperar nada de hombres que estaban entregados a todo género de vicios y liviandades y que, además, comían carne humana, pues esas maldades pertenecían a los más feroces y abominables crímenes; excedían toda la perversidad humana.
Las Casas planteaba lo inverso. Para él, los sacrificios humanos también eran inaceptables y había que modificar las estructuras sociales que los propiciaban, sin embargo, eran la señal más evidente de la intensa relación
sostenida entre los indios y sus dioses. No era posible calificar como malvados a los hombres que los practicaban, pues el Demonio, al tenerlos sujetos y esclavizados, los había obligado a ello. Para Las Casas, los sacrificios humanos eran la prueba de la elevada capacidad religiosa de esta gente, máxime cuando los indios tenían el valor de ofrecer en sacrificio hasta a sus propios hijos. En esa intensa religiosidad de los indios, Las Casas encontró la posibilidad de salvar muchas almas.
Sacrificio y sexualidad
Resulta significativo advertir la similitud existente entre las descripciones cristianas de los siglos III y IV sobre los ritos paganos y las descripciones elaboradas por los cronistas españoles, doce siglos después, sobre los ritos prehispánicos. Esta similitud indica que los cristianos habían aprendido a ver el mundo a través de un mismo código moral en el cual los grandes vicios estaban clasificados conforme un orden jerárquico preestablecido. En ambos casos, la primera causa para censurar las costumbres de esas comunidades eran los sacrificios humanos, los sacrificios cruentos y la antropofagia; la segunda, el adulterio y las perversiones sexuales. Por eso, en los textos de Ginés de Sepúlveda, de Bernal Díaz del Castillo, de Francisco López de Gómara y de otros cronistas, al igual que en los textos de los primeros cristianos, del asombro generado por los sacrificios sangrientos y la antropofagia, se pasa al escándalo producido por las prácticas sexuales: sodomía, promiscuidad, adulterio e incesto.
La reprobación de los sacrificios cruentos y de la antropofagia ritual se explica por la revolución que introdujo el cristianismo en el concepto mismo de sacrificio. A diferencia de la mayor parte de las religiones y en coincidencia con algunas sectas orientales, el Dios cristiano proscribió la muerte violenta y aseguró la muerte en paz para la salvación eterna. Este Dios no permitió el asesinato o el suicidio; la muerte ocurría por su exclusiva voluntad. Dios ya no era una fuerza natural externa que los hombres tenían que dominar, Él penetraba en los hombres y éstos eran concebidos a su imagen y semejanza para gozarlo y venerarlo. Así, los seres humanos participaban de la naturaleza divina y, con ello, aminoraban su
miedo a la catástrofe. Pero, además, el propio Dios se hacía hombre en Cristo y sufría todas las desgracias hasta el último sacrificio. Jesús se ofrecía por la humanidad entera a su Eterno Padre. Para quienes quedaban en la Tierra, la imitación de la vida del Salvador, la veneración de su sacrificio y el intento de reproducirlo sería lo que le daría sentido a la vida y la muerte.
Por otra parte, el cristianismo había heredado de los judíos un código sexual estricto. En la Biblia, el Levítico mostraba las conductas sexuales que castigaba Yahvé: el adulterio, el incesto, la homosexualidad y los denominados “pecados contra natura”. Estas faltas se perdonaban con sacrificios expiatorios de animales ovinos y bovinos, y, por lo visto, eran tan frecuentes que siempre ardía el fuego sobre el altar de los sacrificios de Yahvé. El trabajo para ordenar la reproducción biológica implicó la limitación de las libertades sexuales hasta llegar al matrimonio monogámico, única relación aceptada por los judeocristianos para la procreación.
La censura de las costumbres sexuales de los pueblos prehispánicos se relacionó con la convicción cristiana de que aquello que se salía del código moral impuesto era impuro, es decir, estaba relacionado con la violencia y el caos. Cualquier impureza era un peligro para la cohesión y la seguridad de la comunidad. Los hijos ilegítimos eran hijos de la violencia. Los raptos, las violaciones, las desfloraciones, la sodomía constituían una permanente ocasión de desorden, provocaban pleitos, querellas y batallas, amenazaban, en suma, la paz cristiana.
La sustitución del politeísmo
Si el sacrificio y, fundamentalmente, el sacrificio humano, era el centro que le daba sentido a la vida y la muerte de las comunidades mesoamericanas, todo se vino abajo con su eliminación. Lo sustancial de estas cosmovisiones se perdió: se abandonó el calendario en el que se establecía la obligación de sacrificar y, con él, la idea del cosmos y el ordenamiento de las actividades económicas; se dejaron de repetir los mitos y leyendas de los antepasados que cohesionaban y explicaban los orígenes de la comunidad y lo que de ella se esperaba; se destruyeron los
templos, las imágenes y esculturas de los dioses en torno a las cuales se reunían las comunidades, así como las técnicas e instrumentos que los acompañaban. Los sacerdotes-guerreros, los amos o señores que dictaban las reglas, las autoridades que trasmitían las enseñanzas, que recogían y distribuían los tributos, murieron en la guerra, fueron asesinados u obligados a convertirse. Sin ellos, las posibilidades de estructurar la sociedad, de recordar las antiguas leyendas y seguir los códigos morales y jurídicos fueron muy escasas.
Si cada comunidad agrícola, si cada calpulli, había tenido como figura sagrada a un dios particular al cual sacrificaban y tributaban, éste fue sustituido por algún santo patrón de la iglesia cristiana. En las iglesias — ahora espacios cerrados construidos conforme con una arquitectura europea –, de acuerdo con el nuevo calendario y la nueva liturgia, se establecieron los días de realización, de continua repetición de los sacrificios cristianos: las misas dominicales, las de los santos o auxiliares de Dios, las de honra a la virgen María, la gran intercesora entre Dios y los hombres.
Para darles una propia identidad, los sitios donde se asentaban las comunidades indígenas fueron antecedidos con el nombre del santo patrón o de la advocación de la virgen. En la Biblia, en los Textos sagrados y las hagiografías, pletóricas de relatos sobre los autosacrificios de los mártires, se encontraron los nuevos mitos o relatos de la fundación y formación de las comunidades, aunque — como había sucedido en situaciones anteriores en el Viejo Mundo — estos fueron sometidos a nuevas interpretaciones y tuvieron que sufrir algunas adaptaciones o alteraciones para persuadir a la nueva población.
El cristianismo y su Iglesia tuvieron la capacidad de integrar todas las historias de los pueblos y todas las dimensiones imaginables de la realidad en una única historia: la historia de la salvación. Para los españoles, el presente, el pasado y el futuro de los pueblos mesoamericanos ya estaban narrados. Desde esa visión providencialista de la historia, desde el punto de vista de esa religión cuyo Dios era todopoderoso y no reclamaba sacrificios humanos, los cronistas relataron sus experiencias en las nuevas tierras. En esa historia lineal hacia la parusía, los pueblos mesoamericanos ocuparon el mismo lugar que los griegos y
romanos: el de haber sido proyectados por Dios para preparar el camino del reino universal de Cristo.
Por otra parte, el maniqueísmo, la radical separación entre el Bien y el Mal, asimilada por los cristianos a través de la obra de San Agustín, no admitió el fundamento cíclico de las cosmovisiones mesoamericanas, ni las ambivalencias de sus religiones. El pasado indígena quedaba del lado de la iglesia del Demonio y tendría que recorrer el camino de la conversión para acceder a la verdadera iglesia.
Al alabar a los esclavos, a los pacíficos, a los débiles y a los humildes y al premiarlos con la entrada al paraíso, el cristianismo realizó una inversión radical de los valores. Los guerreros, los poderosos y los acaudalados, que eran adorados por las comunidades prehispánicas, quedaron en entredicho. Entonces aparecieron otras autoridades a quienes los indios debían someterse. Además, a diferencia de los dioses mayores y menores que gobernaban a los pueblos mesoamericanos, el nuevo Dios, el Dios de los cristianos, doctrinalmente se presentó como omnipresente, omnipotente y omniabarcante.
A pesar de todo, la sustitución del politeísmo por el monoteísmo cristiano fue imperfecta. La poca disposición de los indígenas para domesticar a la Naturaleza a la manera europea, las transgresiones sexuales, el culto secreto a los ídolos, así como, la realización de uno que otro sacrificio humano en plena etapa colonial, son algunos indicadores de las dificultades para abandonar completa y radicalmente las antiguas cosmovisiones.
Bibliografía
Franz J. Hinkelammert, Sacrificios humanos y sociedad occidental: Lucifer y la bestia, Departamento Ecuménico de Investigaciones, Costa Rica, 1991.
Octavio Paz, “Voluntad de forma”, pp. 3-37, en México. Esplendores de treinta siglos, The Metropolitan Museum of Art, Nueva York, 1991.
John Holland Smith, The Death of Classical Paganism, Geoffrey Chapman, London: Dublin, 1976.
Juan de Torquemada, “Libro séptimo. De los veinte y un rituales y Monarquía Indiana”, vol. 3, pp. 133-183, en Monarquía Indiana, 7 vols, Instituto de
Investigaciones Históricas, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1975.

la Historia: en peligro. Un artículo de Annie Lacroix-Riz

Annie Lacroix-Riz es una historiadora francesa a la que tuve acceso hace unos años porque al buscar información sobre la película Amén, encontré un libro suyo sobre el papel del Vaticano en la Segunda Guerra Mundial, que por cierto tuvo muchos problemas para su publicación en Francia.
En este artículo plantea un panorama difícil para los estudiantes de Historia, en todos los niveles, debido a un nuevo “paradigma” en el que la Historia es cada vez más un tipo de trabajo alejado de lo que ha venido hasta poco tiempo atrás haciéndose desde tiempos lejanos para ir siendo una especie de estudio adjetivo variado en sus objetos pero no la inmersión hasta buscar el verdadero fondo de las estructuras que el historiador rastrea en los hechos y relatos del pasado.

L’Histoire en danger
Annie Lacroix-Riz
envoyer par mail
11 novembre 2010
Article en PDF : http://www.michelcollon.info/IMG/article_PDF/article_a2785.pdf
Les Sciences sociales se trouvent au cœur de l’offensive générale contre l’université, l’histoire en particulier, dont le statut a été étroitement associé à l’évolution politique de la France depuis le 19e siècle. Une dégradation considérable des contenus est intervenue en une vingtaine d’années, mesurable par l’évolution du contenu des manuels d’histoire dans tous les cycles de l’enseignement.

Elle a été facilitée par la droitisation de la profession, caractérisée par une soumission plus étroite de ses élites universitaires aux desiderata et pressions des milieux dirigeants, et d’une remise en cause, acceptée par les mêmes élites, revendiquée formellement par certaines d’entre elles, des méthodes classiques du travail historique : contestation de la priorité du recours aux archives originales, dénonciation du « positivisme » besogneux des ringards, promotion de l’histoire des « représentations » au détriment de la recherche de l’objet ou de la vérité historique ; dictature de certains thèmes ou sujets : « histoire du genre » directement importée des États-Unis, « histoire culturelle », « histoire des entreprises » (directement contrôlée par les élites privées et gouvernementales), chacune de ces spécialités tendant en l’occurrence à rompre toute attache avec l’histoire des classes sociales, etc.

Le contrôle des milieux dirigeants, assurément pas neuf, sur la recherche en histoire a été accru depuis les années 1990 : il s’est affiché dans les missions et commissions officielles confiées par divers gouvernements à des universitaires consensuels et médiatiques, et dans la création systématique de groupes institutionnels de recherche directement financés par des grands groupes (Banque de France, SEITA, RATP, banques, etc.) et plaçant en situation de dépendance financière donc scientifique les enseignants-chercheurs ou chercheurs y apportant leur contribution ou leur caution. C’est dans ce cadre conjoncturel que des spécialités historiques, devenues plus périlleuses que jamais pour les carrières et promotions, ont perdu toute attractivité. Entre autres liquidations, on a enregistré celle, spectaculaire, de l’histoire du mouvement ouvrier, dont l’essor, si modeste qu’il fût demeuré, avait accompagné l’existence d’un parti révolutionnaire important. On dispose là de l’exemple type, d’une part, du parallélisme entre la conjoncture politique et le statut de l’histoire, et, d’autre part, du lien direct entre la destruction (ou l’autodestruction) du PCF et les conditions objectives d’exercice du métier d’historien.

Le débat historique, élément organique du bon fonctionnement de la profession, a disparu au cours de la même période au profit de la publicité médiatique accordée à des « débats » dont tous les interlocuteurs sont d’accord sur l’essentiel : ce qui vaut pour la plupart des colloques « scientifiques » est symbolisé par les « Rendez-vous historiques de Blois » qui, chaque année en octobre, incarnent ce consensus distingué droite-gauche de gouvernement, sur tous les thèmes, de « l’Europe » à « l’argent ». Colloques et congrès réunissent sauf exception des scientifiques consensuels, dont la problématique exclut toute contestation des thèses dominantes. Le phénomène a été rendu systématique par les difficultés sans cesse aggravées du financement public et national de la recherche : la récente « réforme des universités » doit achever un processus qui l’a précédée. Le financement « européen » est donc venu renforcer les tendances strictement françaises : tout colloque « européen » n’a pu se tenir que dans un cadre idéologique défini, exclusivement « européiste ». La production historique associée porte désormais label officiel, recommandé par les autorités de la profession, via les bibliographies des concours de recrutement, idéologiquement unilatérales, parfois directement issues des « Presses » européennes de Bruxelles. Car les concours eux-mêmes, naguère caution de la qualité scientifique de l’histoire française, ont été investis, avec la complicité d’universitaires « européistes » et prosélytes, par le dithyrambe sur l’« union européenne » présentée comme un heureux impératif historique depuis l’après Première Guerre mondiale (question mise aux concours de 2007 à 2009). Les bibliographies y afférentes sont agréées par la revue corporative de l’APHG (Association des professeurs d’histoire et de géographie de l’enseignement public), Historiens et Géographes. L’histoire contemporaine s’est à peu près alignée sur l’école des Sciences Politiques et la revue L’histoire, bréviaire de l’anticommunisme et de l’antimarxisme ou de la pensée fureto-courtoisienne (Le livre noir du communisme) qui fait depuis des décennies des ravages du secondaire au supérieur.

Les manuels, dirigés par des universitaires acquis aux orientations en cours, se sont adaptés, sans résistance notoire, aux « programmes » sans cesse remaniés et appauvris par le ministère de l’éducation nationale. L’étude de la crise des années 1930 a été bannie de l’enseignement secondaire, entre autres suppressions chargées d’abolir toute connaissance et toute réflexion sur les systèmes économiques. Les divers manuels ont souscrit à la prescription de l’étude conjuguée des « totalitarismes », confondant dans une même leçon les régimes fascistes et le « régime stalinien ». L’APHG est allée en mars 2007 jusqu’à apporter sa caution officielle à la diffusion, organisée sous l’égide du ministère de l’éducation nationale, d’un long documentaire (100 mn) diffusé sur la chaîne M 6, culturelle entre tous, « Staline, le tyran rouge », insulte à l’intelligence des spectateurs et parangon du brouet qui est aujourd’hui servi à la population française en général et à sa jeunesse en particulier.

Les vingt dernières années, sous les gouvernements de « gauche » comme de droite, ont vu la part de l’histoire s’affaiblir dans l’enseignement secondaire, y compris dans le cycle long (trois heures en section scientifique des lycées au lieu de quatre). En section scientifique, celle qui forme ceux qui sont chargés d’organiser le travail des autres, l’histoire sera, dans le cadre de la « réforme des lycées », qui promet d’être aussi drastique que celle de l’université, transformée en option pur et simple, autrement dit supprimée. Ce qui la réduira au rôle qu’elle occupe aux États-Unis : la masse de la population est là-bas ainsi privée d’accès à la moindre connaissance historique, condition rêvée pour qu’histoire et propagande ne fassent qu’un.

La droitisation du corps, facilitée par la conjoncture politique française, par la sélection sociale grandissante (cf. infra) et par la disparition ou l’amoindrissement des contenus scientifiques, n’a cependant pas suffi à l’entreprise de liquidation. C’est donc la discipline, finalement toujours incontrôlable en dernière analyse, qui requiert intervention directe. En 2008, la nouvelle loi sur les archives, visant à remplacer celle de 1979, a donné prétexte à tentative « parlementaire » d’étendre les délais d’ouverture des fonds d’État (jusqu’à 75 ans au lieu de 30 ou 60) : le succès de l’entreprise aurait rendu impossible l’étude de l’histoire de la France au 20e siècle. Le « débat » s’est tenu sur fond de prescriptions législatives imposées aux enseignants et chercheurs sur la grande mission coloniale et civilisatrice française. La protestation de la profession, plus sensible à ce type d’assaut direct qu’aux attaques insidieuses de long terme, a contribué à l’abandon de certaines prétentions, mais le recul à cet égard ne saurait tromper.

La « réforme des universités », mitonnée à la sauce « européenne » déjà mentionnée, doit parfaire la mission liquidatrice. Tout y contribuera : l’« autonomie » des établissements ; la privatisation revendiquée des ressources, alors même que des fonds publics considérables sont affectés au « crédit recherche », forme de financement public sans contrôle de la grande production privée ; la dictature des présidences d’université sur les recrutements, sur les emplois du temps des personnels classés en « chercheurs » et « non-chercheurs » (offensive contre le décret de 1984 bloquée en 2009 : pour combien de temps ?), sur les carrières, sur le choix des options d’enseignement et de recherche, notamment via les financements ; la précarisation grandissante du corps des enseignants-chercheurs ; la « secondarisation » de la plupart des universités, réduites au premier cycle (avec fermeture des petits établissements et regroupements sur d’autres), excluant la recherche pour leurs personnels et son bénéfice pour les étudiants des premiers cycles du supérieur ; l’affaiblissement considérable, entamé depuis la « réforme [européenne] des LMD » (examinée plus loin), des « masters-recherche » liés à la double filière enseignement-recherche au profit des masters « professionnels » dont le « niveau » final (dit de M2, à bac + 5) exclura ses prétendus « bénéficiaires » de tout statut et de toute protection professionnels. Il y a six ans, l’offensive contre le statut de la fonction publique ou thatchérisation stricto sensu a été annoncée aux cénacles discrets des grandes écoles hérités des clubs synarchiques, notamment par Michel Pébereau, alors président de BNP Paribas, et Eric Woerth alors « secrétaire d’État chargé de la réforme de l’Etat », respectivement devant le « cercle des centraliens dirigeants » les 18 juin et 7 octobre 2004 » (Nos débats, n° 8, octobre 2004. La tempête en cours – la liquidation de fait et de droit du statut de la fonction publique de novembre 1946 y était décrite avec un grand luxe de détails, telle qu’elle se déroule actuellement, en l’absence de forte réaction syndicale jusqu’à présent. Elle aura, certes, des effets directs sur le niveau général des salaires français : tendant à liquider le socle du « salaire minimum vital » que le statut de 1946 a fondé, elle doit faciliter la fixation des salaires, secteur privé inclus, à des niveaux très bas. C’est la garantie statutaire accordée par le statut Thorez à des millions de fonctionnaires qui a conforté la situation de la totalité des salariés, ce que la propagande dissimule à ces derniers, avec un certain succès, depuis les origines.

Mais cet assaut contre les fonctionnaires ne concerne pas seulement les salaires, directs et indirects, des fonctionnaires et des non-fonctionnaires. Il heurte aussi de front l’indépendance des disciplines, histoire comprise (les sciences économiques, dont l’indépendance ou le sens critique ulcère le MEDEF, la philosophie, et tout le reste des sciences sociales font l’objet des mêmes tentatives de casse). La disparition du socle protecteur de 1946 a été à l’université (entendue au sens large de maîtresse des diplômes et grades) facilitée par la réduction des concours à une peau de chagrin. Cette réduction, progressive depuis les années 1980, sous les gouvernements de « gauche » et de droite, s’effectue désormais à un rythme drastique. Elle a été concomitante de la réforme « européenne » du « LMD » (licence, maîtrise, doctorat) de 2005, présentée sous un jour fort engageant, qui a dupé la majorité des universitaires. Elle devait assurer un « niveau » de formation théoriquement accru mais qui ne serait sanctionné ni par un concours ni par le statut y afférent : la durée des études a été élevée d’un ou deux ans, mais aucune garantie supplémentaire ne sanctionnera cette élévation. Le contenu scientifique des études a été par ailleurs affaibli par mainte « réforme », notamment par la « semestrialisation » des cours, naguère annuels, prétexte à réduire le contenu scientifique des enseignements. La « réforme » en cours depuis 2008-2009 réservera les concours à une minorité sociologique encore plus étroite qu’actuellement : une bonne moitié des étudiants est constituée de salariés, déjà fortement brimés dans l’avancement de leurs études, puisqu’il leur faut en moyenne deux fois plus de temps qu’à leurs camarades non salariés pour « boucler » leurs études. Ils vont être, dans ce domaine aussi, doublement frappés par la « réforme » des retraites : qui pourra attendre l’âge de 30 ans ou davantage pour accéder à la carrière enseignante (et à la capacité à cotisation) ?

La promesse de « revalorisation » des carrières du secondaire – agréée pendant plusieurs années par le syndicalisme naguère combatif (c’est à dire la FSU, et pas seulement le syndicalisme officiellement compréhensif du style CFDT ou UNSA) – va se transformer, vu la restriction du recrutement des fonctionnaires, en généralisation des personnels précaires dans le secondaire. Sans parler des effets de la loi « mobilité » d’août 2009, qui permettra de licencier ceux qui auront conservé le bénéfice du statut dans le cas, massivement programmé par dizaines de milliers par an, de suppression des postes de titulaires (au bout, vite atteint, de trois refus). Appelés à devenir majoritaires dans les effectifs, contraints à des horaires remis au bon vouloir des chefs d’établissement – la gauche de gouvernement est en plein accord de fait avec la droite sur les « 35 heures » minimales de présence à l’école , ces nouveaux et jeunes personnels seront mis dans l’impossibilité de faire de la recherche – alors que le secondaire a été depuis le 19e siècle un vivier de la recherche historique (ou littéraire) en France.

La liquidation du CNRS, qui complète les multiples mesures contre la recherche prises à l’université même, doit parfaire la mission. Réduits à une situation précaire, soumis à leurs chefs d’établissement, contraints à passer des contrats de recherche brefs et limités aux objectifs fixés par les institutions (présidences d’université et autres responsables de la recherche en France), les historiens seront privés du minimum d’indépendance intellectuelle et économique que leur ont assuré les garanties acquises après la Libération. C’est dire que le sauvetage de l’héritage de la Libération, et notamment du statut de la fonction publique Maurice Thorez, n’est pas moins important pour l’avenir de la science française en général, de l’histoire en particulier, que pour les conditions de vie et de travail de l’ensemble des personnels de l’enseignement et de la recherche. Le sort de l’histoire en France, discipline dont le caractère décisif est lié à son insertion dans le débat politique national depuis les lendemains de la révolution française, dépend directement des réponses politiques qui seront données à la crise systémique. Toute réflexion sur les solutions à envisager impose d’examiner avec lucidité le bilan catastrophique qu’ont accumulé en la matière la droite actuellement aux affaires et la « gauche » qui a sans répit alterné avec elle depuis 1981.

(On trouvera des détails sur les questions ici abordées dans mon ouvrage L’histoire contemporaine sous influence, Pantin, Le temps des cerises, 2004, 145 p., tirage 2010, et sur mon site, http://www.historiographie.info/, rubrique travaux)

sobre el mito en la Historia


Nos parece un interesantísimo tema para la crítica filosófico materialista en torno a la relación de la Historia con el Mito lo que se plantea en esta nota periodística publicada por el diario mexicano El Universal sobre cuestiones históricas que implican los hechos que llevaron a México a la Independencia en los primeros años del siglo XIX y cuyo Centenario se celebrará a bombo y platillo en este año 2010. Uno de los puntos , el 10, de esta nota, me parece de especial interés, a saber: … es un mito pensar que somos una nación independiente, referida a México, suscita importantes interrogantes que sería conveniente someter a la criba filosófico-materialista.Temática que podemos perfectamente incluir en el área de Filosofía de la Historia

TEXTO fuente http://mx.news.yahoo.com/s/12092010/89/nacional-10-grandes-mitos-independencia.html

Los 10 grandes mitos de la Independencia
domingo 12 de septiembre, 03:05 PM
MÉXICO, DF, septiembre 12 (EL UNIVERSAL).- La historia de México está llena de relatos que si bien están en los libros, algunos de ellos llegaron ahí sin alguna comprobación.

La Escuela Nacional de Antropología e Historia realiza el Congreso “Historia Crítica frente a la Historia Reverencial”, una ponencia de diversos intelectuales en donde se debatirán los mitos que giran alrededor de la historia

El profesor Alejandro Torres Huitrón, titular de dicho congreso y especialista en historia del siglo XIX por la ENAH, enumera los 10 mitos más relevantes sobre la Independencia de México.

1.- El grito de independencia se realizó la madrugada del 16 de septiembre, no así la madrugada del 15 como se acostumbra

2.- Miguel Hidalgo estuvo muy cerca de tomar la ciudad de México después de la batalla del Monte de las Cruces

3.- No existió una depresión en la economía americana en el siglo XIX que provocara la
Independencia de México.

4.- No existió un movimiento ilustrado original en la Nueva España que alentara la Independencia

5.- La figura de “El Pipila” es difundida ampliamente en la tradición mexicana, mas no existen registros sobre su relación con el movimiento insurgente

6.- La guerra de Independencia no fue una revolución como se cree sino una contrarrevolución de las élites coloniales

7.- Contrario a lo que se cree de Agustín de Iturbide por sus ambiciones, el insurgente jugó uno de los papeles más importantes, sino es que el más importante en el proceso de Independencia, que iba más allá de la batalla

8- Es un mito decir que después de 1821 nació una nueva nación pues más bien se utilizó el
corte administrativo heredado de los españoles borbónicos, el cual conjuntaba regiones
poblacionales mucho más heterogéneas que homogéneas

9- El 27 de septiembre de 1821 Guerrero e Iturbide no desfilaron juntos, pues éste último
marchaba en la retaguardia

10.- El historiador ha puntualizado que es un mito pensar que somos una nación independiente.