Epistemología con ironía hispanoamericana o la cumbia del amor

Epistemología del amor en clave metafísica

Luis Buñuel, descrito por Max Aub

Podemos titular esta entrada : retrato de un cineasta y artista español

FUENTE: https://cvc.cervantes.es/actcult/bunuel/escritos/aub.htm
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Le fascina lo ilógico, que no tiene verbo, lo absurdo, que tampoco disfruta de tal; lo que sí, que tampoco se puede declinar. Sólo es o no es. No cuenta lo que se puede rechazar, rehusar, desechar, despedir, refutar, verbos regulares. Sí lo irracional, no lo arbitrario; la arbitrariedad, no lo inverosímil; la inverosimilitud, no lo imposible.

El despropósito, la enormidad, el desvarío, el delirio, (ni la locura ni el devaneo), la burrada no la necedad; la impertinencia mas no la extravagancia. Le encanta la insentatez, la incoherencia, la desconformidad, la ficción, el sueño, el esperpento, las apariciones; a veces, la patochada, el absurdo, la contradicción si es oposición, el contrasentido, las paradojas, el disparate, el desbarro. Delirar, no llevar pies ni cabeza; pero nunca hablar a tontas y a locas. Lo irracional, ante todo, por lo racional. Cierta brutalidad por lo que tiene de bestialidad. Lo irrazonable, lo disparatado ( que no son lo mismo: lo disparatado puede ser razonable ). Lo inconveniente para lo que se tiene burguesamente por ello. De allí su gusto por lo inmoral desde el ángulo de la buena educación y por la pornografía, así se llame erotismo por lo fino.

Prefiere lo nombres a los verbos: ni disparar, ni desbarrar, ni desvariar, ni soñar ni delirar, sino lo sustantivo de los sustantivos: los disparates, los sueños, embutidos en la realidad más vulgar y cotidiana.

Apaga y vámonos antes de pasar al humor, la ironía, al donaire, la broma, la burla, la sátira, el sarcasmo, lo cáustico, lo mordaz, la muerte de las ilusiones. Hágase la irreverencia, la desobediencia, la rebeldía, el descaro, el desdén, el menosprecio —sin llegar a la ofensa— la profanación, la blasfemia, la irreverencia; todo sin hacer disonancia: desprecio, ofensa, profanación y blasfemia. Entre dos aguas; haciéndose el inocente, para poder defenderse en caso necesario.

Ni crédulo ni incrédulo, ni religioso ni irreligioso, ni comunista ni burgués (ni mucho menos anticomunista), ni anarquista ni totalmente en contra, ni creyente ni increyente (en la magia, por ejemplo). Escéptico sin serlo, ni ateo del todo, tal vez —no lo creo— descreído, materialista hasta cierto punto, fiel e infiel, hereje sin saber de qué, anticlerical con lagunas, irreverente, libertino, sólo en principio impío; sacrílego sólo en las formas, descatolizado hasta el punto en que puede serlo un español, que no es demasiado. Hipócrita en el buen sentido de la palabra, que lo tiene. Atrevido sin querer. Amigo del desacato a las autoridades siempre que no entrañe peligro para él. Adelantado. Bien educado. Egoísta y espléndido. Amigo de ayudar. Difícil de enfurecer, pero no enemigo de dejarse llevar por su temperamento. Amigo de los excesos, lo infrecuente; monstruo normal; nada rencoroso; cascarrabias a veces; algo quisquilloso; malicioso; amigo de retruécanos, anfibologías y ambigüedades; no le importaban los contrasentidos ni la malicia ni la corrupción —teniendo muy en menos los vicios—. No le importan las mentiras si no provienen o buscan enredos, jamás toma el rábano por las hojas, ignora los malos pensamientos porque los descubre fácilmente. Ni fresco, ni amoroso, ni suave. Terco, pertinaz, duro, casado con sus opiniones, porfiado, cabezudo, tieso que tieso pero no duro de mollera, casi irreductible, sordo, impertinente, testarudo, obcecado, pero no fanático; constante, sectario, defensor de sus amigos; empecinado pero sin manías, cumple lo que promete y sabe lo que es hacerse responsable a pesar de su afición a lo irracional. Puntual sin falta, se sale de sí si los demás no lo son.

Amigo de papar moscas, mirar las musarañas, el frío, andar, matar el tiempo, la ociosidad y el buen vino, los aperitivos dulces, las cremas, la repostería, y si de comer se habla todavía no conozco plato —si bien aderezado— al que no le entre como valiente; no tiene, en la mesa, preferencias: lo popular y lo muy preparado en cocina de altos gorros y pinches le tientan por igual. Come —comía ¡ay!— como un tudesco, un gabacho, un aragonés. Dicen: «Después de Dios, la olla»; para él tanto montan, a sus horas. Fue hombre de convites, gastrónomo de taberna y tragaldabas de restaurantes de los más nombrados. Polífago.

Parcial, con preferidos, predilectos, favoritos, debilidades por quienes tal vez no las merecían (¿quién no?), prejuicios (pero capaz fácilmente de echarlos por la borda), obstinado, intolerante, con ciertas obsesiones, de buenas costumbres, sin importarle el que dirán, parece más caviloso, por los años, de lo que es y está.

Inteligente, crítico arbitrario y por lo tanto excelente. Amigo de sus amigos, cuanto más viejos mejor, por su amor a la vida.

Respetuoso del azar. Amante de lo ilógico. Cara de verdugo; de andar ya recargado por sus años, poco dado a demostrar sus efectos, por ahí va al Supermercado, Luis Buñuel a comprar sardinas frescas, si las hay; Noilly-Prat, si se encuentra una botella. Incapaz de viajar con un paquete, feliz de que un amigo le traiga uno de Gitanes. Contradicción hecho arte.

Ínsula, n.º 320-321, 1973.

Narcoliteratura y bazofia pseudoliteraria

Miércoles 04 de abril de 2018

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María Rodríguez (ALN).- Jesús G. Maestro, profesor de Teoría de la Literatura y de Literatura Comparada en la Universidad de Vigo, se muestra crítico con las obras sobre narcotráfico en esta entrevista con ALnavío. Considera que se prestan más “a una seudoliteratura de consumo que a una obra de arte”.

Por María Rodríguez

El fenómeno de los libros sobre historias de narcos se expande, no sólo en Colombia y México, también -aunque sea poco a poco- en España. Pero igualmente cosecha críticas. Desde el punto de vista académico, ¿se puede hablar ya de la literatura del narcotráfico como un nuevo género? ¿Qué requisitos serían indispensables para ello?

Jesús G. Maestro, profesor de Teoría de la Literatura y de Literatura Comparada en la Universidad de Vigo y director de la Cátedra de Filosofía Cervantina en Guanajuato (México), analiza estas cuestiones en esta entrevista para el diario ALnavío.

– ¿Queda margen en la literatura en español para que se desarrollen nuevos géneros?

– Sí, por supuesto. La literatura siempre está abierta a las capacidades que puedan ofrecer los autores y a las interpretaciones de los lectores. La literatura se alimenta de la realidad, y mientras haya mundo habrá literatura. Son las personas quienes construyen la realidad. Y son los autores quienes crean y construyen nuevos géneros literarios o transforman los preexistentes. La literatura no tendrá final histórico jamás.

Maestro: “Lo más probable es que no pase de ser un tema disfrazado de literatura. Mejor dicho: de pseudoliteratura”

– Uno de estos nuevos géneros podría ser el de la literatura del narcotráfico. ¿Considera que con la publicación de cada vez más libros sobre esta temática en España se puede hablar ya de un nuevo género, desligado de la novela policíaca?

– No. Porque lo primero que habría que plantearse es si esos libros son libros de literatura o simplemente son libros que cuentan historias sobre narcotráfico, bajo la pretensión de ser obras literarias. Fíjese que habla de “temática”. Un tema no es un género literario. Un tema es una referencia recurrente. Un género literario es el conjunto de características comunes o semejantes que pueden identificarse entre las diferentes partes constitutivas de una totalidad literaria. Hablar de un género literario implica hablar, ante todo, de literatura, más precisamente, de rasgos comunes (relativos al narcotráfico) entre partes diferentes (novelas, cuentos, obras de teatro, poesía…). No todo lo que se escribe, por el hecho de que se escriba, es literatura, del mismo modo que no todo soneto es poesía. Hay que examinar la posible calidad literaria de un libro para determinar si es o no literatura.

– ¿Qué requisitos serían indispensables para hablar de la literatura del narcotráfico como género?

– En primer lugar, tendríamos que estar ante obras literarias, novela, teatro o poesía, cuya calidad literaria quedara explícitamente probada y demostrada. A partir de ahí, en segundo lugar, la presencia del narcotráfico tendría que configurar material y formalmente la hechura literaria, esto es, la forma y la materia de la novela. Lograda esa dimensión, ya podríamos hablar de un nuevo género literario. Pero advierto, de nuevo, que un género literario no es un tema. Veo muy difícil que un tema como el narcotráfico se pueda convertir en un género literario porque lo más probable es que no pase de ser un tema disfrazado de literatura. Mejor dicho: de seudoliteratura. Y que su único objetivo sea el mercantil, es decir, una invención editorial, como lo es la llamada literatura infantil o la inexistente literatura de mujeres.

– En América Latina, especialmente en México y Colombia, se ha extendido el término “narcoliteratura” para agrupar las obras de ficción y no ficción sobre narcotráfico. ¿Cree que este término podría extenderse en España o, por el contrario, la lectura de este tipo de libros es más bien un fenómeno pasajero?

– El término puede extenderse por donde sea, con tal de que haya una estructura mediática (prensa, radio, internet, televisión, etc.) que lo imponga. Usted habla de “no ficción”. Eso ya no es literatura: lo que no es ficticio no forma parte de la literatura. La literatura exige siempre la ficción. En consecuencia, no podemos incluir en un presunto género literario algo que no es literario porque no es ficticio, sino histórico, operatorio, y con consecuencias jurídicas, además. Por otro lado, todo es un fenómeno pasajero: la teoría literaria aristotélica fue un fenómeno también pasajero, que duró unos 2.000 años, pero que ya pasó. La pregunta no es si será pasajero o no: la pregunta es si dará lugar a consecuencias o no. Y eso dependerá de la inteligencia de los autores de ese posible género literario.

“Veo muy difícil que un tema como el narcotráfico se pueda convertir en un género literario”, afirma el profesor Jesús G. Maestro

– ¿Ha leído La reina del Sur, una obra sobre narcotráfico escrita por Arturo Pérez-Reverte? ¿Qué opinión le merece?

– Sinceramente, yo no leo a Arturo Pérez-Reverte. No escribe obras literarias, sino seudoliterarias. Están bien para entretener a la gente, pero no me interesan. No hay ideas en ellas.

– Una de las citas que usted destaca en su página web es: “La literatura puede sobrevivir sin lectores, pero no sin intérpretes. Y las universidades hoy ya no forman intérpretes”. En este sentido, ¿considera que los libros sobre narcos son para leerlos, como simple entretenimiento, o para interpretarlos?

– Cada cual puede usar la literatura para lo que quiera, lo que pueda o lo que sepa. La servidumbre literaria -el para qué sirve la literatura- está siempre en función de las deficiencias de cada lector. Hay gente que usa los libros para tapar huecos en casa, por ejemplo. Hay quien los usa como instrumentos de eudemonismo (felicidad) emocional, para divertirse, etc. Y los hay que los utilizan para pensar, y al fin y al cabo es como si no los hubieran leído nunca porque, aunque piensen, no hacen nada con lo que piensan, de modo que es como si no los hubieran leído. La literatura publicada es el resultado histórico de la inteligencia de sus lectores. Si no se educa a la gente para interpretar literatura, entonces la gente no sabrá distinguir una obra literaria de un código de barras. Personalmente, creo que un tema como el del narcotráfico se presta más a una seudoliteratura de consumo que a una obra de arte. Es más una cuestión mercantil que literaria.

Libertad de expresión y Derecho, análisis de Eduardo Nicol

FUENTE : https://www.proceso.com.mx/131018/eduardo-nicol

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Eduardo Nicol
Atentar contra la expresión es atentar contra el ser
Froylán M López Narváez
La pulcritud de pensamiento no recaba pronto todos los afectos ni las atenciones Eduardo Nicol, filósofo mexicano, trasterrado de España, luchador social esforzado en su patria primera, discreto en su nueva casa, no ha logrado toda la estima y conocimiento difusos que merece su obra, reeditada constantemente
Escrupuloso, puntual, sus trabajos sobre la Metafísica de la Expresión, su Psicología de las situaciones Vitales, su Reforma de la Filosofía, para indicar algunos de sus trabajos ejemplares, se estudian y consultan con asiduidad creciente, sobre todo por aquellos que saben reconocer esa marca, razón de ser del hombre: su expresión
Para Nicol expresar es ser, la libertad de expresión es libertad de ser, libertad mayor, cardinal
En su estudio de las calles de Pino, en la colonia Florida, más que rodeado, acompañado ordenadamente por sus libros, Nicol cavila, escribe con cuidado, minuciosamente, usa la erudición, la desborda, la asume, produce, origina ideas, las suscita, las propone, piensa, ayuda a pensar, a saber
Filósofo en verdad, de verdades, piensa en este mundo, en las cosas de esta vida, desde dentro y no desde arriba, y en esta entrevista escruta, razona, da sus razones, las ofrece, ventila las ajenas y se acoge a su oficio de pensador, tarea ardua, soslayada, imprescindible, de fondo
P- ¿Qué se expresa siempre, es decir, cuál es la constante en todas las variantes de la expresión política?
R- La política es cosa de palabras No de meras palabras, porque dudo que las palabras sean nunca esto que peyorativamente llamamos “meras” La palabra expresa el ser La palabra es el ser, y puede incrementarlo o disminuirlo Por eso, ni la palabrería es trivial: produce efectos existenciales De cualquier modo, la palabra es la constante, desde que los griegos inventaron la política Palabra es razón La política es la organización racional y verbal de la comunidad En política, todo el mundo quiere tener razón Pero todo el mundo tiene que dar razón, inclusive el dictador La acción política ha de justificarse con palabras (así como las buenas razones han de justificarse con las buenas obras, pues éstas, según reza el dicho popular, son los amores)
Lo expresado en las palabras ofrece otras constantes Creo que son el afán de poder y el afán de bien Esto es lo común a toda buena política No llamo buena política, claro está, a aquella con la cual yo estuviera de acuerdo, sino a la que posee los ingredientes normales Mala política, en este sentido, sería la del poder sin intención de beneficio común, o la pura ilusión de un beneficio sin el soporte indispensable del poder
P- Usted nos habla, en La reforma de la filosofía, de un nuevo régimen que se está imponiendo en la vida humana; el cual ya no es el régimen de la razón política, sino el de una razón de fuerza mayor que nos arrebata el albedrío Me pregunto si este régimen ha alterado esencialmente el discurso político
R- Estamos en una fase de transición No han desaparecido por completo las formas tradicionales de la política, ni las posibilidades de organizar la comunidad de acuerdo con proyectos libremente deliberados Pero es un hecho que en muchas ocasiones el político justifica con sus buenas razones unas medidas que vienen impuestas por razón de fuerza mayor Es decir, por una razón que ya no es buena ni mala, sino precisamente forzosa Lo inevitable no deja alternativas Con toda sinceridad, el político puede representar el papel de iluso, ofreciendo como ideales las necesidades y las imposibilidades El riesgo de la situación es grave para todos, porque si los síntomas continúan y se agravan, el resultado será el fin de la política: la palabra cederá su lugar a la cibernética Desenlace catastrófico, me atrevo a decir: ya no será la victoria de una determinada política, sino la invalidación de todas las posibles
P- Se insiste, sobre todo en los marxismos, en la fundamentación filosófica de la política ¿Puede reconocerse que existe efectivamente una política con base científica?
R- Me parece que hay varios términos implicados en esta cuestión Usted sabe que me atengo al concepto de “la filosofía como ciencia rigurosa”, para decirlo con las palabras de Husserl Pues bien, hay una filosofía de la política (a la que yo he procurado aportar algo), como hay una filosofía del arte, de la religión, del derecho, etc Esto es ciencia: saber objetivo y sistemático de una realidad determinada, sin intenciones prácticas Otra cosa distinta es una filosofía política, es decir, un cuerpo de doctrina que sirve de fundamento a cierto modelo de comunidad Pero dudo que, por la naturaleza de las cosas, eso pueda considerarse como ciencia rigurosa Lo impide el mismo objeto al cual se aplica Voy a aclararlo
Hay en la acción humana (lo mismo individual que colectiva) unos factores incalculables, a los que debemos conceder el rango de causas, y que son la libertad y el azar Sí, sí: el azar y la libertad son causas, concatenadas con la necesidad, y de esta conjugación dialéctica no puede prescindir ninguna ciencia de la historia, ni la psicología En cuanto a las situaciones políticas: es manifiesto que son cambiantes y que no son equiparables Siempre se introduce en ellas un componente de novedad Se produce, pues, una brecha entre la doctrina y la acción práctica; y no por defecto intrínseco de la doctrina, sino por la índole esencial de la práctica
Esto no significa que la política tenga que ser puramente pragmática; pura mecánica desprovista de ideas e ideales Por esto la filosofía política es literalmente ideología Y presta un servicio humano indudable: es como una paideia, y señala orientaciones cardinales para la conducta política Lo que nunca logra es anticipar soluciones para las dificultades que todavía no se han presentado: no da una pauta invariable para una acción de lucha o de gobierno
P- ¿Le parece a usted bien fundada la noción, que se maneja políticamente, de una pugna entre la concepción materialista de la historia y la concepción idealista de la historia?
R- Mire usted: la materia no tiene historia La concepción marxista yo la llamaría más bien dialéctica histórica Hace muchos años indiqué (en Historicismo y existencialismo) que el gran mérito teórico de Marx consiste precisamente en haber formulado lo que llamaría un cuerpo de leyes específicas para el devenir histórico, independientes de las leyes que rigen los fenómenos naturales Con esto se distanció de los pensadores británicos, para quienes la economía no es una realidad histórica, pues se rige por factores psicológicos invariables O sea que para ellos la economía política era científica justamente porque no era histórica Lo contrario de Marx En cuanto a la concepción idealista de la historia: yo no entiendo lo que es esto
P- En El porvenir de la filosofía y en La reforma de la filosofía, nos habla usted de las vicisitudes a las que está sometida la filosofía, y de la necesidad de proceder a una restauración de su fundamento constitucional Le pregunto si éste es un quehacer de alcance internacional, en el que participan los pensadores de varios pueblos
R- Desdichadamente no La puerta está abierta, pero ya sabe usted que los hombres no siempre aprovechamos las aperturas Quiero decir que, en filosofía, lo más difícil es ver el problema que está a la vista
P- En todo el mundo se habla hoy del llamado derecho a la información ¿Qué vinculación existe entre este derecho y la libertad de expresión, que, según usted enseña, es la libertad primera de los hombres?
R- Para ver la conexión, veamos una diferencia Usted mismo la señala en la pregunta El derecho a la información, y en general el derecho de expresarse, es precisamente esto: un derecho La libertad es un hecho Repetiré lo dicho, para aclararlo El hombre es el ser de la expresión La expresividad es nota de su ser, como la racionalidad, la comunidad, la mortalidad, etc Expresión es libertad Se entiende: libertad de ser El hombre es libre Su existencia se articula como un curso de acciones libres, desde los quehaceres más primarios hasta las más altas creaciones Este es el hecho Pasemos ahora al dominio de los derechos
Todo lo que reprime las manifestaciones de la expresividad, reprime por ello mismo la expansión del ser Diríamos que es un atentado ontológico, o si se quiere, existencial El hombre tiene derecho a ser, porque su ser no le es dado completo, y tiene que ir haciéndolo expresando Pero no todas las expresiones son legítimas Tampoco son represivas todas las regulaciones El Derecho, con mayúscula, es una coordinación de los derechos, en el seno de la comunidad Ocurre que la expresión es justamente un fenómeno comunitario: un fenómeno de correspondencia o co-responsabilidad Sustraerse a esta vinculación no incrementa el ser, sino que produce una mengua Por tanto, la expresión no es un acto indiferente, sino cualificable, en tanto que atañe el prójimo Y no pierde su virtud existencial por el hecho de que deba encauzarse, en consonancia legal con las expresiones ajenas
De suerte que no podemos generalizar, ni fiarnos de abstracciones No podemos establecer una conexión estable entre el derecho y la libertad de expresar, que nos sirva de criterio a priori para todas las situaciones posibles Una cosa es segura: el hombre se afirma a sí mismo en la expresión como acto libre de ser Pero libre no quiere decir incondicionado Por otro lado, un buen régimen político apoya siempre, y no restringe sin mesura, la libertad de ser Por debajo de este nivel, ya entramos en la casuística

Nicol, crisis de l Ciencia

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Eduardo Nicol, filósofo español exiliado en México, ha sido poco estudiado en España. Y en México tampoco ha sido estudiado como podría esperarse.

Aquí podemos leer el primer capítulo de su libro Los principios de la Ciencia

https://docslide.com.br/documents/eduardo-nicol-la-crisis-de-la-ciencia-fisica-y-metafisica.html
Eduardo Nicol. Los principios de la Ciencia