Vargas Llosa desde la perspectiva crítico literaria de Inger Enkvist


CUBA Y FIDEL CASTRO
FUERON DECISIVOS EN EL DESARROLLO
DEL PENSAMIENTO DE VARGAS LLOSA
fuente http://www.hispanocubana.org/revistahc/pdf/REVISTA_HC_17.pdf
Inger Enkvist
Vargas Llosa conquistó la atención del mundo intelectual internacional
como uno de los novelistas del boom literario latinoamericano,
junto con Cortázar, Carpentier, Onetti, Fuentes, García
Márquez, Donoso y Roa Bastos. Ahora el boom ya pertenece al pasado,
pero Vargas Llosa ha seguido adelante y sin abandonar la literatura
se ha convertido en algo más que uno de los novelistas del boom, y
que conste que ser uno de ellos no es poco. Este artículo trazará el
camino de Vargas Llosa hacia unas posiciones cada vez más independientes
en el campo intelectual y personal hasta llegar a la posición
excepcional de la que goza en estos momentos como ensayista,
además de novelista. Cuba y Fidel Castro han tenido un papel decisivo
en ese desarrollo.
Por otra parte, la vida y obra de Vargas Llosa se presta como ejemplo,
como exemplum, para rechazar dos tesis muy en boga actualmente.
La primera dice: que el ser humano nace dentro de cierto ámbito cultural
y debe seguir adherido a las ideas del grupo: el multiculturalismo.
La segunda dice que los traumas sufridos en la infancia convertirán
al ser humano en una víctima de esas experiencias: el “victimismo”,
una mezcla de sociología y psicoanálisis. Vargas Llosa es, por el contrario,
ejemplo de lo que pueden el talento, la voluntad y el esfuerzo.
El fervor revolucionario de los años 60
Los comienzos de Vargas Llosa son similares a los de varios otros
escritores del boom: estudios universitarios, viajes en su propio país,
estancia en París y descubrimiento de un ámbito culturalmente muy
estimulante. Después de la experiencia de un colegio militar del cual
nos ha descrito la crueldad y la hipocresía en La Ciudad y los perros
(1963), y la experiencia de vivir bajo una dictadura militar, la de Odría,
trasfondo de Conversación en la Catedral (1969), el joven Vargas Llosa,
como tantos jóvenes latinoamericanos, sueña con un mundo mejor
y decide que su aportación se hará a través de la literatura.
Retrospectivamente se puede ver que el discurso
“La literatura es fuego”, pronunciado en 1967,
contiene muchos de los temas que acompañarán
a Vargas Llosa. Como es tradicional en
Latinoamérica, Vargas Llosa quiere para el escritor
un papel relevante en la transformación social:
“Nuestra vocación ha hecho de nosotros, los escritores,
los profesionales del descontento, los
perturbadores conscientes o inconscientes de la
sociedad, los rebeldes con causa, los insurrectos
irredentos del mundo, los insoportables abogados
del diablo” (Contra viento y marea I
1983:132).
Sería difícil exagerar la ilusión que despertó
la revolución cubana. Vargas Llosa estaba en París en los años 60, y
él y el nutrido grupo de intelectuales y escritores latinoamericanos sintieron
la euforia de experimentar la sensación de que podrían cambiar
el mundo. Durante años organizaron actos, firmaron declaraciones
de apoyo, viajaron a Cuba y publicaron libros y revistas de apoyo a
la revolución cubana.
Los años 60 y el comienzo de los años 70 son también los años
en que Soljenitzin y otros abren los ojos del público occidental sobre
la opresión y el enorme número de presos políticos en la Unión Soviética.
También de Cuba empiezan a llegar noticias alarmantes. En sus contactos
con los escritores extranjeros, los escritores cubanos empiezan
a hablar de coacción, de detenciones y de presos políticos. Empiezan
a aparecer libros que denuncian la omnipresencia y omnipotencia de
Castro en todos los sectores de la vida cubana. En esta situación, los
intelectuales latinoamericanos y entre ellos los escritores que viven en
París, adoptan dos posiciones diferentes. La mayoría decide apoyar
a Castro, haga lo que haga. Castro representa para ellos la ilusión de
otra América Latina y también de una revolución limpia, en una situación
en la que es cada vez más difícil negar la enorme violencia que
han supuesto tanto el comunismo ruso como el chino. La otra postura
consiste en preguntarse si la revolución cubana responde a las
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Inger Enkvist
“Como es
tradicional en
Latinoamérica,
Vargas Llosa
quiere para el
escritor un papel
relevante en la
transformación
social.”
expectativas que despertó, y ése es el camino que elige Vargas Llosa.
En 1968, la Unión Soviética invade Checoslovaquia para ahogar la
“primavera de Praga”, el intento de crear un socialismo con rostro
humano. Vargas Llosa publica el artículo “El socialismo y los tanques”.
Enseguida se convierte en el blanco de los ataques de los intelectuales
que han elegido la otra postura y que consideran a Vargas Llosa
como un traidor. El ataque es claramente político y no intelectual,
ya que no se discuten diferentes alternativas o interpretaciones, sino
que el lema es “quien no está con nosotros está contra nosotros”. El
artículo termina con una observación sobre el apoyo de Castro a la
invasión:
“A muchos amigos sinceros de la revolución cubana las palabras
de Fidel nos han parecido tan incomprensibles y tan injustas
como el ruido de los tanques que entraban a Praga” (Contra
viento y marea I 160-163).
En 1971 se ahonda la escisión entre Vargas Llosa y el grupo mayoritario
de los intelectuales latinoamericanos como consecuencia del
“caso Padilla”. Padilla era un poeta cubano acusado de ser un agente
de la CIA, cuya “autoinculpación” pública recuerda los tristemente
famosos juicios de Moscú bajo Stalin. Padilla se convirtió en el símbolo
de la figura del preso político en Cuba, el símbolo de que Cuba
no era mejor que otros países comunistas y que Cuba no era el paraíso
que muchos intelectuales querían ver. Un amplio grupo de escritores
firmó una carta pública muy breve a Fidel Castro. Por la importancia
que iba a tener esa carta en la vida de Vargas Llosa, vale la pena
reproducirla enteramente:
Creemos un deber comunicarle nuestra vergüenza y nuestra
cólera. El lastimoso texto de la confesión que ha firmado
Heberto Padilla sólo puede haberse obtenido mediante métodos
que son la negación de la legalidad y la justicia revolucionarias.
El contenido y la forma de dicha confesión, con sus acusaciones
absurdas y afirmaciones delirantes, así como el acto celebrado
en la UNEAC en el cual el propio Padilla y los compañeros Belkis
Cuza, Díaz Martínez, César López y Pablo Armando se sometieron
a una penosa mascarada de autocrítica, recuerda los momentos
más sórdidos de la época del estalinismo, sus juicios prefabricados
y sus cacerías de brujas. Con la misma vehemencia con
El pensamiento de Vargas Llosa
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que hemos defendido desde el primer día la revolución cubana,
que nos parecía ejemplar en su respeto al ser humano y en su lucha
por su liberación, lo exhortamos a evitar a Cuba el oscurantismo
dogmático, la xenofobia cultural y el sistema represivo que impuso
el estalinismo en los países socialistas, y del que fueron manifestaciones
flagrantes sucesos similares a los que están ocurriendo
en Cuba. El desprecio a la dignidad humana que supone forzar
a un hombre a acusarse ridículamente de las peores traiciones y
vilezas no nos alarma por tratarse de un escritor, sino porque cualquier
compañero cubano —campesino, obrero, técnico o intelectual—
pueda ser también víctima de una violencia y una humillación
parecidas. Quisiéramos que la revolución cubana volviera
a ser lo que en un momento nos hizo considerarla como un modelo
dentro del socialismo (Contra viento y marea I: 166-168).
Vargas Llosa escribe una carta a Haydée Santamaría, también publicada,
en la que dice entre otras cosas:
Le presento mi renuncia al Comité de la revista de la Casa
de las Américas, al que pertenezco desde 1965, y le comunico mi
decisión de no ir a Cuba a dictar un curso, en enero, como le
prometí durante mi último viaje a La Habana. Comprenderá que
es lo único que puedo hacer luego del discurso de Fidel fustigando
a los “escritores latinoamericanos que viven en Europa”,
a quienes nos ha prohibido la entrada a Cuba “por tiempo indefinido
e infinito”. ¿Tanto le ha irritado nuestra carta pidiéndole
que esclareciera la situación de Heberto Padilla? Cómo han cambiado
los tiempos: recuerdo muy bien esa noche que pasamos
con él, hace cuatro años, y en la que admitió de buena gana las
observaciones y las críticas que le hicimos un grupo de esos “intelectuales
extranjeros” a los que ahora llama “canallas”./…/
Sé que esta carta me puede acarrear invectivas: no serán peores
que las que he merecido de la reacción por defender a Cuba
(Contra viento y marea I: 164-165).
Es interesante comparar la situación de Vargas Llosa con la que
describe el búlgaro-francés Todorov cuando habla de los países de Europa
oriental bajo el comunismo. Dice que el totalitarismo convierte a todos
en cómplices porque todos se controlan a sí mismos. Cuando los ciudadanos
de estos países después dicen haber sido todos víctimas es
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Inger Enkvist
una verdad a medias, porque saben que hubo unos cuantos que sí se
atrevieron a decir la verdad, con lo cual los otros tuvieron que compararse
con los valientes y reconocer su cobardía. El totalitarismo no
necesita que todos estén de acuerdo con las tesis oficiales; sólo necesita
que nadie se
oponga. Todorov
constata que la verdad
es la primera
víctima en una dictadura
y que lo
típico del totalitarismo
coincide con
lo que se ha llamado
el relativismo
cultural, la idea que
la verdad no existe
y que todo depende
del ángulo según el
cual se mire. Esta
postura es la ideal para una dictadura; el punto de vista que vale es
el del grupo que detiene el poder, y si a éste le conviene cambiar “la
verdad”, esta nueva postura simplemente se presenta como la nueva
verdad (Las morales de la historia 1993).
Las observaciones de Todorov nos ayudan a entender la furia de
los ataques contra Vargas Llosa. Ha dicho en voz alta lo que muchos
han visto sin atreverse a decirlo. Confronta a los intelectuales con su
propia cobardía. En vez de discutir el contenido de los artículos, muchos
comentaristas intentan descalificar a Vargas Llosa: siempre había sido
un pequeño burgués; su apoyo a la revolución no había sido tal; sus
declaraciones de apoyo a la revolución habían sido muy generales; más
que compromiso político había en él una actitud juvenil; antes había
tenido una actitud “correcta” pero que ahora se había vuelto reaccionario;
en suma, había sido más novedoso literariamente que en sus declaraciones
políticas. Prácticamente nadie discutió la invasión de
Checoslovaquia o los presos políticos en Cuba. En este debate sobre
la pureza ideológica de los escritores, se le hizo un juicio a Vargas Llosa
pero no a los otros representantes del boom que se habían callado, como
Cortázar o Carpentier, o que adulan a Castro, como García Márquez.
Vargas Llosa ha comentado que las continuas descalificaciones,
que todavía no han terminado, han sido duras pero que nunca se ha
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Vargas Llosa y su mujer visitan la tumba de Marx
arrepentido de su crítica a Castro. Al revés, se ha sentido más libre.
Como dijo en la carta a Haydée Santa María, sabe desde entonces que
le van a criticar haga lo que haga, y, siendo las cosas así, prefiere estar
en paz con su conciencia. Elegido presidente del PEN Club internacional
en 1976, sigue de cerca el desarrollo en cuanto a la libertad de expresión
en el mundo entero.
El papel del intelectual
Desde su juventud, Vargas Llosa compagina la literatura con el
periodismo. Releyendo hoy sus artículos de los años 70 y 80, se nota
que hay un hilo conductor en ellos que es la defensa de la democracia
y el no al dogmatismo. Como acabamos de ver, ha tenido razones
personales para ocuparse particularmente del papel del intelectual
en el debate público. Un ejemplo es su denuncia de una
declaración de Günter Grass en 1984 en la que éste sostiene que los
países latinoamericanos no resolverán nunca sus problemas si no adoptan
el modelo cubano. Vargas Llosa reacciona contra la doble moral
y la admiración por la violencia revolucionaria que se dan en bastantes
intelectuales occidentales que personalmente viven en libertad y democracia
en Occidente pero aceptan dictaduras para América Latina.
Cuando los latinoamericanos quieren romper el ciclo de dictaduras
de derechas y de izquierdas para abrazar la democracia se encuentran
con “la incomprensión —para no decir el desprecio— de aquellos a
quienes tienen por modelos y a quienes creen sus aliados“ (El País
4.3.1984).
En un discurso en el PEN Club de Nueva York en 1986, Vargas
Llosa afirmó que el discurso de las izquierdas se cortocircuita porque
se juzga de forma diferente el mismo fenómeno dependiendo del país.
“Todo lo que es imposible en Europa se proyecta hacia América Latina,
el reino de lo exótico y de lo misterioso donde cualquier fantasía puede
realizarse. Orientar la política según esos estereotipos puede causar
un daño tremendo. El apocalipsis está bien en el terreno artístico y
en la creación literaria. Llenar de sangre la literatura no hace daño a
nadie. Pero hay que erradicarla de la política, porque ya ha causado
demasiados muertos y suficiente sufrimiento” (Cambio 16 4.8.86).
En la misma ocasión califica a García Márquez de cortesano de Fidel
Castro, lo cual lleva a que Grass exija, a través de la prensa, que Vargas
Llosa exprese sus disculpas a García Márquez, algo que no hará.
En 1987, Vargas Llosa hizo unas declaraciones en una reunión
de la Comisión trilateral que los periodistas bautizaron “la declaración
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Inger Enkvist
de San Francisco de Vargas Llosa”. Dijo como en otras ocasiones que
muchos demócratas, liberales y progresistas en los países occidentales
defienden la democracia para sus países pero defienden soluciones
de tipo totalitario para el Tercer Mundo. “A mí me parece fundamental
la defensa del juego democrático. La defensa de unas reglas
de juego en las cuales se acepta el pluralismo, soluciones políticas de
consenso, libertad de crítica al poder” (Cambio
16 16.4.1987). En esta actitud Vargas Llosa ve
una conducta entre hipócrita y paternalista, que
se podría llamar también un tipo de racismo no
suficientemente denunciado. En el congreso de
intelectuales en Valencia, conmemoración del
congreso celebrado en 1937, Vargas Llosa volvió
al tema declarando que en política la línea
divisoria se encuentra entre la democracia y la
dictadura, no entre dictaduras de signo diferente.
En un debate en El País con Mario
Benedetti, Vargas Llosa menciona al intelectual
latinoamericano como un factor importante del
subdesarrollo político en Latinoamérica. Le
consta que un creador puede ser innovador en
la literatura y dogmático ideológicamente. Subraya que su crítica no
es que los intelectuales sirvan a cierto partido sino que no piensen por
sí mismos. “Muchos intelectuales latinoamericanos han renunciado
a las ideas y a la originalidad riesgosa y por eso entre nosotros el debate
político suele ser tan pobre: invectiva y clisé.” Cree que pueden haber
dos razones para ello: una sería el miedo a disminuir la eficacia política
si se introdujesen matices y la otra el miedo al ostracismo (El País
14.6,1984;15.6.1984).
Un campo en el que sí brillan los intelectuales latinoamericanos,
cree, es el campo de la satanización del enemigo político, la tergiversación
de las intenciones del otro. Si alguien por ejemplo no apoya a
Castro, se le adscribe automáticamente una adhesión al ideal de una
dictadura de derecha. “Las invectivas son, desde luego, lo de menos.
Lo de más es la sensación de hallarse continuamente en una posición
absurda, arrastrado a un debate empobrecedor, a un pugilismo intelectual
de cloaca. Eso es lo que ocurre cuando uno intenta hablar del
problema de la libertad de expresión y le preguntan cuánto gana, por
qué escribe en tal periódico y no en el otro y si sabía quién financió el
congreso en el que participó.” Los periodistas no intentan demostrar
El pensamiento de Vargas Llosa
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“El apocalipsis está
bien en el terreno
artístico y en la
creación literaria.
Llenar de sangre la
literatura no hace
daño a nadie.
Pero hay que
erradicarla de
la política.”
nada sino denigrar al otro, porque entienden la política más como
un “acto de fe” que como un “quehacer racional”: “Por ello no quieren
convencer o refutar al adversario sino descalificarlo moralmente,
para que todo lo que salga de su boca —de su pluma—, por venir de
un réprobo, sea reprobable, indigno incluso de refutación” (El País).
Literatura, debate público y política peruana
Durante unos veinte años, Vargas Llosa siguió escribiendo
novelas y teatro, crónicas periodísticas, viajando y acumulando
experiencias. Llegó a ser reconocido como uno de los escritores más
importantes del momento, pero en las entrevistas, los periodistas solían
tocar casi más la política que la literatura, quizá porque no siempre
habían leído la obra que era objeto de la entrevista y en cambio tenían
opiniones sobre la política mundial. Vargas Llosa aprendió a saberse
vigilado en cada instante y a no pronunciarse nunca a la ligera, porque
cualquier declaración suya podía convertirse en grandes titulares.
Se convirtió en el peruano más conocido mundialmente, compartiendo
esta distinción en una época con el ahora ex secretario general
de la ONU, Pérez de Cuéllar. Vargas Llosa rechazó las ofertas de convertirse
en embajador o ministro y sólo aceptó formar parte de la comisión
de investigación sobre el asesinato de ocho periodistas en
Uchuraccay en los Andes en 1983 (Contra vientos y marea III 1990:
85-226). También en esta ocasión tuvo que aguantar una serie de ataques
que cuestionaban su voluntad de objetividad.
En 1985 publicó un largo reportaje sobre Nicaragua y el sandinismo.
Por el respeto que se le tiene y su credibilidad como disidente,
Vargas Llosa ha tenido acceso a todos los ambientes y a todas las personalidades
importantes. Sus conocimientos y su dominio del idioma
le permiten captar todos los matices y expresar todas las contradicciones
y complejidades. Hasta en la lejana Suecia, dos periodistas diferentes
expresan su admiración por el escritor y creen que este reportaje
es el “no va más”, que Vargas Llosa ha escrito el reportaje con el
que sueñan todos los periodistas. Y, además, claro, poder publicar el
resultado en el New York Times (Tempus 25.6.1987; Svenska Dagbladet
5.5.1985).
En 1987, el presidente aprista del Perú, Alan García, anunció
que iba a nacionalizar el sistema financiero peruano. Vargas Llosa publicó
el artículo “Hacia un Perú totalitario” en El Comercio el 2 de agosto
de 1987, y al día siguiente pronunció su primer discurso político en
la plaza San Martín, en Lima. Presionado por amigos y allegados fundó
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el Movimiento Libertad. En 1989 anunció su candidatura a la presidencia
por el Frente Democrático, una coalición de centro-derecha.
En 1990 fue derrotado en la segunda vuelta por Alberto Fujimori después
de una campaña durante la cual se menciona la existencia de una
“oficina de odio” que coordinaba la publicidad contra él.
En su propio relato de estas experiencias,
El pez en el agua, de 1993, cuenta que un factor
que le llevó a implicarse en la política fue
el ver cómo se venía abajo Perú. Treinta años
de nacionalizaciones habían terminado con el
superávit que solían producir la agricultura, la
pesca, las minas y la extracción de petróleo, y
un país potencialmente rico como Perú se había
convertido en uno de los más pobres de
América Latina. Su mujer Patricia le advirtió
desde el principio que, en un país como
Perú, “meterse en política” suponía un verdadero
peligro. Así fue. Vargas Llosa enumera los
intentos de asesinato, las bombas, las piedras,
además de las llamadas anónimas amenazantes de que fueron víctimas
él y su familia durante sus tres años en la política peruana.
Su asesor político cree que se cometieron varios errores graves
en esa campaña. Vargas Llosa no debería haberse aliado con políticos
ya gastados y asociados con las capas privilegiadas como eran
Belaúnde y Bedoya. Vargas Llosa se rodeó de familiares enérgicos y
bienintencionados pero todos ellos más o menos rubios y “blanquitos”,
lo cual no pudo menos de ser contraproducente en un país de
una extrema desconfianza entre diferentes grupos sociales y étnicos.
Vargas Llosa subestimó la fuerza de las costumbres políticas del clientelismo
en un país como el Perú. La gente ve la política como una
manera de prosperar personalmente, no como un debate de ideas.
Además, el estilo intelectual que gusta a Vargas Llosa no fue el más
indicado para ganarse las masas en un país de bajo nivel cultural (Granta
1991).
El pez en el agua es un relato personal, apasionado, de defensa,
además de una reflexión. Sorprende un poco la enumeración de contratiempos
y traiciones de personajes de quizá poca monta a largo plazo.
El lector se lleva la impresión de que el autor se ha sentido realmente
mal tratado por casi todo el mundo y ahora da rienda suelta a su frustración.
Obviamente, ha sido una experiencia profunda en todos los
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“Vargas Llosa volvió
al tema declarando
que en política
la línea divisoria
se encuentra entre
la democracia y
la dictadura,
no entre dictaduras
de signo diferente.”
sentidos. Entre las reacciones peruanas al libro destacan quienes dicen
que el libro les muestra a los peruanos cómo funciona la política en
su país y que constituye una lectura importante pero amarga. Otros
comentaristas creen que el autor despotrica contra todo y todos para
liberarse de sus “demonios personales” después de su sonado fracaso
como político. Al verle tan emocional, algunos dicen más o menos:
“de lo que nos libramos”. La relación de Vargas Llosa con Perú sigue
siendo tensa. El haber aceptado el novelista una ciudadanía doble española
y peruana ha disgustado a algunos, aunque hay muchos otros
peruanos en esa misma situación. Sus enemigos políticos dicen, como
mínimo, que es “polémico” o “controvertido”. Entre otras cosas, su
crítica contra creencias antiguas de origen prehispánico disgustan a
los nacionalistas y a los multiculturalistas. La política peruana y Fujimori
siguen siendo los temas en los que Vargas Llosa no siempre muestra
su famosa ecuanimidad.
Poco después de haber abandonado la vida política peruana, en
1990, Vargas Llosa armó un revuelo en un congreso en México, declarando
que el PRI era la dictadura perfecta. Lo que quería decir era
que el partido mexicano que había gobernado tanto tiempo poseía
todos los mecanismos de una dictadura para guardar el poder sin tener
que aguantar el oprobio oficial de no ser democrático. Al encontrarse
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Inger Enkvist
Vargas Llosa junto a García Márquez en una foto de grupo
el poder en las manos de un partido y no de una persona, la dictadura
era menos visible. Lógicamente, entre los intelectuales cayó mal
la descripción de Vargas Llosa del típico intelectual mexicano, comprado
con honores, nombramientos y becas.
El novelista volvió a la actualidad política latinoamericana con
La Fiesta del Chivo (2000) que le ha supuesto nuevas amenazas, esta
vez en la República Dominicana. Vargas Llosa tuvo que acudir con
guardaespaldas a los debates que acompañaron la presentación de su
libro. Sigue habiendo trujillistas, y, además, también a los no trujillistas
puede causarles malestar el atraer demasiado la atención
nacional o internacional sobre ese periodo de la historia dominicana
(El País 28/4/2000).
La forja de un espíritu independiente
En líneas generales, la vida de Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú,
1936) es conocida por las personas que han seguido su evolución y
por eso sólo se van a repasar unos datos especialmente importantes
para explicar su desarrollo. Sufrió varios traumas de infancia y juventud.
El primero fue que sus padres se separaron antes de que conociera
el joven Mario a su padre; su madre le dijo que el padre había
muerto, pero cuando Mario tiene más o menos diez años, reaparece
el padre quien quiere retomar la convivencia con su esposa y empieza
a criticar la educación de su hijo. Para hacer de él un “hombre” lo matricula
en el colegio militar Leoncio Prado. Retrospectivamente, nos podemos
preguntar si no hay aquí dos elementos claves para explicar la
futura independencia de Vargas Llosa. El haber vivido una niñez feliz
puede dar una seguridad psicológica básica que ayuda a soportar el
ser blanco de ataques. La experiencia de haber tenido que convivir
con un padre autoritario y de sobrellevar el ambiente del colegio militar
le puede haber mostrado lo que es sufrir situaciones penosas. Además,
no sólo aprendió a sufrir sino también a sobreponerse al sufrimiento.
Como escuela para un futuro escritor, el colegio militar fue una
cantera de experiencias. El escritor aprendió, a un precio muy alto,
lo que es la presión del grupo, las diferencias sociales, la hipocresía y
la injusticia. Más tarde, en la Universidad de San Marcos, aprendió
a conocer desde dentro el ambiente de la izquierda latinoamericana,
siendo un tiempo miembro de una célula comunista. También
ayudó a forjar al futuro pensador independiente el matrimonio, a la
edad de diecinueve años, con Julia, una señora de treinta y tres años
de edad, que había estado casada con un tío suyo. El atreverse a ir en
El pensamiento de Vargas Llosa
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contra de la voluntad de su familia y tener que ganar dinero para dos,
estudiar y convertirse en escritor, todo esto a la vez y sin ayuda, también
fue toda una educación de independencia y de esfuerzo. En total,
Perú le brindó a Vargas Llosa una clase magistral de la “condición
humana”.
Lo que Europa le dio fue el estímulo y la tranquilidad para dedicarse
al trabajo intelectual. Leyó vorazmente y de todo, conoció a intelectuales
de diferentes países, aprendió el rigor
de la investigación escribiendo una tesis sobre
García Márquez, terminó su primera gran
novela —pero a costa de trabajar día y noche.
Este enorme esfuerzo, la acumulación rápida y
masiva de conocimientos, más la adquisición y
el perfeccionamiento de técnicas intelectuales
tanto en el campo del pensamiento como de la
expresión convierte a Vargas Llosa en alguien que
“juega en una liga diferente de los demás”.
Además, no deja de desarrollarse. Vargas Llosa
profesa un gran interés por todo lo que pasa a
su alrededor, es voraz lector de periódicos y los
puede leer también en inglés, francés y alemán.
En sus viajes visita a personalidades muy diferentes,
y sus lecturas incluyen a economistas, filósofos
y un largo etcétera. Es difícil no relacionar esta amplitud de lecturas
con su independencia frente a las modas intelectuales del día.
Como crítico literario, Vargas Llosa es una persona respetada y
citada, un miembro natural de la comunidad universitaria tanto en
Europa como en los Estados Unidos y no sólo un objeto de estudio.
Tiene publicada su tesis doctoral sobre García Márquez, Historia de
un deicidio (1971), un libro sobre Flaubert, La orgía perpetua (1975)
y otro sobre Arguedas, La utopía arcaica (1996) además de varias colecciones
de ensayos literarios. Hasta la fecha, nadie ha publicado un estudio
más profundo sobre la obra de García Márquez. Además, también
como crítico es valiente. En su obra sobre Arguedas, Vargas Llosa
ha osado mostrar que la visión del mundo de alguien tan admirado
en Perú como Arguedas tiene aspectos cuestionables. Como era de
esperar, Vargas Llosa ha sido duramente atacado también a causa de
este libro. Su posición como crítico, sin ir más lejos, también le coloca
en una situación diferente de los otros escritores del boom.
Durante los últimos veinte años, el postmodernismo ha acaparado
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Inger Enkvist
“En los artículos
periodísticos,
Vargas Llosa es la
racionalidad
misma, y los
lectores a quienes
no gusta, muchas
veces lo ven como
demasiado
racional.”
el interés crítico con sus relatos fragmentados, los yoes dispersos y la
violencia. Muchos textos se han vuelto tan ensimismados que el público
lector no los entiende. La experimentación de Vargas Llosa ha sido,
otra vez, diferente: se ha divertido ejercitándose en géneros nuevos
para él como la historia detectivesca en ¿Quién mató a Palomino Molero?
(1986), la novela erótica en Elogio de la madrastra (1988), el periodismo
en Lituma en los Andes (1993) y un género entre lo erótico y
lo estético en Los cuadernos de don Rigoberto (1996) antes de volver
a una novela política como las de su primera etapa con La Fiesta del
Chivo, esta vez con un toque feminista.
La posición actual de Vargas Llosa en el debate público
La excepcionalidad de la posición lograda por Vargas Llosa se ve
claramente en sus colaboraciones en la página de debate de El País.
Primero porque de todas las firmas, él es quien más artículos publica,
un artículo cada dos semanas. Además publica bajo una rúbrica especial,
“Piedra de toque”, lo cual significa que los artículos de Vargas
Llosa funcionan casi como una “columna”. (“Piedra de toque” fue también
la rúbrica bajo la que publicó sus crónicas en Cambio 16 durante
muchos años hasta que desapareció esa revista.) Es más regla que excepción
que sus artículos sean largos y también ocupen parte del espacio
de la segunda página. Estas colaboraciones suelen publicarse los
domingos, lo cual quiere decir que el periódico cree que atraen lectores.
Finalmente, bajo el nombre del autor se repite cada vez que El
País se reserva los derechos de publicación para el mundo entero, es
decir que se prevé que otros periódicos pueden querer reimprimir los
artículos, y que el periódico no piensa que esto suceda con los artículos
de sus demás colaboradores. Otra manera de comentar la mención
de “Piedra de toque” sería decir que la redacción ha querido subrayar
que lo que publica el autor es de su responsabilidad, ya que es
conocido que Vargas Llosa no comulga con la línea política generalmente
favorecida por el periódico.
En los artículos periodísticos, Vargas Llosa es la racionalidad misma,
y los lectores a quienes no gusta, muchas veces lo ven como demasiado
racional. Le cuenta a su lector lo que ha visto, leído o oído a
propósito de un tema y después discute las posibles razones y efectos.
Los textos dan la impresión de una mente abierta que intenta orientarse
antes de sacar su conclusión. El lector se lleva la impresión de
que si el autor hubiera tenido acceso a más información, la hubiera
tomado en cuenta. Por eso, el lector puede respetar las conclusiones
El pensamiento de Vargas Llosa
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de Vargas Llosa aunque no las comparta. Esa es también una opinión
que expresa Rosa Montero en una crónica en la que elogia la independencia
intelectual de Vargas Llosa, concluyendo que tenemos todos
una obligación moral de pensar por nuestra
cuenta. Esta independencia ha llevado a Vargas
Llosa a ver, antes que otros, cree Rosa Montero,
la verdadera naturaleza del régimen cubano
pero la novelista confiesa seguir sin entender su
admiración por Margareth Thatcher (El País
Semanal 16/3/2003).
Otro rasgo llamativo en Vargas Llosa es la
cortesía con la que trata a las personas a las que
nombra en sus artículos. Tiene cuidado en elogiar
lo que puede elogiar antes de criticar, y
cuando discrepa con alguien, critica las ideas y
no a las personas (Véase por ejemplo los artículos
sobre Colombani El País 31/3/2002; Coetzee El
País 23/6/2002; Glucksmann El País 15/9/2002;
Chatwin El País 13/10/2002) La autoironía típica
del autor también desarma las posibles críticas.
De su experiencia literaria utiliza no sólo un lenguaje
flexible y rico sino también la costumbre
de dar puntos de vista complementarios. Sus crónicas,
más que artículos, son ensayos.
Los intereses de Vargas Llosa son amplios,
y se podría repetir a propósito de él el lema romano: nihil humano
me alienum puto, que nada humano le es ajeno. El pensamiento expresado
en estos artículos se podría resumir en unas líneas. Vargas Llosa
es profundamente moderno, universalista, en la tradición de la
Ilustración, ciudadano del mundo y no particularista como los multiculturalistas
de hoy. En el plano ideológico es pragmático y no dogmático.
Vargas Llosa aboga a favor de la economía de mercado y el
liberalismo político, también en el Tercer Mundo. Defiende la
democracia y la libertad económica como dos aspectos de la vida pública
que no se pueden separar. Critica al nacionalismo, al fundamentalismo
religioso y a los regímenes autoritarios en el Tercer Mundo.
Para entender lo que Vargas Llosa tiene de excepcional, hay que
mencionar el trasfondo de las corrientes filosóficas de los últimos treinta
o cuarenta años, principalmente el relativismo. El enorme avance en
el campo de la tecnología y la economía no ha traído consigo el apoyo
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Inger Enkvist
“Cuando se ve
de cerca la lista de
intelectuales
occidentales que
se han dejado
guiar por motivos
ideológicos y
que han sido
antioccidentales
en su mayoría,
uno siente la
tentación de poner
la palabra
‘intelectual’
entre comillas.”
de la mayoría de los intelectuales, entre los más destacados han sido
antimodernistas inspirados en Nietzsche y Freud. Estos intelectuales
han luchado contra la idea del
progreso y la idea del sujeto.
Decepcionados de la política,
muchos se han interesado por
la sexualidad o la estética,
encerrados en una posición
negativa. Uno de los intelectuales
emblemáticos, Foucault,
habla de la sociedad liberal
como una máscara que
esconde la opresión. Cree que
el pensamiento siempre está
sesgado según los intereses de
cada uno, es decir que profesa
un tipo de nihilismo intelectual.
Todo es interpretación, no
hay hechos, y, por consiguiente,
no hay por ejemplo
pensamiento científico.
Cuando se ve de cerca la
lista de intelectuales occidentales que se han dejado guiar por motivos
ideológicos y que han sido antioccidentales en su mayoría, uno
siente la tentación de poner la palabra “intelectual” entre comillas.
A pesar de considerarse intelectuales no han acatado la tradición de
racionalidad y respeto por la verdad que ha sido la base de los avances
científicos y de la sociedad abierta. Sorprendentemente, estos intelectuales
han disfrutado de la libertad y las garantías jurídicas de la
sociedad occidental democrática pero no han defendido la democracia,
sino que la han criticado a la vez que han permanecido mudos ante
los abusos cometidos en las dictaduras de otras latitudes. Muchos de
los que se presentan como intelectuales repiten ideas aprendidas; no
tienen un pensamiento propio, sino que son autoritarios en el sentido
de que basan su pensamiento en la autoridad de otros.
Indigenismo
Con la decepción creciente que causa el comunismo y sin que
haya surgido ninguna ideología política que pudiera tomar el
relevo, el debate ideológico se ha desviado hacia campos que no parecen
El pensamiento de Vargas Llosa
Revista Hispano Cubana
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directamente políticos pero que ocupan una posición de definición
política como son el multiculturalismo y su variante latinoamericana
el indigenismo. El interés por el indigenismo lo tiene Vargas Llosa
desde sus días de estudiante cuando pudo participar en el viaje de
unos antropólogos en el Amazonas y hasta la selva peruana. Todo esto
lo describió en Historia secreta de una novela, de 1971. Su interés por
el mundo y las creencias de los indígenas sudamericanos también es
visible en El hablador (1987), La guerra del fin
del mundo (1981), Lituma en los Andes (1993),
y La utopía arcaica (1996).
En La utopía arcaica, Vargas Llosa describe
a Arguedas como un etnólogo con un interés
especial por los ritos ancestrales, un interés
profesional que combina en su visión del
mundo con los recuerdos de niñez y su ideología
personal. Vargas Llosa subraya que
Arguedas no incluye en su descripción del
pasado incaico a los elementos negativos
como los asesinatos políticos, la opresión de
otros grupos y los sacrificios humanos. La vida
del grupo y de los individuos estaba prefijada y no se permitían cambios.
En la opinión de Vargas Llosa, los elementos míticos y religiosos
mencionados por Arguedas son una manera de no integrarse a la vida
real de nuestros días. Además, en el mundo narrativo de Arguedas,
los blancos de la costa siempre eran los malos y los indios los buenos.
Vargas Llosa llega a la conclusión de que Arguedas era un ecologista
cultural conservador que quiere proteger a los indígenas, moralmente
superiores, del contacto con el mundo blanco o mestizo. Esta
actitud se puede rastrear en la cultura inca que no permitió tampoco
que los indios se casaran fuera del grupo. Por eso, concluye Vargas
Llosa, el indigenismo de Arguedas es una ideología nacionalista y conservadora,
no progresista.
Vargas Llosa no sólo se ha atrevido a criticar este rasgo de Arguedas,
sino también ha cuestionado la bondad de la herencia incaica de los
peruanos. En un artículo largo sobre el Perú, escrito para un público
español, dice nunca haber sentido simpatía por los incas, sino al revés,
cree que la tristeza peruana podría tener que ver con el incario, “una
sociedad regimentada y burocrática, de hombres-hormigas, en la que
un rodillo compresor omnipotente anuló toda personalidad individual”
(El País Semanal 26/2/1984).
Revista Hispano Cubana
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Inger Enkvist
“Esta independencia
ha llevado a Vargas
Llosa a ver, antes
que otros, cree Rosa
Montero, la
verdadera
naturaleza del
régimen cubano.”
Frente al indigenismo, Vargas Llosa se basa también en experiencias
propias más recientes. En los años 80, durante su colaboración
con la comisión de investigación en Uchuraccay, llegó a conocer
personalmente la manera de pensar de algunos grupos de
indígenas que viven aislados en los Andes a gran altura. Un grupo
de periodistas había sido asesinado por los indígenas quienes, a su
vez, habían sido hostigados por Sendero Luminoso y creían que los
periodistas pertenecían a esta organización. Tanto en el informe elaborado
sobre los sucesos de Uchuraccay como en la novela Lituma
en los Andes, Vargas Llosa hace referencia al pensamiento premoderno
de estos grupos, un pensamiento que incluye creencias irracionales
y la aceptación de la violencia.
Independiente y novelista
Hemos ido viendo que Vargas Llosa se ha forjado a sí mismo.
No representa a la literatura peruana, en el sentido de que no pertenece
a ninguna de las corrientes literarias peruanas y la literatura peruana
tampoco pasa ahora por un momento de esplendor. No es el típico
representante de los intelectuales latinoamericanos, primero porque
no existe ningún grupo homogéneo latinoamericano y segundo porque
la mayoría de estos intelectuales han adoptado el típico victimismo
del postcolonialismo: ellos y sus países no tienen la culpa de nada,
sino que todas sus desgracias les vienen de fuera. Vargas Llosa tampoco
representa al típico novelista o intelectual europeo del momento,
porque también dentro de un marco europeo es independiente.
Vargas Llosa es un intelectual que se documenta, observa personalmente,
saca conclusiones, las hace públicas, también si no cuajan
con las de la mayoría, y finalmente cambia su pensamiento y su
conducta según el resultado de sus conclusiones. En otras palabras,
se comporta como se supone que se comportan todos los intelectuales.
Si se habla tanto de la independencia de Vargas Llosa, eso podría
ser al mismo tiempo una observación sobre la falta de independencia
de otros intelectuales.
La Fiesta del Chivo podría servir como colofón. En esta novela,
Vargas Llosa vuelve al tema fundamental de la literatura latinoamericana:
la violencia política. Lo hace después de documentarse minuciosamente
sobre la época de Trujillo. Utiliza múltiples puntos de
vista como en sus novelas anteriores: el del propio dictador, el de
los allegados del dictador, el de los conjurados y el de las mujeres
de la familia del personaje Urania. De esta manera, crea una novela
El pensamiento de Vargas Llosa
Revista Hispano Cubana
117
no monológica porque el lector se siente con libertad para comparar
los diferentes datos que le llegan y valorar lo que sucede en el mundo
narrado. La Fiesta del Chivo utiliza técnicas narrativas ya ensayadas
por Vargas Llosa pero esta vez combinadas con
un nuevo material y un punto de vista femenino.
Una novedad en la obra de Vargas Llosa, y dentro
de la especialidad latinoamericana que es la
”novela del dictador”, es que el principal acusado
es el machismo. Dicho de otra manera, la dictadura
queda ejemplificada a través del trato dado
a la mujer. El convertir a una mujer en protagonista
podría parecer una simple adaptación a
las modas del día, pero la perspectiva convence
y está en consonancia con el tono que utiliza
Vargas Llosa para hablar de su mujer Patricia en
El pez en el agua.
El éxito de la novela entre lectores y críticos
ha llevado al crítico Armas Marcelo a hablar
de un “cambio cualitativo” en la relación entre
Vargas Llosa y el público lector. En un país sin
gran tradición de lectura como lo es la República
Dominicana, una novela se ha convertido en el
tema general de conversación. Muchos han
leído la novela como un ensayo histórico,
denunciando que algún episodio no sucedió exactamente
así. Otros creen que Vargas Llosa como
peruano no puede entender un tema dominicano.
Vargas Llosa novelista suele despertar la admiración general, pero
Vargas Llosa ensayista provoca reacciones variadas. Cuando algún lector
le comenta esto al autor, Vargas Llosa tiene lista una respuesta ligera
y humorística: “Lea mis novelas y evite mis artículos”. El despertar
sentimientos fuertes es una constante en la obra y vida de Vargas Llosa.
Ejemplares de su primera novela, La ciudad y los perros, fueron quemados
en el patio del colegio militar retratado, y ahora, en la República
Dominicana, el novelista necesita guardaespaldas. La literatura ha sido
y sigue siendo fuego en la vida de Vargas Llosa.

un modelo para el comentario crítico de textos: Inger Enkvist sobre un texto de Juan Goytisolo


“Nuevos ricos, nuevos libres, nuevos europeos”.
Análisis de un artículo de Juan Goytisolo
FUENTE http://www.ucm.es/info/especulo/numero44/goytisol.html
AUTORA Inger Enkvist

Universidad de Lund
Suecia

Resumen: >El artículo que se va a analizar a continuacíon tiene el título “Nuevos ricos, nuevos libres, nuevos europeos” y se publicó en El País en 26 de noviembre de 1990. Más tarde fue publicado otra vez en El bosque de las letras (1995) y Ensayos escogidos (2007). Todo esto lleva a pensar que el propio autor está contento con su artículo, porque si no, no hubiera vuelto a publicarlo. El artículo consiste en 1956 palabras, distribuidas en 41 oraciones y 8 párrafos. El artículo ha sido elegido por varias razones: es típico de cómo escribe este autor que ha recibido muchos premios y está constantemente presente en la prensa; además, necesita ser analizado para ser comprendido cabalmente.

1. Durante mi reciente visita a un Buenos Aires sumido en una profunda crisis social y económica, pero con una curiosidad intelectual y afán de saber menos epidérmico tal vez que los de nuestra presunta “capital cultural de Europa”, los comentarios de mis interlocutores, ya en público, ya en privado, se centraron frecuentemente en un tema: el de la arrogancia y ostentación de riqueza de un vasto y llamativo sector de la actual sociedad española.

2. Desde la profesora que, tras preguntar por el precio de un artículo y no poder adquirirlo con sus devaluados australes, recibió en plena cara, como un cantazo, el calificativo de sudaca, hasta el escritor que a su llegada a Barajas fue sometido a un interrogatorio humillante y perdonavidas por el funcionario encargado de estampillarle la entrada, la lista de agravios con respecto a nuestra flamante identidad europea, modales desenfadados o agresivos y culto desmedido al dinero podría formar un variado y melancólico anecdotario.

3. El contraste entre la recepción cordial de los emigrantes españoles hace cincuenta años por una Argentina entonces boyante, situada en el pelotón de los diez primeros países con mayor renta per cápita y la dispensada hoy, cuando los papeles se han invertido y de solicitantes hemos pasado a ser solicitados, no puede ser más chocante.

4. La sociedad española de los noventa, advertían con desilusión y tristeza, se ha transformado al menos para ellos en algo muy distinto de la que sus padres conocieron: una sociedad de nuevos ricos, nuevos libres y nuevos europeos.

En resumen, los españoles son unos nuevos ricos agresivos que tratan mal a los menos afortunados. Los argentinos son presentados como más humildes y más genuinamente intelectuales.

II.

5. La mutación de nuestro país tocante a la consideración ético-social del dinero se remonta, como sabemos, a la década de los sesenta.

6. La llegada al gobierno franquista de los tecnócratas vinculados al Opus Dei desempeñó en el hecho un papel primordial, a todas luces histórico: disculpabilizó las siempre ambiguas relaciones del catolicismo español de la Contrarreforma con el capital y permitió lo que podríamos denominar acumulación primitiva de éste, fundada en la filosofía de un rápido y desmesurado enriquecimiento; bajo este concepto cabe considerar a aquel escogido grupo de magnates de la banca e industria como auténticos calvinistas.

7. Dicho proceso era sin duda indispensable y fue el motor de la tardía modernización de España.

8. La ruptura de las relaciones tradicionales o arcaicas, la adopción de nuevas normas de conducta, los legítimos deseos de mayor bienestar material minaron las bases del régimen franquista y facilitaron su desmontaje incruento a la muerte del dictador.

9. Hoy, España, tras el necesario aprendizaje del sistema de producción capitalista y su invención incesante de nuevas necesidades destinada a convertir al ciudadano en consumidor, ha pasado de esa fase de acumulación primitiva de capital a la de una acumulación “desarrollada”, propia de sus congéneres europeos.

10. Pero, sorprendentemente, la mentalidad anterior, correspondiente a la fase primitiva – la del get rich quick de los sesenta- pervive aún e impregna el conjunto de las relaciones sociales.

11. La madurez y desenvolvimiento de las estructuras económicas no se han traducido en una madurez y desenvolvimiento paralelos de los hábitos mentales: la tendencia a un provecho inmediato y fácil -no compensado con la existencia de una ética social democrático-protestante- obstaculiza el buen funcionamiento de una economía adulta y contamina insidiosamente, a través de los medios de información de masas, la escala de valores de la sociedad.

12. Las fortunas ingentes acumuladas en unos pocos años por especuladores diestros, no suscitan recelo sino envidia y admiración.

13. Ganar dinero como sea y ostentarlo sin complejo -esos rasgos característicos de la acumulación primitiva de los sesenta- siguen siendo los elementos fundamentales del ideal propuesto.

14. De ahí esa impresión de jactancia y prepotencia que el visitante de países económicamente deprimidos o brutalmente explotados saca de nosotros -conducta y mentalidad de nuevos ricos que nos distinguen de los demás países europeos más o menos adaptados a las exigencias de un capitalismo desarrollado y no se compaginan con la dinámica real de nuestra economía ni nuestra evolución social.

En resumen, España se ha desarrollado económicamente pero no mentalmente. El autor denuncia el capitalismo pero de una manera ambigua. Asocia la España de 1990 con la de Franco y con una mentalidad norteamericana. Considera inmadura España e insiste que la visión de España de los forasteros es negativa.

III.

15. Junto a ello, el espíritu de iniciativa individual, inherente a la ascensión de la clase social burguesa, se confundió en la península, por razones finamente analizadas por Américo Castro, en lo que éste denomina “separatismo de persona”: en lugar de la mesura y respeto de las opiniones ajenas necesarios al ejercicio de la libertad, nuestra falta de experiencia en el tema se manifestó casi siempre, en los cortos periodos de régimen democrático de la historia española, en el abuso generalizado de aquélla.

16. La feliz aclimatación de la democracia en España no ha eliminado con todo un hábito sólidamente arraigado: la convicción tozuda de ser titular cada cual de infinidad de derechos pero de ningún deber.

17. Dicha creencia, que tanto sorprende a los forasteros, se manifiesta de forma lamentable en el contenido y tono de nuestra prensa.

18. El “amarillismo” más descarado se ha extendido en efecto en los últimos años desde las revistas tradicionalmente especializadas en él a la mayoría de publicaciones de información semanal y, de la magra dieta de partidos de fútbol, corridas de toros y discursos del Caudillo en sus aniversarios e inauguraciones, hemos pasado al menú cuidadosamente aliñado de la vidas y hazañas públicas y privadas de una cincuentena de famosos: lectura de sobrecogedora indigencia y embotamiento de la facultad de pensar que muestran bien claro la manipulación de la libertad de opinar al servicio de una política de ventas oportunista y degradante.

En resumen, el autor considera que los españoles no han adquirido todavía costumbres democráticas y que la prensa española es sensacionalista.

IV.

19. En una sociedad desmemoriada como la nuestra, en la que en un lapso a veces muy breve se incumplen promesas solemnes, se cambian las chaquetas y se salta del donde dije digo dije diego en menos de un pestañeo se puede escribir lo que sale del cuelga cuelga -si se sabe escoger bien el blanco- con perfecta impunidad.

20. Nuestra actitud de nuevos libres nos diferencia de inmediato de los demás alumnos de la clase.

21. Cuando mis amigos argentinos apuntaban al fenómeno y sus consecuencias funestas para las víctimas fáciles de esa difusa agresividad, los hechos, desgraciadamente, les dan la razón.

22. Si la mirada de los demás forma parte del conocimiento global de nosotros mismos, los españoles no podemos ignorar la manera en que somos vistos desde fuera por quienes comparten, no obstante, con nosotros una misma cultura y lengua.

En resumen, el autor considera que los españoles son superficiales y que son mal vistos por los otros.

V.

23. El ingreso de España en la Comunidad Económica Europea es un acontecimiento positivo en la medida en que permite liquidar un debate que ha polarizado durante más de dos siglos la vida intelectual hispana: el problema de nuestra europeización.

24. Los hombres más lúcidos del siglo XVIII advirtieron el retraso de España con respecto a sus vecinos del Norte y sufrieron como un agravio la frasecilla, en verdad malintencionada, de L’Afrique commence aux Pyrénées.

25. La lucha entre los defensores de un particularismo español que nos diferenciaría para siempre de los demás europeos y quienes querían colmar el vacío existente entre España y Europa y negaban, por tanto, la existencia de aquél, desbordó, como sabemos, en el terreno político y enconó las guerras civiles del siglo XIX y la sangría de 1936-1939.

26. La postura de los primeros se basaba en verdad en unas tesis a la vez reaccionarias y erróneas: hablaban, como Ganivet, de una misteriosa esencia española “a prueba de milenios”, negando el hecho de que la España real fuera el resultado de una serie -eso sí, única- de mezclas culturales y vicisitudes históricas.

En resumen, el autor se muestra ambiguo frente al ingreso de España en la UE. Considera sin embargo que el ingreso zanja la discusión a propósito de si España pertenece o no a Europa culturalmente. Rechaza la idea de un particularismo español.

VI.

27. Como consecuencia del descrédito de las doctrinas sostenidas primero por los tradicionalistas y luego por la Falange, los españoles han tendido en las últimas décadas a presentar una imagen de sí mismos que excluía cuidadosamente cuanto no era juzgado puramente europeo: así, en vez de reivindicar nuestra “occidentalidad matizada de elementos semitas” (Américo Castro), consideraban a éstos como un vergonzoso estigma si, saliendo de su casilla de vestigios muertos, probaban su actualidad y vigencia.

28. En un momento en el que nos hemos integrado económica, política y culturalmente en Europa, sería hora de enterrar por fin la controversia y mirar a nuestro pasado sin anteojeras.

29. Una reflexión crítica sobre la historia peculiar de España nos ayudaría, al revés, a percibir los elementos atípicos de nuestra cultura como una originalísima aportación a la riqueza y diversidad cultural de Europa.

30. La mejor forma de ser europeos sería la de serlo con naturalidad, sin mimetismos ni complejos.

31. Pero, una vez más, las mentalidades y hábitos creados por situaciones históricas rebasadas subsisten a su desaparición y, en muchos dominios de la vida social y cultural, seguimos aspirando todavía a aparecer más europeos que los europeos, esto es, a americanizarnos con mayor rapidez que ellos, imitando, indiscriminadamente cuanto nos viene, a menudo vía París, desde Nueva York.

32. Este influjo avasallador de la portentosa máquina cultural estadounidense es probablemente inevitable, pero requiere un mínimo de discernimiento si no se quiere caer sucesivamente en todas sus trampas.

33. En cuando a la dependencia cultural de Francia, resulta en verdad excusable en un periodo en el que, desaparecidas casi todas las grandes figuras del mundo literario y artístico parisiense, aquélla atraviesa una calma chicha similar a la nuestra y no puede procurarnos, por tanto, aliciente ni estímulo.

34. Los divertidos comentarios de Juan Valera a los seguidores retrasados de la última moda de París no han perdido del todo su actualidad y, como en otras épocas -pero sin una razón objetiva que los justifique- , el espectáculo que ofrecemos a menudo al observador puede resumirse gráficamente con las palabras de mi admirado Vicente Llorens acerca de “la confusión, el tropel innovador y el persistente anacronismo de la cultura española, que vive en los tiempos modernos no sólo en una posición de inseguridad, sino moviéndose constantemente a contratiempo”.

35. Mientras la curiosidad intelectual europea por otros mundos vivifica y renueva sus fuentes de inspiración, dicha actitud receptiva y abierta es percibida todavía entre nosotros como un resabio o extravagancia y suscita de ordinario la reprobación; y así, en vez de seguir el ejemplo de Juan Ruiz, Rojas, Delicado, san Juan de la Cruz o Cervantes -esos creadores geniales del árbol de nuestra literatura- , preferimos correr tras la última moda dirty o light y empeñarnos en considerar a Tom Wolfe como un gran artista.

En resumen, el autor considera que los españoles se niegan a ver la cultura como la ve el autor, es decir, marcada por ciertos escritores de la Edad Media y del Renacimiento. El autor considera que los Estados Unidos y Francia no tienen nada que ofrecer a España en el campo cultural. Como contraste, destaca cierta literatura medieval y renacentista española.

VII.

36. Nuevos europeos en vez de europeos a secas somos víctimas sin saberlo de la inercia de unos hábitos mentales forjados en la época de nuestro atraso.

37. La labor de contribuir con nuestra propia especificidad a la cultura de la casa común abierta con la caída del telón de acero se ve obstaculizada por la ignorancia, al menos en el ámbito literario, de lo que España puede aportar a una agrupación continental cimentada en los valores del pluralismo, ósmosis e intercambio.

En resumen, el autor critica la inercia mental de los españoles, ignorantes de la parte de la literatura española que más valora el autor.

VIII.

38. En corto: los comentarios de mis interlocutores de Buenos Aires revelaban, nos guste o no, el modo en que los españoles somos percibidos desde fuera y el hecho de que la prepotencia y afán de lucro que reprochamos con razón a nuestros dirigentes son el becerro de oro de una gran parte de nuestra sociedad.

39. Resulta, pues, comprensible que un número creciente de extranjeros -ya aferrados a unos valores humanos caídos aquí en desuso o de vuelta a ellos tras su desengaño de los trampantojos del capitalismo real- se sientan defraudados y ajenos a la euforia creada por tanta novedad.

40. La sociedad española actual, ¿resulta moralmente incómoda y desapacible, como sostenía un colega?

41. A pique de agravar mi sólida reputación antipatriótica forjada ad vitam aeternam por los servicios de propaganda de Franco, concluiré esas breves reflexiones, enhebradas durante mi estancia en Buenos Aires, con la expresión de mi sentimiento de que las circunstancias parecen darle razón.

En resumen, el autor critica la importancia que, según él, dan los españoles al dinero y se presenta como perseguido.

Análisis general

Frente a Europa, el autor adopta una actitud ambigua: por un lado insinúa que él es más europeo que los españoles, provincianos ellos, pero por otro tilda a Europa de capitalista y añade que Francia no tiene nada que aportar culturalmente a España en los momentos en que está escribiendo. El se presenta como capaz de juzgar en qué fase de desarrollo están los españoles. Homogeneiza: todos los españoles son iguales, según él.

Menciona una y otra vez el franquismo, que es su propia justificación por reclamar una posición diferente dentro del panorama español. Desde hace varias décadas, Goytisolo lleva una campaña para hacer aceptar su versión de la historia y la literatura españolas y, en esas versiones, hay un espacio amplio para la influencia árabe y musulmana y para la sexualidad en todas sus formas. Se notan en el artículo las ideas de siempre del autor y de su manera típica de redactar. Unos ejemplos:

1. La cultura española está marcada por la temprana influencia árabe-musulmana.

2. La España de 1990 sigue marcada por el atraso y por el franquismo.

3. El autor se presenta como perseguido en España.

4. El autor salta entre épocas y situaciones muy diferentes.

5. Pronuncia unas afirmaciones contundentes en diferentes campos sin ofrecer pruebas.

6. Es agresivo cuando habla de España.

El texto utiliza una serie de técnicas retóricas para establecer la autoridad del autor. Al comienzo y al final del artículo, el autor habla de su propio viaje, de sus interlocutores y de su propia evaluación, usando la primera persona. Se refiere a una información que él ha recibido, y los lectores difícilmente podemos discutir las afirmaciones del autor porque no hemos estado presentes en las mismas situaciones. Una técnica similar es el uso de la primera persona plural que suele indicar cercanía y conocimiento personal. Para quien sólo echa un vistazo al texto, el artículo puede parecer una autocrítica que incluye al propio autor.

El autor también utiliza el conocimiento del lector de quién es él. Cuando se pronuncia sobre la situación cultural en Francia, sobre los autores españoles no suficientemente apreciados en España o la situación política en Europa, el autor cuenta con que el lector sabe que él es un escritor famoso que ha publicado ensayos sobre diferentes temas y ha vivido en el extranjero.

Otra técnica es que el autor utiliza un lenguaje y una sintaxis muy cultos combinados con referencias a la historia y a la literatura que podrían intimidar a un lector dispuesto a protestar contra el contenido del artículo. El resultado es que un lector no especializado en los mismos temas que Goytisolo puede sentirse frustrado: es atacado pero no tiene armas para defenderse.

Otro rasgo destacado que excluye a los lectores es que si las referencias no son concretas y privadas son muy abstractas y generales. En las primeras líneas, Goytisolo afirma que los españoles tratan peor a los argentinos de lo que ellos trataron a los españoles hace medio siglo. Para contradecir eso, el lector tiene que saber cómo tratan de verdad los españoles hoy a los argentinos, cómo trataron de verdad los argentinos a los españoles hace medio siglo y si son comparables las situaciones. Es decir, hace falta tener unos conocimientos especializados y haber estudiado el asunto para no caer en el mismo tipo de generalizaciones que el autor. Además, criticar la afirmación de Goytisolo sería criticar a los argentinos, lo cual sería descortés. Se junta a todo eso el hecho de que el lector puede reconocer ciertos elementos de verdad en algunas afirmaciones pero creer que las proporciones son exageradas. El artículo constituye un ataque en toda regla contra los españoles.

Primera persona plural

Uno de los recursos retóricos utilizados por el autor, quizá el principal, es la primera persona plural. Se trata de un uso poco frecuente, agresivo. En vez de señalar una solidaridad constituye un ataque. La palabra nuestro viene 18 veces y con alguna posible excepción, siempre de forma negativa para los españoles. Ya en la primera oración viene la expresión nuestra presunta “capital cultural de Europa” y en la segunda nuestra flamante identidad europea. Se habla a continuación de nuestra falta de experiencia, nuestra sociedad desmemoriada, el problema de nuestra europeización y nuestro atraso. Se podría hablar de un acondicionamiento del lector: el autor crea una asociación entre lo español y lo negativo, un rechazo hacia lo español similar al que parece sentir el autor desde su juventud. Los pronombres nosotros y nos se usan 14 veces y siempre en sentido negativo. Por ejemplo se habla de la conducta y mentalidad de nuevos ricos que nos distinguen.

La forma verbal de la primera persona plural se utiliza 14 veces. La primera persona se utiliza en la voz pasiva para expresar cómo somos vistos, nosotros los españoles. La primera persona plural se usa también en la expresión como sabemos para indicar que lo que se dice es evidente. Un uso similar es cuando el autor dice podríamos denominar que se puede leer como un ‘nosotros’ que reemplaza un ‘yo’. El autor dice no podemos ignorar cuando de lo que se trata es que él considera que los españoles no deben ignorar un asunto. La expresión el espectáculo que ofrecemos trasmite la idea de que, según su opinión, los españoles deberían actuar de manera diferente. Habla de lo que reprochamos a nuestros dirigentes, cuando parece querer decir que él piensa que los españoles deberían reprochar cierta conducta a sus dirigentes. Una frase interesante es somos víctimas sin saberlo porque, supuestamente, los españoles no saben lo que les pasa pero el autor sí.

Si alguien todavía duda de la agresividad del autor contra los españoles, se puede destacar que el autor da el tono ya en la segunda oración utilizando unas expresiones muy fuertes como sudaca, como un cantazo, en plena cara, lo que vale decir que el autor acusa a los españoles de racistas y violentos. El autor utiliza dos veces la palabra agresivo refiriéndose a los españoles.

Lenguaje culto, abstracto y valorativo

Las oraciones son largas y el vocabulario culto. Hace falta cierto nivel cultural para no sentirse excluido por palabras como ostentación, anecdotario, calvinistas, magnate, recelo, embotamiento, lapso, agravio, vicisitudes, aliciente y lucro.

Es un texto caracterizado por sus muchos sustantivos y adjetivos. El nivel de abstracción es alto, a pesar de las referencias a la situación personal del autor ya mencionadas. En las oraciones 9 – 14, los sustantivos son los siguientes: aprendizaje, sistema, producción, invención, necesidades, ciudadano, consumidor, fase, acumulación, capital, acumulación (viene repetida la palabra), congéneres, mentalidad, fase, conjunto, relaciones, madurez, desenvolvimiento, estructuras, madurez, desenvolvimiento, hábitos, tendencia, provecho, existencia, ética, funcionamiento, economía, fortunas, años, especuladores, recelo, envidia, admiración, dinero, complejo, rasgos, acumulación, elementos, ideal, impresión, jactancia, prepotencia, visitante, países, conducta, mentalidad, países, exigencias, capitalismo, dinámica, economía y evolución. Todo esto quiere decir, que Goytisolo se dirige a un lector español culto. Además, las abstracciones invitan al lector a aceptar las evaluaciones en las que se basan las abstracciones. Hace falta estar muy atento para reaccionar y preguntarse en qué se basa el autor para fundamentar sus afirmaciones.

Es también llamativo el gran número de adjetivos presentes en el texto. En un recuento de los adjetivos y de los participios pasados usados como adjetivos, se llega a unos 255. Hay oraciones con hasta 13 adjetivos y, precisamente, el autor abre el artículo con una oración que contiene los 13 adjetivos siguientes: reciente, sumido, profunda, social, económica, intelectual, epidérmico, presunta, cultural, vasto, llamativo, actual y española. Como los sustantivos, los adjetivos se caracterizan por un alto nivel de abstracción. De manera general, los sustantivos y los adjetivos expresan el mismo tipo de concepto y podrían cambiar de posición. Esta densidad de adjetivos da un carácter culto al lenguaje a la vez que limita la libertad del lector porque el autor añade una valoración a lo que cuenta y señala así cuál es la interpretación de lo que se dice.

El español dispone de dos maneras de colocar un adjetivo en la función de determinante de un sustantivo. Además de la colocación normal de adjetivos como ‘grande’ y ‘bueno’ delante del sustantivo, se notan en el texto una acumulación y unos usos rebuscados de adjetivos antepuestos: un vasto y llamativo sector, devaluados australes, aquel escogido grupo de magnates, la tardía modernización de España, los legítimos deseos, el necesario aprendizaje, cortos periodos, la feliz aclimatación, la magra dieta, con perfecta impunidad, la portentosa máquina cultural, los divertidos comentarios y esas breves reflexiones. Las expresiones citadas no solamente tienen adjetivos antepuestos sino varias veces hasta parejas de adjetivos antepuestos. Indican una voluntad de escribir una prosa culta.

En su afán de usar un vocabulario rico y variado, autor introduce algunas variantes personales. Los que han leído otros textos suyos pueden adivinar que epidérmico significa aquí ‘duro’. El autor utiliza en la última oración la expresión ir a la pique, pero según el DRAE la expresión es irse a pique en el sentido de ‘malograrse’.

Ironía o sarcasmo

El autor se posiciona en el texto como alguien muy culto y, desde esta posición, muestra su distancia de los españoles, usando una serie de dispositivos irónicos. Uno es el uso de las comillas para referirse a nuestra presunta “capital cultural de Europa”. Es decir, que pone en cuestión el estatus de capital cultural tanto por la palabra presunta como por las comillas. Hace algo similar cuando habla de una acumulación de capital “desarrollada”. También utiliza las comillas de manera irónica para adscribirle a Ganivet una idea sobre una esencia española “a prueba de milenios”.

El autor usa también las comillas de manera convencional para citas, sólo que no se entiende muy bien por qué utiliza algunas citas. Cuando el autor cita a Américo Castro hablando de “separatismo de la persona” es poco claro a lo que se refiere. Es más clara la segunda cita de Américo Castro porque expresa una idea favorita de Goytisolo, la de la occidentalidad matizada de elementos semitas. Sin embargo, no se ve por qué cita a Vicente Llorens, un favorito personal del autor pero no muy conocido. El contenido de la cita reitera la afirmación sostenida por el autor de que los españoles sufren de un retraso cultural pero si el lector no conoce a Llorens, la cita no funciona como refuerzo a la argumentación de Goytisolo.

También vale la pena estudiar la utilización del autor de la cursiva. Las palabras y expresiones que vienen en cursiva en el texto son las siguientes: sudaca, nuevos ricos, nuevos libres y nuevos europeos, get rich quick, famosos, nuevos libres, L’Afrique commence aux Pyrénées, dirty o light, telón de acero, novedad y ad vitam aeternam. Es decir que el autor usa la cursiva para destacar su crítica contra los españoles y para las expresiones en otras lenguas que, simultáneamente, sirven reforzar la idea de que el autor es culto. No se entiende bien por qué el autor pone en cursiva la expresión telón de acero que, además, tiene poco que ver con el contenido.

El mundo del autor es un mundo en blanco y negro. El autor menciona unos cuantos nombres propios y vienen marcados claramente con valor positivo o negativo. Los que tienen un valor positivo para el autor son Américo Castro (a quien se menciona dos veces), Juan Ruiz, Rojas, Delicado, san Juan de la Cruz, Cervantes, Valera y Vicente Llorens. Los que tienen un valor negativo son Tom Wolfe, Ganivet y Franco (llamado también el Caudillo, el dictador y presente también en el adjetivo franquista).

Lo europeo, lo francés y lo norteamericano

Lo europeo se menciona constantemente, 17 veces, pero de un modo ambiguo. El concepto de ‘europeo’ viene asociado a ‘rico’ y ‘libre’ pero también a ‘maduro’. Esta ambigüedad dificulta la comprensión del texto porque a veces lo europeo es un valor positivo y a veces un valor negativo. El valor que adquiere la palabra es el que quiere darle el autor en cada momento. Cuando se habla de los demás países europeos, la palabra ‘europeo’ significa una aceptación de los demás países y una crítica contra España. Cuando la palabra ‘europeo’ se utiliza junto con ‘nuevo’, el uso es directamente irónico, indicando que los españoles apenas son europeos en el sentido positivo. Fundamentalmente, la palabra se utiliza para insultar a los españoles.

Vale la pena comentar un poco más dos oraciones. Se dice primero: La mejor forma de ser europeos sería la de serlo con naturalidad, sin mimetismos ni complejos. Un poco más lejos, sin embargo, se dice: Pero, una vez más, las mentalidades y hábitos creados por situaciones históricas rebasadas subsisten a su desaparición y, en muchos dominios de la vida social y cultura, seguimos aspirando todavía a aparecer más europeos que los europeos, esto es, a americanizarnos con mayor rapidez que ellos, imitando, indiscriminadamente cuanto nos viene, a menudo vía París, desde Nueva York. Por un lado, parece que se puede ser europeo con naturalidad y eso sería positivo pero, por otro lado, los españoles, criticados por no ser suficientemente europeos todavía, son criticados por querer ir demasiado lejos y dejarse americanizar. ¿En qué quedamos?

Se puede destacar también que Europa se asocia sobre todo al desarrollo económico, siempre muy ambiguo para Goytisolo, y no en primer lugar a la cultura, la democracia y la libertad.

Se constata que desde hace siglos los franceses critican el atraso de España, diciendo que “L’Afrique commence aux Pyrénées”. El hecho de citar la frase es ambiguo. El autor da muestras de su propia cultura, une su voz a la crítica de los franceses a la vez que esta crítica le duele un poco como español. A propósito de la influencia cultural de París, el autor también es ambiguo. Se junta a la mofa de Valera sobre los imitadores retrasados de la moda parisiense pero al mismo tiempo afirma que, cuando está escribiendo él mismo en 1990, España no puede aprender nada de Francia porque Francia atraviesa un momento cultural poco interesante. Sin embargo, diciendo esto, el autor insinúa que él mismo conoce bien la situación en París y en otras épocas sí sucedían cosas importantes allí.

Los Estados Unidos son presentes a través de la lengua inglesa y algunas menciones, siempre negativas. En cursiva está la expresión get rich quick, supuestamente un lema de los años sesenta, y los adjetivos dirty o light, usados como términos para referirse a subgéneros de mala literatura. El escritor estadounidense Tom Wolfe es elegido como ejemplo de un mal escritor. Se culpa a la portentosa máquina cultural estadounidense de ejercer una influencia negativa en los españoles y el autor recomienda cautela para no caer en las trampas que él ha identificado.

Al contrario, como ya se ha observado, según el autor los españoles deberían dejarse inspirar por los autores de la Edad Media y del Renacimiento favoritos del autor y asociados a la cultura musulmana y judía.

Un autor omnisciente

El autor construye su texto incluyendo referencias históricas tomadas de diferentes épocas y países, mezcladas con datos de la actualidad. Habla de temas muy variados: los vestigios de la presencia semita en la Edad Media, sus autores favoritos de la Edad Media y del Renacimiento, la Contrarreforma, los espíritus lúcidos del siglo XVIII, las guerras civiles del siglo XIX y la guerra civil del siglo XX, el franquismo, la situación en Argentina en los años cuarenta y cincuenta, la entrada de los tecnócratas en el gobierno franquista en los años sesenta, el get rich quick, supuestamente también de los años sesenta, y la influencia cultural francesa y estadounidense.

El autor es escritor; no es ni historiador ni crítico literario pero se pronuncia sobre asuntos que pertenecen a estos dos campos. Un historiador puede de vez en cuando hacer una comparación entre diferentes situaciones históricas, pero los historiadores suelen ser muy cautos con las comparaciones, porque precisamente dicen que influyen tantos factores que las situaciones nunca son exactamente iguales. La manera de Goytisolo de utilizar las referencias históricas es problemática precisamente porque las afirmaciones pueden contener algo de verdad sin ser correctas de manera global.

No sólo se presenta como historiador y crítico literario. El autor también hace afirmaciones sobre la etnografía y antropología cuando afirma saber cómo piensan y cómo son los españoles, los europeos y los argentinos. También se atreve a hacer afirmaciones sobre la economía sin ser economista. Combina lo que dice sobre los cambios en la economína española con el método retórico llamado ‘guilt by association’, presentando la realidad económica española de 1990 como ligada no solo a Franco, a la Falange y al Opus Dei sino hasta a la Contrarreforma. Finalmente, también se pronuncia sobre cómo es y cómo debería ser la prensa.

Contradicciones y ambigüedades

Goytisolo afirma: La lucha entre los defensores de un particularismo español que nos diferenciaría para siempre de los demás europeos y quienes querían colmar el vacío existente entre España y Europa y negaban, por tanto, la existencia de que desbordó, como sabemos, en el terreno político y enconó las guerras civiles del siglo XIX y la sangría de 1936-1939.

Pero unas oraciones más adelante dice que España debería aportar a la cultura europea precisamente aquello en que es diferente, sus raíces semíticas. El lector puede preguntarse si el autor piensa o no que hay un particularismo español. Quizá piensa que sí pero que el particularismo que él ve es diferente del particularismo que quiere denunciar. En otras palabras, es ambiguo.

Nótese cómo ‘libre’ y ‘europeo’ se convierte en algo negativo por la asociación con ‘rico’, un concepto asociado con el término ‘capitalismo’, criticado por Goytisolo en el artículo.

El autor no discute la diferencia entre la inmigración legal e ilegal y tampoco la razón por la que Argentina está sumida en una crisis. No aporta pruebas de que los argentinos sean más cultos o curiosos que los españoles. La fuente o la garantía de las afirmaciones es el propio autor. Es decir, si el lector cree que el autor está bien informado y responsable, el artículo funciona retóricamente; si el lector nota la ausencia de pruebas o la exageración, podría empezar a cuestionar las afirmaciones del autor.

La imagen del propio autor

La imagen que da de sí mismo el autor es de alguien de vastos conocimientos, que tiene presente toda la historia europea, la literatura, los ambientes culturales y políticos en Francia y en España, la economía, la prensa, de alguien que viaja, que tiene amigos en otros países y que está preparado a criticar su propia cultura. El autor conoce bien los clásicos literarios españoles y desprecia la literatura popular y las modas literarias. En cuanto a la cultura mediática, ve lo superficial que es. También desprecia la jactancia de sus compatriotas menos cultos que él.

Para entender bien lo que dice el autor, el lector tiene que saber algo de él. Cuando habla de pluralidad, ósmosis e intercambio, se suele referir al mundo musulmán. El autor quiere que la cultura española incorpore rasgos de la cultura musulmana, pero no al revés (Enkvist-Sahuquillo 2001). El autor ha encontrado precisamente en Américo Castro y Vicente Llorens a dos escritores que piensan como él a propósito de esto. El lector entiende mejor por qué el autor se atreve a pronunciarse con la contundencia que le caracteriza sobre Francia si sabe que Goytisolo durante mucho tiempo ha vivido una parte del año en París. Cuando el autor habla de la mirada de los otros suena como algo tomado de las teorías culturales en boga en Francia. La observación sobre la europeización de los españoles insinúa que Goytisolo conoce bien la historia de las ideas en España, tan bien que puede pronunciarse sobre la relación entre diferentes ideas y las sucesivas guerras en la Península. El autor cita a Ganivet, a Castro y Llorens sin indicar la fuente, como si los autores a los que él suele citar fueran igual de conocidos por todos.

En ese texto tan abstracto, el autor establece una conexión con la realidad a través de las referencias a las conversaciones que ha tenido en Buenos Aires. Además, utiliza varias veces las expresiones real, verdadero y el hecho que: habla de la dinámica real de la economía y la evolución social españolas, de posturas que se basan en verdad en unas tesis a la vez reaccionarias y erróneas, de la España real y de los trampantojos del capitalismo real y de diferentes situaciones que presenta como hechos. El autor sabe cómo son las cosas.

Sus observaciones sobre la máquina cultural de los EE.UU. y sobre la prensa española señalan que el autor se ve como pertenenciente al grupo de progresistas. Su tono perentorio y moralizante podría hacernos pensar que él es el primero por ejemplo en sacar la conclusión de que la prensa es sensacionalista. El autor habla de la ética en dos ocasiones. El artículo da a entender que el autor está en un nivel ético más alto que los españoles que son nuevos ricos, nuevos libres y nuevos europeos. El autor, libre y europeo desde hace tiempo, puede esudiarlos a ellos desde arriba.

El autor cierra el artículo con la afirmación de que para los franquistas él resulta antipatriótico. Si el lector también piensa que el autor es antipatriótico se encuentra encerrado en un conjunto etiquetado como franquista. Esta es otra maniobra que coacciona la libertad del lector; el texto resulta autoritario. El autor proclama agresivos a los españoles, pero – ¿y él mismo? Goytisolo termina el artículo en el que ha atacado ferozmente a los españoles, proclamándose perseguido él. Confunde a los lectores y dificulta la comprensión de lo que realmente dice.

El artículo analizado parece tratar de los españoles y de cómo son. ¿Pero si en realidad tratara del propio autor? ¿De lo mal que se siente frente a sí mismo, de sus ganas de destacar como progresista, de sus fobias y querencias? (Enkvist – Sahuquillo 2001). Su uso del ‘nosotros’ indica que vive inmerso en un psicodrama, una tensión entre él y el contexto en el que nació. En este drama hay dos actores: él y el conjunto de los otros, los españoles. Está claro también que quién tiene el papel de ‘bueno’ y quiénes el de ‘malo’.

Bibliografía

Inkvist, Inger – Sahuquillo, Ángel. Los múltiples yos de Juan Goytisolo. Un estudio interdisciplinar. Instituto de estudios almerienses, Diputación de Alméria, 2001.

Goytisolo, Juan. El bosque de las letras. Madrid: Alfaguara, 1995.

—— Ensayos escogidos. México: Fondo de cultura económica, 2007.

—— “Nuevos ricos, nuevos libres, nuevos europeos”. El País,16 de noviembre de 1990.

© Inger Enkvist 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero44/goytisol.html