sexualidad,agresión y fe católica


Un acercamiento psicoanalítico: ¿Víctimas inocentes? ¿Desprotegidos? ¿Seducción?
Miércoles, 03 de Marzo de 2010 15:23 Alberto Sladogna .Reportaje efectuado por Carlos Fazio a Alberto Sladogna y Stephen Hasam (publicado en el cap XIV del libro: En el nombre del padre. Depredadores sexuales en la iglesia, de Carlos Fazio.

Un acercamiento psicoanalítico:

¿Víctimas inocentes? ¿Desprotegidos? ¿Seducción?

¿Qué duda queda a estas alturas que la sexualidad en la Iglesia católica es un tema muy peliagudo, que se entrecruza con cuestiones referentes a unas estructuras injustas y a un poder y una ley absolutos que “somete a los creyentes a la esclavitud”, dice Pablo Richard , lo que eventualmente ha derivado en la crisis de un modelo tridentino, ultra conservador y patriarcal, vigente desde hace más de cuatro siglos, que hoy parece erosionarse de manera creciente, en especial en los círculos más lúcidos y críticos de las sociedades occidentales?

En el caso mexicano, el ejemplo más elocuente de esa crisis de la jerarquía católica local y de la curia romana como poder absoluto detrás de esa jerarquía ha sido el ejercicio soberbio y autoritario del poder practicado por un clérigo, Marcial Maciel, que durante años abusó sexualmente de otros, justamente, porque fue formado en una concepción del sacerdocio que es de poder. De poder sagrado para dominar.

Los testimonios precedentes, expresados por hombres maduros, aluden con pelos y señales a la actividad sexual de un adulto con prepúberes y adolescentes. Es decir, se refieren a la actuación de un determinado personaje (Maciel) que es conocido con el término de “padre” debido a su práctica religiosa y, además, con su lugar simbólico de superior espiritual de una comunidad de creyentes, así como a las incidencias del “amor” que los mismos testimonios revelan, ubicando al fundador de la Legión de Cristo como coparticipe de una situación dramática, trágica y complicada.

Con el objetivo de intentar localizar el punto de mira con el que el psicoanálisis aborda esos temas, que de manera usual son clasificados por los medios masivos de comunicación y la opinión pública como pertenecientes al orden del “abuso” y la “violación” sexual y reciben la etiqueta genérica de “casos de pedofilia”, el autor sostuvo un encuentro con el psicoanalista Alberto Sladogna y el investigador social Stephen Hasam.

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¿Cómo estudiar o analizar esos casos de abusos y/o pederastia en el seno de la Iglesia católica de México? Al menos, en una orden que le pertenece: la Legión de Cristo.

A.S.: Para comenzar, una precisión: sólo nos dejaremos guiar por los testimonios de los afectados, allí colocamos el acento y desde sus afecciones estudiaremos lo ocurrido, y cuando corresponda, analizaremos el personaje surgido de esos testimonios, el sacerdote Marcial Maciel –quien no ha hecho ninguna declaración pública al respecto, así como la institución que los albergo, lugar donde ocurrieron esos acontecimientos. Esa precisión es para subrayar que varias de los involucrados sufrieron y sufre en la actualidad. Es decir nos guiaremos por su testimonio subjetivo pues en estos casos sólo son “objetivos” quienes no vivieron lo que ellos vivieron. Con ese sufrimiento tratan de hacer algo a través de la denuncia institucional y/o pública mediante al exponer sus testimonios en los medios. Los medios se han puesto a su alcance se trata de una actitud posmoderna de la comunicación masiva: la denuncia, hacer un juicio con el prejuicio, “mostrarlos” en el lugar de víctimas de una actividad donde interviene el sexo “prohibido” y el erotismo.

Los ex miembros de la orden Legión de Cristo han vivido una experiencia que, para ser suaves, no les ha resultado grata ni liviana. A eso se le agrega otro elemento: se observa una ‘inflación’ de metáforas sobre la violación y a la vez, a partir de los testimonios, no hay ningún acto de violación. En su decir no existen evidencias de una violación. Ninguno de ellos fue “forzado” a mantener una relación sexual, lo cual convierte en dramáticas y trágicas las experiencias por la cuales atravesaron, así como tratarlas. Las actividades sexuales en las que participaron son fuertes, y queda claro que las vivieron y las viven bajo el término de “violencia”; “abuso”. Cuando digo no hay testimonio de violación, es necesario precisar: no los amarraron o les impidieron defenderse. Junto con ello, una actividad sexual que se les presento como siendo impuesta por otro, en este caso, según consta en los testimonios, ese otro era el padre…Maciel.

¿No podría ser considerado violación y/o abuso o estupro el hecho de que los jóvenes seminaristas sintieran temor a represalias por parte del superior de la orden si no accedían a sus requerimientos sexuales? Además de que, por ejemplo, el Código Penal del Distrito Federal considera como delito cualquiera de esas circunstancias que involucre a un menor de 12 años, aún contando con su consentimiento.

A.S.: Esa pregunta contiene un supuesto: si alguien, al ser amenazado, “sentir temor” conciente a una relación sexual ya estaríamos en el terreno de una violación y de ahí se desprende su trágico lugar de víctima. “Violación”, “Abuso”, “Estupro” son instituciones del orden jurídico, aquí tratamos de localizar las experiencias subjetivas de quienes sufrieron por esas actividades. Hay que distinguir entre amenazas, ejercicio de poder, uso de la fuerza más el ingrediente de participar de una actividad sexual, erótica. Tomemos por caso la violación ¿De qué fantasía parte el violador? La mujer según dicen los violadores no quiere tener sexo, entonces, hay que obligarla pues “debe tenerlo”, algo semejante como cuando se impone a otro país la “democracia”, vía una invasión militar. Como no quiere, hay que imponérselo mediante la fuerza. El violador no tiene la menor idea de que el falo es algo que seduce y que permite “compartir” un acto sexual. De ahí que, como descubrieron las feministas italianas, la mejor defensa frente a un violador es “seducirlo”, al menos eso decían ellas; frente a la “seducción”, el violador suele tener un ataque de impotencia y no puede llevar a cabo su objetivo: violar. Bergman lo expuso en uno de sus filmes. Si la mujer se le revela “querer sexo” rompe la fantasía del violador. Esto transgrede la opinión de ciertos organismos encargados de impartir justicia. Ellos suelen ‘decir’, ‘insinuar’ por ejemplo en Chihuahua, escenario del caso de las mujeres asesinadas de Ciudad Juárez se ‘aconseja’ a las mujeres no salir de noche o no usar faldas cortas, se atribuye a esas mujeres la condición de víctimas propiciatorias de la violación, ‘provocada’ por las mujeres pues se presentan ‘seduciendo’ a los otros. Cuando se da el juego de la seducción, el violador no tiene campo de acción. Y, a veces, también es claro que tanto una mujer como un hombre pueden ignorar su condición de seductora, de seductor para otro, es una condición posmoderna, despojar a los humanos de la experiencia previa de la sexualidad y el erotismo. Una experiencia que les permitiría participar del juego erótico. El filósofo Giorgio Agamben se pregunta: “¿Es todavía capaz el hombre moderno de tener una experiencia o debe ya considerase la destrucción de la experiencia como un hecho consumado?” . Es sabido, que en

América Latina, el caso de Argentina, donde desaparecieron los cuadros intelectuales por el asesinato de una generación (30.000 muertos) significó en los hechos la destrucción de la experiencia política, cuyo evento mayor fue la crisis del “corralito” – noviembre del 2001, el dinero de los ahorristas prisionero en los bancos- es decir, si se vale un “Auschwitz “social, político, cultural, económico, moral.

Regresemos a la sexualidad en las cofradías religiosas y el tema de la violación. Los jóvenes seminaristas miembros de la Legión vivieron una situación sexual, erótica, en términos de “violencia”. Pero entre la violencia de esa experiencia y una violación hay una distancia. Corta o amplia, pero existe. Lo que ellos vivieron fue un encuentro violento con la sexualidad. Más allá, notemos, que con la sexualidad y el erotismo para cada humano suele ser fuerte, incluso hasta violenta. Nuestra practica sexual y nuestras experiencias eróticas carecen de las ventajas del instinto animal. A eso se le añade, en este caso, el lugar del encuentro: el interior de una orden religiosa.

S.H.: Una orden religiosa que es autoritariaservil, porque hay una jerarquía.

A .S.: Sí, en efecto. Hay un matiz a destacar: quines ingresan a una orden religiosa no son forzados a ingresar y tampoco son libres de tomar esa decisión, al menos una porción de la misma tiene un basto territorio inconsciente compartido. No es que la orden la Legión y Marcial Maciel tienen todo el poder y los seminaristas son víctimas. El poder de Maciel, como el de otros dirigentes religiosas está alimentado y reforzado por sus seguidores. En la Biblia, en el libro de Marcos y en el de Lucas, se indica: “Abandonarás a tu padre y a tu madre”. Ese abandono es la condición para seguir a Jesús en su misión y ser parte de los misioneros o legionarios. Por diversas razones, incluida la necesidad de obtener sustento alimenticio, educativo o económico, los que entran al seminario se despojan y cumplen con la obligación, subrayó esa articulación de consentir a la obligación, para dejar sus envolturas familiares. Los ex legionarios que hacen la denuncia “fueron llevados” al seminario por sus padres – ¿hasta donde un infante decide los caminos que otros le proponen? ¿Tiene condiciones para decir “No”?-. Jean Jacques Rosseau dejó constancia en sus Confesiones, de cómo entregaba sus hijos al Estado, para de esa forma convertirse en padre y ciudadano.

La crianza o entrega de los hijos fuera del hogar familiar tiene una extensa práctica en Occidente, baste pensar en Edipo, los padres del héroe trágico lo lanzaron a un río dentro de una canasta, de allí lo recogieron sus padres adoptivos. ¿Quiénes eran los padres de Edipo? ¿Los primeros, los segundos, ambos? Volviendo a la Legión, ella responde a una estructura religiosa que va más allá de los legionarios… está planteado en la Biblia. Incluso hay otro pasaje más violento: “Deberás abjurar de tu padre y de tu madre para seguirme”.

Conviene subrayar: en el marco de una creencia religiosa compartida y extendida en México, el catolicismo, los niños -y también las niñas, de religiosas no estamos tratando su caso- (prepúberes /adolescentes) fueron llevados al seminario. El hijo era cedido al cuerpo de la Madre Iglesia en el marco de una sociedad guadalupana, cesión para obtener el amparo de Dios padre. Llegan al seminario para vivir el encuentro con Dios. Está claro que fueron llevados para eso y nadie pareció estar advertido que incluiría la experiencia sexual que les dio sufrimiento y que hoy continúa haciéndoles sufrir. Por un lado, fueron llevados para vivir su vida religiosa, y junto a eso, se encontraron ante la vida sexual que esa religión excluye (vía el celibato) para sus sacerdotes. Justo es señalar que se trata de una exclusión doctrinaria, cuyos alcances en la práctica no han impedido una amplia y variada gama de vida sexual y erótica dentro de las órdenes religiosas que en fechas recientes alcanzan estado público . Lo ocurrido no es una experiencia exclusiva de la Iglesia, según datos estadísticos, ocurre en otras instituciones, como la familia. Es decir, ese “accidente”: encontrar la sexualidad y el erotismo allí donde se supone debería estar excluido, no es específico de las ordenes religiosas. Sin embargo, la Iglesia, los medios y la sociedad se hacen omisos ante una vieja constatación del psicoanálisis (1920): la libido del líder y de sus seguidores es la argamasa, en algunas instituciones, para mantener el lazo de y entre sus miembros.

De acuerdo con los testimonios, a ellos se les arrebato la inocencia. Y si ellos dicen eso, es mínimo creer en lo que dicen. No importa en materia de análisis establecer si la referencia es verdad o mentira. Si ellos lo dicen, así fue. El problema a resolver es que, según la teología, por el hecho de haber nacido, “todos” cada una, cada uno somos hijos del pecado. Por ende, pecadores. En la teología no hay inocencia. Sin embargo, quienes vivieron esa experiencia nos dicen de su inocencia, de su lugar de víctimas inocentes de Marcial Maciel. Si así lo dicen ¿cómo analizar eso? También Marcial Maciel y su orden lo declaran y se declaran inocentes, “víctimas” de un complot de mentes “alteradas” o afectadas de “locura” o de personas “vacilantes en su fe”. Quizás, convenga abrir una alternativa tercera a la opción dual “inocencia/ víctima”

S.H.: En alemán, la palabra víctima es Opfer y el verbo opfern quiere decir sacrificar. Opfer quiere decir lo que es sacrificado. Y en su riguroso origen latino se corresponde con víctima: persona o animal sacrificado o destinado al sacrificio. Persona que se expone u ofrece a un grave riesgo en obsequio de otra. Persona que padece daño por culpa ajena o por causa fortuita. Victimario quiere decir sirviente de los antiguos sacerdotes gentiles, que encendía el fuego, ataba las víctimas al ara y las sujetaba en el acto del sacrificio.

Según esas definiciones, los ex legionarios son víctimas, o sea, personas destinadas al sacrificio, y sacrificadas. Los intermediarios de Maciel, los seminaristas que llamaban y conducían a sus pares al escenario del “acto sacrificial” (sexual) en la enfermería (el altar del sacrificio), eran parte de los victimarios; los sirvientes de Maciel, el sumo sacerdote que los sacrificaba. Cabe apuntar que en cada acto Maciel consumaba su victoria. Y victoria quiere decir vencimiento o sujeción que se consigue de los vicios o pasiones.

A.S.: Juan José Vaca le da consistencia al posible título de este libro como “En el nombre del padre”. Dice Vaca: “(Maciel) era para nosotros la figura del padre. Del papá, de la mamá. Un hombre extraordinario, con dotes fuera de lo común. Pero también cometía abusos sexuales”. A su vez, en su testimonio, Oscar Sánchez Rosete pregunta: “¿Cuál es el origen de todo eso? Una violación. Adentro tenías que pagar el precio que fuera necesario para cumplir con la voluntad de Dios”. Al pie de la letra, hay dos elementos en su decir: 1) hay una violación “tenías que pagar el precio”, y al mismo tiempo, 2) asentimiento se trataba de “cumplir con la voluntad de Dios”. Es decir, el acto erótico de Maciel incluía a sus víctimas.

Después agrega: “Yo entregué todo a Dios. Entregué mi sueño a Dios. Entregué mi comida a Dios. Entregué mi trabajo a Dios. Entregué mi cuerpo a Dios”. Sánchez está ubicado como el participé de un sacrificio debido a un dios. Se trata de la obediencia debida a un personaje de culto. Oscar Sánchez Rosete queda sufriendo al ser tomado por una doble pinza: de un lado la actividad sexual y su reacción ante la misma, y del otro lado, el sacrificarse para rendirle un homenaje a Dios al sostener el lugar de buen creyente. Él cumplía con la voluntad del superior para llegar a Dios y por ello participaba y, a la vez, no participaba. Ése es el drama trágico del cual testimonian. Eso es lo delicado de sus experiencias. Pertenecer a una orden religiosa, estar en el estado de creyente o de dirigente de la misma no protege de las escisiones entre la conciencia y el inconsciente.

¿Qué implica la obediencia debida en un contexto religioso?

A. S.: El catolicismo al igual de otras religiones monoteístas se funda en la culpa. Judíos, cristianos y mahometanos están sometidos a ser (son) culpables ante Dios. En la sociedad posmoderna hay un vuelco: ‘Yo no soy culpable. La culpa la tiene el otro. Es paradójico, pero eso está presente en los testimonios de los ex legionarios: teológicamente no son inocentes porque son hijos del pecado. Es el a priori teológico. Cuando ellos quedan en el lugar de víctimas, el pecado y la culpa se ubican en el otro. In extremis es la culpa de Dios por haberles solicitado ese sacrificio, y no debe dudarse del usufructúo, el goce, obtenido por Maciel u otros dirigentes de esa situación. En el catolicismo ningún culpable es víctima. Es culpable por ser pecador. ‘Jesús murió por culpa nuestra’. En la religión católica no se admitiría, decir, por ejemplo: ‘La culpa es de Jesús, pues se dejó crucificar. Soy una víctima por culpa de él’. En la posmodernidad, a partir de la caída o de la muerte de Dios asistimos a un cambio: la culpa es del otro. El fenómeno de la culpa ha cambiado de lugar, y quizás, por eso, asistimos a la producción en serie de canallas que suelen poblar, entre otras, los órganos de represión del Estado (Laico o religioso). Añadimos, el cristianismo se organiza a partir de un acto donde Jesús fue sometido a una cantidad de sevicias, incluyendo la crucifixión y exhibición pública de su cuerpo atormentado.

S.H.: O como ocurrió con los bombardeos de Estados Unidos a la población civil de Irak. El Pentágono dice que el verdadero responsable de esas muertes es Saddam Hussein, porque si él no hubiera existido como monstruo o villano, Estados Unidos no habría cometido su acción.

A.S.: Cuando se bombardeó a los periodistas del Hotel Palestina en Bagdad, el comando central de EU en Qatar, declaró: ‘No es problema nuestro. Les habíamos informado que era peligroso estar allí. Si ellos se quedaron fue culpa de ellos, no del ejercito de los EEUU que les disparó’. Se invierte el lugar de la culpa. Los miembros de ese ejército, en ese caso, son canallas con patente de corzo, no se hacen cargo de nada de lo que hacen.

S.H: Un ejemplo más grotesco de la época del Tercer Reich es el discurso pronunciado en Posen, el 4 de octubre de 1943, por el SS Führer Heinrich Himmler ante generales de la Gestapo. Al referirse a las matanzas de judíos y comisarios soviéticos perpetradas por comandos nazis en la Unión Soviética, Himmler señaló:

“… Quiero hablar con ustedes bastante francamente sobre un asunto muy grave. Entre nosotros debe ser mencionado bastante francamente. Sin embargo, jamás hablaremos de ello públicamente (…) Me refiero… al exterminio de la raza judía (…) La mayoría de ustedes tiene que saber qué significa cuando 100 cuerpos yacen lado a lado, o 500 o 1000. Haber aguantado y salvo las excepciones causadas por debilidad humana permanecido tipos decentes, eso es lo que nos ha hecho duros. Esta es una página de gloria en nuestra historia que jamás ha sido escrita y que jamás lo será…”

Es decir, la perpetración de crímenes bárbaros era tomada por el SS Himmler como una acción de gran sacrificio y heroísmo. Realizarlos endurecía, engrandecía y enaltecía moralmente a los ejecutores de las orgías de muerte contra hombres, mujeres y niños. A mayor barbarie (desde la óptica de los perpetradores se requería mayor autosacrificio heroico), mayor endurecimiento, estatura moral y grandeza, con la conciencia de haber trascendido con “gloria” a los seres humanos comunes, como “héroes” que entrarían a la Historia con mayúscula; digo “con la conciencia”, porque el acto de barbarie, de “autosacrificio heroico”, es tan colosal, que deberá guardarse en… secreto.

¿Qué sacrificio heroico mayor puede existir, que la realización de magnos acto de barbarie, de autosacrificio, de cuya consumación el perpetrador guarda modestamente silencio, llevándose a la tumba el secreto de su heroicidad, de su grandeza? Por esa vía, además, las atrocidades de los nazis quedaban exoneradas. Y para colmo, ¡las matanzas podían generar trastornos en los verdugos! No en las víctimas masacrados. Eran los verdugos quienes daban prueba de su espíritu de sacrificio por un fin noble. Por la patria. Y otra cosa con respecto a víctimasacrificio: según la terminología alemana, cuando el ex legionario Sánchez Rosete dice “entregué todo por Dios, hasta mi cuerpo”, él es el sacrificado. Es un autosacrificio; se está sacrificando por Dios.

A.S.: Lo que acabas de narrar del III Reich, no es grotesco es algo peor: es el paradigma de la posmodernidad, la banalidad del mal generalizada. Esa puntualización sirve para lo siguiente: los ex legionarios parten de una experiencia ubicada en el marco de un sacrificio religioso, y sólo han encontrado o se han dirigido para obtener una solución en los términos de víctimas posmodernas. Es decir, víctimas del otro, subrayando así la actuación de una canallada que los victímizo. Una canallada presente, quizás, en lo que sucedió pero más presente en la recepción que la institución Iglesia dio a su situación.

La religión monoteísta coloca el sacrificio del individuo como la gracia destinada a mantener a Dios vivo. Esto ocurría también en las religiones de Mesoamérica: cada 52 años había que volver a construir el mundo, porque el pánico era que pasado el año 52, al otro día, el sol  o sea Dios, podía no salir . Entonces, el sacrificio mantenía a los dioses con vida. Como indica Sánchez Rosete: él se sacrifica para darle vida a Dios. Pero en la actualidad, a partir de Auschwitz, hay un cambio. Cabe recordar que cuando se habla de “holocausto” se intenta darle el lugar de “sacrificio” a la masacre nazi. De acuerdo con la Biblia, el “holocausto” fue un acto sacrificial en homenaje a Dios efectuado por quienes estaban alojados en el arca de Noé. En el sacrificio el sacrificado está concernido por ese acto. La víctima por el contrario sólo es tocada por la acción impuesta por otro: ‘Iba por la calle y me asaltaron’. Hay un cambio en el lugar de la culpa. En el cristianismo la culpa es del creyente, por haber nacido ya es hijo del pecado. En la posmodernidad, la religión en particular la Iglesia católica opera en una sociedad cada vez más atea . Extraña paradoja. Por eso, en el lenguaje de los ex legionarios aparece el tema de la víctima como una forma de dar cuenta del lugar de la inocencia como un estado de no pecado. Y la Iglesia como institución queda al margen, ellos fueron víctimas de Maciel y no de la orden o de la Iglesia, sus declaraciones insisten sobre esa distinción; ellos solicitan la ayuda del Papa. Esta característica está presente en otros casos conocidos en fechas recientes . En ese estado de cosas construyen su “saber” sobre la sexualidad y el erotismo que les tocó vivir.

Ellos entraron al seminario porque creían en Dios, querían servirle y se reconocen como siendo parte del pecado original. Mientras que al hablar, hoy, en nuestro tiempo, medio siglo después, lo hacen y denuncian desde el único lugar que se les ofrece: ser víctimas. El responsable es Maciel, a pesar de que Alejandro Espinosa Alcalá escriba, en su libro El Legionario, “durante ese tiempo Marcial Maciel me exigió que lo quisiera más que a mis padres y las respuestas afirmativas lo halagaban. Así, (yo) podía seguir siendo miembro predilecto de su harén”. El Dios de la teología cristiana tiene una marcada “predilección” por quienes se sacrifican por él. A su vez, Sánchez Rosete dice que se entregaba de cuerpo entero. Si estamos ante abusos, se trata de abusos del sacrificio.

Hay una pregunta recurrente en las entrevistas de prensa que han concedido los ex legionarios: ¿por qué denunciaron los hechos 40 años después?

A. S.: Esos testimonios se producen en medio de la actual crisis de la paternidad en Occidente, un hecho ya constatado por el psicoanálisis en los años treinta. Baste con leer a Sigmund Freud, Melanie Klein y Jacques Lacan. Esa crisis es parte de la muerte de los dioses, y en particular de Dios en Occidente. Agreguemos otro dato posmoderno: la mediatización de este tema suele arrojar un impedimento para que a los afectados se les ocurra, por ejemplo, localizar en el psicoanálisis un lugar para encarar “su” cuestión. La cuestión que los afecta a ellos. Extraño, pues el origen del psicoanálisis a cargo de Freud fue por casos semejantes. Eran jóvenes mujeres y hombres que le relataron a Freud experiencias sexuales con sus padres. En el caso de los ex legionarios, los padres llevan y dejan a sus hijos en el seminario para que tengan un lugar de albergue espiritual. Esa situación, matizada en cada caso por diversos motivos, coloca ante la luz pública otro problema: los padres de origen no tenían condiciones para el ejercicio de esa función espiritual. De allí que los hijos son llevados al seno de la Madre Iglesia, para servir a otro padre, Dios, en este caso. Incluso, hoy día, en México, tenemos un caso de orden laico: si los padres supieran qué hacer con sus hijos, no habría que editar una Guía de padres, independientemente de su contenido ideológico .

Pero en el caso de los ex legionarios hay que ubicar la trama en el México de los años 40, en otro contexto histórico…

A. S.: Apunto a un nudo gordiano donde participan las cuestiones económicas y las ideológicas, y en el que también existen, con debilidad, las creencias. Ese conjunto opera como telón de fondo y de superficie: la crisis de la paternidad. Nadie lleva a su hijo al ejército para que el ejército sea “padre” de su hijo, se lo hace para que el hijo cumpla con su “deber de hijo” con la “patria”. Si lo lleva a la Iglesia es para que alguien se haga cargo del lugar del padre y de madre. Por estructura: la Madre Iglesia, el Padre Dios y el Espíritu Santo. Es una cuestión consustancial de la religión católica. Quienes se hacen sacerdotes lo hacen por amor a un padre… pues aquellos que lo trajeron al mundo, de acuerdo a sus expectativas, no reúnen esos requisitos, los seminaristas buscan a un Padre ideal, idealizado, lo buscan más allá de su familia. Ésa es la crisis que atraviesa cada uno de los que ingresa a un seminario. Recordemos los preceptos de Marcos o Lucas que antes mencionamos. La vocación religiosa católica incluye un sesgo importante: la búsqueda del amor paterno.

¿Qué ocurre cuando esa vocación se da en una sociedad donde la religión pierde terreno? En parte, el caso de los ex legionarios describe esa nueva situación. Ellos dejan el lugar de pecadores y sólo les queda el atroz lugar de víctimas. Pero… el lugar de víctimas de “un abuso sexual” es un entorno ateo: la justicia. No es religioso, es jurídico. Salvo que se insinúe que son víctimas de sus pecados. En esas posiciones la víctima queda condenada a recordar de forma permanente a su victimario, como si fuera un “homenaje”.

En sus denuncias, los ex legionarios quedan ubicados en otro lugar, ya están, lo quieran o no, lo sepan o no, como víctimas. Y corren el riesgo quedar atrapados. Son hombres posmodernos quienes hablan 40 años después. Son hombres que hablan de los derechos humanos. Ése es el nudo de la pregunta ¿por qué 40 años después? Sólo 40 años después había condiciones para hablar de ese tema. Hace 40 años no había lugar para la epidemia de los “abusos” sexuales. Quizás, hace 40 años sólo había lugar para los “enfermos” de otra pandemia: la masturbación y su corte de “explicaciones científicas” delirantes . En la actualidad, en clínicas gubernamentales de atención a niñas y niños, pongamos por caso el DIF, incluso en estado de infantes los que no hablan, se le retiran los derechos a una madre o a un padre o a ambos por considerar que un síntoma de ellos alcoholismo; delirios paranoicos; posiciones esquizofrénicas; agresividad los inhabilita para tal ejercicio. Así, hoy, los derechos del niño originados por los especialistas “psi” o “jurídicos”, dejan a los menores sin los padres que les tocó . El Derecho a nombre de figura idealizada de unos padres que esos hijos deben tener les impone el destino de la institución.

Es sabido que entre alcoholismo e incapacidad para el ejercicio de la paternidad no existe una articulación negativa que pueda ser comprobada. Si así fuese, en México estaríamos en condiciones aún más difíciles. Estos testimonios aparecen 40 años después porque ahora sí hay condiciones, entre otras cuestiones, para hablar de eso. Como decía Wittgenstein, de lo que no se puede hablar es mejor callar. Hace 40 años, podemos suponer un destino trágico para los denunciantes y quienes se hicieran ecos de sus denuncias. Recordemos el trato dado en 1968 a la matanza de Tlatelolco por la mayoría de los medios. Además, hoy existe un gran espacio y promoción del lugar de víctimas, y eso quizá, contenga una porción de la verdad, la posmodernidad victimiza al conjunto de la sociedad. Así podemos tomar lo dicho por Sánchez Rosete: “¿Cuál es el origen de todo eso? Una violación. Adentro tenías que pagar el precio que fuera necesario para cumplir con la voluntad de Dios. Yo entregué todo a Dios. Entregué mi sueño a Dios. Entregué mi comida a Dios. Entregué mi trabajo a Dios. Entregué mi cuerpo a Dios”. En buen romance: ‘Yo no participé. Yo me entregué de cuerpo entero’, pero… ‘él (Maciel o el superior de turno) abusó de mí’. No hablamos de Maciel pues él no ha dicho nada de su vida sexual o erótica, él no habla, parece seguir considerándose sin pecado concebido respecto del asunto donde está involucrado.

Ahora, en el caso de los ex legionarios, lo único que reclaman es una reparación moral.

A.S.: Sí. A pesar de nuestras singularidades y la posible corrupción del sistema judicial, hay una estructura jurídica que funciona. En el ejemplo del padre o madre alcohólico, uno de los actores puede utilizar eso para ganarle al otro un juicio controversial de divorcio. La legislación de los derechos del niño, el DIF, “no valida eso”. Se validan los derechos de los niños. Si un niño tiene una madre “loca” o si tiene padre “alcohólico”, eso lo “trauma”. Entonces, para proteger a ese niño, el DIF, avalado por la acción jurídica les retira a esos padres desde la custodia hasta la patria potestad. La ley no contempla si luego tal o cual cónyuge esgrima el siguiente argumento: “Ya lo/la fregué”. La estructura jurídica que permite hacer una denuncia 40 años después, no se guía por el objetivo de los particulares. Se trata de cumplir con un imperativo categórico (Kant), al margen de quien lo pronuncie y de quienes reciban sus efectos. Es un imperativo para todos, sin excepción, quizás, salvo Maciel, sólo que hoy la Iglesia no logra cubrirlo plenamente con un estado de excepción.

Después de Kant, la justicia no se organiza sobre la excepción. Hasta él, si alguien robaba, iba a juicio. Santo Tomás de Aquino argumentaba que como “robó sucedió en un momento de escasez” no había delito, pues la escasez anula la propiedad. Él tomaba en cuenta la excepción. Con la modernidad kantiana se dice: hay robo, por ende, hay un delito. Luego vendrán o no las consideraciones. Primero se condena el robo, y después se verá que haya alimentos para todos. La excepción surge de la regla y no a la inversa. La ley se establece para todos como principio categórico.

Volviendo al DIF. A la institución no le interesa si una madre o un padre tienen la intención de fregarse al otro. Siguiendo a los especialistas se “interesa” por el niño debido a su situación “traumática” . Y entonces, con criterios psicológicos y/o psiquiátricos  a veces, con términos psicoanalíticos  se organiza una estructura poco consistente que goza de los favores de la “opinión pública”: proteger la salud mental y los derechos de la infancia contra el abuso.

Entre los ex legionarios hay varios ejemplos que son una prueba de que lo que les pasó es algo terrible. Dramático, trágico. Sin embargo, se le carga también el adjetivo “traumático”. Eso es un inconveniente. El trauma es huidizo. Siempre es una construcción o rejilla previa con la cual se organiza, se induce o se interpreta una experiencia. El trauma puede ser inducido en un interrogatorio médico, psicológico, jurídico. Se lo induce pues se parte del trauma como explicación y se arriba a confirmar lo que ya se “sabía”, el hecho fue traumático.

En el caso de Vaca reportado en el libro, estamos ante una clara tragedia. Él declara: “Yo era la mujercita de Maciel”. Y agrega que sus posteriores estudios de psicología se dirigían a entender la ‘mente’ de Marcial Maciel. Es decir, no se orientaban para entender lo que le pasó a él – es lo que suelen argumentar los estudiantes de las facultades de psicología-, sino… ¡para entender la mente de Maciel! Los estudiantes de psicología confiesan la fantasía de estudiar esa carrera para a entender cosas que les pasan o pasaron a ellos. Vaca estudia psicología para conocer la mente de Marcial Maciel, éste es un guía de sus estudios; sigue ligado a Maciel. ¿Estamos ante una ligazón traumática o ante los efectos de un trágico despecho amoroso o ante la persistencia de la relación libidinal con el guía? ¿Son equivalentes esas opciones? ¿Son excluyentes entre si?

Maciel, el seductor

¿Cómo dar cuenta del enorme “poder” que tenía y ejercía Marcial Maciel? Un poder muy eficaz, según los testimonios, por la obediencia que obtenía.

A.S.: Un líder, y Maciel lo era en tanto que fundador y superior de la Legión de Cristo. El jefe suele ser un buen seductor de la masa de sus seguidores. La seducción es una “herramienta” que no sólo conservan y ejercen los líderes. Está disponible para todos los sujetos, sean del sexo que sean. Es obvio que Marcial Maciel fue o aún es un gran seductor. El conserva su lugar en la orden y sus miembros a pesar del escándalo. Hasta se diría, de acuerdo con los testimonios, poseía cualidades de hipnotizador. Pero atención: Fidel Castro es un seductor; los cubanos soportaron más de 8 horas escuchándolo bajo el sol del Caribe la Declaración de La Habana, sin ningún acarreo constatado; Marilyn Monroe era seductora, baste con preguntarle a los Kennedy; Charles Chaplin fue un seductor. Frida Kalho era seductora, al menos, Trosky sucumbió ante sus poderes; Luis Miguel es un seductor de sus fanáticas, le arrojan sus prendas interiores en los conciertos y hasta ahora no se lo “acuso” de “abuso sexual” de adolescentes; Hitler fue el gran seductor del pueblo alemán, a través de la hipnosis de su voz, pocos alemanes cayeron seducidos por su libro “Mi lucha” que era poco o nada leído.

Es decir, la seducción está más repartida de lo que pensamos. Maciel es un seductor desde el lugar de jefe sustitutivo de la figura paterna contando con el apoyo en Dios. Entonces conviene precisar: seduce, no viola. No es lo mismo seducir que violar. Un violador no se propone seducir a su víctima. No hablo de la teoría del abuso sexual. Eso es otra cosa. Hoy, un piropo a una mujer puede ser considerado un abuso. ¿De mal gusto, de buen gusto…? En la actualidad arribamos a situaciones donde es un riesgo intentar seducir a alguien, pues están en juego los derechos. El riesgo pasa del temor al rechazo por las consecuencias de una intervención jurídica. Hoy, el terreno del cortejo, con su dosis de seducción, está siendo trastocado.

En efecto, Maciel es descrito como un seductor. Y como tal ejercía  ejercer un poder de seducción. Se trata de un efecto proveniente del amor inspirado por él entre sus seguidores, es un amor que va y viene. En esa singularidad del amor, es decir, “dar lo que no se tiene”, Maciel daba una santificación que no tenía. Eso no entra en los parámetros de una violación. Salvo cuando se adopta la postura del escritor Jorge Volpi, quien dio la siguiente definición del amor: “Amar es dar lo que no se tiene a alguien que no lo quiere”. Es una buena mejor formulación de la fantasía de violación que se haya dado, lástima que el autor la considere una definición del amor; quizás sea del amor tal como lo entiende y lo práctica él .

Nos afecte o no, según los testimonios, Maciel seducía a púberes, y por esa vía generaba una actividad sexual.

¿Puede haber alguna relación entre esa seducción que ejercía Marcial Maciel y el hecho de que esos muchachos sus “discípulos”, iban de ciudad en ciudad a buscar la droga Dolantina? ¿Lo hacían de manera inocente? ¿O porque Maciel tenía un poder psicológico sobre sus subordinados? ¿Iban por amor y/u obediencia?

A.S.: Al decir de los relatos nos enfrentamos ante un gran seductor que producía la obediencia loca del amor y el amor de la obediencia, algo a lo cual un católico está obligado. Sin embargo, es necesario ir más despacio. No queda claro para qué los adolescentes le conseguían la droga. Eso es una incógnita. Parece un efecto más de la seducción de Maciel, pero no podemos dejar de subrayar algo: con la droga él, suponemos, se tranquilizaba y los dejaba tranquilos, pues la Dolantina no lo excitaba, lo calmaba. Al parecer, eso los llevaba a efectuar las cosas más increíbles: ¡como ir de un país a otro buscándole la Dolantina! Esos eventos muestran acciones desatadas por el amor y el odio. Si ellos lo dicen, es porque ocurrió. Hay que creerles. Pero creerles no nos explica a qué se debe que hacían esa actividad que cuestionaban. Ahora, esas actividades insólitas ocurren dentro de la Iglesia católica y en un tiempo histórico determinado. El ejemplo citado de la Alemania nazi: los comandos del Tercer Reich que masacraban judíos y comunistas soviéticos estaban seducidos por la figura de Hitler. Masacrar era un sacrificio en aras de la Patria. Eso funciona también en la vida cotidiana. La seducción tiene un gran poder. No es un ejercicio del poder puro, el poder requiere de la seducción, el poder proviene de los avatares del amor y de su pareja entrañable, el odio. Las dictaduras militares de América Latina no sostenían el poder sólo con las bayonetas, usufructuaban el brillo seductor ante amplios sectores de la sociedad a la política “mano dura”.

La seducción tiene un gran poder. Seducido por una idea, alguien puede abrazarla para toda la vida. Aunque viva de manera miserable, el poeta no puede dejar de entregarse a la seducción de la poesía y de escribir. En el caso de Maciel, conviene recordar que una parte de la estrategia del seductor era presentarse ante sus discípulos como sufriendo de una enfermedad singular en las vías urinarias, que habría llevado al Vaticano y al mismísimo Pío XII a autorizarle, no sólo la ingesta de esa “medicina” (droga), sino las prácticas sexuales, eróticas que proponía a los jóvenes del seminario (masturbaciones, tocamientos y penetraciones).

S.H.: Habría que ver cuál es el origen etimológico de seducir, porque lo traduzco al alemán y el verbo para seducir es verführen. Y Führer en alemán es conducir. Verführen es conducir por un camino errado o un mal camino. El verbo führen quiere decir conducir. El Führer es el conductor. El guía. En Alemania es una palabra muy común. En el caso de Hitler, sus propagandistas explotaron la enseñanza cristiana. En alemán se dice que Cristo nos führea por todos los caminos. Por lo tanto, Cristo es nuestro Führer. Por eso, los ideólogos del nazismo escogieron Führer y no otras palabras que sirven para decir jefe o líder. Por ejemplo, Chef o Leiter.

A.S.: A partir de esa precisión etimológica queda clara una cuestión: el seductor conduce una acción. La acción amorosa de la seducción abre el circuito del amor del conductor. En el caso de los ex legionarios está dicho: en la seducción hay amor. Ese amor puede estar rodeado de hechos difíciles, violentos, terribles. Por eso, el impacto de un filme reciente Amarte duele [se lee: Amar te duele]; es un buen resumen del dolor que acompaña a la experiencia de amor. Es una experiencia de la vida cotidiana. Cualquiera que se enamora tiene las dos cosas a la vez: está en el máximo de la felicidad y, súbitamente, ante las oscilaciones del amor, cae o puede caer en el abismo.

S.H: Regresemos a la palabra alemana Führer. Führer es guiar. Eso quiere decir que hay alguien que guía. Pero implica también que el guiado está dispuesto a que lo guíen. Hay una voluntad de dejarse guiar. Y, como vimos, verführer quiere decir dejarse guiar por un camino equivocado.

A.S.: En el nazismo la voz de Hitler era el elemento hipnótico libidinal. La libido les hacia pasar por alto la equivocación en juego. La distribución masiva de bocinas en las calles de Alemania se produce durante el régimen nazi; se escuchaban de forma reiterada la voz del Führer. En el caso de los legionarios de Cristo, es posible vislumbrar la participación de la voz y de la palabra de Maciel como elementos de fascinación. La voz y la palabra son dos elementos constitutivos de la teología católica. La voz de Dios, la palabra divina, el verbo revelado. Una palabra y una voz transmitidas a los creyentes por una serie intermediarios, la madre Iglesia, el Papa, el obispo, el sacerdote. Esa articulación tiene un cordón umbilical para producir la sugestión o la hipnosis: la voz. En este caso, tal parece haber sido el lugar de la voz de Maciel.

Señalo esa coincidencia con el nazismo, porque en los testimonios se hace referencia a ciertas relaciones, al menos literarias mantenidas por Marcial Maciel con el régimen nazi. Se afirma que leyó Mi Lucha y los Diarios de Goebbels. Se afirma que, al igual que Hitler, Maciel era un gran publicista. Un gran “embaucador”. Goebbels sostenía la reiteración de la mentira como forma de acceso a la verdad: una mentira reiterada una vez es una mentira, reiterada dos, sigue siendo una mentira,…, reiterada n veces, se transforma en una verdad.

Contamos con otra huella: fascismo y fascinación tienen la misma raíz. Fascinación es la palabra latina para traducir el falo de los griegos. La cultura romana estaba fascinada por la cultura de los clásicos griegos. José Barba, ex legionario afirma: “Como alguna vez dijo Nietzsche, podría decirse a propósito de Marcial Maciel que es un animal psicológicamente interesante. Un personaje fascinante [subrayo] … palabra que deriva del latín y significa crimen”. Estamos ante un crimen fálico fascinante. Pascal Quignard en El sexo y el espanto, escribió: “el fascinus es la palabra romana que significa el falo. Hay una piedra donde está esculpido un fascinus tosco que el escultor ha rodeado con estas palabras: aquí habita la felicidad” .

Hablando de seducción, fascinar viene del latín fascinare, que significa embrujar, derivado de fascinum, embrujo y otras derivaciones son: Fascinación, fascinador, fascinante, fascismo, fascista. Es decir: falo, embrujo, fascinante, fascista. En griego, el phallós era el emblema de la generación presente en las fiestas báquicas. Se podría hipotetizar ,de acuerdo con los testimonios, que Maciel tomaba la Dolantina como una manera de embriagarse. Luego, quizás, tenía lugar la “fiesta”. El falo está articulado al símbolo del fascio italiano, el haz de espigas. Esa era una práctica política donde Benito Mussolini se ejercía el fascinum.

¿Interesante, no? ¿El fetiche fálico al interior de la orden la Legión de Cristo? ¿Marcial Maciel como personaje fálico rodeado de un tabú, a quién en ciertas condiciones como dice Alejandro Espinosa, los que pertenecían a su harén, podían tocar? En ciertas condiciones, si se cumple con determinado ritual, es posible tocar lo sagrado. Y a Maciel no pareció que le disgustara hacerse tocar. No cualquier miembro de la Legión podía tocarlo. Como dice Espinosa, sólo los miembros del harén. Es decir: cumplían un rito y tenían un “privilegio”. Vivían con ese privilegio en y a sus espaldas. El privilegio de relacionarse con el fetiche. Les estaba permitido tocar lo intocable. Efectuaban lo imposible de realizar.

En un caso tratado por Sigmund Freud, un hombre abría la ventana y se masturbaba pensando en la posible aparición de su padre muerto. En el caso de Maciel y los ex legionarios encontramos una operación inversa: ‘el padre los masturbaba’. Eso consta en los testimonios de José Barba y José Antonio Pérez Olvera.

Barba dice: “Marcial Maciel es un animal psicológicamente interesante”. Eso es correcto. Está hablando de la personalidad, del embrujo, del poder que tenía Maciel. Lo cual constata una condición compartida: los humanos son animales, que niegan su animalidad para ser reconocidos como humanos. La condición de hombre y de mujer es segunda. La primera es la animalidad. Nos guste o no, Maciel es parte de la humanidad. No es alguien fuera de la humanidad. Así como esas prácticas sexuales que podemos criticar, no soportar o no practicar, no por eso dejan de ser prácticas humanas, entre los animales no hay órdenes religiosas, entre los animales no existe la violación. Cuando llega el tiempo biológico del apareo, hasta a el perro más feo recibe, democráticamente, sus debidos placeres. Mientras la sexualidad humana tiene una particularidad, en algunos aspectos se presenta “como si” fuera inhumana. La forma de practicar la sexualidad o vivir el erotismo incluye formas que uno puede calificar de “animales” o “patológicas”. Sade, en cuyo “homenaje” se invento el sadismo, es un caso nítido, añadimos, las “víctimas” de Sade no se colocaban como “víctimas”, sólo Leopold Von Sacher-Masoch, inventor del masoquismo, sufría como “víctima” de su amo, una mujer. Esas son practicas de mujeres y hombres. Uno puede aceptarlas o no. Pero eso no impedirá su ejercicio, o que otros las imaginen para sostener la actividad sexual. Cada quien coge como puede. De todas formas no dejamos de percibir el grosor de una tenue línea separando las experiencias de Sade y Masoch con las narraciones de los ex legionarios.

La epidemia de paidofilia

El caso de los ex legionarios y el cura Maciel cobró renovada visibilidad en 2002 a raíz de los escándalos de paidofilia o abusos sexuales que involucraron a miembros del clero católico estadounidense. ¿A qué se debió ese fenómeno?

A.S.: En la actualidad vivimos la presencia de una nueva pandemia: la pedofilia; por lo menos en los medios de comunicación. La epidemia y el escándalo de los curas pederastas es un fenómeno actual derivado de los medios masivos que difunden esos actos. Es decir, hay una proliferación de reportajes sobre el tema, los actos se hacían des hace mucho tiempo, quizás hasta perdidos en los comienzos de la humanidad. Martín Alonso, en su Enciclopedia del Idioma, define el término pedofilia como “amor a la infancia”; y pedófilo, como “protector de la infancia”. La edición original de este diccionario es de 1947, fecha cercana a los inicios de la orden Legión de Cristo. Es una actividad antigua: los más renombrados filósofos griegos algo han dicho al respecto. El fenómeno de las relaciones sexuales entre adultos y púberes, por más escándalo que provoque, existió, por ejemplo, en Grecia y Roma. Estaba admitido socialmente bajo ciertas y regladas circunstancias . En México, se ha publicado, en fechas recientes, la primera novela de las relaciones “homosexuales” en el movimiento revolucionario, y nadie pareció escandalizarse demasiado.

¿Era común la pedofilia en el nazismo?

A.S.: Creo que ahí cambia la naturaleza del fenómeno. Hay otro marco, y eso hay que estudiarlo. Entre los griegos, los romanos y nuestra actualidad, ha circulado mucha agua por el arroyo de las prácticas sexuales. Las prácticas antiguas y las actuales tienen entre sí una barrera. O varias. Por ejemplo, la ciencia, la red de Internet, la articulación de esas prácticas en el marco de la pornografía infantil y de la economía criminal y las mafias. A lo cual se suma la profunda conmoción que están viviendo los sistemas de identidades. Por ejemplo, la diferencia “hombre/ mujer” vacila con una extensión sorprendente, y eso modifica los estilos de vivir la vida sexual o erótica. Al neoliberalismo ya no le interesa la diferencia hombre/mujer. El capitalismo sólo requiere de pura fuerza de trabajo separado de sus lazos con la naturaleza, la clonación sería su ideal de práctica sexual reproductiva.

Se detectan los “abusos” sexuales en instituciones, en particular, en la Iglesia católica y en los centros de educación preescolar y primaria. En estos momentos, los maestros tienen problemas para enseñar. No sólo por la crisis de la enseñanza que los afecta, ahora se le agrega el miedo a ser denunciados. Es imposible, sin estudiar caso por caso, saber hasta dónde es un fenómeno de sugestión producido por los “especialistas psi” y los medios de comunicación y hasta dónde son hechos de violación o de prácticas pedófilas. Es un problema delicado. Da escalofríos escuchar a los niños y niñas que ejercen el “comercio” sexual en los destinos turísticos.

En la pedofilia, al contrario de las creencias de la opinión pública, no siempre hay violación, los excesos de juicios previos no permiten distinguir. La ausencia de violación hace más delicado aún el tratamiento de esos casos y esa ausencia no disminuye los alcances trágicos de tales prácticas en tal o cual caso. Es una práctica sexual que afecta puntos sensibles de cada uno. Se dice: “Hay tipos que violan niños”. Se pueden recoger cientos de testimonios indirectos de víctimas. Pero es difícil soportar o tolerar que un paidófilo hable. Dejar que pueda dar “razón” de lo que hace y por qué lo hace. Que alguien diga: “A mí me gusta hacerlo con los niños”. ¿Se puede soportar escuchar eso sin prejuicios? Agreguemos un dato clínico: los sujetos activos o pasivos de esas prácticas sexuales no suelen recurrir a un psicoanálisis, esos actos no son objeto de su preocupación. Sólo hablan en esos términos cuando son detenidos por las autoridades policiales o jurídicas, ellos no se consideran enfermos. A las autoridades les dicen lo que están esperan que ellos digan. De ahí que las “soluciones” que reciben son sólo del orden penal. Los tratamientos “psi” recetados como parte de la pena jurídica son el mejor de los casos una mascarada.

Los terrenos de los “abusos sexuales”, de las prácticas de pedofilia, están enmarañados en una gran tela de elementos mitológicos, generados por los especialistas, los medios en el marco de la posmodernidad. A ello se suma la singular práctica erótica implicada en el acto mismo. El componente dramático y trágico que les acompañan fomentan las diversas mitologías. Se amplían, entonces y se reproducen las opiniones. Al mismo tiempo carecemos de estudios caso por caso, si es que hay alguien que soporte hacer esos estudios, no es una “investigación” fácil o agradable ¿Habrá alguien que solicite esos estudios sin estar obligado a solicitarlo? Es una tierra incógnita, donde sobran los prejuicios  con razón y escasean los estudios clínicos.

S.H.: En la época clásica de los griegos se hablaba de la efebofilia. Los jóvenes a veces tenían que soportar, sin mucho deseo, ser efebos de los mayores.

A.S.: De acuerdo con los estudiosos del tema, el niño o el adolescente griego estaban en posición de amado. Ellos estaban en posición de objetos del amor, el deseo debía correr a cargo del amante. Digo “deseo”, hay que ver si eso tenía un lugar en la cultura greco-romana, pues eran sociedades de amos y esclavos.

S.H.: Otra cosa es el invento de la noción del niño como fenómeno histórico. Hasta el siglo XVIII no existieron los niños; eran violados, maltratados, asesinados, trabajados. Los cuentos de hadas alemanes cuentan cómo los mandaban a morirse de hambre al bosque. No eran niños. El invento cultural europeo del niño es una formación cultural reciente. Del siglo XVIII. Y con eso surge la idea sobre la inocencia sexual del niño, del niño asexuado, de los angelitos. Habría que estudiar cuándo aparece la noción del niño que nosotros tenemos, que no es un pequeño adulto sino un niño y a partir de ahí qué atributos se les da.

A.S.: Convendría dejar señalado la existencia de muchos mitos, muchos prejuicios y pocos estudios caso por caso. La infancia posmoderna nació en el campo de concentración, es heredera de la experiencia más extrema de desprotección e indefensión del cachorro humano.

Amado/amante

En sus testimonios, los ex legionarios afirman que Hitler era el héroe mítico de Maciel. “Como Hitler, Maciel era un gran embaucador”, dice Alexandre Pomposo. Habla de la idea masa/rebaño que dominaba “el pensamiento Maciel”. De su mentalidad publicitaria y propagandística, similar a la de Hitler. “Era un gran seductor”, coinciden varios ex seminaristas. De algunos relatos surge la idea de que Maciel niño/adolescente, en un ambiente de cristianos católicos ultraconservadores del Bajío mexicano, a la sazón región cristera, se nutre de las ideas de los autoritarismos y totalitarismos europeos de la época: el fascismo, el nazismo y abraza un anticomunismo militante, un espíritu de ‘cruzada’ contra la conjura “judeo masónica comunista”. Toma contacto con palabras en auge, como Duce, Führer, caudillo, que cruzaron el Atlántico.

¿Puede haber influido todo eso en Maciel? La propia estructura cuasi militar de su orden, ¿pudo haber sido influida por una cultura guerrera? ¿Por una disciplina castrense que incluye reprimir el cuerpo o ‘domar’ las pulsiones para resistir el combate? ¿Acaso desde la Ilíada y después en las Cruzadas, no recoge la historia que los guerreros mataban, saqueaban y violaban en grandes orgías de sangre, y al hacerlo en nombre de la Iglesia católica, bajo la bandera de la cruz y por “la voluntad de Dios” podían salvar sus almas? En palabras de San Bernardo, figura clave en la creación de las órdenes militares religiosas, asesinar por Cristo era varonicidio y no homicidio. Guiadas por el fanatismo religioso y la brutalidad, las órdenes religiosasmilitares de los caballeros templarios y hospitalarios fueron las tropas de choque de la Iglesia católica en la Edad Media.

Llama la atención que Maciel fundó una orden que se llama Legión. Una Legión para conquistar al mundo. Y adoptó como imagen de la orden el Cristo de un pintor alemán. En la orden se le conoce como el ‘Cristo legionario’; tiene rasgos arios. ¿De dónde viene el nombre legionarios? Alexandre Pomposo lo vincula con una fracción de los Requetés franquistas, denominada Legión de Cristo. Pero existe otro antecedente en Rumania: el fascismo místico de Corneliu Zelea Codreanu, que se caracterizó tanto por su antisemitismo como por su anticomunismo. Un fascismo idealista, místico y violentamente hostil al Estado. Codreanu fundó en 1927 la Legión del Arcángel Miguel, después la Guardia de Hierro (1930), que tomó el nombre de Todo por la Patria en 1933. En La Garde de Fer, Codreanu escribe sobre “las virtudes legionarias”. Eran cuatro: la creencia en Dios; la fe en nuestra misión; nuestro amor mutuo y la comunión en el canto.

Por ejemplo, sobre la tercera virtud, dice:

“Desde los primeros días, una atmósfera de afecto se estableció entre nosotros, como si fuéramos de una misma familia (…) Todos teníamos necesidad de un gran equilibrio interior para poder resistir. La fuerza de nuestro amor debía ser igual a la presión del odio que nos llegaba de fuera. Nuestras relaciones no eran ni frías ni solemnes; no había distancia entre el jefe y sus soldados (…) el ambiente era el de un nido dulce y cálido. No estábamos como en un cuartel sombrío sino como en casa. No se ingresaba únicamente para recibir órdenes, sino para encontrar un clima de afecto, un momento de paz, una palabra de aliento, un consuelo, un socorro en caso de desgracia”.

Y sobre la cuarta virtud, la comunión en el canto, dice: “El canto nos ofrecía el único medio de manifestar las profundidades de nuestro estado de ánimo”.

A.S.: En Grecia sostenían que el mejor ejército estaba formado por un amante y un amado, así se protegían mutuamente. La relación de amor en la semejanza aumentaba la protección y valentía de los combatientes. Fue una pareja de amante y amado la fundadora de la democracia al cometer el primer tiranicidio, en el año 514 A.C. Ese acto estuvo a cargo de la pareja de amantes constituida por Harmodio y Aristogitón .

C.F.: A propósito del nido dulce y cálido de los Legionarios del Arcángel Miguel y de las virtudes del canto, en uno de sus testimonios José Barba afirma que en una oportunidad, después de dar y recibir afecto y amor, Maciel lo envió a cantar al coro.

A.S.: Esa era su casa, su hogar. Está dicho en los testimonios. Eso de amante y amado estaba jugando allí su papel. No se reduce sólo a la posición de inocentes de ellos y de él. ¿Entonces? Queda más o menos claro un precepto aceptado por la religión católica: la condición de desprotección en la que la mujer y el hombre llegan a este mundo. Estamos en un estado de desprotección permanente, eso se le conoce gracias al anatomista holandés Louis Bolk, estado de neotenia. Nuestro cuerpo padece de un estado fetal desde el nacimiento hasta la muerte. Si imaginamos por un momento la condición en la cual un niño entra a un seminario, veremos que abandona a su madre y a su padre; ingresa a un lugar donde hace la experiencia de estar totalmente desprotegido ante Dios. ¿Esa desprotección los deja sólo como “amantes”, lo aísla de la condición de “amados”? Los místicos, como San Juan de la Cruz dan pruebas de lo difícil de ese encuentro. Leyendo los testimonios, el término “inocencia” es una forma de indicar que alguien está desprotegido y si lo está queda en condición de aceptar o producir la manifestación de “amor” de cualquiera. La lengua cotidiana establece una cercanía entre “inocencia” y “desprotección”.

¿Por qué alguien puede convertirse en el amante, en el amado, en el amigo de su enemigo? Eso es en síntesis el llamado “síndrome de Estocolmo” citado en los testimonios. Ese síndrome es una versión moderna de algo ya conocido: si alguien pierde sus referencias vitales (se le corta la relación con su padre y su madre, con su tradición de origen, se le mete en un nuevo rito, en un nuevo modo de vida) queda desprotegido. Ante tal situación, cualquiera que le dé una mano, aunque sea la mano productora de dolor (verbigracia: un torturador), puede pasar a ser “su amigo”. Señalemos una evidencia: las parejas así constituidas suelen terminar en un suicidio compartido (Recordemos el filme, Portero de noche) Los sujetos estaban abandonados a las manos de Dios y este los tomaba en sus manos por la vía de Maciel. Ese horizonte es, quizás, la matriz para encarar una pequeña puerta a la pregunta de ¿debido a qué causas, alguna gente, al pasar por experiencias de desprotección extrema pueden concluir tomando como “amado”, “amigo” o “pareja” a quien le impone esa desprotección? ¿A dónde conduce esa “solución”?

El hilo rojo de esas acciones consiste en guiar a los sujetos a la máxima desprotección. Y, en ese punto, los “sujetos” se encuentran con el ‘poder absoluto’. Al seminarista primero se lo desprotege, se le quita todo lo previo, su envoltura cultural: está incomunicado, sus ropas cambian, la comida es frugal, no sabe que está pasando en el exterior. Después aparece alguien como ocurrió en los campos de concentración en Argentina que le dice al detenido… perdón al seminarista: “Yo soy Dios”; “Soy el enviado de Dios”.

C.F.: En el caso de las dictaduras castrenses del Cono Sur de los años setenta, en la representación de un ejercicio de ‘poder absoluto’ y ‘legitimo’ sobre el prisionero, el torturador aparecía como dador de vida y de muerte. De manera burocrática, el torturador ejercía un poder para disciplinar, normalizar y regular, que articulaba la individualización y la masificación, el control y el castigo y recuperaba el derecho soberano de matar. Es decir, asumía una capacidad de decidir sobre la sobrevivencia o el fin de un torturado, que previamente había perdido su nombre y recibido un número como parte de un proceso de “vaciamiento” de su identidad, práctica heredada del sueño nazi de hombres y mujeres que se desvanecen “en la noche y la niebla”.

Una omnipotencia virtualmente divina como la que ejercían los torturadores argentinos del campo de concentración El Olimpo, llamado así porque según el personal que lo manejaba, era “el lugar de los dioses”. Según narra Pilar Calveiro en Poder y desaparición, mientras golpeaban a un prisionero, los torturadores decían: “Nosotros somos todo para vos. La justicia somos nosotros. Nosotros somos Dios” .

A.S.: Tal vez sea un exceso acercar tanto una situación con otra. Pero, a la sazón, hay puntos de aproximación. Dios parece encarnarse en el momento en que alguien está desprotegido. Maciel decidía si el seminarista continuaba o no en el seminario. Y a partir de los testimonios, ejercía un poder para normalizar, disciplinar, regular. Ésa es la célula que sostiene una situación monstruosa como la de encontrar a un sujeto enamorado lo declara Espinosa en su libro El Legionario de aquél que dice que lo ultrajó.

La inocencia que presentan los ex legionarios es la inocencia de la desprotección. No se trata de un mito; es hecho real, vivido por esos jóvenes, cada uno a su manera. No hay allí ningún abuso. Uno se entrega al otro, aunque el otro lo “ultrajaba”, porque, paradoja mediante, ese otro lo toma en cuenta como objeto erótico. Para el sujeto, en ciertas circunstancias y no siempre, ese “otro” puede constituirse en el único sostén de su humanidad. Los guardias nazis tenían “prohibido” pegar con odio a un prisionero, pues darles odio era considerarlos humanos. Si uno odia, toma en cuenta al otro. El escritor italiano Primo Levi demostró una sevicia extrema de los guardias de los campos de concentración al “pegar sin odio”. Eso destruye totalmente .

C.F.: A propósito de Primo Levi, sobreviviente de Auschwitz, cabe anotar que en su obra Los hundidos y los salvados, al reflexionar sobre el poder el poder como una droga que produce dependencia y genera la necesidad de dosis cada vez más altas, se refiere a un hombre gris, vulgar y monstruoso, Chaim Rumkowski, ex decano del ghetto de Lódz y Kapo de un Lager nazi, y personifica en él, en el marco del orden infernal nacionalsocialista, el síndrome del poder permanente y certero: la visión distorsionada del mundo, la arrogancia dogmática, la necesidad de adulación, el aferrarse de manera convulsiva al puesto de mando, al desprecio de las leyes…

Es obvio que Marcial Maciel no administró un campo de concentración. Pero a partir de algunos rasgos de su personalidad descritos por los ex seminaristas de su orden, y sin querer forzar las cosas, el personaje Maciel tiene puntos de contacto con Rumkowski. Pero mejor volvamos al tema de la inocencia.

A.S.: La inocencia es la desprotección. Allí se encontraron los ex seminaristas con una figura del absoluto. En el caso de los nazis o de los campos de concentración de Argentina, el torturador era Dios, tenía el poder de dar la vida o la muerte. En el caso de los legionarios, Maciel era el intermediario para llegar a Dios. O así lo fue, al menos, para quienes testimonian. Una cosa es creer en Dios. Otra cosa es que uno quiera y piense en ser sacerdote; pero muy otra cosa es dar el paso y entrar al seminario: es un punto de no retorno. Porque a partir de lo que manifiestan, ninguno de ellos perdió su fe, su amor por el Papa, ni dejó de defender a la Santa Madre Iglesia.

Insisto, ¿cómo se explica que se presenten como gente “inocente”?

A.S.: El problema es que desde el punto de vista de la teología, todos somos hijos del pecado. Entonces, ¿qué quiere decir, en esos casos, “inocencia”? En primer lugar, no es un decir amañado. No manipulan con su decir ¿Qué es entonces? ¿A qué se debe que se presenten así? Su decir interesa más allá de la verdad o falsedad que puedan contener. Interesa porque lo dicen, por lo que testimonian. Vivieron eso. Lo verdadero o lo falso es para una mirada ajena: la justicia, la política, la ideología, la filosofía, la ciencia, la opinión pública, los medios. Pero en el caso de los elementos subjetivos, guiarse por lo verdadero o lo falso es sólo convalidar nuestros “prejuicios” y dejar de lado a quién dice ese sufrimiento.

¿Cómo dar cuenta de esa posición de inocentes? Entraron al terreno de Dios desprotegidos. Sin los padres, sin sus referencias culturales y en su relación con Dios. Ahí aparece ese personaje seductor, Marcial Maciel. Y se produce la mutua seducción, ellos no se quedaron al margen de la seducción. En su desprotección, es él, Maciel, quien ofrece la protección. Una protección infamante, sí, pero, en esas circunstancias, era una “protección”. Por eso “aceptaron” participar en lo que participaron.

El estado de indefensión hace que no todos puedan lograr tener hasta el final sus referencias para mantenerse firmes, como fue el caso de Julius Fucik, quien les decía a sus verdugos: “Cuando el corazón no quiere, ni la cabeza, ni el culo hablan”. Fucik murió en la tortura a manos de los nazis. Se puede decir que es un caso excepcional, como cada caso. Quizás, algún día aparezcan testimonios de otros seminaristas que rechazaron la seducción de ese personaje Maciel o que no les interesó o que no la necesitaban. Pero tenemos que explicar estos casos. Los casos de gente que se “quiebra”. En el caso de los ex legionarios, se quiebran porque ya estaban quebrados. Porque en el sistema de seminario, como dice la Biblia, para entrar en contacto con Dios tienes que abandonar todas las referencias que te constituían.

El ejemplo más claro es el episodio bíblico de las lágrimas de Pedro. Si no me equivoco, de San Pedro, al escuchar el canto del gallo. Pedro no se llamaba Pedro, ese nombre lo obtuvo luego de convertirse. Él abandonó su nombre. Es decir, su origen. ¿Por qué lloraba? El canto del gallo hace aparecer las trazas olvidadas de aquel nombre perdido para encontrar a Dios. Era el llanto del nombre abandonado por el cuerpo. Cabe recordar el carácter fundador de Pedro en la construcción del cuerpo eclesial.

Hay un cambio que se produce cuando la desprotección encuentra el absoluto. Conviene no olvidar que la desprotección es la condición humana por excelencia; ni la ciencia ni la posmodernidad lo olvidan.

Ahora, ¿qué hacen en un seminario con los seminaristas? No olvidemos las parentescos etimológicos entre semen, seminario, seminal. Los concentran para permitir el acceso seminal a Dios. Se dice que hay que concentrarse en el rezo. Un seminario es un lugar donde está concentrada la relación con Dios. Es un espacio delimitado del resto que genera un interior en el exterior. Hay un cambio topológico. La inocencia es la creación de la desprotección. Es una desprotección creada. Ahí es donde juega un papel el amor en la construcción subjetiva. Hasta ahora, la cría humana requiere amor desde la concepción hasta más allá del nacimiento. Maciel, al parecer, ofrecía su forma singular de amar.

S.H.: La desprotección en el nazismo fue el Führer. ¿Qué genera el neoliberalismo? El hombre y la mujer flexible y la desprotección total a través del desmantelamiento de todo lo social. De todos los sistemas referenciales. ¿Cuál va a ser la nueva fase de protección?

A.S.: Asistimos a la instalación de dos grandes paradigmas: uno para los que entran al modelo, y otro para los marginados por el modelo. Los marginados van a quedar algo peor que desprotegidos. En ese sentido, Alí Ismael Abbas, de 12 años, es un paradigma. ¿Cómo se van a proteger? La droga, las bandas de jóvenes. Los integrantes del modelo cada día serán menos, de ahí la enorme producción de la ciencia-ficción de sociedades donde los robots tendrán el control, el poder desplazando a los humanos. Es uno más de los sueños que produce la ciencia.

C.F.: Revisemos, finalmente, los términos: legionarios de Cristo, legión, militar, represión. Represión sexual. Maciel les decía a los seminaristas que no se masturbaran porque no irían al cielo. Pero él podía hacer que lo masturbaran y masturbarlos a ellos. ¿Por qué? ¿Porque él era Dios?

A.S.: Es la lógica de la excepción. La excepción sostiene a la regla. Pero hay otro tema: en todos los testimonios, esa gente insiste en ‘salvar’ a la Santa Madre Iglesia y al último padre, el Papa. Se trata, para ellos, de la excepción dentro de ese mundo que denuncian. Gracias a esa excepción, es posible que algunos de ellos se mantengan como creyentes.

C.F.: La idea de Vaca acerca de la “personalidad múltiple” de Maciel, ¿es verosímil?

A.S.: Es una categoría psiquiátrica refutable. Un tanto cómica. Woody Allen produjo un filme interesante al respecto. Para colmo, Maciel podría argumentar que al tener una personalidad múltiple, cuando hizo lo que hizo con ellos no sabía lo que hacía una de sus personalidades. Y, entonces, sería inimputable.

C.F.: ¿Podría decirse que la enfermería era el lugar del “pasaje al acto sexual”?

A.S.: Quizás sea más pertinente describirlo en términos de “el escenario de la actividad sexual”. La enfermería era el escenario en que estos seminaristas ingresaban, y eso les daba una nueva escena a su vida, les cambiaba la vida. Y como en Sacher-Masoch (masoquismo), la consumación del acto tenía mucho de teatral. Existía un público que presenciaba o participaba del hecho. No queda claro, pero el goce que se atribuye al seductor, la masturbación, incluía la mirada de otros.

S.H.: Para los “niños”, en esas circunstancias, podría decirse que la escena les dejaba un cuádruple estigma: 1) La homosexualidad es diabólica; 2) además fueron forzados; 3) sufrieron las consecuencias de entregarse a su amado padre y guía (el Führer Maciel); 4) el abuso sexual tiene una matriz, sólo es el otro, el abusivo, quien tiene pasión erótica, está atravesado por el sexo.

Pero queda todavía otra pregunta: ¿Si no hubo violación, fue incesto?

A.S.: Hablar de incesto es casi cometer un abuso de interpretación se podría decir que, “simbólicamente”, hubo una relación incestuosa. Vivían en una comunidad, en una hermandad. Y allí aparece el significante padre. “Simbólicamente” hay una relación incestuosa. Sin embargo, en un incesto se requieren algo más que símbolos, pues el incesto, en una cierta medida, es una demostración del fracaso de un sistema simbólico del parentesco. No olvidemos que el incesto requiere la consumación del acto sexual con el progenitor, es decir alguien relacionado con la paternidad –sea padre, sea madre- en el lazo real de sangre. En última instancia, un incesto simbólico no causa los estragos del incesto real entre madre e hijo, entre padre e hija y, por otro, estos suelen dar el alimento de grandes tragedias, situaciones dramáticas, a veces no tan trágicas (el caso de A. Nin) y sangre. No recuerdo en la clínica analítica el relato de un incesto entre padre e hijo, de todas formas, es posible su existencia, y en las actuales condiciones permitirán el surgimiento de testimonios al respecto.

De todas formas tu pregunta por el incesto, nos retrotrae al tema de los orígenes. Cada ex legionario al denunciar, hacer públicas, las experiencias vividas con el padre Marcial Maciel tocan ese tema. Lo tocan en su origen como seguidores singulares de la religión católica pues pretendían alcanzar el sacerdocio. Se juega allí, un evento que afecta sobre ese origen, deberíamos preguntarlo si le daremos el alcance de una descalificación absoluta. Si se trata de eso su origen quedaría descalificado y ellos verían aumentar su padecimiento, al tener un origen portador del tache de las descalificación. Cuando los hijos viven una situación incestuosa – “simbólica”, en este caso- , sufren luego por un agregado: la sociedad les quita el apoyo al considerar que su origen carece de orgullo pues fueron “hijos” de un padre – o una madre- declarados indignos para ese lugar por esa misma sociedad. ¿Cómo se puede vivir una vida si el orgullo del origen es trastocado en una marca de indignidad?

Ud puede seguir este debate en

http://www.elsaborsaberdelpsicoanalisis.org/2010/03/03/el-desamparo-en-el-nombre-del-padre-interrogantes-enigmas-dificultades-alberto-sladogna/

Marx:tesis sobre Feuerbach

KARL MARX
Texto 2
La ideología alemana.
Tesis sobre Feuerbach

1
La falla fundamental de todo el materialismo precedente (incluyendo el de Feuerbach) reside en que sólo capta la cosa (Gegenstand), la realidad, lo sensible, bajo la forma del objeto (Objekt) o de la contemplación (Anschaung), no como actividad humana sensible, como práctica; no de un modo subjetivo. De ahí que el lado activo fuese desarrollado de un modo abstracto, en contraposición al materialismo, por el idealismo, el cual, naturalmente, no conoce la actividad real, sensible, en cuanto tal. Feuerbach aspira a objetos sensibles, realmente distintos de los objetos conceptuales, pero no concibe la actividad humana misma como una actividad objetiva (gegenstandlliche). Por eso, en La esencia del cristianismo, sólo se considera como auténticamente humano el comportamiento teórico, y en cambio la práctica sólo se capta y se plasma bajo su sucia forma judía de manifestarse. De ahí que Feuerbach no comprenda la importancia de la actividad “revolucionaria”, de la actividad “crítico-práctica”.

2
El problema de si puede atribuirse al pensamiento humano una verdad objetiva no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poder, la terrenalidad de su pensamiento. La disputa en torno a la realidad o irrealidad del pensamiento —aislado de la práctica— es un problema puramente escolástico.

3
La teoría del cambio de las circunstancias y de la educación olvida que las circunstancias las hacen cambiar los hombres y que el educador necesita, a su vez, ser educado. Tiene, pues, que distinguir en la sociedad dos partes, una de las cuales se halla colocada por encima de ella.
La coincidencia del cambio de las circunstancias con el de la actividad humana o cambio de los hombres mismos, sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria.

4
Feuerbach parte del hecho de la auto-enajenación religiosa, del desdoblamiento del mundo en un mundo religioso y otro terrenal. Su labor consiste en reducir el mundo religioso a su fundamento terrenal. Pero el hecho de que el fundamento terrenal se separe de sí mismo para plasmarse como un reino independiente que flota en las nubes, es algo que sólo puede explicarse por el propio desgarramiento y la contradicción de este fundamento terrenal consigo mismo. Por ende, es necesario tanto comprenderlo en su propia contradicción como revolucionarlo prácticamente. Así, pues, por ejemplo, después de descubrir la familia terrenal como el secreto de la familia sagrada, hay que aniquilar teórica y prácticamente la primera.

5
Feuerbach no se da por satisfecho con el pensamiento abstracto y recurre a la contemplación (Anschaung); pero no concibe la sensibilidad como actividad sensible-humana práctica.

6
Feuerbach resuelve la esencia religiosa en la esencia humana. Pero la esencia humana no es algo abstracto e inmanente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales.
Feuerbach, quien no entra en la crítica de esta esencia real, se ve, por tanto, obligado:
1º A prescindir del proceso histórico, a fijar el sentimiento religioso de por sí y a presuponer un individuo humano abstracto, aislado.
2º La esencia sólo puede concebirse, por tanto, como “género”, como una generalidad interna, muda, que une de un modo natural a los muchos individuos.

7
Feuerbach no ve, por tanto, que el “sentimiento religioso” es, a su vez, un producto social y que el individuo abstracto que él analiza pertenece a una determinada forma de sociedad.

8
Toda vida social es esencialmente práctica. Todos los misterios que inducen la teoría al misticismo encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esta práctica.

9
Lo más a que puede llegar el materialismo contemplativo, es decir, el que no concibe la sensibilidad como una actividad práctica, es a la contemplación de los diversos individuos sueltos y de la sociedad civil.

10
El punto de vista del materialismo antiguo es la sociedad civil; el del materialismo moderno, la sociedad humana o la humanidad social.

11
Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo.

Marx: La ideología alemana. Ed. Grijalbo. Barcelona.

Marx:enajenación económica

KARL MARX
Texto 1
Manuscritos: Economía y Filosofía.
“El trabajo enajenado”

(XXII) Hemos partido de los presupuestos de la Economía Política. Hemos aceptado su terminología y sus leyes. Damos por supuestas la propiedad privada, la separación del trabajo, capital y tierra, y la de salario, beneficio del capital y renta de la tierra; admitamos la división del trabajo, la competencia, el concepto de valor de cambio, etc. Con la misma Economía Política, con sus mismas palabras, hemos demostrado que el trabajador queda rebajado a mercancía, a la más miserable de todas las mercancías; que la miseria del obrero está en razón inversa de la potencia y magnitud de su producción; que el resultado necesario de la competencia es la acumulación del capital en pocas manos, es decir, la más terrible reconstitución de los monopolios; que, por último, desaparece la diferencia entre capitalistas y terratenientes, entre campesino y obrero fabril, y la sociedad toda ha de quedar dividida en las dos clases de propietarios y obreros desposeídos.
La Economía Política parte del hecho de la propiedad privada, pero no lo explica. Capta el proceso material de la propiedad privada, que ésta recorre en la realidad, con fórmulas abstractas y generales a las que luego presta valor de ley. No comprende estas leyes, es decir, no prueba cómo proceden de la esencia de la propiedad privada. La Economía Política no nos proporciona ninguna explicación sobre el fundamento de la división de trabajo y capital, de capital y tierra. Cuando determina, por ejemplo, la relación entre beneficio del capital y salario, acepta como fundamento último el interés del capitalista; en otras palabras, parte de aquello que debería explicar. Otro tanto ocurre con la competencia, explicada siempre por circunstancias externas. En qué medida estas circunstancias externas y aparentemente causales son sólo expresión de un desarrollo necesario, es algo sobre lo que la Economía Política nada nos dice. Hemos visto cómo para ella hasta el intercambio mismo aparece como un hecho ocasional. Las únicas ruedas que la Economía Política pone en movimiento son la codicia y la guerra entre los codiciosos, la competencia.
Justamente porque la Economía Política no comprende la coherencia del movimiento, pudo, por ejemplo, oponer la teoría de la competencia a la del monopolio, la de la libre empresa a la de la corporación, la de la división de la tierra a la del gran latifundio, pues competencia, libertad de empresa y división de la tierra fueron comprendidas y estudiadas sólo como consecuencias casuales, deliberadas e impuestas por la fuerza del monopolio, la corporación y la propiedad feudal, y no como sus resultados necesarios, inevitables y naturales.
Nuestra tarea es ahora, por tanto, la de comprender la conexión esencial entre la propiedad privada, la codicia, la separación de trabajo, capital y tierra, la de intercambio y competencia, valor y desvalorización del hombre, monopolio y competencia; tenemos que comprender la conexión de toda esta enajenación con el sistema monetario.
No nos coloquemos, como el economista cuando quiere explicar algo, en una imaginaria situación primitiva. Tal situación primitiva no explica nada, simplemente traslada la cuestión a una lejanía nebulosa y grisácea. Supone como hecho, como acontecimiento, lo que debería deducir, esto es, la relación necesaria entre dos cosas, por ejemplo, entre división del trabajo e intercambio. Así es también como la teología explica el origen del mal por el pecado original: dando por supuesto como hecho, como historia, aquello que debe explicar.
Nosotros partimos de un hecho económico, actual.
El obrero es más pobre cuanta más riqueza produce, cuanto más crece su producción en potencia y en volumen. El trabajador se convierte en una mercancía tanto más barata cuantas más mercancías produce. La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. El trabajo no sólo produce mercancías; se produce también a sí mismo y al obrero como mercancía, y justamente en la proporción en que produce mercancías en general.
Este hecho, por lo demás, no expresa sino esto: el objeto que el trabajo produce, su producto, se enfrenta a él como un ser extraño, como un poder independiente del productor. El producto del trabajo es el trabajo que se ha fijado en un objeto, que se ha hecho cosa; el producto es la objetivación del trabajo. La realización del trabajo es su objetivación. Esta realización del trabajo aparece en el estadio de la Economía Política como desrealización del trabajador, la objetivación como pérdida del objeto y servidumbre a él, la apropiación como extrañamiento, como enajenación.
Hasta tal punto aparece la realización del trabajo como desrealización del trabajador, que éste es desrealizado hasta llegar a la muerte por inanición. La objetivación aparece hasta tal punto como pérdida del objeto que el trabajador se ve privado de los objetos más necesarios no sólo para la vida, sino incluso para el trabajo. Es más, el trabajo mismo se convierte en un objeto del que el trabajador sólo puede apoderarse con el mayor esfuerzo y las más extraordinarias interrupciones. La apropiación del objeto aparece en tal medida como extrañamiento, que cuantos más objetos produce el trabajador, tantos menos alcanza a poseer y tanto más sujeto queda a la dominación de su producto, es decir, del capital.
Todas estas consecuencias están determinadas por el hecho de que el trabajador se relaciona con el producto de su trabajo como un objeto extraño. Partiendo de este supuesto, es evidente que cuanto más se vuelca el trabajador en su trabajo, tanto más poderoso es el mundo extraño, objetivo que crea frente a sí, y tanto más pobres son él mismo y su mundo interior, tanto menos dueño de sí mismo es. Lo mismo sucede en la religión. Cuanto más pone el hombre en Dios, tanto menos guarda en sí mismo. El trabajador pone su vida en el objeto, pero a partir de entonces ya no le pertenece a él, sino al objeto. Cuanto mayor es la actividad, tanto más carece de objetos el trabajador. Lo que es el producto de su trabajo, no lo es él. Cuanto mayor es, pues, este producto, tanto más insignificante es el trabajador. La enajenación del trabajador en su producto significa no solamente que su trabajo se convierte en un objeto, en una existencia exterior, sino que existe fuera de él, independiente, extraño, que se convierte en un poder independiente frente a él; que la vida que ha prestado al objeto se le enfrenta como cosa extraña y hostil.

(XXIII) Consideraremos ahora más de cerca la objetivación, la producción del trabajador, y en ella el extrañamiento, la pérdida del objeto, de su producto.
El trabajador no puede crear nada sin la naturaleza, sin el mundo exterior sensible. Esta es la materia en que su trabajo se realiza, en la que obra, en la que y con la que produce.
Pero así como la naturaleza ofrece al trabajo medios de vida, en el sentido de que el trabajo no puede vivir sin objetos sobre los que ejercerse, así, de otro lado, ofrece también víveres en sentido estricto, es decir, medios para la subsistencia del trabajador mismo.
En consecuencia, cuanto más se apropia el trabajador el mundo exterior, la naturaleza sensible, por medio de su trabajo, tanto más se priva de víveres en este doble sentido; en primer lugar, porque el mundo exterior sensible cesa de ser, en creciente medida, un objeto perteneciente a su trabajo, un medio de vida de su trabajo; en segundo término, porque este mismo mundo deja de representar cada vez más pronunciadamente, víveres en sentido inmediato, medios para la subsistencia física del trabajador.
El trabajador se convierte en siervo de su objeto en un doble sentido: primeramente porque recibe un objeto de trabajo, es decir, porque recibe trabajo; en segundo lugar porque recibe medios de subsistencia. Es decir, en primer término porque puede existir como trabajador, en segundo término porque puede existir como sujeto físico. El colmo de esta servidumbre es que ya sólo en cuanto trabajador puede mantenerse como sujeto físico y que sólo como sujeto físico es ya trabajador.
(La enajenación del trabajador en su objeto se expresa, según las leyes económicas, de la siguiente forma: cuanto más produce el trabajador, tanto menos ha de consumir; cuanto más valores crea, tanto más sin valor, tanto más indigno es él; cuanto más elaborado su producto, tanto más deforme el trabajador; cuanto más civilizado su objeto, tanto más bárbaro el trabajador; cuanto más rico espiritualmente se hace el trabajo, tanto más desespiritualizado y ligado a la naturaleza queda el trabajador).
La Economía Política oculta la enajenación esencial del trabajo porque no considera la relación inmediata entre el trabajador (el trabajo) y la producción.
Ciertamente, el trabajo produce maravillas para los ricos, pero produce privaciones para el trabajador. Produce palacios, pero para el trabajador chozas. Produce belleza, pero deformidades para el trabajador. Sustituye el trabajo por máquinas, pero arroja una parte de los trabajadores a un trabajo bárbaro, y convierte en máquinas a la otra parte. Produce espíritu, pero origina estupidez y cretinismo para el trabajador.
La relación inmediata del trabajo y su producto es la relación del trabajador y el objeto de su producción. La relación del acaudalado con el objeto de la producción y con la producción misma es sólo una consecuencia de esta primera relación y la confirma. Consideraremos más tarde este otro aspecto.
Cuando preguntamos, por tanto, cuál es la relación esencial del trabajo, preguntamos por la relación entre el trabajador y la producción.
Hasta ahora hemos considerado el extrañamiento, la enajenación del trabajador, sólo en un aspecto, concretamente en su relación con el producto de su trabajo. Pero el extrañamiento no se muestra sólo en el resultado, sino en el acto de la producción, dentro de la actividad productiva misma. ¿Cómo podría el trabajador enfrentarse con el producto de su actividad como con algo extraño si en el acto mismo de la producción no se hiciese ya ajeno a sí mismo? El producto no es más que el resumen de la actividad, de la producción. Por tanto, si el producto del trabajo es la enajenación, la producción misma ha de ser la enajenación activa, la enajenación de la actividad; la actividad de la enajenación. En el extrañamiento del producto del trabajo no hace más que resumirse el extrañamiento, la enajenación en la actividad del trabajo mismo.
¿En qué consiste, entonces, la enajenación del trabajo?
Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de autosacrificio, de ascetismo. En último término, para el trabajador se muestra la exterioridad del trabajo en que éste no es suyo, sino de otro, que no le pertenece; en que cuando está en él no se pertenece a sí mismo, sino a otro. Así como en la religión la actividad propia de la fantasía humana, de la mente y del corazón humanos, actúa sobre el individuo independientemente de él, es decir, como una actividad extraña, divina o diabólica, así también la actividad del trabajador no es su propia actividad. Pertenece a otro, es la pérdida de sí mismo.
De esto resulta que el hombre (el trabajador) sólo se siente libre en sus funciones animales, en el comer, beber, engendrar, y todo lo más en aquello que toca a la habitación y al atavío, y en cambio en sus funciones humanas se siente como animal. Lo animal se convierte en lo humano y lo humano en lo animal.
Comer, beber y engendrar, etc., son realmente también auténticas funciones humanas. Pero en la abstracción que las separa del ámbito restante de la actividad humana y las convierte en un fin único y último son animales.
Hemos considerado el acto de la enajenación de la actividad humana práctica, del trabajo, en dos aspectos: 1) la relación del trabajador con el producto del trabajo como con un objeto ajeno y que lo domina. Esta relación es, al mismo tiempo, la relación con el mundo exterior sensible, con los objetos naturales, como con un mundo extraño para él y que se le enfrenta con hostilidad; 2) la relación del trabajo con el acto de la producción dentro del trabajo. Esta relación es la relación del trabajador con su propia actividad, como con una actividad extraña, que no le pertenece, la acción como pasión, la fuerza como impotencia, la generación como castración, la propia energía física y espiritual del trabajador, su vida personal (pues qué es la vida sino actividad) como una actividad que no le pertenece, independientemente de él, dirigida contra él. La enajenación respecto de sí mismo como, en el primer caso, la enajenación respecto de la cosa.

(XXIV) Aún hemos de extraer de las dos anteriores una tercera determinación del trabajo enajenado.
El hombre es un ser genérico no sólo porque en la teoría y en la práctica toma como objeto suyo el género, tanto el suyo propio como el de las demás cosas, sino también, y esto no es más que otra expresión para lo mismo, porque se relaciona consigo mismo como el género actual, viviente, porque se relaciona consigo mismo como un ser universal y por eso libre.
La vida genérica, tanto en el hombre como en el animal, consiste físicamente, en primer lugar, en que el hombre (como el animal) vive de la naturaleza inorgánica, y cuanto más universal es el hombre que el animal, tanto más universal es el ámbito de la naturaleza inorgánica de la que vive. Así como las plantas, los animales, las piedras, el aire, la luz, etc., constituyen teóricamente una parte de la conciencia humana, en parte como objetos de la conciencia natural, en parte como objetos del arte (su naturaleza inorgánica espiritual, los medios de subsistencia espiritual que él ha de preparar para el goce y asimilación), así también constituyen prácticamente una parte de la vida y de la actividad humana. Físicamente, el hombre vive sólo de estos productos naturales, aparezcan en forma de alimentación, calefacción, vestido, vivienda, etc. La universalidad del hombre aparece en la práctica justamente en la universalidad que hace de la naturaleza toda su cuerpo inorgánico, tanto por ser (1) un medio de subsistencia inmediato, como por ser (2) la materia, el objeto y el instrumento de su actividad vital. La naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre; la naturaleza, en cuanto ella misma, no es cuerpo humano. Que el hombre vive de la naturaleza quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con la cual ha de mantenerse en proceso continuo para no morir. Que la vida física y espiritual del hombre está ligada con la naturaleza no tiene otro sentido que el de que la naturaleza está ligada consigo misma, pues el hombre es una parte de la naturaleza.
Como quiera que el trabajo enajenado (1) convierte a la naturaleza en algo ajeno al hombre, (2) lo hace ajeno de sí mismo, de su propia función activa, de su actividad vital, también hace del género algo ajeno al hombre; hace que para él la vida genérica se convierta en medio de la vida individual. En primer lugar hace extrañas entre sí la vida genérica y la vida individual; en segundo término convierte a la primera, en abstracto, en fin de la última, igualmente en su forma extrañada y abstracta.
Pues, en primer término, el trabajo, la actividad vital, la vida productiva misma, aparece ante el hombre sólo como un medio para la satisfacción de una necesidad, de la necesidad de mantener la existencia física. La vida productiva es, sin embargo, la vida genérica. Es la vida que crea vida. En la forma de la actividad vital reside el carácter dado de una especie, su carácter genérico, y la actividad libre, consciente, es el carácter genérico del hombre. La vida misma aparece sólo como medio de vida.
El animal es inmediatamente uno con su actividad vital. No se distingue de ella. Es ella. El hombre hace de su actividad vital misma objeto de su voluntad y de su conciencia. Tiene actividad vital consciente. No es una determinación con la que el hombre se funda inmediatamente. La actividad vital consciente distingue inmediatamente al hombre de la actividad vital animal. Justamente, y sólo por ello, es él un ser genérico. O, dicho de otra forma, sólo es ser consciente, es decir, sólo es su propia vida objeto para él, porque es un ser genérico. Sólo por ello es su actividad libre. El trabajo enajenado invierte la relación, de manera que el hombre, precisamente por ser un ser consciente, hace de su actividad vital, de su esencia, un simple medio para su existencia.
La producción práctica de un mundo objetivo, la elaboración de la naturaleza inorgánica, es la afirmación del hombre como un ser genérico consciente, es decir, la afirmación de un ser que se relaciona con el género como con su propia esencia o que se relaciona consigo mismo como ser genérico. Es cierto que también el animal produce. Se construye un nido, viviendas, como las abejas, los castores, las hormigas, etc. Pero produce únicamente lo que necesita inmediatamente para sí o para su prole; produce unilateralmente, mientras que el hombre produce universalmente; produce únicamente por mandato de la necesidad física inmediata, mientras que el hombre produce incluso libre de la necesidad física y sólo produce realmente liberado de ella; el animal se produce sólo a sí mismo, mientras que el hombre reproduce la naturaleza entera; el producto del animal pertenece inmediatamente a su cuerpo físico, mientras que el hombre se enfrenta libremente a su producto. El animal forma únicamente según la necesidad y la medida de la especie a la que pertenece, mientras que el hombre sabe producir según la medida de cualquier especie y sabe siempre imponer al objeto la medida que le es inherente; por ello el hombre crea también según las leyes de la belleza.
Por eso precisamente es sólo en la elaboración del mundo objetivo en donde el hombre se afirma realmente como un ser genérico. Esta producción es su vida genérica activa. Mediante ella aparece la naturaleza como su obra y su realidad. El objeto del trabajo es por eso la objetivación de la vida genérica del hombre, pues éste se desdobla no sólo intelectualmente, como en la conciencia, sino activa y realmente, y se completa a sí mismo en un mundo creado por él. Por esto el trabajo enajenado, al arrancar al hombre el objeto de su producción, le arranca su vida genérica, su real objetividad genérica, y transforma su ventaja respecto del animal en desventaja, pues se ve privado de su cuerpo inorgánico, de la naturaleza. Del mismo modo, al degradar la actividad propia, la actividad libre, a la condición de medio, hace el trabajo enajenado de la vida genérica del hombre un medio para su existencia física.
Mediante la enajenación, la conciencia del hombre que el hombre tiene de su género se transforma, pues, de tal manera que la vida genérica se convierte en él en simple medio.
El trabajo enajenado, por tanto:
3) Hace del ser genérico del hombre, tanto de la naturaleza como de sus facultades espirituales genéricas, un ser ajeno para él, un medio de existencia individual. Hace extraños al hombre su propio cuerpo, la naturaleza fuera de él, su esencia espiritual, su esencia humana.
4) Una consecuencia inmediata del hecho de estar enajenado el hombre del producto de su trabajo, de su actividad vital, de su ser genérico, es la enajenación del hombre respecto del hombre. Si el hombre se enfrenta consigo mismo, se enfrenta también al otro. Lo que es válido respecto de la relación del hombre con su trabajo, con el producto de su trabajo y consigo mismo, vale también para la relación del hombre con el otro y con el trabajo y el producto del trabajo del otro.
En general, la afirmación de que el hombre está enajenado de su ser genérico quiere decir que un hombre está enajenado del otro, como cada uno de ellos está enajenado de la esencia humana.
La enajenación del hombre y, en general, toda relación del hombre consigo mismo, sólo encuentra realización y expresión verdaderas en la relación en que el hombre está con el otro.
En la relación del trabajo enajenado, cada hombre considera, pues, a los demás según la medida y la relación en la que él se encuentra consigo mismo en cuanto trabajador.

(XXV) Hemos partido de un hecho económico, el extrañamiento entre el trabajador y su producción. Hemos expuesto el concepto de este hecho: el trabajo enajenado, extrañado. Hemos analizado este concepto, es decir, hemos analizado simplemente un hecho económico.
Veamos ahora cómo ha de exponerse y representarse en la realidad el concepto del trabajo enajenado, extrañado.
Si el producto del trabajo me es ajeno, se me enfrenta como un poder extraño, entonces ¿a quién pertenece?
Si mi propia actividad no me pertenece; si es una actividad ajena, forzada, ¿a quién pertenece entonces?
A un ser otro que yo.
¿Quién es ese ser?
¿Los dioses? Cierto que en los primeros tiempos la producción principal, por ejemplo, la construcción de templos, etc., en Egipto, India, Méjico, aparece al servicio de los dioses, como también a los dioses pertenece el producto. Pero los dioses por sí solos no fueron nunca los dueños del trabajo. Aún menos de la naturaleza. Qué contradictorio sería que cuando más subyuga el hombre a la naturaleza mediante su trabajo, cuando más superfluos vienen a resultar los milagros de los dioses en razón de los milagros de la industria, tuviese que renunciar el hombre, por amor de estos poderes, a la alegría de la producción y al goce del producto.
El ser extraño al que pertenecen el trabajo y el producto del trabajo, a cuyo servicio está aquél y para cuyo placer sirve éste, solamente puede ser el hombre mismo.
Si el producto del trabajo no pertenece al trabajador, si es frente a él un poder extraño, esto sólo es posible porque pertenece a otro hombre que no es el trabajador. Si su actividad es para él dolor, ha de ser goce y alegría vital de otro. Ni los dioses, ni la naturaleza, sino sólo el hombre mismo puede ser este poder extraño sobre los hombres.
Recuérdese la afirmación antes hecha de que la relación del hombre consigo mismo únicamente es para él objetiva y real a través de su relación con los otros hombres. Si él, pues, se relaciona con el producto de su trabajo, con su trabajo objetivado, como con un objeto poderoso, independiente de él, hostil, extraño, se está relacionando con él de forma que otro hombre independiente de él, poderoso, hostil, extraño a él, es el dueño de este objeto. Si él se relaciona con su actividad como con una actividad no libre, se está relacionando con ella como con la actividad al servicio de otro, bajo las órdenes, la compulsión y el yugo de otro.
Toda enajenación del hombre respecto de sí mismo y de la naturaleza aparece en la relación que él presume entre él, la naturaleza y los otros hombres distintos de él. Por eso la autoenajenación religiosa aparece necesariamente en la relación del laico con el sacerdote, o también, puesto que aquí se trata del mundo intelectual, con un mediador, etc. En el mundo práctico, real, el extrañamiento de sí sólo puede manifestarse mediante la relación práctica, real, con los otros hombres. El medio mismo por el que el extrañamiento se opera en un medio práctico. En consecuencia mediante el trabajo enajenado no sólo produce el hombre su relación con el objeto y con el acto de la propia producción como con poderes que le son extraños y hostiles, sino también la relación en la que los otros hombres se encuentran con su producto y la relación en la que él está con estos otros hombres. De la misma manera que hace de su propia producción su desrealización, su castigo; de su propio producto su pérdida, un producto que no le pertenece, y así también crea el dominio de quien no produce sobre la producción y el producto. Al enajenarse de su propia actividad posesiona al extraño de la actividad que no le es propia.
Hasta ahora hemos considerado la relación sólo desde el lado del trabajador; la consideramos más tarde también desde el lado del no trabajador.
Así, pues, mediante el trabajo enajenado crea el trabajador la relación de este trabajo con un hombre que está fuera del trabajo y le es extraño. La relación del trabajador con el trabajo engendra la relación de éste con el del capitalista o como quiera llamarse al patrono del trabajo. La propiedad privada es, pues, el producto, el resultado, la consecuencia necesaria del trabajo enajenado, de la relación externa del trabajador con la naturaleza y consigo mismo.
Partiendo de la Economía Política hemos llegado, ciertamente, al concepto del trabajo enajenado (de la vida enajenada) como resultado del movimiento de la propiedad privada. Pero el análisis de este concepto muestra que, aunque la propiedad privada aparece como fundamento, como causa del trabajo enajenado, es más bien una consecuencia del mismo, del mismo modo que los dioses no son originariamente la causa, sino el efecto de la confusión del entendimiento humano. Esta relación se transforma después en una interacción recíproca.
Sólo en el último punto culminante de su desarrollo descubre la propiedad privada de nuevo su secreto, es decir, en primer lugar que es el producto del trabajo enajenado, y en segundo término que es el medio por el cual el trabajo se enajena, la realización de esta enajenación.
Este desarrollo ilumina al mismo tiempo diversas colisiones no resueltas hasta ahora.
1) La Economía Política parte del trabajo como del alma verdadera de la producción y, sin embargo, no le da nada al trabajo y todo a la propiedad privada. Partiendo de esta contradicción ha fallado Proudhon en favor del trabajo y contra la propiedad privada. Nosotros, sin embargo, comprendemos, que esta aparente contradicción es la contradicción del trabajo enajenado consigo mismo y que la Economía Política simplemente ha expresado las leyes de este trabajo enajenado.
Comprendemos también por esto que salario y propiedad privada son idénticos, pues el salario que paga el producto, el objeto del trabajo, el trabajo mismo, es sólo una consecuencia necesaria de la enajenación del trabajo; en el salario el trabajo no aparece como un fin en sí, sino como un servidor del salario. Detallaremos esto más tarde. Limitándonos a extraer ahora algunas consecuencias .

(XXVI) Un alza forzada de los salarios, prescindiendo de todas las demás dificultades (prescindiendo de que, por tratarse de una anomalía, sólo mediante la fuerza podría ser mantenida), no sería, por tanto, más que una mejor remuneración de los esclavos, y no conquistaría, ni para el trabajador, ni para el trabajo su vocación y su dignidad humanas.
Incluso la igualdad de salarios, como pide Proudhon, no hace más que transformar la relación del trabajador actual con su trabajo en la relación de todos los hombres con el trabajo. La sociedad es comprendida entonces como capitalista abstracto.
El salario es una consecuencia inmediata del trabajo enajenado y el trabajo enajenado es la causa inmediata de la propiedad privada. Al desaparecer un término debe también, por esto, desaparecer el otro.
2) De la relación del trabajo enajenado con la propiedad privada se sigue, además, que la emancipación de la sociedad de la propiedad privada, etc., de la servidumbre, se expresa en la forma política de la emancipación de los trabajadores, no como si se tratase sólo de la emancipación de éstos, sino porque su emancipación entraña la emancipación humana general; y esto es así porque toda la servidumbre humana está encerrada en la relación del trabajador con la producción, y todas las relaciones serviles son sólo modificaciones y consecuencias de esta relación.
Así como mediante el análisis hemos encontrado el concepto de propiedad privada partiendo del concepto de trabajo enajenado, extrañado, así también podrán desarrollarse con ayuda de estos dos factores todas las categorías económicas y encontraremos en cada una de estas categorías, por ejemplo, el tráfico, la competencia, el capital, el dinero, solamente una expresión determinada, desarrollada, de aquellos primeros fundamentos.
Antes de considerar esta estructuración, sin embargo, tratemos de resolver dos cuestiones.
1) Determinar la esencia general de la propiedad privada, evidenciada como resultado del trabajo enajenado, en su relación con la propiedad verdaderamente humana y social.
2) Hemos aceptado el extrañamiento del trabajo, su enajenación, como un hecho y hemos realizado este hecho. Ahora nos preguntamos ¿cómo llega el hombre a enajenar, a extrañar su trabajo? ¿Cómo se fundamenta este extrañamiento en la esencia de la evolución humana? Tenemos ya mucho ganado para la solución de este problema al haber transformado la cuestión del origen de la propiedad privada en la cuestión de la relación del trabajado enajenado con el proceso evolutivo de la humanidad. Pues cuando se habla de propiedad privada se cree tener que habérselas con una cosa fuera del hombre. Cuando se habla de trabajo nos las tenemos que haber inmediatamente con el hombre mismo. Esta nueva formulación de la pregunta es ya incluso su solución.

Ad. 1) Esencia general de la propiedad privada y su relación con la propiedad verdaderamente humana.
El trabajo enajenado se nos ha resuelto en dos componentes que se condicionan recíprocamente o que son sólo dos expresiones distintas de una misma relación. La apropiación aparece como extrañamiento, como enajenación y la enajenación como apropiación, el extrañamiento como la verdadera naturalización.
Hemos considerado un aspecto, el trabajo enajenado en relación al trabajador mismo, es decir, la relación del trabajo enajenado consigo mismo. Como producto, como resultado necesario de esta relación hemos encontrado la relación de propiedad del no-trabajador con el trabajador y con el trabajo. La propiedad privada como expresión resumida, material, del trabajo enajenado abarca ambas relaciones, la relación del trabajador con el trabajo, con el producto de su trabajo y con el no trabajador, y la relación del no trabajador con el trabajador y con el producto de su trabajo.
Si hemos visto, pues, que respecto del trabajador, que mediante el trabajo, se apropia de la naturaleza, la apropiación aparece como enajenación, la actividad propia como actividad para otro y de otro, la vitalidad como holocausto de la vida, la producción del objeto como pérdida del objeto en favor de un poder extraño, consideremos ahora la relación de este hombre extraño al trabajo y al trabajador con el trabajador, el trabajo y su objeto.
Por de pronto hay que observar que todo lo que en el trabajo aparece como actividad de la enajenación, aparece en el no trabajador como estado de la enajenación, del extrañamiento.
En segundo término, que el comportamiento práctico, real, del trabajador en la producción y respecto del producto (en cuanto estado de ánimo) aparece en el no trabajador a él enfrentado como comportamiento teórico.

(XXVII) Tercero. El no trabajador hace contra el trabajador todo lo que éste hace contra sí mismo, pero no hace contra sí lo que hace contra el trabajador.
Consideremos más detenidamente estas tres relaciones.

Marx: Manuscritos: Economía y filosofía. Alianza Editorial, Madrid.

John Locke:defender la propiedad y la vida bajo el paraguas del Estado liberal

Una de las claves de las tesis políticas de Locke, la encontramos en su argumento por el cual la propiedad es imprescindible para un buen gobierno que se rija por los llamados principios del liberalismo político dentro de las coordenadas del contractualismo inglés surgido en la Inglaterra del siglo XVII tras el triunfo de la Gloriosa Revolución que pone fin a la Monarquía Absoluta para dar paso a la Monarquía Parlamentaria y el modelo llamado liberal que incluye el modelo en el cual se establece el principio de la división de poderes…

JOHN LOCKE
Texto 2
Segundo tratado sobre el gobierno civil, capítulo 9

CAPÍTULO 9
De los fines de la sociedad política y del gobierno

123. Si en el estado de naturaleza la libertad de un hombre es tan grande como hemos dicho; si él es señor absoluto de su propia persona y de sus posesiones en igual medida que pueda serlo el más poderoso; y si no es súbdito de nadie, ¿por qué decide mermar su libertad? ¿Por qué renuncia a su imperio y se somete al dominio y control de otro poder? La respuesta a estas preguntas es obvia. Contesto diciendo que, aunque en el estado de naturaleza tiene el hombre todos esos derechos, está, sin embargo, expuesto constantemente a la incertidumbre y a la amenaza de ser invadido por otros. Pues como en el estado de naturaleza todos son reyes lo mismo que él, cada hombre es igual a los demás; y como la mayor parte de ellos no observa estrictamente la equidad y la justicia, el disfrute de la propiedad que un hombre tiene en un estado así es sumamente inseguro. Esto lo lleva a querer abandonar una condición en la que, aunque él es libre, tienen lugar miedos y peligros constantes; por lo tanto, no sin razón está deseoso de unirse en sociedad con otros que ya están unidos o que tienen intención de estarlo con el fin de preservar sus vidas, sus libertades y sus posesiones, es decir, todo eso a lo que doy el nombre genérico de «propiedad».

124. Por consiguiente, el grande y principal fin que lleva a los hombres a unirse en estados y a ponerse bajo un gobierno, es la preservación de su propiedad, cosa que no podían hacer en el estado de naturaleza, por faltar en él muchas cosas:
Primero, faltaba una ley establecida, fija y conocida; una ley que hubiese sido aceptada por consentimiento común, como norma de lo bueno y de lo malo, y como criterio para decidir entre las controversias que surgieran entre los hombres. Pues aunque la ley natural es clara e inteligible para todas las criaturas racionales, los hombres, sin embargo, cegados por sus propios intereses y por no haber estudiado dicha ley debidamente, tienen tendencia a no considerarla como obligatoria cuando se refiere a sus propios casos particulares.

125. En segundo lugar, falta en el estado de naturaleza un juez público e imparcial, con autoridad para resolver los pleitos que surjan entre los hombres, según la ley establecida. Pues en un estado así, cada uno es juez y ejecutor de la ley de naturaleza; y como los hombres son parciales para consigo mismos, la pasión y la venganza pueden llevarlos a cometer excesos cuando juzgan apasionadamente su propia causa, y a tratar con negligencia y despreocupación las causas de los demás.

126. En tercer lugar, falta a menudo en el estado de naturaleza un poder que respalde y dé fuerza a la sentencia cuando ésta es justa, a fin de que se ejecute debidamente. Aquellos que por injusticia cometen alguna ofensa, rara vez sucumbirán allí donde les es posible hacer que su injusticia impere por la fuerza. Una resistencia así hace que el castigo resulte peligroso, y aun destructivo, para quienes lo intentan.

127. Así, la humanidad, a pesar de todos los privilegios que conlleva el estado de naturaleza, padece una condición de enfermedad mientras se encuentra en tal estado; y por eso se inclina a entrar en sociedad cuanto antes. Por eso sucede que son muy pocas las veces que encontramos grupos de hombres que viven continuamente en estado semejante. Pues los inconvenientes a los que están allí expuestos (inconvenientes que provienen del poder que tiene cada hombre para castigar las transgresiones de los otros) los llevan a buscar protección bajo las leyes establecidas del gobierno, a fin de procurar la conservación de su propiedad. Esto es lo que los hace estar tan deseosos de renunciar al poder de castigar que tiene cada uno, y de entregárselo a una sola persona para que lo ejerza entre ellos; esto es lo que los lleva a conducirse según las reglas que la comunidad, o aquellos que han sido por ellos autorizados para tal propósito, ha acordado. Y es aquí donde tenemos el derecho original del poder legislativo y del ejecutivo, así como el de los gobiernos de las sociedades mismas.

128. Porque en el estado de naturaleza (omitiendo ahora la libertad que se tiene para disfrutar de placeres inocentes), un hombre posee dos poderes:
El primero es el de hacer todo lo que a él le parezca oportuno para la preservación de sí mismo y de otros, dentro de lo que le permite la ley de la naturaleza; por virtud de esa ley, que es común a todos ellos, él y el resto de la humanidad son una comunidad, constituyen una sociedad separada de las demás criaturas. Y si no fuera por la corrupción y maldad de hombres degenerados, no habría necesidad de ninguna otra sociedad, y no habría necesidad de que los hombres se separasen de esta grande y natural comunidad para reunirse, mediante acuerdos declarados, en asociaciones pequeñas y apartadas las unas de las otras.
El otro poder que tiene el hombre en el estado de naturaleza es el poder de castigar los crímenes cometidos contra esa ley. A ambos poderes renuncia el hombre cuando se une a una privada, si pudiéramos llamarla así, o particular sociedad política, y se incorpora a un Estado separado del resto de la humanidad.

129. El primer poder, es decir, el de hacer lo que cree oportuno para la preservación de sí mismo y del resto de la humanidad, es abandonado por el hombre para regirse por leyes hechas por la sociedad, en la medida en que la preservación de sí mismo y del resto de esa sociedad lo requiera; y esas leyes de la sociedad limitan en muchas cosas la libertad que el hombre tenía por ley de naturaleza.

130. En segundo lugar, el hombre renuncia por completo a su poder de castigar, y emplea su fuerza natural —la cual podía emplear antes en la ejecución de la ley de naturaleza, tal y como él quisiera y con autoridad propia— para asistir al poder ejecutivo de la sociedad, según la ley de la misma lo requiera; pues al encontrarse ahora en un nuevo Estado, en el cual va a disfrutar de muchas comodidades derivadas del trabajo, de la asistencia y de la asociación de otros que laboran unidos en la misma comunidad, así como de la protección que va a recibir de toda la fuerza generada por dicha comunidad, ha de compartir con los otros algo de su propia libertad en la medida que le corresponda, contribuyendo por sí mismo al bien, a la prosperidad y a la seguridad de la sociedad, según ésta se lo pida; lo cual no es solamente necesario, sino también justo, pues los demás miembros de la sociedad hacen lo mismo.

131. Pero aunque los hombres, al entrar en sociedad, renuncian a la igualdad, a la libertad y al poder ejecutivo que tenía en el estado de naturaleza, poniendo todo esto en manos de la sociedad misma para que el poder legislativo disponga de ello según lo requiera el bien de la sociedad, esa renuncia es hecha por cada uno con la exclusiva intención de preservarse a sí mismo y de preservar su libertad y su propiedad de una manera mejor, ya que no puede suponerse que criatura racional alguna cambie su situación con el deseo de ir a peor. Y por eso, el poder de la sociedad o legislatura constituida por ellos, no puede suponerse que vaya más allá de lo que pide el bien común, sino que ha de obligarse a asegurar la propiedad de cada uno, protegiéndolos a todos contra aquellas tres deficiencias que mencionábamos más arriba y que hacían del estado de naturaleza una situación insegura y difícil. Y así, quienquiera que ostente el poder legislativo supremo en un Estado está obligado a gobernar según lo que dicten las leves establecidas, promulgadas y conocidas del pueblo y no mediante decisiones imprevisibles; ha de resolver los pleitos por jueces neutrales y honestos, de acuerdo con dichas leyes; y está obligado a emplear la fuerza de la comunidad, exclusivamente, para que esas leyes se ejecuten dentro del país; y si se trata de relaciones con el extranjero, debe impedir o castigar las injurias que vengan de afuera, y proteger a la comunidad contra incursiones e invasiones. Y todo esto no debe estar dirigido a otro fin que no sea el de lograr la paz, la seguridad y el bien del pueblo.

J. Locke: Segundo tratado sobre el gobierno civil. Alianza Editorial, Madrid.