Derrota Mundial , libro polémico de Salvador Borrego sobre II Guerra Mundial, nazis,comunistas,fascistas,sionismo

Timón,la revista nazi en México y José Vasconcelos

LA REVISTA «TIMÓN»
Y LA COLABORACIÓN NAZI DE JOSÉ VASCONCELOS
Aun muy pocos especialistas de la literatura hispanoamericana, en
general, y de la literatura mexicana, en particular, saben de la existencia
de la revista Timón y lo que ella tiene que ver con José Vasconcelos, quien,
en cierto modo, constituye un mito y leyenda en América Latina.
No quisiera destrozar ese mito, pero como investigador y crítico
literario tengo que decir la verdad. Vasconcelos mismo toma por lema
el aforismo de San Jerónimo: «La verdad hay que decirla, aunque sea
motivo de escándalo.»
En mis libros1, artículos y ensayos sobre Vasconcelos, digo buenas
y malas cosas sobre el hombre que tanta influencia tenía en la vida pública
de México entre 1910 y 1959; juzgo su obra y actividades políticas y evalúo
sus escritos de índole sociológica, histórica, educadora, periodística y
literaria. Yo sabía que Vasconcelos era en su juventud un comunistoide
—él mismo lo cuenta y admite—; también sabía que años más tarde
volvió al catolicismo, y que era un hombre de varios colores. Antiyanqui
(pero sólo en sus escritos, ya que durante muchos años vivió en los Estados
Unidos trabajando y enseñando en sus universidades), Vasconcelos combate
la dictadura de Juan Vicente Gómez de Venezuela, y años más tarde
simpatiza con Perón y otros dictadores de países de habla castellana.
Mas tengo que confesar lo siguiente: Al publicar mi libro en 1965
y 1966 no sabía que José Vasconcelos —el tan llamado Maestro de la
Juventud Latinoamericana, aunque nunca haya tenido cátedra en América
Latina, sólo en los Estados Unidos, que «soi-disant» tanto odiaba—
durante la Segunda Guerra Mundial, en 1940, entre los meses de febrero
y junio de aquel año, nuestro don José era un agente de la propaganda
nazi-hitleriana de la peor especie.
Menester es aclarar que ninguna biliografía oficial o semioficial de
la vasta obra vasconceliana, menciona la revista Timón, y Vasconcelos
en sus frecuentes plásticas durante los dos últimos años de su vida con el
autor de la presente ponencia, nunca lo ha mencionado. La confesión
de ignorancia no es excusa, sino aclaración.
‘ Inlroducción critico-hiográficu ti José Vasconcelos, Madrid, 1965. Jo.sc Vasconvcltis,
Villa y Obra. Prólogo de Salvador Azuela. México, D. F.. 1966.
152 1. Bar-Lewaw
Para quedarnos en el sendero de la verdad, hay que admitir que muchos
mexicanos sabían de esa bochornosa revista de Vasconcelos. Personalmente
mis indagaciones no han tenido éxito en México, ya que muchas
personas fidedignas y serias en la Universidad Nacional Autónoma de
México y hombres de letras de aquel país me aconsejaban no perder mi
tiempo, ya que según ellos «rumores de la colaboración nazi de Vasconcelos
eran puras calumnias y nada más». Mis búsquedas en la Embajada
alemana en México entre 1956 y 1961 no eran fructuosas, puesto que me
he encontrado con un muro de silencio por parte de los empleados y
diplomáticos. Me explico la actitud de los mexicanos como deseo de olvidar
el pasado de Vasconcelos, ya que tenían vergüenza a causa de esa revista.
Otra explicación no hay, o por lo menos, no la encuentro yo.
Por falta de tiempo tendré que limitar mi ponencia a tres puntos principales.
1. El origen de la revista Timón.
2. La redacción de la revista.
3. El contenido de Timón.
ad 1. Al comenzar la Segunda Guerra Mundial, el 1 de septiembre
de 1939, los alemanes buscaban febrilmente a agentes en todos los países
neutrales para interpretar el punto de vista de los nazis.
Uno de los puntos más importantes en el mapa nazi era América
Latina. Buscaban allí intelectuales con cierto peso e influencia. Nadie
podía servirles mejor que J. Vasconcelos, autor discutido, pero leído en
toda América. Con la ayuda de los comerciantes alemanes en México
—los que, al publicarse la revista Timón, anunciaban allí sus productos
y mercancías— el agregado de prensa de la Embajada nazi en la ciudad
de México, Walter Dietrich, financiaba la empresa (hay que tener en cuenta
el hecho de que Vasconcelos no era un hombre rico, ni en condiciones
de emprender una empresa de tal envergadura sin medios económicos
asegurados), y el 22 de febrero de 1940 apareció el primer número de
Timón, cuyo director era el licenciado José Vasconcelos, y su administrador
un tal César Calvo.
De esta bochornosa revista editaron 17 números. Al ser nombrado
rector de la Universidad de México en 1920, Vasconcelos proclamaba
como lema: «Por mi raza hablará el espíritu»; en la revista Timón, por
la gargante de Vasconcelos habla la voz de Hitler y Goebbels, y sus secuaces.
Las locuras de José Vasconcelos hasta el año de 1940 son bastante
conocidas y no es cosa de citar aquí todos sus escándalos, sus pleitos,
«Timón» y José Vasconcelos 153
querellas, amoríos baratos y más serios, etc. Él mismo los cuenta —y con
muchos detalles— en sus cuatro tomos autobiográficos de Ulises criollo.
La tormenta, El desastre y El proconsulado. Pero la locura de la revista
Timón, a mi modo de ver, no tiene otra explicación sino la siguiente:.
Vasconcelos pensaba seriamente que Hitler ganaría la guerra en Europa,
y uq en México habría un régimen pro nazi bajo la presidencia… —ustedes
adivinan ya—… de José Vasconcelos.
ad 2. La redacción de la revista fue ubicada en la calle San Juan
de Letrán, núm. 68, es decir, en el corazón de la capital mexicana. La
mayor parte de los 17 números tiene cubiertas de índole política; un soldado
alemán en guardia, Hitler dando una patada a Inglaterra sobre el
mapa de Europa, bombas magnéticas de Alemania, el Tío Sam y la tormenta
europea, etcétera.
La revista contiene muchos artículos no firmados, en su mayoría
pro nazis, o documentos sacados de los archivos militares alemanes,
o de las oficinas de Goebbels. En total hubo unos 60 colaboradores, todos
gente mediocre o de pésima fama periodística en México, como un tal
Carlos Roel, quien en otra revista de extrema derecha mexicana La Reacción
defendía ya antes la guerra el racismo nazi, o un Francisco Struck,
quien en el núm. 16 de la revista afirma que: «Hitler es la escoba de Dios
que está barriendo de la superficie de la Tierra todo lo malo que se había
acumulado durante siglos…» Sólo el doctor Atl y Andrés Henestrosa
constituyen la excepción, ya que gozaban de cierto prestigio en México.
Ellos también eran colaboradores del Timón.
La temática del Timón es variada y busca complacer al vulgo a quien
está destinado. Aparte de noticias de Hollywood, del cine alemán, la
ópera, filatelia, adelantos de la técnica y ciencias alemanas, trozos de
varias novelas de Cervantes. Gide y otros, hay escasas noticias sobre la
política en México. Se leen también noticias sobre varios acontecimientos
en los países iberoamericanos, pero la mayor parte de las informaciones,
artículos firmados y no firmados, fotos y observaciones acerca de la vida
política trata de la guerra en Europa, del avance de Alemania en todos los
frentes militares, los planes nazis en el futuro próximo y lejano después
de la «victoria final», la vil y cobarde Inglaterra, la actitud de los Estados
Unidos hacia el conflicto europeo, la superinfluencia judía en las democracias
del Occidente, etcétera.
La mayoría de las fotos en Timón son de origen alemán, italiano o
japonés. Muestran el heroísmo de los soldados del Eje. Los mapas sobre
el estado de las campañas militares en Europa se publican con títulos
154 1. Bar-Lewaw
alemanes, y la redacción del Timón ni siquiera se molestaba en traducirlos
al español. Aun los anuncios comerciales de la crema Nivea, crema para
los dientes y otros, llevan fotos cuyas caras son claramente teutónicas,
es decir, enviadas directamente de Alemania.
La revista publica columnas que aparecen en la mayoría o en casi
todos los números de Timón: «Libros e ideas», «Política internacional»
o «Panorama internacional», «La Semana de México» o «La Semana
Nacional», «Centelleos» y «Documentos para la Historia», casi todas
de fuentes nazis o fascistas.
ad 3. El contenido del Timón es violentamente antialiado, es decir,
antipolaco, antifrancés, antiinglés y, claro está, antyudio.
Obsérvese un hecho de sumo interés e importancia: Vasconcelos era
muy antiyanqui, pero en la primera mitad del 1940 los Estados Unidos
todavía no han declarado la guerra a las potencias del Eje, y la postura
del director de la revista Timón hacia los norteamericanos es bastante
tibia. Trata —al igual que los nazis en aquella época— de convencer
a Estados Unidos que más vale no entrar en la guerra, que Hitler era un
genio militar y que la «victoria final» de Alemania ya estaba asegurada.
La misma «graulpropaganda» de Goebbels está destinada también a los
mexicanos. Del contenido del Timón se puede comprender que seria
mejorpara México prepararse para un régimen nazi o pro nazi. Los mexicanos
leen en la revista que en Alemania hay abundancia de víveres,
que la ciencia y técnica alemanas son las más desarrolladas en el mundo
entero, que el soldado alemán es el más noble y capaz de todos los otros
ejércitos, y así por el estilo.
Los colaboradores del Timón traducen aún del alemán términos nazis,
verbigracia: espacio vital (Lebensraum en la lengua alemana).
Me limitaré a indicar brevemente la división de los artículos más
importantes del Timón y su contenido:
1. Artículos firmados por José Vasconcelos.
2. Editoriales, no firmados por Vasconcelos, pero que son suyos,
por el estilo, contenido y manera de expresarse.
3. Artículos antialiados (en aquella época contra Polonia, Francia
e Inglaterra). Los artículos en contra de los Estados Unidos no
son fuertes, como lo hemos explicado antes.
4. Artículos antijudíos.
5. Artículos netamente pro nazis.
«Timón» y José Vasconcelos 155
La revista contiene también fotos, donde se ve a José Vasconcelos
en la Embajada alemana en México, rodeado de varias personalidades
nazis.
Nuestro Vasconcelos firma artículos sobre la excelencia de los tristemente
célebres Protocolos de los sabios de Sión. En el núm. 14 de la revista
del 25 de mayo de 1940, Vasconcelos publica un artículo «En defensa
propia» donde cita un capítulo de los Protocolos: «El dominio de la prensa
por Israel ha sido sabiamente previsto y ordenado por el programa mundial
judío, y en los Protocolos de los sabios de Sión constan y los transcribo
al respecto… —I. La ensillaremos y como a yegua fogosa, cogeremos
corta la rienda… —II. No llegará noticia alguna a conocimiento de los
pueblos que no haya pasado antes por nuestra censura.—III. Literatura
y periodismo son dos potencias educadoras sumamente importantes, y
por esta razón nos adueñamos de la mayoría de los periódicos y revistas…»
Y Vasconcelos añade por su propia cuenta: «No podían expresarse los
judíos más claro en su programa mundial.»
En otro artículo firmado por José Vasconcelos en la revista Timón
(núm. 16, el 8 de junio de 1940) bajo el título «La inteligencia se impone»,
afirma lo siguiente:
«Hitler, aunque dispone de un poder absoluto, se halla a mil leguas del cesarismo.
La fuerza no le viene a Hitler del cuartel, sino del libro que le inspiró su cacumen.
El poder no se lo debe Hitler a las tropas, ni a los batallones, sino a sus propios discursos…
Hitler representa, en suma, una idea, la idea alemana, tantas veces humillada
antaño por el militarismo de los franceses, la perfidia de los ingleses. En contra
de Hitler, es verdad, se hallan combatiendo «Democracias» gobernadas por civiles.
Pero son democracias de nombre.»
En «Ante el destino» (Editorial, núm. 14, 25 de mayo de 1940), la revista
declara:
«Lo que si va apareciendo evidente, aun para los empecinados, es el triunfo de
Alemania sobre sus rivales y el cambio histórico que en consecuencia va a operarse
en el mundo… ¡Pero ganaremos con la victoria alemana! Y no porque creamos que
Alemania va a constituirse en campeón de Latinoamérica. Es ley de la Historia que
cada pueblo conquiste su propia libertad… Y ahora nosotros en la América española
pensamos en que una nación inspirada logra siempre aprovechar los grandes cambios
históricos en beneficio de su futuro…» ,
Los artículos anl¡aliados llevan por títulos: «El lobo londinense con
piel de oveja», «Un mundo más feliz eliminando el poderío británico»,
«Inglaterra se va», «Mucho de lo que puede ocurrir en el mundo si Albión
es vencida», «En cualquier parte del mundo donde hay un negocio, ahí
habrá un inglés», etc.; hablan por sí mismos y no necesitan comentario.
156 I- Bar-Lewaw
En el artículo «Adolfo Hitler», el licenciado Antonio Islas Bravo
(núm. 15) declara:
«Con motivo del reciente cumpleaños de Adolfo Hitler, el Ministro Ribbentrop
declaró que el mandatario alemán es el hombre más grande que han producido los
siglos. No hay exageración en lo afirmado por el Ministerio de Relaciones del Reich…
Al igual que los alemanes, los franceses, los ingleses, los belgas, los escandinavos,
los americanos, etc., habrán de reconocer la grandeza de Hitler, no limitada al pueblo
alemán, sino desplazada hacia todos los hombres que caminan sobre los accidentados
y penosos territorios de la civilización… La verdadera grandeza está en los directores
de hombres, y Hitler es el más grande de todos ellos. Tibbentrop tiene razón…»
Cabe preguntarse: ¿Por qué lo hizo Vasconcelos? ¿Por dinero? ¿Por
haber sido simplemente agente nazi? ¿Por venganza en contra de las
autoridades mexicanas que, según él, le imkidieron la Presidencia en
1929? ¿Por odio a los norteamericanos en particular, y a los judíos y
anglosajones en general? ¿Pensaba Vasconcelos de veras llegar a ser
sátrapa de México después de la «Victoria final» de Hitler?
Fueran los que fueran los motivos personales de José Vasconcelos,
no cabe ninguna duda que la revista Timón, bajo su dirección personal,
y los artículos allí publicados por él y por la mayoría de sus colaboradores,
constituyen una mancha muy grave en la vida de este escritor mexicano.
I. BAR-LEWAW.
York University.
TORONTO. CANADÁ.

Vasconcelos ¿nazi?


fuente http://www.filosofia.mx
El otro Vasconcelos
Autor: Alejandro Rosas / historiador

Publicado: April 04, 2009
La campaña electoral de 1929 fue el último destello revolucionario de José Vasconcelos, su última posibilidad de realizar transformaciones de alcance nacional.
A lo largo de su vida no había sido ajeno a ninguna de las categorías del poder, las había intentado todas, pero fracasó tratando de alcanzar la más importante de ellas: la Presidencia de la República.
Durante su exilio (1929-1938), Vasconcelos sufrió una transformación radical. Sus principios políticos se trastocaron de tal forma que su identificación con regímenes totalitarios ultraconservadores—como el nazismo—emergió de entre los restos de su maderismo. Hacia mediados de la década de los 30, el ideal democrático en Vasconcelos había desaparecido casi por completo y comenzaba el retorno paulatino hacia el catolicismo de sus primeros años, aquél que su madre le había inculcado durante su infancia en Piedras Negras.
¿Nazi yo?
En agosto de 1938, el Departamento del Trabajo de Estados Unidos negó a Vasconcelos la prórroga de su permiso de residencia en territorio norteamericano. Así terminaba un exilio de casi nueve años. “Expulsado de los Estados Unidos regreso a mi país gustosamente—declaró Vasconcelos—. No vengo a dar excusas ni a sonreír a mis enemigos. Sigo y seguiré a las órdenes del pueblo mexicano por encima de toda consideración de conveniencia o de partido.
El México que había dejado Vasconcelos años atrás, había cambiado. La revolución institucionalizada a través del partido oficial iniciaba su consolidación. El gobierno se había fortalecido al sortear con inteligencia la tensión provocada por la expropiación petrolera y el presidente en turno, Manuel Ávila Camacho, llamaba a la reconciliación de los mexicanos en torno a su política de unidad nacional para hacer frente al conflicto internacional iniciado desde 1939.
La segunda guerra mundial descubrió a un Vasconcelos débil, desconcertante y contradictorio, a un Vasconcelos antítesis de aquél que en 1910 había confiado en la prédica democrática de Madero. Su actitud frente al conflicto bélico y su abierto apoyo al nazismo resulta difícil de explicar.
El 22 de febrero de 1940 comenzó a circular Timón, revista patrocinada por la legación alemana, bajo la dirección de José Vasconcelos. Por una coincidencia, la revista salió a la luz pública en un aniversario más de la muerte de Madero. Seguramente Vasconcelos no pensó en ello, 27 años eran muchos; tal vez para ese momento ya ni siquiera creía en la democracia como una alternativa viable para México. En la página editorial del primer número de aquella revista, sin la firma de su autor, se advierte claramente la pluma de don José al definir la línea de Timón:
“Una nueva era surgirá en la historia, a consecuencia de la guerra que se está librando hoy. Y en esa nueva era los pueblos de América hallarán renovada oportunidad para organizarse conforme a su tradición y su sangre, y según sus antecedentes cristianos… Un desenlace que otorgara la victoria a los aliados, sería la peor calamidad para los habitantes de este continente”.
Timón sólo circuló algunos meses y el 14 de junio de 1940 fue clausurada por órdenes del gobierno mexicano. De cualquier modo, Vasconcelos siguió con interés el desarrollo de la guerra. Temía que los aliados se alzaran con la victoria; el triunfo de la cultura anglosajona, por un lado, y del comunismo antirreligioso, por el otro, significaría la muerte de la civilización cristiana que concebía como la mezcla del “alma helénica y el milagro judío-cristiano, el derecho de la Roma pagana y la obra civilizadora y religiosa de la Roma católica”. Cuando comenzó la contraofensiva aliada, en 1943, su decepción fue grande
. Así lo recuerda Alfonso Taracena:
“Un día lo encontré en la Biblioteca Nacional preocupado porque Mussolini había dejado desembarcar yanquis en un islote del Mediterráneo para dar el asalto a la península. Le dije que no se preocupara, que sólo se trataba de un islote habitado por cabras, a lo que él contestó: ‘Y las cabras encantadas porque desembarcaron cabrones’”.
Vasconcelos siempre negó su apoyo por el nazismo. “¿Nazi, yo? me río de los que me hacen ese cargo porque soy de los pocos mexicanos que toda su vida han combatido contra las dictaduras. La causa de Alemania me simpatizó porque tenía mucho de liberación de un gran pueblo después de las injusticias de Versalles”. Sus artículos en Timón demostraban lo contrario.
El nazismo no fue ni el único ni el último desliz antidemocrático de Vasconcelos. En la década de los 50 fue recibido por Franco en España, Perón en Argentina y Batista en Cuba. Más significativo resultó el caso de Fidel Castro. Se dice que cuando el Comandante asumió el poder, Vasconcelos le envió una carta aconsejándolo: “No siga usted el ejemplo de debilidad de Madero, sea usted duro; porque si no; se lo traga la realidad de un pueblo que no le va a responder”.
De vuelta a la fe
Su fascinación por las dictaduras coincidió con su retorno a la religiosidad de los primeros años de su vida y a un enclaustramiento personal, espiritual, que cierra lentamente el círculo de su vida. Su reencuentro con el catolicismo materno se desarrolló a través de la cariñosa y tierna influencia de su hija Carmen. “Fue un retorno, no una conversión—solía comentar Vasconcelos—, yo empecé por el Padre Nuestro y después de los años, al revisar mis ideas, me encuentro de nuevo en el Padre Nuestro… fue como un ‘viaje perdido’ por el mundo de la razón”.
Vasconcelos transitaba hacia el plano espiritual, retomando una religiosidad que por momentos serviría también como paliativo ante una difícil situación personal. Sería franciscano, pero al final se reconocería jesuita. Iría del Padre Nuestro al Credo y a los Evangelios. En 1943 dio un paso más sobre esta tendencia: tomó el hábito de novicio de la Venerable Orden Tercera de San Francisco. “Este país fue creado—decía Vasconcelos—en lo que tenga de valioso para la cultura, por los monjes de la Orden Franciscana… Sin San Francisco no hubiera sido posible la civilización, la integración de Hispanoamérica… tales fueron los factores que se combinaron para construir esto que fue la Nueva España y hoy es nuestra Patria Mexicana”. Hacia los últimos años de su vida, Vasconcelos concluyó que el gran secreto de la vida se encontraba sencillamente en dos oraciones: el Credo y el Padre Nuestro.
“Todo está contenido en el Credo, en cuanto a la convicción intelectual, y en el Padre Nuestro por lo que hace a la conducta. El Padre Nuestro nos lleva a una filosofía que coincide con Sócrates al reconocer, no sólo que no sabemos nada, sino que además, esto no debe ser motivo de escepticismo sino apoyo de la convicción de que no nos queda otro camino que repetir, con toda sinceridad, el ‘hágase tu voluntad así en los cielos como en la tierra’”.
El crítico
Junto a las reflexiones religiosas, Vasconcelos continuó su actividad intelectual y por ella obtuvo el reconocimiento de varias universidades de América Latina, incluyendo, desde luego, la Universidad Nacional de México. Nunca dejó de escribir. De regreso a México su mayor y más prolífica actividad fue la producción periodística, no obstante la desazón que esto le provocaba. “Mi día es muy ocupado y rutinario—repetía Vasconcelos—, porque tengo que trabajar para la prensa diaria y esto arruina cualquier vocación filosófica”. Pero ni los reconocimientos intelectuales, ni sus artículos y mucho menos sus libros le llenaban del todo. Hasta el día en que murió, Vasconcelos esperó que la nación pagara la deuda moral que había contraído en 1929 cuando no respondió a su llamado.
“…nunca he querido aceptar honores de carácter un poco ruidoso, porque considero que la ciudadanía de nuestro país no tiene derecho a honrarme como escritor mientras no me reconozca como político… porque está pendiente un acto de justicia con los que murieron en la campaña electoral del 29. La conciencia nacional sabe que ganamos las elecciones de 1929, y mientras esto no se reconozca públicamente no podría yo aceptar ningún honor sin sentir que traicionaba la verdad y la justicia… En consecuencia, si mi país no se decide a honrarme debidamente como político, por temor a reconocer la verdad, prefiero que no se ocupe de mí en ninguna otra forma…”
Conforme don José fue envejeciendo, el recuerdo de aquel doloroso revés de 1929 se reflejó en su carácter: “Llevo 30 años de predicar en vano—decía Vasconcelos—, México es, por ahora, un país envilecido e irredimible. La gente está sorda y muda. Ya no predico. Estoy viejo y enfermo”.
Ya no predicaba pero se hacía escuchar a través de las entrevistas que daba y en las que, obligadamente surgía la pregunta que ponía de nuevo el dedo en la llaga: ¿y las mujeres? “De las cuestiones del sexo—decía Vasconcelos—he vivido huyéndolas, pero la gente se fija en las caídas que son siempre profundas y amargas. Como todo el que amó en exceso, he conocido la angustia del deseo, la dicha falsa y la pesadumbre de la desilusión… Nunca me he sentido culpable de aventuras mujeriles que no presidiera el amor. Eso no es vicio. Nací para ser célibe, y traicioné mi vocación… Las mujeres sólo me han deparado infortunios. Hablé con insistencia del amor porque fui en él desafortunado… El amor, por otra parte, cuando se prolonga desemboca en el tedio o en los hijos”.
Pasiones dionisíacas
Hacia la última década de su vida, las mujeres habían quedado en el olvido. Esos años transcurrirían, en mayor o menor medida, en el jardín de la vieja casona de la avenida de Las Águilas, alternando la lectura y el dictado de artículos literarios con la plática de su pequeño hijo y sus nietos, cuyas risas y juegos infantiles le daban horas de alegría. Se avenía muy bien con su viejo platonismo, con encontrar al fin un camino sencillo, claro y único para los últimos años de su vida. Pero nunca renunció a ciertas “contradicciones” dionisíacas como el vino y la comida, placeres sensuales finalmente.
Su afición por una buena botella de oporto -lo consideraba un gran regalo-, jerez, o el degustar algunos trozos de queso, pan y salchicha con vinos generosos, españoles y franceses o un “buen tinto”, contrastaba con su desprecio por bebidas como el whisky y el tequila, a las que consideraba “violentas”, o el café—“bebida lujuriosa”—, de la cual solía decir: “menjurje maldito inventado por los turcos para estarse imaginando, despiertos, a las huríes del profeta, así que el Sultán les ha robado a todas las mujeres bonitas”.
Fue un hombre bien administrado y nada despilfarrado, eso le permitió vivir con holgura y tranquilidad. Vestía de manera sencilla, era un gran gourmet y le gustaba ayunar una vez a la semana.
La muerte se apareció un 30 de junio de 1959. Tenía 77 años y padecía de reumatismo y del corazón. Seguía pensando que lo único que valía la pena era releer a los clásicos, volver a Grecia, a Roma, a las fuentes de la cultura occidental. Apasionado, abierto, hombre de acción en su juventud y madurez; descreído y receloso en su vejez. Alguien lo definió como un individualista feroz, un participante de la existencia como heroicidad. “Sólo y único, de los llamados a guiar”, había escrito en sus memorias refiriéndose a su misión en la tierra y tal había sido su existencia.
Notas:
http://www.puentelibre.com.mx/not_detalle.php?id_n=15758