hermenéutica y posmodernismo vs materialismo filosófico. Icono,ídolo y crítica filosófica

crítica filosofica

Desde el sistema llamado Materialismo Filosófico , analizaremos de un modo crítico el mundo del presente en que vivimos. Acompáñanos en esta urgente actividad

sábado, julio 31, 2010

¿posmodernismo o el gran engaño?iconos y materialismo crítico en el presente, de la hermenéutica posmoderna al materialismo filosófico

El texto( con cortes por el modelo google) que presentamos a continuación es un libro del filósofo mexicano Mauricio Beuchot titulado Las caras del símbolo: el ícono y el ídolo

Se trata de un libro de interés, desde la filosofía crítica que defiende el sistema del Materialismo Filosófico. El autor mexicano menciona la Teoría del Cierre Categorial de Gustavo Bueno, clave de las propuestas sistemáticas del Materialismo Filosófico.

Sin embargo, el defensor de la llamada hermenéutica analógica, M Beuchot, cae en un vicio muy común, a saber: citar textos o conceptos de un sistema que se opone a sus propias tesis, pero sin mencionar o dejar bien claras algunas cuestiones clave como son, las definiciones de conceptos. El ejemplo más evidente de esto es el siguiente: cuando Beuchot se refiere a Gustavo Bueno y su concepto de categorías, y el de cierre categorial, abre una vía falsa para sostener su propia tesis sobre la necesidad insuperable de una hermenéutica fundamentada en la idea filosófica de analogía;esto es así, según Beunchot, si se quiere evitar el excesivo escepticismo a que nos llevaría el posmodernismo, por ejemplo, de Vattimo,entre otros.

El concepto tanto de icono como de ídolo, en tanto rebasarían ambos los cierres categoriales de las ciencias positivas, es la tesis que pide el principio, porque no hay una demostración de lo que se da por base epistemológica de lo ontológico que se manifiesta en los fenómenos de la iconicidad y la idolatría.

La diferencia que podemos agregar a la manera de exponer sus tesis respecto de Gustavo Bueno y el Materialismo Filosófico está , en uno de los puntos cruciales, en la distinción entre Ideas y Conceptos. Pretende Beuchot hacernos ver en lo que son ideas, conceptos categoriales de una ciencia, lo cual es imposible no por cuestiones de ideología o de metafísica, sino por la propia materia de dichos términos del campo…los iconos con en parte materiales de tipo M1, pero en gran parte su componente psicológico-social, en términos del Materialismo Filosófico, materiales M2, han de ser relacionados con la materialidad terciogenérica, es decir, el modelo de relaciones que se establecen entre lo representado por el icono o el ídolo , con los cuerpos , ontológicamente nucleados, de las religiones, es decir, el material que corresponde a M3…No es posible una ciencia categorialmente cerrada de los iconos ni de los ídolos, por su componente beta operatorio, ya que los sujetos operatorios no pueden ser segregados de las operaciones en dichos campos, de ahí la recurrencia de Mauricio Beuchot a planteamientos vinculados con la hermenéutica teológica, aun cuando su intento de utilización de la analogía aristotélica sea loable, no logra salir de ese círculo vicioso que lo encierra desde la errónea gnoseología mencionada anteriormente en este breve texto que implica una falacia , que lo es aun bajo apariencia de veracidad, a saber: la petición de principio

TEXTO DE BEUCHOT EN GOOGLE BOOKS

conferencia sobre la hermenéutica analógica según Mauricio Beuchot

El filósofo mexicano Mauricio Beuchot ha venido trabajando en un modelo de sistema filosófico que él define como hermenéutica analógica

introfilosofia en facebook: arsfilosofo o el arte de la filosofía crítica en facebook

elmomento actual en que lo llamado virtual es un componenete cada vez más aparentemente activo, ha hecho considerar a introfilosofia la opción de ver si es operativo el enlace con facbook , por medio de una web bajo el nombre arsfilosofo aquí el sitio ARSFILOSOFO o del arte del filósofo materialista

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drug money laundering o de cómo la gran banca lava mejor…el dinero negro de la droga

El sistema bancario internacional es un perfecto modelo de lo que es el funcionamiento de una de las ramas del poder más fuertes dentro de las democracias homologadas del presente tiempo de globalización y posmodernismo orwelliano
El banco norteamericano Wachovia, que fue adquirido en la turbulencia de la crisis de 2008 por Wells Fargo, es uno de los que se sabe y se ha probado como uno de los lavadores de dinero de los cárteles de la droga. Se sabe de 380 mil millones de dóalres lavados y de una multa de 160 millones
Bueno, no está mal el negocio…para este banco.Y los demás que han ido a esta fuente de cash o sea, de efectivo , para sobrevivir en tiempos difíciles.
La cuestión es que si un ciudadano en España , pongamos por caso,solicita un préstamo de 300 euros y luego lo va aumentando a raíz de la generosa oferta de tomar más, por parte de una de las varias compañías tapadera de los grandes bancos, como es Cofidis, que presta dinero a por ejemplo, asalariados cuya única garantía o “aval” es su nómina , el susodicho banco , el Santander, o sea, Cofidis, va a llegar hasta seis mil euros de préstamo a la módica tasa de casi un 25 % de interés. En caso de no pagar puntualmente el recibo mensual a este banco , se le cobrará un recargo mensual de casi un , créalo usted, 50 % extra.
Bien. El citado ciudadano , en caso de no poder hacer frente a su compromiso de pagar lo prestado por Cofidis o sea Banco de Santander, se verá frente a un JUZGADO en el cual , si no tiene dinero para pagarse un abogado, solicitar uno de oficio al Estado es su “derecho”. Ahora bien: ese derecho implica unas condiciones, tal como ser incapaz de pagar un abogado privado, es decir, tener un umbral de salario mensaul que no supere un mínimo bastante bajo.
Sigue el procedimiento de la JUSTICIA ( créase oo no , ese es su nombre real): el juicio contra el no pagador se saca adelante de este modo en España: no presenta abogado, por no poderlo pagar ni tener uno de oficio, ya que su salario supera el umbral establecido por las leyes vía “Colegio de abogados”( es decir, la cofradía de corte MEDIEVAL). El caso es que ese asalariado que se atrevió a no pagarle a un gran banco , sea el Santander,Wachovia,BBVA,Citigroup,etc etc, se verá con su nómina CONFISCADA, es decir, se embaragrá su salario para que el tal banco pueda cbrar su préstamo impagado. Esto sin que el juez haya escuchado las razones del acusado, porque no puede éste acudir en su defensa si no va con abogado y procurador , las dos , eh.Bien. El siguiente paso es que cuando cobre lo que el juzgado decida, se verá al borde de la miseria, tanto el acusado como su familia.Esto es lo que se conoce como procedimiento judicial…y no va ala cárcel porque de ir, el banco no podría cobrarse a lo mafioso su préstamo del cual ya ha cobrado en la inmensa mayoría de los casos , mucho más de lo que prestó por la sencilla razón de los intereses tan sublimemente excesivos…
La cuestión esencial es , por lo tanto la siguiente:
Se puede y debe dejar a la banca tomar y enriquecerse con el dinero de las mafias de la droga , pero a los que piden un préstamo , por ejemplo, para pagar los estudios de sus hijos que tampoco han logrado becas o ayudas de un Estado pseudodemorcrático y pseudo socialista y obrero , en el caso del PSOE español pongamos por caso….éstos cidadanos carne de cañón de la Big Bussiness banca y el sistema judicial INJUSTO Y MEDIEVAL…no tiene más que someterse a este modelo medieval de siervos de la gleba al servicio de los amos y sus capataces políitico jurídicos…todo ello aderezado de mucho circo televisivo y mucho pan para un pueblo cada día más atemorizado ante la perspectiva de no tener ni qiquera un salario que exponer a la banca voraz que acabe fagocitándoselo vía JUSTICIA en esos tremendos fantasmas de la Idea de Justicia que son los procesos de embargo de nóminas….
Aquí pongo el artículo publicado por la revista norteamericana NACLA ( está en inglés, discúlpenme)
lterNet / By Zach Carter 52 COMMENTS
Wall Street Is Laundering Drug Money and Getting Away with It
Wall Street has been caught laundering massive amounts of drug money. So why isn’t anybody being punished?
July 16, 2010 |
This piece originally appeared at Campaign for America’s Future. It has been expanded for this publication.

Too-big-to-fail is a much bigger problem than you thought. We’ve all read damning accounts of the government saving banks from their risky subprime bets, but it turns out that the Wall Street privilege problem is far more deeply ingrained in the U.S. legal system than the simple bailouts witnessed in 2008. America’s largest banks can engage in flagrantly criminal activity on a massive scale and emerge almost completely unscathed. The latest sickening example comes from Wachovia Bank: Accused of laundering $380 billion in Mexican drug cartel money, the financial behemoth is expected to emerge with nothing more than a slap on the wrist thanks to an official government policy which protects megabanks from criminal charges.

Bloomberg’s Michael Smith has penned a devastating expose detailing Wachovia’s drug-money operations and the government’s twisted response. The bank was moving money behind literally tons of cocaine from violent drug cartels. It wasn’t an accident. Internal whistleblowers at Wachovia warned that the bank was laundering drug money, higher-ups at the bank actively looked the other way in order to score bigger profits, and the U.S. government is about to let everyone involved get off scott free. The bank will not be indicted, because it is official government policy not to prosecute megabanks. From Smith’s story:

No big U.S. bank . . . has ever been indicted for violating the Bank Secrecy Act or any other federal law. Instead, the Justice Department settles criminal charges by using deferred-prosecution agreements, in which a bank pays a fine and promises not to break the law again . . . . Large banks are protected from indictments by a variant of the too-big-to-fail theory. Indicting a big bank could trigger a mad dash by investors to dump shares and cause panic in financial markets.

Wachovia was acquired by Wells Fargo in late 2008. The bank’s penalty for laundering over $380 billion in drug money is going to be a promise not to ever do it again, and a $160 million fine. The fine is so small that Wachovia will almost certainly turn a profit on its drug financing business after legal costs and penalties are taken into account.

International authorities know the banker-drug-dealer connection goes well beyond Wachovia, but governments aren’t doing anything about it. A 2009 report by the United Nations Office on Drugs and Crime found that most rules to prevent drug money laundering through banks are being violated. From the report:

“At a time of major bank failures, money doesn’t smell, bankers seem to believe. Honest citizens, struggling in a time of economic hardship, wonder why the proceeds of crime – turned into ostentatious real estate, cars, boats and planes – are not seized.”

In late 2009, the head of that U.N. office, Antonio Maria Costa, told the press that much interbank lending—short-term loans banks make to each other—was being supported by drug money. As financial markets froze up in 2007 and 2008, banks turned to drug cartels for cash. Without that drug money, many major banks might not have survived.
ECONOMY
AlterNet / By Zach Carter 52 COMMENTS
Wall Street Is Laundering Drug Money and Getting Away with It
Wall Street has been caught laundering massive amounts of drug money. So why isn’t anybody being punished?

This scenario is several steps beyond what most of us think about when we debate too-big-to-fail. The government isn’t shielding Wachovia from losses on risky bets in the capital markets casinos— it’s shielding the bank from the prosecution of outright criminal behavior. The drug money business did not pose risks to the financial system, and Wachovia wasn’t losing money on it. Wachovia is simply being shielded from what ought to be the ordinary functioning of the justice system.

Think about what would happen if you or I were accused of laundering $380 billion in drug money. We could not simply settle the allegations out of court in exchange for an apology and a fine. We’d spend the rest of our lives in jail for financing a ruthless, bloody and illegal business. About 22,000 people have been killed in the Mexican drug trade since 2006, and the drug trade itself can’t happen without extensive money laundering operations. Moving the money is one of the most difficult and critical elements of any criminal enterprise—without ways to convert crooked cash into seemingly innocuous funds, crooks simply can’t operate. Wachovia was doing top-level dirty work for drug dealers.

On the streets of American cities, the mere possession of these drugs can land you with a multi-year prison sentence. But financing multi-billion-dollar drug empires? Don’t do it again, pretty please.

Too-big-to-fail isn’t just a matter of systemic risk and mathematical models gone haywire, It’s about the basic functioning of our democracy. You cannot have a functional democracy in which an entire privileged class of bankers can get away with anything—and if you can get away with laundering hundreds of billions of dollars in drug money, there’s not much you can’t get away with.

Yesterday, Congress passed a decent Wall Street reform bill, but that legislation will not end this criminal imbalance. If the bill will really end too-big-to-fail, the Justice Department could immediately end its special immunity policies for large financial institutions. That isn’t going to happen. The public deserves tougher prosecutors, but we also need further legislation to break up the megabanks so that they can’t use their economic clout to bully everyone in Washington.

Zach Carter is an economics editor at AlterNet. He writes a weekly blog on the economy for the Media Consortium and his work has appeared in the Nation, Mother Jones, the American Prospect and Salon.

arte y poder político, el show bussiness y el poder neoliberal enla Francia de Sarkozy

arte y poder
el mensual francés Le Monde Diplomatique publica en su versión internet y en la de papel, un artículo muy interesante en el cual podemos ver las relaciones entre el arte , el espectáculo y el poder político en cuanto modos de dominación y de control en manos de una casta política como la que ahora dirige Francia , con Sarkozy a la cabeza.
El tema es interesante para el caso de la España actualmente gobernada por Zapatero, y ver si en efecto estamos asistiendo a una ecualización entre la derecha y la izquierda en el poder
Lo voy a copiar aquí para uso de profesores, alumnos y en general todos aquellos interesados por la crítica materialista filosófica pues considero muy necesaria esta labor crítica en el presente
Disculpas por ponerlo en francés, pero no he podido acceder a la versión en español que quizá sí pueda leerse en el mondediplo de América del Sur

FUENTE http://www.monde-diplomatique.fr/carnet/2010-07-20-Politique-culturelle
Le Monde diplomatique

* Le mensuel

La valise diplomatique
mardi 20 juillet 2010
La politique culturelle en toutes lettres

Le 15 juillet, à l’appel de plusieurs syndicats de professionnels du spectacle vivant, une manifestation d’un millier de personnes a regroupé artistes, techniciens, directeurs de salle, spectateurs et élus, place du Palais des Papes, à Avignon. Dans le prolongement de trois mobilisations antérieures, cette manifestation témoignait d’une inquiétude qui touche l’ensemble des acteurs du champ culturel. Mais, au-delà de la diminution programmée des budgets, c’est sans doute la définition nouvelle du rôle de l’art et de la culture qui suscite le refus. D’autant que cette inflexion promue sous la présidence de M. Nicolas Sarkozy ne cherche pas à se dissimuler : elle se donne à lire en toutes lettres.

Tout commence par une lettre de mission de douze pages datée du 7 juillet 2007 et adressée par le nouveau chef de l’Etat à sa ministre de la culture d’alors, Christine Albanel. « Vous mettrez en œuvre l’objectif de démocratisation culturelle voulue par Malraux… » ; « Vous ferez de l’éducation artistique une priorité… » ; « Vous veillerez à ce que tous les enfants fassent de l’art… » ; « Vous créerez un “pass-culture”… » ; « Vous exigerez que chaque structure subventionnée rende compte de la popularité de ses interventions… » ; « Vous nous proposerez des mesures d’accompagnement à la transition des industries culturelles… » ; « Vous prendrez les dispositions nécessaires pour sortir la presse de la crise… » ; « Vous étudierez le projet d’un ambitieux mémorial de la France libre… » ; « Vous nous proposerez une remise à plat des dispositions législatives qui s’appliquent à l’audiovisuel… » ; « Vous lutterez contre les abus du régime d’indemnisation du chômage des artistes… » ; « Vous dégagerez des marges de manœuvres accrues…… Vous nous proposerez des indicateurs de résultats… » ; « Vous… ».

Cette pratique de l’injonction présidentielle consignée par écrit est une première sous la Vème République des « affaires culturelles ». Depuis Malraux, c’est le verbe qui commandait et, comme l’a jadis raconté Emile Biasini, « le ministère s’était habitué à administrer la culture avec de l’éloquence, beaucoup d’imagination et trois francs six sous » (1). Il a fallu l’élection de François Mitterrand en 1981 et la nomination de Jack Lang à la tête du ministère de la culture pour que les déclarations d’intentions trouvent en sus du lyrisme de circonstance une plus consistante matérialisation budgétaire.

La rhétorique politique de Nicolas Sarkozy en matière d’art et de culture prend le contre-pied des usages. Elle évacue le lyrisme pour le remplacer par des arguments, des chiffres et des statistiques. L’objet de ses discours contribue à déconstruire habilement le mythe de la culture, tout en concourant à « décomplexer » intellectuellement une droite populiste qui veut en découdre avec les élites. Dans le même temps, le fameux « objectif de démocratisation culturelle » présidentiel, si ardemment souhaité, se trouve perverti par l’effet conjugué des obligations de résultats qu’induisent le contrôle de plus en plus sournois de la dépense publique (en particulier depuis la mise en œuvre de la révision générale des politiques publiques) et par le consensus politique entourant désormais le critère de succès d’une œuvre. Seuls comptent désormais la « fréquentation » des salles et le « nombre d’entrées », la question de l’« offre » artistique étant, dans les faits, devenue secondaire.

Ce procédé, implicitement encouragé par les élus locaux de la République toutes étiquettes confondues, permet au président de réduire la politique culturelle à un catalogue de mesures quantitatives. Mais il prend soin de conserver le bénéfice du prestige que les monarques d’antan tiraient de leur proximité avec les artistes : « Je revendique et assume mon statut de protecteur des arts et de défenseur de la culture » (2). Ce faisant, le chef de l’Etat prend publiquement le risque de se contredire, puisque cette posture n’a de sens que si le mythe en question continue d’être entretenu, ce qui n’est plus le cas. Si, comme il le martèle, « la démocratie culturelle est un échec » — constat par ailleurs partagé par bon nombre d’observateurs (3) de droite comme de gauche —, comment « le défenseur de la culture » peut-il affirmer qu’il entend opérer une « refondation » s’il dénie aux institutions culturelles publiques la capacité à faire leur métier, c’est-à-dire programmer aussi des œuvres exigeantes et risquées en terme de fréquentation ?

Mais pour celui qui considère « le Tour de France cycliste comme de la culture » (4), et avoue avoir été farouchement rebuté par la lecture de la « Princesse de Clèves », parler d’art et de création est d’abord un prétexte pour occuper le terrain idéologique laissé en jachère par la gauche. « Nous devons vaincre la pensée unique, le sectarisme, les sectes (sic) qui voudraient vous inscrire tous dans des petits milieux alors que la culture doit rayonner pour tous ». Pour la première fois un président de la République prend à témoin l’opinion et sa majorité politique, pour leur démontrer, diagnostic en main, qu’il va réussir « avec » les artistes et la profession, là où tous ses prédécesseurs ont échoué. Certains à gauche ont failli y croire. Mais les André Glucksmann, Max Gallo ou Pascal Bruckner, intellectuels ralliés, sont hors jeu ou ont pris leurs distances. Aucun d’entre eux n’est associé à la confection des discours ni à l’ambition culturelle présidentielle.

A trois reprises et dans des contextes volontairement solennels (5), Nicolas Sarkozy cultive l’autosatisfaction récurrente de celui qui, « sans complexe », dénonce l’« immobilisme » et fustige les « privilégiés ». Cela lui permet, remarque le linguiste Pierre Encrevé, de distiller « un vocabulaire de show-biz » qui l’autorise, avec malice, à associer l’art et le divertissement dans le même paradigme : « la soif de culture n’a jamais été aussi forte, le besoin de repères, d’évasion et de plaisir aussi », affirme le chef de l’Etat dans son discours du 7 janvier 2010 à l’endroit du « monde de la culture ».

L’ami de Martin Bouygues et d’Arnaud Lagardère sait en effet tout le parti qu’il peut tirer de la mise en œuvre d’une politique culturelle industrielle qui, selon lui, est la seule capable de « permettre à tous d’accéder à la culture ». Dès lors, retransmission, jeux vidéo, numérisation, TNT, écran ou piratage, musique en ligne, sont devenus des mots-étendards, constituant l’essentiel du glossaire culturel présidentiel. Martelée à longueur de discours, cette terminologie contribue non seulement à « ringardiser » la culture, mais à la « désidéologiser ». Plus rien dans ces propos ne distingue désormais la culture de la communication, c’est-à-dire le contenu du contenant. La grammaire de la politique culturelle publique n’est, aujourd’hui, rien d’autre qu’un agencement de mots, de règles et de principes qu’inspire la fascination exercée par l’innovation technologique à l’endroit d’un public globalement acquis au consumérisme culturel de masse, à l’exemple du film Avatar de James Cameron, où la performance technique et artistique se confond médiatiquement avec la prouesse commerciale. Les prévisions d’Hannah Arendt étaient justes : « Nous serons bientôt, écrivait-elle en 1961, dans une société qui monopolisera la culture pour ses fins propres, pour l’échange marchand de l’industrie des loisirs ». Fort de ce constat, le chef de l’Etat avait décidé en pleine campagne électorale présidentielle d’afficher un nouveau credo : « Faire de la culture une réponse à la crise ». Nous y voilà. En termes plus prosaïques, il s’agit ni plus ni moins de profiter de l’insécurité économique générale et de l’essor d’Internet pour se dégager des habitudes budgétivores des institutions culturelles.

Désormais, l’activité artistique et son patrimoine seront exploités à des fins numériques dans le seul dessein d’en faire profit. C’est le sens des effets d’annonce multisectoriels qui ponctuent ses propos depuis plus de deux ans : « captations de spectacle » pour relancer l’éducation artistique ; « cartes musique sur Internet » pour les jeunes ; numérisation des fonds des bibliothèques mais aussi des films, loi Hadopi, baisse de la TVA pour le livre numérique… Tout permet, malgré les déclarations de bonnes intentions sur le spectacle vivant, la lutte contre le piratage ou les vertus (discutables) de la gratuité dans les musées, de comprendre que les finalités ultimes de la nouvelle politique culturelle sont de privilégier la culture de l’image sur celle de l’écrit. Et, par extension commerciale, celle de l’écran sur celle de la scène. Puisque le nouveau pouvoir culturel appartient désormais aux opérateurs téléphoniques, à Google, Apple et quelques majors américaines (Universal, Sony, EMI…), l’Etat va se donner le beau rôle d’avoir à arbitrer sans avoir à financer. C’est ainsi qu’à coup de sponsoring, lobbying, et rapports publics commandités à leurs cadres dirigeants, ces industries du futur se sont mises à occuper l’espace politique pour servir leurs intérêts.

Par un de ces artifices sémantiques dont Nicolas Sarkozy a le secret, voilà le numérique convoqué pour opérer sa « révolution culturelle », c’est-à-dire , comme il le dit lui-même avec aplomb, « effacer les frontières entre les genres et les registres » et restaurer « tous nos patrimoines immatériels : livres, films de cinéma, programmes audiovisuels, archives de presse, collections ethno musicales, objet d’art »… Ne s’est-il pas, avec une surprenante naïveté, publiquement étonné que « personne n’ait eu l’idée de filmer l’expo Picasso afin que les 2 500 lycées de France puissent avoir accès à ses œuvres » ? Il aura eu le même réflexe au sujet de l’opéra quelques semaines plus tôt. De même, quand il se félicite de l’excellente santé de la fréquentation cinématographique, le président de la République se garde bien de parler du film français (puisque ce sont pour l’essentiel les blockbusters américains qui font les recettes), mais insiste sur les bénéfices à tirer « du numérique et du relief ». « Cette politique est une autoroute sans péage affectée au libéralisme culturel et en premier lieu à ses amis Bouygues et Lagardère » résume très bien Antoine de Baecque, auteur de l’ouvrage Crise dans la culture française (Bayard, 2009).

Finis, l’utopie du partage, le rêve humaniste et la pensée critique. L’heure est au réalisme technoculturel, à la conversion des « belles âmes » au vertueux paradigme de l’image et du son et, dans la foulée, à l’utilisation du « public » contre les « intellos » : pour terrasser l’humanisme béat d’une gauche conservatrice arc-boutée sur une idéologie de l’action culturelle qui, selon lui, est caduque. Le signal est lancé par un décret du 15 novembre 2009. Il est à cet égard sans appel : « la référence au directeur des médias et au directeur du livre est remplacée par la référence au directeur général des médias et des industries culturelles ». Des intitulés « révolutionnaires » qui échappent au langage artistique et littéraire commun. Tout un symbole… Le nouvel organigramme du ministère de la culture, officialisé le 13 janvier dernier, le confirme : la direction du livre est supprimée. Une décision relevant entièrement de l’Elysée.

Le prédécesseur de l’actuel chef de l’Etat avait eu dans ce domaine plus de retenue : en affichant sa discrétion à l’égard des affaires culturelles, Jacques Chirac avouait en même temps sa franche indifférence. Il s’est d’ailleurs contenté de réaliser en catimini son Musée du Quai Branly exactement de la même manière que Georges Pompidou, son mentor, l’avait fait vint-cinq ans plus tôt pour le Centre Beaubourg. Les deux néogaullistes de la Vème République (comme d’ailleurs le socialiste François Mitterrand) avaient en effet très tôt compris que la politique culturelle française fondait sa légitimité sur une conception monarchique du « rayonnement national » et qu’à ce titre il valait mieux, République oblige, jouer petit dans la cour des grands. C’est-à-dire laisser une trace, et pour le reste laisser faire. Ce qui fut fait. Mais Nicolas Sarkozy a pour sa part, et malgré les apparences, décidé de ne rien laisser faire. En donnant lui-même le « la » d’ « une politique culturelle aussi radicalement libérale » – pour citer François le Pillouer, patron du Syndéac –, il prend de vitesse une intelligentsia culturelle beaucoup trop composite, corporatiste et atomisée pour faire bloc et résister. Mieux, il espère s’assurer sa neutralité en installant un Conseil National de la création artistique (6), sorte de contre-ministère qu’il préside lui-même, et auquel il demande expressément « de bousculer l’ordre établi »…

Aujourd’hui ceux qui, auprès du chef de l’Etat ou du ministre Frédéric Mitterrand, ont en charge les questions culturelles, sont pour l’essentiel des technocrates, certes compétents, mais habités par une frénésie législative, réglementaire et budgétaire qui ressemble à une fuite en avant désespérée contre le vide de sens. Tout cet artifice médiatique et sémantique tranche dangereusement avec l’idée que certains pouvaient encore se faire d’une politique culturelle de proximité, imaginative, inventive et – puisque ce mot revient comme une supplique républicaine – fraternelle. Si ce n’est pas la fin d’une époque, cela lui ressemble.
Jean-Michel Djian

Journaliste, directeur du Master coopération artistique internationale à l’université Paris 8. Auteur de Politique culturelle, la fin d’un mythe, Gallimard, Paris, 2007, et de Aux arts citoyens !, Homnisphères, Paris, 2008.

(1) Emile Biasini, ancien conseiller d’André Malraux et secrétaire d’Etat aux Grands Travaux de François Mitterrand, dans « Culture, une affaire d’Etat », documentaire réalisé par Jean-Michel Djian et Joël Calmettes, France 5, 2003.

(2) Vœux « au monde de la culture » du président de la République, le 7 janvier 2010 à la Cité de la Musique.

(3) « les pratiques culturelles des Français » : cinq rapports rédigés sous l’autorité d’Olivier Donnat, du département des études et de la prospective du Ministère de la culture (1977, 1981, 1988, 1997, 2008), qui analysent la portée « toute relative » des politiques culturelles volontaristes à l’endroit des publics qui en sont exclus.

(4) Propos tenus lors du Conseil des ministres du 1er juillet 2009 et rapportés par Le Canard Enchainé du 22 juillet 2009, repris et confirmés par le ministre de la culture, Frédéric Mitterrand.

(5) Installation du Conseil de la création artistique à Paris, le 2 février 2009 ; Vœux du 15 janvier 2009 présentés au Carré d’Art de Nîmes ; à la Cité de la Musique de Paris, le 7 janvier 2010.

(6) Présidé par le patron des salles de cinéma MK2, Marin Karmitz, cet organe regroupe onze personnalités nommées, sur proposition du ministre de la culture, par le chef de l’Etat (décret du 30 septembre 2009).
Art, Audiovisuel, Cinéma, Culture, Industrie culturelle, Internet, Livre, Musique, France

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Dans Le Monde diplomatique :

* « Le grand cirque des festivals musicaux », par Jacques Denis, juillet 2010 (toujours en kiosques).
Les festivals avaient l’ambition, artistique et sociale, de démocratiser la culture et de « former » un public. Mais le succès récolté tend à s’accompagner d’une standardisation des goûts, ainsi que d’une emprise progressive des financements privés.

* « Jean Ferrat, contre l’« industrie culturelle » », La valise diplomatique, 15 mars 2010.
Dans un article paru en mai 2004 dans nos colonnes, le compositeur-interprète mort en mars dernier mettait en évidence les « phénomènes de concentration verticale » débouchant sur le « matraquage » des mêmes titres par « une poignée de multinationales des industries culturelles et de la communication ».

* « La Fnac ou les avatars du marketing culturel » (J. D.), décembre 2009.
Quatre décennies après sa naissance, l’enseigne des connaisseurs branchés s’est métamorphosée en supermarché du divertissement. Pris en tenaille entre les exigences de son propriétaire et les bouleversements du marché des loisirs, le modèle bat de l’aile.

* « De l’éducation populaire à la domestication par la “culture” », par Franck Lepage, mai 2009.
Il y a cinquante ans, le général de Gaulle présidait à la création du ministère des affaires culturelles. La naissance de cette institution a précipité le déclin d’un autre projet, à présent méconnu : l’éducation politique des jeunes adultes.

* « La bibliothèque universelle, de Voltaire à Google », par Robert Darnton, mars 2009.
En offrant au plus grand nombre une masse toujours croissante de connaissances, Internet réalise-t-il le rêve des Lumières ou prépare-t-il le cauchemar d’un savoir public livré aux appétits privés ? Grâce à — ou à cause de — Google, ces questions n’ont plus rien d’abstrait.

Toujours disponible :

* Culture – Mauvais genres, Manière de voir n° 111, juin-juillet 2010.
Science-fiction, bande dessinée, hard-rock, cinéma du samedi soir, feuilleton, polar… : autant de genres méprisés par les tenants de la « haute » culture, mais qui peuvent se révéler d’une richesse et d’une audace surprenantes.

Récemment

2010

* Rapports explosifs sur la guerre en Afghanistan
* Droit de réponse de Monsanto
* Jacques Attali ne prend pas de vacances
* Kirghizstan, des menaces sur la stabilité de l’Asie centrale
* Iran-Russie, la crise
* Six mois après, « business as usual » en Haïti ?
* Les réseaux cubano-vénézuéliens refont parler d’eux
* Le Quai d’Orsay sinistré
* Droit de réponse de M. Vincent Bolloré
* L’Oréal rattrapé par l’affaire Bettencourt

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Lire également « Notre combat », par Serge Halimi, octobre 2009.
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mafias,narco y violencia en un Estado fallido , narco México

este es un enlace donde se puede ver el video que muestra que la directora de un penal en una ciudad del Norte de México dejaba salir a criminales narcos para que asesinaran dejándoles salir por las noches con complicidad de funcionarios del Estado mexicano
Esto se vio en una telenovela colombiana llamada El clan de los sapos, emitida en la televisión de España en la primavera de 2010.Sin embargo el video es un caso REAL
http://www.mvsnoticias.com/entrevistas.php?fecha=2010-07-26

los procesos y hechos en la democracia;un estudio de caso:violando derechos humanos en las cárceles de EEUU

El poder financiero es el nuevo y prácticamente único amo de lo que se deriva el hecho de que la justicia y todo el aparato judicial está al servicio de los intereses de la gran banca y todos sus métodos de control y dominio para mantener un sisitema feudal salvaje e implacable contra quienes no aceptan ls reglas infernales de esta clase dominante dentro de las democracias actuales
Si de la justicia se puede decir que lo que define su estructura esencial es el procedimiento y si este procedimiento termina en lo que sucede en la cárcel en su caso, es importantísimo observar cómo opera un sistema carcelario en el país que supone ser adalid de la democracia y la libertad, esto es, según ha venido diciendo mucha gente, los Estados Unidos de Norteamérica
Veamos este material para comprobar qué siginifica eso del proceso como núcleo del sistema judicial en su fase final , la cárcel
http://www.backspinmymovie.com/torture.html

moral capitalista hoy… según se vea…y de dónde venga

Desde que la dichosa crisis surge como una especie de gas venenoso que se expande sin control(aparente), podemos ver que los moralistas de todo tipo aparecen una y otra vez en los medios de comunicación, y lo interesante es tratar al menos de aproximarnos a una clasificación de todas esas posiciones moralizantes...he aquí una de ellas , para ir comenzando la labor.

Informe Diplo de Julio
jueves, 15 de julio de 2010, 15:55
De:
“informediplo@eldiplo.org”

Informe Dipló – 15-07-10

INFORME DIPLÓ I
LA IMPOSTURA DEL CAPITALISMO MORAL

En plena crisis financiera, frente al descaro de los grandes bancos, los líderes políticos de los países capitalistas, golpearon la mesa. Los más audaces, ante el temor a cuestionar profundamente el sistema, llamaron a una moralización del capitalismo. Sin embargo, desde entonces, las promesas han desaparecido; sólo queda la mistificcaión

por Yvon Quiniou
Filósofo. Acaba de publicar L’ambition moral de la politique. Changer l’homme?, L’Harmattan, col. Raison mondialisée, París, 2010.
Traducción: Teresa Garufi

¿No sería tiempo de moralizar el capitalismo? En lo más álgido de la crisis, la pregunta fue formulada por los dirigentes políticos, con Nicolas Sarkozy a la cabeza. Es decir, por los mismos que antes se libraban a una irreflexiva apología del liberalismo que parecía representar el “fin (dichoso) de la historia”. Así formulada, la cuestión es ambigua: si hay que moralizarlo, es porque el capitalismo es inmoral; si puede hacérselo, es porque no es intrínsecamente inmoral en sus estructuras. Sólo se cuestionarían sus excesos. Ahora bien, la inmoralidad es constitutiva del capitalismo, contrariamente a la concepción que pretende hacer de la economía una realidad que escapa a la moral.
Ya en el siglo XX, el economista ultraliberal Friedrich Hayek había enunciado esta objeción (1): sólo un comportamiento individual intencional podría calificarse de justo o injusto –no puede ser el caso de un sistema social que, en tanto tal, no fue querido por ninguna persona–. Lo que lleva a Hayek a rechazar el concepto mismo de “justicia social”, decretado absurdo ya que juzga lo que no puede ser juzgado. Por ejemplo, escribe: “No existe criterio por el cual podríamos descubrir lo que es ‘socialmente injusto’, porque no hay sujeto que pueda cometer esa injusticia” (2). Incluso ve allí un vestigio de antropomorfismo de intenciones humanas que se proyecta sobre una realidad inhumana (en el sentido de impersonal); este antropomorfismo animaría la corriente socialista y su pretensión de redistribuir de manera justa la riqueza y los medios de producirla. La concepción de Hayek desemboca pues en un total amoralismo en el campo de la organización económica de la sociedad, e incluso en una forma de cinismo que se adjudica por adelantado los medios de enmascarar el mal que alimenta, dado que al quitarle todo fundamento intelectual, teóricamente lo niega (3).
Recientemente, esta tesis adquirió una nueva juventud gracias a André Comte-Sponville con su libro Le capitalisme est-il moral? (4), cuyo éxito mediático –incluso cuando su contenido fuera cuestionado por la crisis– traduce bien la imposición de la ideología liberal. Al distinguir en el seno de la vida social el orden científico-técnico, el orden jurídico-político, el orden moral y el orden ético (que define por el amor), coloca la economía en el primero: “La moral carece de toda pertinencia para describir o explicar cualquier proceso que se desarrolle en ese primer orden. Eso vale en especial para la economía, de la que forma parte”, afirma (5).

Una lección que quedó en el olvido

La moral aparece entonces en una posición de exterioridad, ya que el capitalismo se sitúa fuera del campo: ni moral ni inmoral, sino amoral. No es que la moral no pueda intervenir –ya nadie sostiene una posición tan radical–. Pero sólo puede hacerlo desde una posición marginal, a través de la política y el derecho, para atenuar sus perjuicios, sin poder ni tener, sobre todo, que suprimir sus causas. Además, ya que ningún sujeto opera en los procesos económicos, no se puede juzgar en nombre de normas que sólo pueden aplicarse a actos subjetivos: de nuevo mutis a la idea de que habría una significación moral de la justicia o de la injusticia sociales, y un deber de modificar la economía si no respondiera a los criterios de la justicia. Sin embargo, Compte-Sponville reconoce que el capitalismo puede ser injusto, así como la naturaleza cuando distribuye el talento entre los hombres, pero no por cierto inmoral, y por lo tanto no puede ser fundamentalmente cambiado (6).
Este tipo de discurso no sólo contribuye a declarar inocente al capitalismo por los considerables perjuicios que tenemos a la vista –y por lo tanto a justificarlo ideológicamente–, sino que alimenta un cinismo generalizado con respecto a la política, al quitarle cualquier ambición moral importante. Su justificación se basa en un error mayor, perfectamente visible en Compte-Sponville y presente en todos los partidarios del capitalismo: la integración de la economía al orden de la ciencia y de la técnica, en efecto moralmente neutro. Es olvidar lo que los separa fundamentalmente.
La ciencia y la técnica (con las cuales la economía está evidentemente articulada) son tan sólo medios y sólo puede juzgarse su uso social. Así, una nueva técnica de producción que aumenta la productividad del trabajo no es en sí misma causante de desempleo y por lo tanto mala; al contrario, permite disminuir el tiempo de trabajo y así el sufrimiento del hombre: puede producirse lo mismo en menos horas, con los mismos trabajadores; o incluso brinda la posibilidad de retribuir mejor a los asalariados gracias al aumento de productividad. Su valor reside, pues, en el uso que se le de.
En cambio –y esta es la gran lección de Karl Marx, ese olvidado de las teorías económicas oficiales hasta la reciente crisis– la economía está constituida por prácticas por las que algunos (los capitalistas) se comportan de una determinada manera con respecto a otros (los obreros y asalariados en general) explotándolos, sometiéndolos a ritmos infernales, despidiéndolos so pretexto de competitividad, u oponiéndolos los unos contra los otros mediante una cultura de resultados o nuevas reglas de management, que hoy se sabe hasta qué punto generan un sufrimiento laboral verdaderamente insoportable (7).
Todo eso no nace de la técnica o de la ciencia sino de una práctica social que organiza el trabajo, que es requerida como tal en base a objetivos mercantiles (la ganancia) y que se ofrece pues por definición al juicio moral: práctica humana o inhumana, práctica moral o práctica inmoral. Marx lo había comprendido con claridad cuando afirmaba que “la economía política no es la tecnología” (8).

¿Qué valores y qué política?

Con una perspectiva más extensa –ya que aquí está en juego el poder de la política–, lo que hay que rechazar es ese tipo de realidad que por lo general se adjudica a la economía: una realidad objetiva y absoluta, decretada independiente de los hombres (cuando son ellos los que la hacen) y sometida a leyes implacables, análogas a las de la naturaleza y que, por supuesto, no habría que juzgar: no se critica la ley de la gravedad… incluso cuando ocasionalmente pueda hacer mal. Esta deriva intelectual lleva un nombre: economismo, que no sólo consiste en erigir la actividad económica como valor primordial, subordinando a ella todos los otros, sino en considerar que está hecha en lo esencial de procesos sustraídos de la responsabilidad política.
Sin embargo hay que comprender que, si bien existen muchas leyes de economía capitalista, éstas son estrictamente internas a un cierto sistema de producción regido por la propiedad privada; pueden ser modificadas e incluso, en un principio, abolidas si se cambia de sistema. Por ello hay que ver en esas leyes reglas de funcionamiento de un determinado tipo de economía (que no es el fin de la historia), que organizan un cierto tipo de relaciones prácticas entre los hombres y que tienen, ellas mismas, un estatus práctico. Fueron instituidas (hasta a nivel mundial, en la actualidad), por lo que pueden ser modificadas. Lo cual significa que las llamadas “leyes económicas” se someten directamente a la legislación de las leyes morales, como todo lo que concierne a la práctica.
Por esta razón la propia “ciencia económica” no podría ser una ciencia pura, virgen de juicios de valor. Tal como las ciencias sociales en general, y de acuerdo a la naturaleza de su objeto –están implicadas personas–, la “ciencia económica” compromete valores, al menos de manera implícita; aprehende la actividad humana y orienta el análisis de lo real en tal o cual sentido, que puede aprobarse o no.
El economista estadounidense Albert Otto Hirschman lo señaló al subrayar la complejidad, a menudo inconsciente, de la ciencia económica y de la moral. Observó que “la moralidad… ocupa el centro de nuestro trabajo, a condición de que los investigadores en ciencia social estén moralmente vivos” (9); formula pues el deseo de que las preocupaciones morales sean explícita y conscientemente asumidas por la ciencia social –volviendo a Marx, cuando afirma en los Manuscritos de 1844 que la economía es “una ciencia moral real, la más moral de las ciencias” (10)–.
Queda por saber cuál es esta moral que nos pide que nos preocupemos por la economía y no la consideremos como una realidad ante la cual la política debería inclinarse fríamente. En primer lugar, conviene romper con una visión moral de lo humano replegada a la esfera de las relaciones interpersonales y que sólo se interesa por las virtudes y los vicios individuales. En cambio, hay que admitir que, distinguida de la ética y en consecuencia referida a las relaciones con el prójimo (11), esta moral debe aplicarse al conjunto y por lo tanto a las relaciones sociales en su globalidad, es decir a la vida política (en sentido estricto, a las instituciones), social (siempre en sentido estricto, a los derechos sociales) y económico.
Sin embargo, si bien empezó a ocupar los dos primeros campos desde la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 hasta la de 1948, sería deseable que se detuviera ante las puertas de la economía. Hay que eliminar esta prohibición, considerando una política moral que sea también una economía moral, es decir una política que cumpla con los valores morales, incluso en el campo económico.
Pero entonces, ¿qué valores y qué política? La respuesta puede encontrarse en la fórmula que enunció Immanuel Kant y que se une al sentido moral común: el criterio de lo Universal ordena respetar al otro y no instrumentalizarlo, y exige promover su autonomía. Libre de cualquier segundo plano metafísico o religioso, exige que suprimamos la dominación política (ejercida en parte a través de instituciones democráticas), la opresión social (hecha en parte a través de los derechos que el movimiento obrero conquistó a partir del siglo XIX), pero al mismo tiempo la explotación económica: lo que todavía no se consiguió. Recién al hacerlo protegerá y profundizará, mediante la política, las adquisiciones morales obtenidas en los otros campos.
En verdad la moralización del capitalismo se revela rigurosamente imposible, ya que este es en sí mismo inmoral, se pone al servicio de una minoría afortunada, instrumentalizando a los trabajadores y negando su autonomía. En realidad, exigir su moralización debería llevar a exigir su supresión, cualquiera fuese la dificultad de la tarea.

1 Ver en especial Friedrich Hayek, Droit, législation et liberté, Presses Universitaires de France (PUF), Tomo I, II y III, 1980-1983.
2 Op. cit., Tomo II, pág. 94.
3 Interrogado sobre las consecuencias humanas del liberalismo, Hayek pudo decir, si eventualmente hubiera víctimas, “¡y bien, tanto peor!”.
4 Albin Michel, París, 2004 (reeditado en 2009).
5 Op. cit., 2º edición, pág. 78.
6 Op. cit., págs. 238-239.
7 Ver particularmente los trabajos de Christophe Dejours y de Jean-Pierre Durand “Nouvelles aliénation”, Actuel Marx, Nº 39, PUF, París, mayo de 2006.
8 Karl Marx, Contribution à la critique de l’économie politique, Editions sociales, París, 1966, pág. 151.
9 Albert O. Hirschman, L’économie comme science morale et politique, Gallimard-Seuil, París, 1984, pág. 109.
10 Pasado su período juvenil, Marx no teorizó sobre esta complejidad: es una laguna en su obra.
11 En mi vocabulario, la ética sólo concierne a la vida individual y puede presentarse bajo la forma de una sabiduría, aconsejada pero facultativa.

Y.Q.

Transformaciones dialécticas de la guerra y economía criminal

El artículo del profesor alemán Peter Lock, traducido del alemán por el profesor Stephen A Hasam, de la UAM-Xochimilco(México DF), nos parece de enorme utilidad para entender de modo crítico y materialista el fenómeno de la violencia que se está convirtiendo ya en endémica en la República Mexicana, a la manera en que sucedía años atrás con Colombia
FUENTE EN ESPAÑOL http://www.peter-lock.de/txt/span.php?PHPSESSID=4208601317f00e4ab8cedd94cffa8d97
Dr. Peter Lock
European Association for Research on Transformation e.V.
Transformaciones de la guerra:
Hacia la dominicación de violencia reguladora[1]
La guerra contra Irak distrae del hecho de que nos encontramos actualmente en una fase del desarrollo del mundo en la cual las guerras se transforman en un modelo que va de salida; al menos aquellas formas de guerra para las cuales fueron elaboradas reglas durante el siglo pasado -por medio del derecho internacional- con el propósito de circunscribirlas. Esto no ocurre, como pudiera pensarse, porque fuera observable una tendencia a escala mundial hacia formas menos violentas de resolución de conflictos. Todo lo contrario, mis tesis más bien son que, en primer lugar, Estados Unidos, como potencia militar hegemónica incontestada, tiene la intención de emplear de manera ubicua y preventiva medios violentos para imponer sus intereses dentro del marco de la así llamada guerra contra el terror. Busco fundamentar por qué esta política suprime a la guerra como categoría delimitable. En segundo lugar, la lógica inmanente de las multicitadas “nuevas guerras”, que fungen como un elemento del lado inverso de la globalización, que yo llamo la “globalización sombra”, apunta hacia una difusión y transformación de la violencia bélica en “violencia reguladora” para la conducción de sistemas de redes transnacionales (económico-)criminales que, como reflejo del globalismo neoliberal, probablemente se han convertido en la esfera más dinámica de la economía global. Como resultado se llega a una desterritorialización de la lógica de la violencia bélica y, con esto, a una disolución del fenotipo[2] “guerra” mientras que, simultáneamente, la violencia se convierte en el medio dominante de regulación económica y social en las zonas de apartheid social que crecen a lo ancho del mundo.

Sobre la primera tesis:
En la concepción del mundo de nuestra modernidad ilustrada, la guerra aparece como un caso de perturbación moral dentro de un sistema integrado globalmente, designado como comunidad internacional o sociedad mundial, y definido como unidad ético-responsable. De ahí se deriva un imperativo moral para la comunidad internacional de los Estados de contrarrestar y prevenir colectivamente ese tipo de perturbaciones. En virtud de que las guerras entre Estados se han vuelto entretanto la excepción, y sobrepesan los conflictos armados dentro de las sociedades, esto significa, a partir del fin de la guerra fría y vinculado con esto, la derogación del “dogma” de la no intervención en los asuntos internos y un incremento de intervenciones para establecer y mantener la paz en los conflictos dirimidos al interior de las sociedades. Se ha impuesto una nueva valoración de los derechos legalmente protegidos de soberanía estatal y de derechos humanos, que ha encontrado también una expresión en la creación de la Corte Penal Internacional.
En la realidad política este imperativo moral, el de luchar por los derechos humanos, no es empero cumplido en la práctica. Las intervenciones, también bajo etiqueta de humanitarias, permanecen atadas a intereses de Estados (militarmente) potentes. En el caso de Ruanda faltó interés en aquellos Estados, que hubieran sido los únicos en poder intervenir militarmente para detener el genocidio.
Con el viraje estadunidense después del 11 de septiembre hacia la guerra declarada contra el terror, las delimitaciones de fronteras entre la guerra y la paz han sido suprimidas terminantemente. Es debido a una aceleración enorme en el desarrollo de la doctrina estadunidense, a partir de este corte crucial en el tiempo, que en adelante la salvaguardia de intereses estadunidenses se libera abiertamente de todos los límites vigentes del derecho internacional. Esta orientación estaba ya adelantada, y encontró su expresión, en el rechazo fundamental a la creación de una corte penal internacional, mucho tiempo antes del año 2001. Un gobierno que, dado el caso, considere necesaria la violación de las reglas del derecho internacional en la salvaguardia de sus intereses nacionales, lógicamente tiene que proteger de persecución penal a los ejecutores por él comisionados.
La lógica de la guerra contra el terror implica un auto empoderamiento casi absoluto por parte del ejecutivo. El adversario, en gran medida invisible, representado en esta ideología de la amenaza, no conoce límites de acción, está omnipresente en el tiempo y en el espacio; ninguna acción violenta del adversario puede ser descartada. En la medida en que se abusa de la figura de la amenaza terrorista como recurso político para la conservación del poder, ésta asume vertiginosamente dimensiones totalitarias. La recién fundada super secretaría para la defensa de la patria, Homeland Security[3], en Estados Unidos, con poderes extensos en vinculación con servicios de inteligencia en expansión dramática, ofrece ya un anticipo de las pretensiones usurpatorias del ejecutivo.
Dentro de esta lógica autosugestiva, la guerra contra el terror adopta a discreción cualquier figura oportuna para la política del poder, cuya existencia real jamás es verificable. O dicho de otra manera, si uno no puede falsificar, a partir de la lógica, la existencia del adversario terrorista, entonces tiene uno que suponer su existencia, lo que hace que uno se sienta legitimado para actuar en una situación permanente de excepción. Para estrategias defensivas faltan rastros y huellas logísticas claras del adversario terrorista. De la amenaza totalitaria imaginada se genera sistemáticamente la compulsión para liberar también a la (auto)defensa de cualquier constreñimiento a su margen de acción. Consecuentemente, las estrategias preventivas agresivas aparecen como defensa única y eficaz. No es permisible que éstas sean limitadas en su eficacia, ni por las reglas del Estado de derecho, ni por el derecho internacional. La guerra contra el terror deviene así en una política global de poder violenta y asimétrica, que ignora cualquier soberanía territorial de terceros. Extrae su legitimidad de una presunción normativa de supremacía del Estado estadunidense y de su sistema de valores. Esta guerra, que no renuncia a sus premisas, no tiene fin y se suprime a sí misma, es decir, a la figura de la guerra. La lógica cargada de angustia del estratega contra el terror legitima una intensificación de intervención preventiva hasta el umbral más bajo, lo que en tendencia conduce de hecho a una desmilitarización de estrategias de intervención y a una dislocación hacia intervenciones encubiertas, a la entrada en acción de proveedores privados de servicios, incluyendo los militares, y a la defensa preventiva contra supuestos perjuicios a los intereses estadunidenses.
También la guerra fría se basaba en una figura ideológica comparable. El adversario era representado como un actor totalitario. Pero en contraste con la guerra contra el terror, aquel adversario poseía el atributo de territorialidad. A través de la implosión, o bien, de la autodisolución de la Unión Soviética, pudo ser finalizada la lógica de la guerra fría, sin renunciar a las premisas de la propia ideología.
Resulta difícil relacionar la actual política estadunidense con intereses económicos de algún grupo hegemónico en particular. Las contradicciones de la actual política preventiva de intervención sugieren que esta política es propulsada por consideraciones de conservación de poder de política interna. En Estados Unidos las guerras parecen ser en primer término un recurso de política interior manipulador. Sea como fuere, la guerra contra Irak carece de una lógica coherente del capital. La escenificación estadunidense de una lógica de guerra paraliza los discursos democráticos a nivel nacional e internacional, con consecuencias profundas para el desarrollo y la aplicación del derecho internacional, y para el papel de las Naciones Unidas, pero crea un clima populista para la re elección de Bush.
Con relación a la guerra contra Irak vale aseverar que la presentación de la guerra en los medios masivos de comunicación ha soslayado su atributo distintivo. La demostrada superioridad asimétrica de las fuerzas armadas estadunidenses ha invalidado a lo ancho del mundo la opción de una defensa militar contra esta superpotencia. La monstruosa fuerza destructiva de las armas de campaña estadunidenses, combinada con un casi total reconocimiento y disrupción de la comunicación del adversario excluyen casi completamente una defensa coordinada sobre el terreno. En las ondas expansivas generadas por las bombas y misiles estadunidenses perecieron decenas de miles de soldados iraquíes en sus puestos defensivos, antes de que pudiesen entrar en combate. Esta dimensión de la guerra fue suprimida de la presentación en los medios masivos de comunicación.
Más aún, considerando que a lo ancho del mundo van a la baja los ingresos fiscales y, con esto, también cae la posibilidad de mantener fuerzas armadas modernas y potentes, de esto se desprende que a mediano plazo el potencial estadunidense para librar guerras permanecerá sin adversarios militarmente relevantes en el mundo. Solamente armas de destrucción masiva podrían, bajo ciertas circunstancias, intimidar y hacer a las tropas estadunidenses desistirse de invadir.
Sin embargo, más terminante es que a un ritmo vertiginoso en una gran parte del mundo disminuye con rapidez la elasticidad para oponer resistencia a las disrupciones masivas de la circulación económica. Posiblemente suene cínico aseverar que Irak era uno de los últimos lugares en el mundo, donde era posible escenificar una guerra del tipo que ocurrió. El programa de petróleo por alimentos de las Naciones Unidas, condicionado por el embargo, había preparado de manera casi ideal a la sociedad iraquí para las disrupciones, determinadas por la guerra, del abastecimiento de la población con alimentos; abastecimiento que fue organizado económicamente desde una administración central. Tres meses de provisiones estaban disponibles y, en parte, ya distribuidas al consumidor final, cuando comenzaron las acciones bélicas. Ninguna otra sociedad en el Tercer Mundo dispone de una alta elasticidad comparable de sobrevivencia frente a tales disrupciones masivas de provisiones.
La urbanización y la destrucción de los mundos vitales campesinos hacen a la sociedad mundial más susceptible que nunca a disrupciones. Es de suponerse que las masas marginalizadas en los cinturones de miseria de las megaciudades del mundo hambreen en el más corto plazo ante una interrupción de su frágil sistema de abastecimiento. Casi no quedan espacios de refugio rurales en los cuales la elasticidad presente posibilidades de sobrevivencia a las formas económicas campesinas. Aquellos espacios ya están en gran parte estructurados de manera agroindustrial. Los pobres viven un cotidiano just-in-time, “justo a tiempo”, y no disponen de reservas. Los núcleos de las megaciudades modernas como espacios de sobrevivencia se colapsan en pocos días con apenas una disrupción del suministro de energía eléctrica. De lo anterior se puede concluir que el mundo casi no dispone de espacios donde sean concebibles confrontaciones militares convencionales, sin que éstas no pongan en jaque en el plazo más corto la sobrevivencia de la población civil, como consecuencia mediata de acciones bélicas.
Del rumbo que han tomado las cosas en Europa desde la segunda Guerra Mundial puede uno dilucidar las transformaciones decisivas, relativas a la elasticidad de sobrevivencia de sociedades modernas, frente a disrupciones de la infraestructura y de la circulación de mercancías. Durante la segunda Guerra Mundial, ante los bombardeos aéreos de los Aliados contra las grandes ciudades alemanas, el régimen nacionalsocialista estaba en condiciones de poner relativamente a salvo a grandes sectores de la población civil mediante su traslado y reubicación en zonas rurales. Así, por ejemplo, en 1943, las escuelas primarias de Hamburgo fueron transferidas para determinados grupos de edad a pueblos húngaro-occidentales. Con trabajo esclavo el régimen pudo mantener funcionando su producción industrial bélica y la producción agrícola y, en el año 1944, incluso incrementar la producción de armamento. Debido a la concentración en la producción orientada para la guerra, en Alemania después del ascenso al poder del nacionalsocialismo en 1933 la economía agraria quedó poco mecanizada, si se le compara con la de Estados Unidos y Gran Bretaña. También el molido régimen de Milosevic, después de la guerra fría, se mostró durante diez años como sorprendentemente resistente, a pesar de la mala administración económica, los costos de guerra, la corrupción sistémica y la emigración de las élites con formación profesional. Un fundamento de esa resistencia fue la particular composición agraria del país. De manera similar a Polonia en sus territorios orientales otrora no alemanes, también Yugoslavia había conservado su estructura de pequeños agricultores durante la fase de socialismo de Estado. Los modos de producción de pequeños agricultores disponen de una habilidad extraordinaria de adaptación, son muy resistentes frente a disrupciones y constituyen, por lo tanto, una reserva de sobrevivencia altamente elástica.
Hoy, en toda Europa y, por supuesto también en Estados Unidos, Canadá y Australia, la producción agrícola se caracteriza por ser un sector con un alto grado de división del trabajo, que a las menores disrupciones en la circulación de bienes se colapsa. Los subsidios agrícolas en esos países significan, con miras a los futuros escenarios de conducción de guerra fuera de los Estados del Grupo de los Siete (G-7), una sistemática destrucción cumulativa de los mundos vitales campesinos en el Tercer Mundo. Las junglas de pobreza de las megaciudades en extensas regiones del Tercer Mundo se deben, en vista de la doctrina neoliberal de regulación, a la política contrasistémica de subsidios agrícolas que, dentro de los países del G-7, constituyen la mitad del valor añadido generado en la economía agraria.
No existe la menor duda en lo que atañe a la vulnerabilidad de las cada vez más emparedadas islas de prosperidad y “nodos glocales” (Saskia Sassen) de la economía global, ésta dominada por los consorcios multinacionales. Basta interrumpir el suministro de energía eléctrica para apagar estas esferas de vida. Por ejemplo, los enormes frigoríficos de la prosperidad pierden en pocas horas su valor estratégico. Los planificadores militares en el Pentágono tienen a esta vulnerabilidad en la mira y han desarrollado las armas correspondientes, que fueron estrenadas en Serbia, cuando el suministro de energía eléctrica fue apagado mediante el lanzamiento de fibra de carbón.
Mi tesis lleva a la conclusión de que una invasión militar del tipo de la última guerra contra Irak, llevada a cabo contra casi cualquier otro país del mundo, pondría en peligro la sobrevivencia de toda la población civil en cuestión de pocos días. El escenario de hacer una guerra en contra de un país de rentistas de víveres no es repetible. La situación de la población en El Cairo, São Paulo o la Ciudad de México se aproximaría a la de un genocidio después de tres semanas de disrupción de la circulación de mercancías, como consecuencia de una guerra del tipo llevada a cabo contra Irak. Por consiguiente, surge la interrogante acerca de la conductibilidad de este tipo de guerra con miras a los próximos blancos ya discutidos.
El complejo burocrático-militar estadunidense hace mucho tiempo que ha reconocido esto. Éste ofrece al congreso de ese país ciertamente todavía con insistencia una kilomillonaria modernización de las fuerzas armadas convencionales para el aseguramiento duradero de la superioridad absoluta. Esto es expresión de una singular fuerza del aparato burocrático-militar para hacerse prevalecer, a falta de control parlamentario. Las cuatro armas de Estados Unidos han extendido hasta el año 2020, exitosamente, en alianza con la industria armamentista, el programa de modernización para aviones de combate y otros sistemas costosos de armamentos, que habían sido concebidos todavía durante la guerra fría. A su manera, el Pentágono es una reliquia sobreviviente de la guerra fría, modelada según la lógica soviética de organización, eximido de la competencia y de cualquier control político real. El atentado contra el edificio el 11 de septiembre de 2001 ha creado una zona de seguridad de derechos creados y de activos, que conduce a que el Pentágono pueda dispendiar ineficientemente sus colosales recursos financieros porque, dada la magnitud de los gastos estadunidenses en armamento, éstos aseguran de cualquier manera su superioridad militar mundial.
El Congreso oportunista en Estados Unidos ve en el presupuesto militar una última oportunidad para una política industrial nacional en la era del orden neoliberal. El proyecto presupuestal del Pentágono es regularmente ampliado por el Congreso en unos cuantos miles de millones de dólares, para atender a intereses económicos regionales. Correspondientemente, cada una de las cuatro armas se procura por su lado sistemas tecnológicos que compiten entre sí técnicamente, que operan hasta ahora siguiendo esta lógica con sistemas incompatibles de software. En contra de las posibilidades tecnológicas claras de eficientemente ejecutar, con superioridad y a largo plazo, opciones con aeronaves teledirigidas no tripuladas, en el programa de adquisiciones de las cuatro armas, la compra de aviones de combate tripulados será continuada cuando menos hasta el año 2020.
Simultáneamente empero el Pentágono se prepara paralelamente desde hace muchos años con un gran despliegue de investigación para “operaciones militares salvo la guerra” [Military Operations Other Than War ( MOOTW)]. Con el objetivo de imponer preventivamente y a bajo umbral los intereses estadunidenses, es desarrollado en el mayor secreto un espectro amplio de medios de disrupción, desplegables en todas partes, incluso ahí, donde la conducción de guerra convencional ya no es posible. Al mismo tiempo estos medios de disrupción poseen de manera inherente el potencial para hacer superflua la violencia bélica abierta de parte de Estados Unidos. El potencial de despliegue de este arsenal fue demostrado en la disrupción del suministro de energía eléctrica durante la guerra del Kosovo[4].
Una expresión adicional del reconocimiento tácito a los aparatos burocráticos de seguridad del Pentágono, políticamente no controlados, y de los diversos servicios de inteligencia, es la privatización sistemática y la subrogación de la prestación de servicios de violencia, en interés del gobierno estadunidense. Esto es a la vez el reconocimiento tácito de que las esferas vitales en la economía globalizada casi no toleran un despliegue operativo sensato de la maquinaria de guerra estadunidense.
Hasta ahora no ha sido suficientemente reconocido que la salvaguardia por la vía violenta de los intereses estadunidenses, sin participación de sus fuerzas armadas, fue practicada durante la década de los años 80 en Afganistán. En el lugar de las fuerzas armadas, fue la Agencia Central de Inteligencia (CIA) la que condujo aquella guerra contra la Unión Soviética. La puesta en operación de tropas foráneas para hacer prevalecer los intereses de Estados Unidos fue practicada con éxito. Después del 11 de septiembre de 2001, esta estrategia fue nuevamente puesta en operación para expulsar al régimen Talibán. Los mercenarios mostraron ser empero vasallos con voluntad propia, que habían puesto las miras más en el dinero que en el resultado político. Entretanto las fuerzas estadunidenses en Afganistán pagan peaje a “señores de la guerra” regionales, en sus tentativas por perseguir a presuntos talibanes desbandados o grupos terroristas, con el fin de no poner en peligro las misiones operativas. Simultáneamente, los grandes consorcios de materias primas le pagan dinero de protección a las fuerzas armadas estacionadas localmente, que frecuentemente no perciben un salario suficiente.

Sobre la segunda tesis:
Crecientemente, los rasgos característicos de las guerras actuales se vuelven cada vez más difusos. Principio y fin frecuentemente no señalan rupturas reales con referencia al acontecer violento. El nivel de violencia dentro de una sociedad hace mucho que ya no es atributo suficiente para tipificar una guerra. Los choques y combates muestran en no pocas ocasiones rasgos erráticos. La ayuda humanitaria, como un elemento de la intromisión, es integrada de múltiples manera al acontecer bélico, y la neutralidad de las organizaciones de ayuda es suprimida de hecho desde un principio, como prerrequisito de entrada.
Además es válido afirmar que la gramática económica de las guerras se ha transformado de manera fundamental. Mientras que la segunda Guerra Mundial, pero también la guerra de Corea, fueron acompañadas por el ensanchamiento de la producción y la movilización de recursos yermos, incluyendo el trabajo esclavo, los conflictos armados de la actualidad se caracterizan por que las actividades económicas son paralizadas, y las personas se quedan sin trabajo, pierden sus sustentos de vida y se convierten en refugiados. La diferenciación entre combatientes y civiles se torna difusa, al tiempo que la población civil se convierte en blanco predilecto de las acciones de combate. Prisioneros de guerra se han vuelto la excepción, y la toma de rehenes casi en la regla. El derecho internacional de guerra hace mucho que ya no constituye un limitante de acción para los actores.
Un hallazgo central de investigaciones recientes señala que la violencia bélica puede ser explicada de manera considerable en función de intereses económicos. Es más, incluso guerras de larga duración se transforman francamente en una forma independiente de producción, donde las acciones bélicas son determinadas por cálculos empresariales sustentados en la violencia. Un hallazgo más es que estas economías de guerra solamente son capaces de funcionar si están integradas a redes transnacionales.
Rastreemos empero en primer lugar la génesis de las estructuras de la violencia. En todo el mundo los Estados se encuentran en una crisis profunda. La privatización de la seguridad es una imagen refleja de la situación que guarda la condición de Estado. Los bienes públicos, entre ellos la seguridad, se transforman extensamente en mercancías, y el poder de compra individual decide sobre la disponibilidad. De allí que la pobreza signifique, ante todo, inseguridad. Definida la condición de Estado de acuerdo con los postulados orientados hacia un Estado benefactor, las formas en que se manifiesta la disolución de la condición de Estado son en efecto desconcertantemente diversas, pero todas tienen en común la renuncia al monopolio de la violencia por parte del Estado, a favor de un amplio espectro de organizaciones de seguridad privada, tanto dentro como fuera del ordenamiento jurídico vigente. En la resaca de la globalización neoliberal, en gran parte del mundo los Estados pierden crecientemente la capacidad de recabar impuestos y, con ello, también renuncian a su propio fundamento. En el consecuente proceso de disolución, furtiva en la mayoría de los casos, del monopolio de la violencia por parte del Estado, los integrantes del aparato estatal se transforman incluso en una amenaza permanente para la sociedad civil, en virtud de que procuran sus medios de vida, y a veces más, mediante el aprovechamiento ilegal de su estatus. Si una sociedad cae en una situación donde la fachada de condición de Estado es apropiada mediante medios económico-criminales por sus agentes, generando una situación de inseguridad generalizada, entonces se disuelven todos los sistemas normativos de la sociedad civil y éstos son reemplazados por estructuras de autodefensa. Estas últimas fuerzan ideologías de identidad, también a nivel micro, que se fundamentan en la exclusión de los otros. A lo largo de las fronteras intrasociales que van surgiendo así, se intensifican los conflictos, que finalmente pueden descargarse con violencia armada.
La informalización y criminalización de las actividades económicas determinan la vida cuando ideologías sustentadas en la identidad se conforman, y ocupan el lugar de la esfera jurídica estatal uniforme. Sofocan toda iniciativa empresarial de autoayuda. La migración masiva es regularmente el resultado de tales tendencias. La diáspora resultante fomenta sistemas de redes transnacionales y ofrece a la vez una infraestructura para transacciones ilegales del tipo más diverso. Las esferas de vida de la población migrante ilegal no están protegidas por el monopolio estatal de la violencia, ni por instancias jurídicas del Estado de derecho en el país anfitrión, aunque su fuerza de trabajo es económicamente un componente fijo de las respectivas economías nacionales. La población ilegal migrante está desprotegida frente a los actores criminales.
Las condiciones en Estados en proceso de descomposición, representadas aquí a grandes rasgos, se encuentran empero también en unidades pequeñas dentro del espacio social en Estados que por lo demás funcionan. Se trate de ghettos de minorías socialmente dependientes en las metrópolis de las naciones industrializadas, de los gigantescos cinturones de miseria que rodean a todas las grandes ciudades del Tercer Mundo, o de los centros industriales abandonados en la ex Unión Soviética, los habitantes vivencian la condición de Estado como si vivieran en un Estado en descomposición. La policía los confronta como enemigos peligrosos. Correspondientemente se constituyen en tales “exclaves del apartheid económico y social” estructuras similares a las existentes en economías de guerra. El monopolio de la violencia lo tienen en la mayoría de los casos las bandas organizadas según el principio territorial. Dinero de protección ocupa el lugar de los impuestos. Un silencio obtenido mediante la amenaza de la violencia frente a los órganos estatales de procesamiento penal corresponde a al lealtad ciudadana.
La sociedad “allá afuera” representa para esas personas territorio extranjero. Allí son un recurso, entre otras cosas, para el tráfico de drogas y otras actividades expuestas a riesgo, demandas en la economía-sombra. Quien es pobre, no tiene elección y asume los riesgos que acompañan a la actividad criminal. La joven población desocupada y los varones jóvenes en las zonas del apartheid económico conforman un ejército de reserva inagotable de la criminalidad.
Para una mejor comprensión de la dinámica de la actual globalización bajo la regulación neoliberal, es útil analizar la economía mundial como un sistema de circulación constituido por tres esferas interconectadas, que a su vez facilitan una amplia gama de transacciones desreguladas. Con base en este esquema analítico se añade la observación, de que la esfera de la globalización sombra, que consta de dos esferas, está marcada por la “violencia reguladora” como mecanismo dominante de regulación social y económica. Pero presentamos primero las tres esferas económicas:
Primero, la economía normal, legalmente operante: Esta es la única entidad considerada en el estudio de la economía nacional (los términos alemanes tradicionales son Nationalökonomie o Volkswirtschaft). Es solamente en esta esfera donde son recabados los impuestos, y son los impuestos –lo que en ningún momento debe ser olvidado— los que constituyen la base para la condición de Estado. La doctrina neoliberal ha transformado a la economía nacional en un mercado financiero global que ya comienza, a su vez, a socavar las economías nacionales y a las sociedades ancladas en el Estado.
Segundo, la economía informal: Este es el espacio donde la mayoría de la población mundial organiza su sobrevivencia, y esta mayoría vive en un estado de inseguridad física y legal constante. El monopolio del Estado sobre el uso legítimo de la fuerza no le ofrece ninguna protección. La seguridad tiene que ser organizada sobre una base privada, frecuentemente en contra de funcionarios gubernamentales corruptos. El monopolio de la fuerza es a menudo usurpado por fuerzas criminales a los niveles locales. En algunos casos se organizan grupos de auto defensa, por lo general no muy estables. La economía informal, en la figura de la migración económica y de migración con el propósito de sobrevivencia (refugiados), está mostrando ser uno de los factores más dinámicos dentro del actual proceso de globalización. La migración está operando en una escala enorme en las zonas obscuras de todas las sociedades, y ha creado mercados laborales que son ilegales, pero que se han vuelto un segmento indispensable tanto en la sociedad receptora como en la sociedad expulsora. Muy pocos bienes públicos están disponibles en el sector informal, a la vez que el Estado cobra muy pocos impuestos.
Tercero, la economía abiertamente criminal: La economía abiertamente criminal puede ser descrita como un número desconocido de redes más bien flexibles, sustentadas en la violencia, que operan globalmente. Estas redes están constantemente extendiéndose parasíticamente hasta el interior de la economía normal, y están extorsionando dinero de protección en la economía informal, entre otras actividades. Las drogas son quizás la principal fuerza propulsora de la dinámica de la construcción redes en la esfera criminal. Expertos calculan que el producto anual bruto “criminal” es de al menos 1500 millardos de dólares. Los mercados financieros difusos proveen el medio operativo para las actividades de la economía criminal, donde sus actores buscan, como último fin, el lavado de sus ganancias no legales.
Es preciso señalar que la economía de drogas está en función exclusiva de la persecución promulgada en los Estados Unidos y en otros países industrializados. Las ganancias extraordinarias se deben exclusivamente a la criminalización del consumo. Si tomamos los costos de la persecución en apenas un país, Estados Unidos, donde son erogados alrededor de 43 mil millones de dólares solamente para sostener a 1,2 millones prisioneros afroamericanos y latinoamericanos en las cárceles por infracciones de droga, con cargo a los contribuyentes estadunidenses, se puede concluir que ningún otro producto recibe una subvención tan alta, indirectamente por supuesto. Mientras que los países industrializados no cambien su política de combate a las drogas a favor de un control de la demanda, este polo dinámico de la economía sombra continuará a crecer. Nada menos que metas substanciales como la legalización y nacionalización de la venta de drogas permitirá una reducción de la economía sombra.
La economía global actual puede ser esbozada como un proceso espiral ascendente que abraza a la globalización neoliberal; ésta conduce a la fragmentación social y a la polarización, que a su vez conducen a la globalización de la esfera informal y de la criminal, que llamaré conjuntamente la “globalización sombra”. Los conflictos armados internos se articulan en este entorno y muestran las características económicas observadas; es decir, el involucramiento necesario en la economía sombra global. Pero la interconectividad de la economía sombra global no está limitada a los países que sufren conflictos armados en su propio territorio. En muchos otros países prevalecen también esferas que no son de la economía regular, sin que por eso emerjan conflictos armados. Pero en términos del volumen de violencia que sufren muchos países, los conflictos armados no se distinguen. La expresión de conflictos es otra.
Las conexiones entre los procesos simbióticamente enlazados de globalización por un lado, y formas en que se manifiesta la violencia social por el otro, hacen necesario investigar de manera mucho más exacta, también comparativamente a escala internacional, la violencia a nivel micro que se expresa, entre otros, en la tasa de homicidios y delitos con empleo de armas de fuego. Es necesario determinar la participación de la “violencia reguladora” en la totalidad de los delitos de homicidio y de otros actos criminales violentos. La “violencia reguladora” será definida como la amenaza y el empleo de violencia física para imponer relaciones desiguales de intercambio y de apropiación.
Si uno rastrea las transacciones típicas de las economías de guerra por sus rutas hacia la economía regular, se abren sistemas de redes criminales que operan a lo ancho del mundo, y cuya lógica de funcionamiento se basa en actos violentos, o bien la amenaza creíble de éstos. Por lo tanto, es analíticamente fructífero trabajar con la categoría de “violencia reguladora” en la investigación de las relaciones sociales de la violencia en la era de la globalización y de la globalización-sombra neoliberales, para así poder descifrar mejor las lógicas de la violencia, constitutivas del funcionamiento dinámico de la economía-sombra.
La nueva dimensión decisiva de estos fenómenos, que tienen carácter sistémico en las economías de guerra dentro de los conflictos armados internos y en sociedades fuertemente fragmentadas, se encuentra en que la lógica de funcionamiento de estos sistemas, necesariamente transnacionales, en Estados en descomposición, borra las diferencias entre guerra y paz. Las tasas de criminalidad violenta en sociedades fuertemente polarizadas como, por ejemplo, Brasil, Sudáfrica o Nigeria, alcanzan o rebasan incluso los resultados de la violencia bélica en “guerras civiles” actuales. La conducción sustentada en la violencia de sistemas transnacionales de redes, por ejemplo, de tráfico de drogas, armas y tráfico de personas, es forzosamente desterritorializada; en cualquier punto de las cadenas de transacción, puede ser necesario confrontar con “violencia reguladora” las disrupciones en la circulación de mercancías, dinero y personas. El ejemplo de los cárteles de las drogas es el mejor documentado. Desde el cultivo hasta el consumidor final, a menudo pasando por numerosas estaciones intermedias, a través de todos los continentes, con violencia si es necesario, debe ser protegida la red.
Pertenece también a la lógica de funcionamiento de los sistemas de redes económico-criminales que la existencia de los mercados en la economía regular no puede ser puesta en peligro, porque solamente si los actores pueden canalizar hacia el interior de esos mercados los ingresos de sus operaciones criminales, éstos podrán realizarse. Esto es lo que constituye la ya mencionada simbiosis entre ambos procesos de globalización, donde hasta el señor de la guerra más brutal está de alguna manera integrado. Lo que aparenta ser una guerra sin fin es posiblemente un atributo sistémico. Los señores de la guerra, o más precisamente, los empresarios sustentados en la violencia, están subordinados a la lógica de los sistemas de redes criminales transnacionales. Las metas políticas territoriales tienen que permanecer subordinadas a esta lógica. Se trata aquí de una difusión de la violencia bélica hacia el interior de los espacios transnacionales de operación de sistemas de redes criminales. La violencia bélica se transforma en “violencia reguladora”. Las guerras pierden así su campo de batalla, son desterritorializadas. El multicitado término, “nuevas guerras”, es, según esta hipótesis, solamente una expresión transitoria en ruta a la difusión generalizada de la violencia bélica, que no funge más sino como “violencia reguladora”, extensamente atada a la lógica de sistemas de redes económico-criminales transnacionales, que se propagan dentro del contexto del globalismo neoliberal. Mark Duffield ha descrito también estas tendencias económico-bélicas y habla de guerras entre sistemas de redes, network wars. Sin embargo, este concepto es una selección desafortunada, porque la guerra sin territorialidad es una construcción problemática[5].
El empuje modernizador que acompaña al globalismo neoliberal conduce a la segmentación social de las sociedades en megaciudades y, simultáneamente, es observable una ruptura modernizadora entre las generaciones. La realidad social en muchísimos países está marcada por una exclusión masiva de la economía regular de numerosas generaciones jóvenes. Este apartheid intergeneracional extendido se revela como un atributo sistémico reprimido del globalismo neoliberal, y está marcado por creciente amargura social y por proyectos de vida alternativos individuales, que se sustentan en el empleo de la violencia como afirmación y para obtener logros. Estas personas jóvenes no tienen representación política alguna dentro de las estructuras estatales existentes y asociaciones políticas. Solamente son tomadas realmente en cuenta como un riesgo criminal. A menudo articulan su estado anímico, idealizador de la violencia instrumental, en los textos de hip-hop y rap que, sin embargo, no es percibido como articulación política. Pero es significativo que la signatura de hip-hop y rap es un fenómeno global con articulaciones locales.
Si las personas jóvenes relegadas al apartheid social en todo el mundo tuviesen una voz política dentro de los sistemas políticos dominantes para hacer valer sus intereses, para poder vivir y trabajar en condiciones de un orden jurídico constitucional, entonces sería difícil para el globalismo neoliberal hacer prevalecer su propósito. En lugar de una promesa abstracta de bienestar a través del crecimiento, mediante la desregulación de la economía, aparecería en su lugar como prioridad la oportunidad de todos para participar constructivamente en la reproducción económica, por medio del trabajo dentro de una esfera de Estado de derecho unitaria. Juan Somavía, el director de la Oficina Internacional del Trabajo, confirma en su reciente informe que el camino para salir de la pobreza es el trabajo; traducido a nuestro esquema analítico, quiere decir que el camino para superar las economías sombra, y la violencia reguladora asociada con éstas, es el trabajo bajo la protección de la ley. Desde abajo, es decir, desde las sombras de la globalización neoliberal y, sobre todo, desde la óptica de las personas jóvenes, la economía mundial requiere de una nueva doctrina de regulación orientada hacia la participación productiva del mayor número posible en las economías nacionales.
Si estas tesis describen de manera apropiada la tendencia actual, entonces tiene que ser plasmado esto también en las contraestrategias políticas a la globalización neoliberal. El rechazo de la globalización es una trampa política porque, debido a la ineludible globalización de los medios de comunicación y de la informatización, no habrá alternativa a la globalización. La oposición aguda entre la izquierda y el neoliberalismo se refiere solamente a la regulación de la globalización. Como déficit político de las estrategias de la izquierda veo, con relación a los conjuntos de problemas tratados por mí, la escasa atención a la ruptura intergeneracional de los estados anímicos políticos. En este déficit se encuentra empero también una oportunidad estratégica, solamente que falta hasta ahora en los discursos y proyectos de la izquierda incluso todavía la percepción del problema, para poder operar activamente este proceso intergeneracional de integración.

Notas a pie de página
[1] Versión provisional. Una versión aumentada y corregida estará disponible en Agosto 2003.

[2] “Fenotipo” en su rigurosa acepción etimológica (phainein: mostrar, aparecer; túpos: tipo).

[3] (N. Del T.) Intraducible al español: homeland (home: hogar; land: tierra) Security evoca emociones de apego al hogar y a la tierra que uno habita, y a la necesidad de sentir seguridad. La voz española “patria” se deriva de pater, padre.

[4] La sorprendente resistencia del régimen de Milosevic se basó, entre otros factores, en la entonces todavía extensa economía agrícola de productores pequeños en Serbia.

[5] Mark Duffield, Global Governance and the New Wars: The Merging of Development and Security, ZED Books Ltd., London, 2001.

Traducción del alemán: Stephen A. Hasam