Libertad de expresión y Derecho, análisis de Eduardo Nicol

FUENTE : https://www.proceso.com.mx/131018/eduardo-nicol

1518703831
Eduardo Nicol
Atentar contra la expresión es atentar contra el ser
Froylán M López Narváez
La pulcritud de pensamiento no recaba pronto todos los afectos ni las atenciones Eduardo Nicol, filósofo mexicano, trasterrado de España, luchador social esforzado en su patria primera, discreto en su nueva casa, no ha logrado toda la estima y conocimiento difusos que merece su obra, reeditada constantemente
Escrupuloso, puntual, sus trabajos sobre la Metafísica de la Expresión, su Psicología de las situaciones Vitales, su Reforma de la Filosofía, para indicar algunos de sus trabajos ejemplares, se estudian y consultan con asiduidad creciente, sobre todo por aquellos que saben reconocer esa marca, razón de ser del hombre: su expresión
Para Nicol expresar es ser, la libertad de expresión es libertad de ser, libertad mayor, cardinal
En su estudio de las calles de Pino, en la colonia Florida, más que rodeado, acompañado ordenadamente por sus libros, Nicol cavila, escribe con cuidado, minuciosamente, usa la erudición, la desborda, la asume, produce, origina ideas, las suscita, las propone, piensa, ayuda a pensar, a saber
Filósofo en verdad, de verdades, piensa en este mundo, en las cosas de esta vida, desde dentro y no desde arriba, y en esta entrevista escruta, razona, da sus razones, las ofrece, ventila las ajenas y se acoge a su oficio de pensador, tarea ardua, soslayada, imprescindible, de fondo
P- ¿Qué se expresa siempre, es decir, cuál es la constante en todas las variantes de la expresión política?
R- La política es cosa de palabras No de meras palabras, porque dudo que las palabras sean nunca esto que peyorativamente llamamos “meras” La palabra expresa el ser La palabra es el ser, y puede incrementarlo o disminuirlo Por eso, ni la palabrería es trivial: produce efectos existenciales De cualquier modo, la palabra es la constante, desde que los griegos inventaron la política Palabra es razón La política es la organización racional y verbal de la comunidad En política, todo el mundo quiere tener razón Pero todo el mundo tiene que dar razón, inclusive el dictador La acción política ha de justificarse con palabras (así como las buenas razones han de justificarse con las buenas obras, pues éstas, según reza el dicho popular, son los amores)
Lo expresado en las palabras ofrece otras constantes Creo que son el afán de poder y el afán de bien Esto es lo común a toda buena política No llamo buena política, claro está, a aquella con la cual yo estuviera de acuerdo, sino a la que posee los ingredientes normales Mala política, en este sentido, sería la del poder sin intención de beneficio común, o la pura ilusión de un beneficio sin el soporte indispensable del poder
P- Usted nos habla, en La reforma de la filosofía, de un nuevo régimen que se está imponiendo en la vida humana; el cual ya no es el régimen de la razón política, sino el de una razón de fuerza mayor que nos arrebata el albedrío Me pregunto si este régimen ha alterado esencialmente el discurso político
R- Estamos en una fase de transición No han desaparecido por completo las formas tradicionales de la política, ni las posibilidades de organizar la comunidad de acuerdo con proyectos libremente deliberados Pero es un hecho que en muchas ocasiones el político justifica con sus buenas razones unas medidas que vienen impuestas por razón de fuerza mayor Es decir, por una razón que ya no es buena ni mala, sino precisamente forzosa Lo inevitable no deja alternativas Con toda sinceridad, el político puede representar el papel de iluso, ofreciendo como ideales las necesidades y las imposibilidades El riesgo de la situación es grave para todos, porque si los síntomas continúan y se agravan, el resultado será el fin de la política: la palabra cederá su lugar a la cibernética Desenlace catastrófico, me atrevo a decir: ya no será la victoria de una determinada política, sino la invalidación de todas las posibles
P- Se insiste, sobre todo en los marxismos, en la fundamentación filosófica de la política ¿Puede reconocerse que existe efectivamente una política con base científica?
R- Me parece que hay varios términos implicados en esta cuestión Usted sabe que me atengo al concepto de “la filosofía como ciencia rigurosa”, para decirlo con las palabras de Husserl Pues bien, hay una filosofía de la política (a la que yo he procurado aportar algo), como hay una filosofía del arte, de la religión, del derecho, etc Esto es ciencia: saber objetivo y sistemático de una realidad determinada, sin intenciones prácticas Otra cosa distinta es una filosofía política, es decir, un cuerpo de doctrina que sirve de fundamento a cierto modelo de comunidad Pero dudo que, por la naturaleza de las cosas, eso pueda considerarse como ciencia rigurosa Lo impide el mismo objeto al cual se aplica Voy a aclararlo
Hay en la acción humana (lo mismo individual que colectiva) unos factores incalculables, a los que debemos conceder el rango de causas, y que son la libertad y el azar Sí, sí: el azar y la libertad son causas, concatenadas con la necesidad, y de esta conjugación dialéctica no puede prescindir ninguna ciencia de la historia, ni la psicología En cuanto a las situaciones políticas: es manifiesto que son cambiantes y que no son equiparables Siempre se introduce en ellas un componente de novedad Se produce, pues, una brecha entre la doctrina y la acción práctica; y no por defecto intrínseco de la doctrina, sino por la índole esencial de la práctica
Esto no significa que la política tenga que ser puramente pragmática; pura mecánica desprovista de ideas e ideales Por esto la filosofía política es literalmente ideología Y presta un servicio humano indudable: es como una paideia, y señala orientaciones cardinales para la conducta política Lo que nunca logra es anticipar soluciones para las dificultades que todavía no se han presentado: no da una pauta invariable para una acción de lucha o de gobierno
P- ¿Le parece a usted bien fundada la noción, que se maneja políticamente, de una pugna entre la concepción materialista de la historia y la concepción idealista de la historia?
R- Mire usted: la materia no tiene historia La concepción marxista yo la llamaría más bien dialéctica histórica Hace muchos años indiqué (en Historicismo y existencialismo) que el gran mérito teórico de Marx consiste precisamente en haber formulado lo que llamaría un cuerpo de leyes específicas para el devenir histórico, independientes de las leyes que rigen los fenómenos naturales Con esto se distanció de los pensadores británicos, para quienes la economía no es una realidad histórica, pues se rige por factores psicológicos invariables O sea que para ellos la economía política era científica justamente porque no era histórica Lo contrario de Marx En cuanto a la concepción idealista de la historia: yo no entiendo lo que es esto
P- En El porvenir de la filosofía y en La reforma de la filosofía, nos habla usted de las vicisitudes a las que está sometida la filosofía, y de la necesidad de proceder a una restauración de su fundamento constitucional Le pregunto si éste es un quehacer de alcance internacional, en el que participan los pensadores de varios pueblos
R- Desdichadamente no La puerta está abierta, pero ya sabe usted que los hombres no siempre aprovechamos las aperturas Quiero decir que, en filosofía, lo más difícil es ver el problema que está a la vista
P- En todo el mundo se habla hoy del llamado derecho a la información ¿Qué vinculación existe entre este derecho y la libertad de expresión, que, según usted enseña, es la libertad primera de los hombres?
R- Para ver la conexión, veamos una diferencia Usted mismo la señala en la pregunta El derecho a la información, y en general el derecho de expresarse, es precisamente esto: un derecho La libertad es un hecho Repetiré lo dicho, para aclararlo El hombre es el ser de la expresión La expresividad es nota de su ser, como la racionalidad, la comunidad, la mortalidad, etc Expresión es libertad Se entiende: libertad de ser El hombre es libre Su existencia se articula como un curso de acciones libres, desde los quehaceres más primarios hasta las más altas creaciones Este es el hecho Pasemos ahora al dominio de los derechos
Todo lo que reprime las manifestaciones de la expresividad, reprime por ello mismo la expansión del ser Diríamos que es un atentado ontológico, o si se quiere, existencial El hombre tiene derecho a ser, porque su ser no le es dado completo, y tiene que ir haciéndolo expresando Pero no todas las expresiones son legítimas Tampoco son represivas todas las regulaciones El Derecho, con mayúscula, es una coordinación de los derechos, en el seno de la comunidad Ocurre que la expresión es justamente un fenómeno comunitario: un fenómeno de correspondencia o co-responsabilidad Sustraerse a esta vinculación no incrementa el ser, sino que produce una mengua Por tanto, la expresión no es un acto indiferente, sino cualificable, en tanto que atañe el prójimo Y no pierde su virtud existencial por el hecho de que deba encauzarse, en consonancia legal con las expresiones ajenas
De suerte que no podemos generalizar, ni fiarnos de abstracciones No podemos establecer una conexión estable entre el derecho y la libertad de expresar, que nos sirva de criterio a priori para todas las situaciones posibles Una cosa es segura: el hombre se afirma a sí mismo en la expresión como acto libre de ser Pero libre no quiere decir incondicionado Por otro lado, un buen régimen político apoya siempre, y no restringe sin mesura, la libertad de ser Por debajo de este nivel, ya entramos en la casuística

Globalizar la violencia , característica esencial de las democracias neoliberales posmodernas

img_5674
Subjetividad y Cultura
Revista Subjetividad y Cultura
http://subjetividadycultura.org.mx
Coloquio “La globalización de la violencia”
Stephen A. Hasam
Con la participación de analistas, escritores e investigadores de las universidades Autónoma
Metropolitana-Xochimilco, Ben Gurión del Neguev, Libre de Berlín y Nacional Autónoma de
México tuvo lugar del 17 al 19 de marzo el coloquio internacional Globalización de la Violencia
en la sede en Ciudad de México del Instituto Goethe
Bajo la coordinación del escritor y filósofo berlinés Horst Kurnitzky, los ponentes fueron
invitados a desarrollar temas de su especialidad relacionados con formas específicas de
violencia características del mundo actual, a partir de un planteamiento elaborado por el propio
Kurnitzky:
A lo largo de la historia de la civilización, la dominación y el control de la violencia han sido
elementos decisivos en la formación de la sociedad: tanto en lo que se refiere a la violencia que
emana de la naturaleza, como a la que emana de la naturaleza de los seres humanos. La
domesticación de la violencia, así como su limitada aceptación en rituales y su sublimación en
cultura y civilización, fueron el fundamento de la constitución de los seres humanos en
sociedad. Las fiestas de sacrificio fueron la expresión sensorial de un sistema de dones y
contradones, de economía. Transformados en actos de intercambio, los sacificios constituyen
la base de la reproducción social, sostenida por una frágil relación con la violencia.Todas las
relaciones –las relaciones entre los sexos, las relaciones al interior de las comunidade; dentro
de una misma sociedad y en su relación con otras sociedades–están determinadas por su
relación con la violencia. La contención y dominación de la violencia fueron el impulso esencial
de la formación de la sociedad; y la violencia sale de nuevo de la sociedad misma, cuando
fracasa en equilibrar intereses antagónicos.La violencia es un privilegio social, la relación con la
violencia está inscrita en el proceso de la civilización.
En la domesticación de la violencia reconocemos a la sociedad civilizada.Tanto la realidad
concreta como el discurso ideológico que la acompaña y legitima apuntan hacia una negación,
un rechazo a la contención y domesticación de la violencia. Todo lo contrario. Premisa
subyacente a todas las ponencias fue que éstos son tiempos contracivilizatorios, en los cuales,
en vez de buscar una domesticación de la violencia equilibrando intereses antagónicos, impera
el llamado a la violencia, en el ejercicio de ésta como en la ideología del neo socialdarwinismo
elevado a religión: la fe neoliberal, -que no es ni “neo”, ni “liberal”-, la mano invisible de la Ley
Divina, ergo Natural, única y total. El equilibrio cósmico del laisser faire expresado en la
competencia por la sobrevivencia de los más aptos. Desde el escolar que realiza a su manera
el neoliberalismo en el patio de la escuela con una navaja o arma de fuego, hasta los chantajes
y las guerras del sistema internacional.
En un franco desafío a la moda posmoderna -el bagaje cultural del neoliberalismo- en el
coloquio se pretendió comenzar a analizar la “globalización de la violencia” como un todo, a
partir de distintas disciplinas y de casos y problemas específicos que sirvieran como referencias
paradigmáticas, e incluir algunas reflexiones filosóficas globales como ensayos sintetizadores.
1 / 3

Nueva religión,el fundamentalismo neoliberal en tiempos de globalización posmoderna

zero
EL NEOLIBERALISMO : ¿Una nueva religión?

Horst Kurnitzky

La democracia en sí misma jamás ha sido un valor central del neoliberalismo.”
Friedrich Hayek
Liberada al fin de la pesada confrontación este-oeste y, con ello, de la falsa alternativa de la planificación económica socialista, hoy en día, la denominada economía de libre mercado se está zafando, también en el mundo occidental, de las últimas ataduras impuestas en los pasados cien años por los movimientos obreros y las ideas de economistas como John Maynard Keynes. Desde su nuevo centro, Chicago, comenzó su victoriosa marcha por el mundo bajo la bandera del neoliberalismo. Su llamamiento declarada, “dejar el mercado al libre juego de las fuerzas de la competencia”, se ha constituido en un concepto de bienestar que reconoce en estas fuerzas la única regulación que, elevadas al rango de fuentes de la riqueza, garantiza no solamente el bienestar social sino también, en última instancia, el bienestar individual.
No es algo nuevo decir que el concepto básico de la ideología neoliberal descansa, sobre todo, en la idea de que la libertad del hombre es debida a la protección de la propiedad y al ilimitado aprovechamiento e igualmente ilimitado intercambio de los bienes producidos. En los Bill of Rights de Norteamérica y en la Declaración de los Derechos del Hombre de la Revolución Francesa ya estaban establecidos estos derechos fundamentales que hasta hoy pertenecen a las irrenunciables garantías fundamentales que otorga el Estado de Derecho. Esta es la protección asegurada por tribunales independientes de la libertad, igualdad y propiedad. Cuando el 8 de junio de 1774, el ciudadano Robespierre, armado con un ramo de flores en una mano y una antorcha en la otra, proclamó la Religión de la Humanidad en París, ya era común entre la opinión pública creer que la naturaleza divina, a la cual en última instancia le debemos todo, también encierra los poderes que prometen la felicidad y el bienestar del hombre. El reino de estos poderes sin límites automáticamente garantiza esto. La meta señalada por los economistas liberales es abolir cualquier limitación artificial del comercio y de la industria a fin de que los hombres sean libres para perseguir sus intereses individuales.
El poder de interpretación y por ello en parte también el poder político que hasta entonces correspondía a los representantes de dios en la Tierra se trasladó, en la Ilustración, a los mediadores entre la naturaleza y la sociedad. Con la misma autoridad con la que los líderes eclesiásticos proclamaron la voluntad de Dios y supieron imponer sus intereses, ahora los revolucionarios liberales podían citar el Libro de la Naturaleza, interpretar las leyes naturales y, cuando les era posible, aprovecharlas en su favor. También se podría decir que los liberales sustituyeron a la Biblia por el Libro de la Naturaleza. Cuando antes el benevolente o encolerizado dios dirigía tanto la economía como la sociedad, era entonces la mano invisible la fuerza dinámica e impulsora que, desde atrás, arreglaba la reciprocidad de acción entre oferta y demanda.
La nueva religión de la humanidad, que reconoce al hombre como único ser supremo, ha liberado sus necesidades psíquicas y sus cualidades de carácter de la tutela social, ignorando sus condiciones de desarrollo tanto históricas como sociales y, en consecuencia, las ha elevado al rango de formas naturales de expresión y existencia que no deben ser restringidas. Esta condición del hombre está libre de cualquier responsabilidad social. Perseguir sin límites sus intereses personales también quiere decir perseguir a la naturaleza inconscientemente; ahí donde domina la ley de la selva, donde el instinto lo es todon y la reflexión y la responsabilidad sociales están canceladas. De este modo, la sociedad se convierte en una sociedad de sacrificio total, es decir, el sacrificio pierde su elemento racionalizante y la masacre social lo sustituye.
Sustituir al todopoderoso y también injusto dios creador por una no menos todopoderosa pero inhumana naturaleza significa dejar a la sociedad en manos de un – en muchos sentidos -desconocido sujeto que, como dios, está reconocido como creador de la sociedad humana pero no es responsable de los hombres ni de la sociedad. La naturaleza como sujeto no establece ninguna relación humana con la sociedad. El amor y el odio sobre los que se constituye la sociedad son objetos de investigación de las ciencias sociales, aunque para la naturaleza inconsciente, estas emociones no sean elementos de una formación reactiva. La naturaleza no piensa ni siente. No es un ente social.
Además, las leyes de la naturaleza, que para el liberalismo también incluyen a la economía y la sociedad, están formuladas por un interés dirigido hacia la sumisión y la explotación. Su carácter provisional – las ciencias siempre entienden las leyes de la naturaleza como hipótesis -, el cual amplía el conocimiento de la naturaleza, esto es, la imagen que nosotros nos hacemos de ella, indica, sobre todo, el progreso de las técnicas de explotación de la naturaleza misma. Francis Bacon, quien como accionista de la East Indian Company debía saber esto, en su Nueva Atlantis deja que un representante de la Casa Salomon -una sociedad secreta o consorcio – explique las metas de la empresa: la Casa Salomon tiene la tarea de arrancarle a la naturaleza sus leyes para ponerlas a disposición del bienestar de los ciudadanos de Nueva Atlantis. Con otras palabras, leer el Libro de la Naturaleza quiere decir ganar poder sobre ella. Quien conoce su nombre aprehende sus leyes, es decir, tiene poderes sobre la naturaleza, como nos lo enseña el cuento de los hermanos Grimm del enanito Rumpelstilzchen. Para los revolucionarios liberales del nuevo orden económico, la naturaleza era un dios y un demonio al mismo tiempo; como una arcaica figura de culto que tenían que poner a su servicio.
Pero hay algo que añadir: la meta de la aspiración humana era bajada del cielo a la tierra. Puesto que el paraíso prometido por la religión todavía tenía que ser comprado por medio de sacrificios, éste ya no fue colocado en el más allá, sino en la vida terrenal, como un fuego fatuo brillando en el horizonte del progreso social. Sólo la acumulación de la riqueza social e individual, es decir, la ambición de fortuna – en la vida económica la persecución imperturbable de los intereses personales – automáticamente conduce a la tierra prometida. Así lo planteó en todos los casos la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica. Desde entonces, la ambición de fortuna no fue un derecho humano sino un deber. En el país de las grandes oportunidades, hasta hoy en día, juventud, fortuna y éxito económico son los requisitos del prestigio social.
Finalmente, la idea del progreso condujo – y para entonces ya estamos en el siglo XIX – a ese concepto de evolución que formuló Charles Darwin como la ley de la supervivencia de los más aptos (survival of the fittest). Como lucha por la existencia, este principio de la evolución de las especies se convirtió en un lema empleado para la descripción de liberales procesos económicos y sociales. Con todo esto, muchas veces no se entiende que la lucha por la existencia en la naturaleza no tiene lugar entre el gato y el ratón sino entre el ratón que se traga el gato y el ratón que escapa, una oportunidad de sobrevivir que, en la lucha económica, no existe para los débiles. Tampoco resulta claro que las leyes de la naturaleza, formuladas por Darwin, de hecho son una proyección de las leyes del liberalismo económico de su tiempo a la naturaleza. Lo que se busca se encuentra. De todos modos, la experiencia de que cualquier progreso es el resultado de una lucha ha influido profundamente en el pensamiento y las acciones de la sociedad. Hasta hoy, no existe ninguna doctrina económica influyente que de alguna manera no tenga sus bases en el postulado de la libre competencia como fundamento del progreso, el crecimiento y bienestar sociales. Y la única ley que admite el neoliberalismo es la de Darwin pero formulada con un poco más de elegancia: el lugar del survival of the fittest ha sido retomado por el laissez faire.
Una parte de las drásticas transformaciones de nuestro tiempo ha sido la liberalización económica y social de aquellas sociedades que por decenios estuvieron sometidas a la absoluta tutela de un partido único y de una economía de planificación burocrática: los Estados de la antigua Unión Soviética y también una serie de Estados del llamado Tercer Mundo que se orientaron al modelo soviético o que se desarrollaron en una sociedad caracterizada por caudillos nacionales y una dictadura de partido. Todos estos países, en conjunto, siguen un supuesto político económico neoliberal establecido por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que les permite obtener créditos. Esta condición se atribuye a la influencia que ha tenido la escuela de Chicago en el grupo de las siete potencias industriales dirigentes. Como en la época del liberalismo, Gran Bretaña ha jugado aquí, otra vez, un papel protagónico. Bajo el nombre de Thacherismo, el neoliberalismo entró, como un costoso experimento, a la historia económica de Inglaterra, destruyendo las posibilidades de vida de amplios estratos sociales. A través de sus principales instrumentos (el comercio mundial, los acuerdos sobre aranceles y las comunidades económicas) este modelo se convirtió en la doctrina general de la política económica contemporánea.
Cuando en 1962 Milton Friedman con su libro Capitalism and Freedom en cierto modo fundó la escuela del neoliberalismo en Chicago, el público casi no tomó nota de su intento para revitalizar el liberalismo económico radical. Un hecho que también Friedrich Hayek y algunos de sus colegas de la London School of Economics padecieron cuando combatieron al Estado benefactor, inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. Las dos grandes guerras, en donde tuvo lugar la lucha por la existencia a nivel económico y, en consecuencia, también a nivel nacional, no se habían olvidado; así como la idea del socialismo, a pesar del terror y la represión en los Estados socialistas, no estaba tan arruinada como para que un contramovimiento pudiera ganar terreno. Al contrario, los movimientos para la liberación nacional en el Tercer Mundo y la crítica a la guerra de Vietnam emprendida por los Estados Unidos, junto con movimientos políticos de protesta, hicieron que las ideas socialistas y sus modelos fueran todavía atractivas.
Finalmente, la crisis económica y la descomposición del mundo socialista que se avizoró a fines de los setentas, en conexión con la crisis económica y del Estado benefactor ocurrida en Occidente, provocaron un cambio en la política económica mundial. Al hacerse evidente que el Estado benefactor no podía financiarse más por los caminos acostumbrados y cuando la alternativa socialista cayó en el descrédito total, la recurrencia a viejas doctrinas de salvación fue notable. La crisis y el miedo a las catástrofes, que siempre han favorecido la creación de atmósferas religiosas, evidentemente han dejado en el olvido que todos los movimientos sociales, desde la mitad del siglo pasado, surgieron de la protesta contra el crecimiento salvaje del liberalismo económico y que la crítica a la inhumanidad de este salvajismo, si bien fue insuficiente, no era injusta. Quizá el fracaso del llamado experimento socialista ha impedido entender que la economía mundial, por lo menos en lo que se refiere a las metas humanas del liberalismo, también ha fracasado miserablemente. ¿Qué es la libertad política sin libertad económica, sin que la mayor parte de la población lleve una vida humana con libertad de información y formación?
Si la economía quiere hacer alguna declaración relevante acerca de la sociedad debe entenderse a sí misma como una ciencia social. Bajo estas condiciones, tendríamos entonces que leer la historia de los movimientos políticos y sociales como la historia del fracaso del liberalismo económico radical. Precisamente, las sociedades socialistas y fascistas de este siglo no estuvieron al margen del proceso económico sino que siempre formaron parte de la economía mundial. Ambas se entendieron como respuestas al liberalismo, ambas radicalizaron parte del liberalismo: en la sociedad nazi, la idea del progreso retornó en eugenesia, en criaderos de raza pura, en el salvajismo del mundo de las especies, cuando la misma idea para la sociedad socialista se reducía, como en las sociedades arcaicas tribales, a un simple plan de distribución. Ambas sociedades retradujeron la máxima de la competencia en un concepto de lucha: lucha de razas o lucha de clases. En lugar de retomar la Razón del Siglo de las Luces para criticar al liberalismo con el fin de transformar la sociedad en una sociedad humanizada y justa para los individuos, las respuestas al liberalismo siempre se refirieron a quimeras sobre el mito del origen: aquí la horda del origen germánico, allá el paraíso de la sociedad tribal del comunismo primitivo.
La Primera Guerra Mundial aumentó la conciencia del fracaso de los Estados nacionales y del liberalismo económico entre un vasto público. Como reacción, provocó movimientos de salvación cuyas ideologías basadas en mitos del origen borraron, radicalmente, en este siglo, los restos de las actitudes y el pensamiento humanista. Con la reducción de la Ilustración a la racionalidad de la acumulación capitalista o socialista fue posible, a través de una crítica igualmente simplificada, quitarle a la Ilustración su fundamento en el humanismo universal. Lo que ha quedado ha sido el caos de sociedades en descomposición en las cuales se han podido extender los organismos sobrevivientes del salvajismo económico: formaciones mafiosas que con terror y violencia han arrebatado la riqueza de las naciones.
Parece una burla de la historia que precisamante fuera Chicago – donde en los años veinte la mafia de Al Capone se apropió de la ciudad, la policía, los tribunales y todas las instituciones sociales y a donde el gobierno en Washington pensó enviar al ejército – el lugar en donde se desarrolló una doctrina de salvación que tradujo la práxis de la mafia en una teoría económica pseudocientífica y que, además, se vendiera al mundo con éxito como neoliberalismo. Por supuesto, hoy en día, aunque los orfanatorios y dispensarios de Al Capone se llamen pacto de solidaridad, estos sirven para un mismo fin: a la carnicera lucha económica por la sobrevivencia le da un toque de carácter social con el objeto de influir, como un calmante, sobre la población asustada y apelar a una conciencia humana que desapareció desde hace mucho tiempo de la realidad social.
La catastrófica situación económica y social, en que gracias a una economía monopolizada por el Estado o monopolista liberal, se encuentran ahora la mayor parte de los hombres, ha desencadenado una angustia y letargia generales; pero no ha dejado entender que toda una época de la economía mundial ha fracasado y que todos los imperativos sociales de la humanidad y de la moral que organizaban la cohesión social se encuentran hoy en descomposición. Todos los temas o religiones de moda, desde el posmodernismo hasta el supuesto “fin de la Historia” o la entrada a una nueva época de libertad absoluta, con los que se intenta explicar la situación actual de la sociedad, son solamente la expresión de una específica condición social; son los síntomas de la crisis general en la que se encuentra tanto la economía como la sociedad.
El hecho de que una parte importante de la economía se encuentre desde hace mucho tiempo en manos de bandas internacionales no es un secreto. Los cárteles de drogas, los cárteles de armas, las bandas de los mercados informales del Este y el Oeste que ponen casi todo a la venta – desde el vulgar contrabando hasta el plutonio -, todos lavan su dinero ilegalmente ganado en el archipiélago de los restos de la economía formal que, casi completamente controlada por monopolios, ha abandonado todas las relaciones y compromisos sociales. El gobierno de los cárteles, conectado con grandes capitales no controlados, en muchos países ha cambiado ya la economía en una economía de bandas y ha contribuido a una enorme barbarización de la sociedad. Este es un fenómeno que el Secretario General de las Naciones Unidas, Boutros Gahli, ha señalado como el mayor peligro para la paz en el mundo, porque los cárteles, pueden transferir, en tiempos más cortos, sus enormes capitales especulativos a cualquier destello de crisis y con ello atizar conflictos armados de grandes dimensiones. En las sociedades en descomposición, a esta selva corresponde una disposición y necesidad de violencia que se descarga en conflictos de religión, de regiones o de naciones, o como violencia cotidiana en las pandillas de kids en los patios de las escuelas y en los barrios miserables que llaman la atención de los mass media. También se puede decir: los marginados de la economía ejecutan el neoliberalismo a su manera emulando los métodos y valores de los grupos dominantes.
Con el abandono de la Ilustración y la reflexión, el liberalismo económico radical dejó todos los fines humanos de la sociedad para convertirse en un apologeta de la brutal lucha de la competencia social. La batalla por la sobrevivencia en su forma más desnuda, como lo ha vivido y elogiado Ernst Jünger con respecto a las trincheras de la Primera Guerra Mundial, se ha extendido hasta los últimos rincones del mundo. En relación con esto, el proceso de destrucción social no ha generado una reflexión sobre la economía, la sociedad y la historia, acerca de las perspectivas y metas de vida, sino solamente ha preparado el terreno para la emergencia de nuevos movimientos salvacionistas.
El miedo a la catástrofe y la fascinación a ella favorecen el surgimiento de movimientos fundamentalistas de salvación que, como en la época medieval, protestan contra la miseria y prometen la salida de la crisis universal. Esto conecta el frente de salvación del Islam con el nuevo fundamentalismo del Vaticano y con las numerosas sectas y movimientos de salvación guiados por gurúes. En este contexto, el neoliberalismo aparece como una variante adicional en la asociación de las nuevas doctrinas de salvación, todas ellas vinculadas por un consenso común fundamentalmente antiiluminista. El regreso a mitos eternos y la tendencia a la mistificación del mundo parecen ser características de las doctrinas de salvación posmodernas. En lugar de ilustrar acerca de los fines sociales y de reflexionar en torno a sus perspectivas, se espera que potencias oscuras y místicas salven al mundo: las desconocidas fuerzas del mercado regulándose por sí mismas. Este es el efecto imperial del mercado neoliberal, que no deja espacio alguno a otras formas económicas, a otras formas de vida, fuera de este mercado. El mercado neoliberal es el “mercado total”, así subrayen incansablemente sus propagandistas su fin totalitarista. Esto es la ideología. En realidad, el neoliberalismo aprovecha más la ayuda del Estado – a través de políticas fiscales, subvenciones, etcétera – que ninguna otra forma económica anterior. Combatiendo al nazismo así como al estado de bienestar, Hayek escribió, en 1944, Camino a la Servidumbre. El argumento era que “la social-democracia moderna inglesa conduce al mismo desastre que el nazismo alemán”. En 1947 un grupo de simpatizantes del neoliberalismo se reunió en Mont Pèlerin, Suiza, y fundó un sociedad de amigos fraternos que, como las órdenes de caballería o, como dice Perry Anderson, la francmasonería, perseguía el fin de combatir al comunismo. Entre ellos estaban: Milton Friedman, Karl Popper, Ludwig von Mieses, Walter Lippman y Salvador de Madariaga. Este grupo existe hasta hoy y se reúne cada dos años para discutir las estrategias para implantar el neoliberalismo en todo el mundo. Se trata de un grupo de conspiradores que se amplía cada año con nuevos miembros como el economista neoliberal Gary Becker y escritores propagandistas del neoliberalismo como Vargas Llosa.

Bertrand Russell. Un estudio por Javier Pérez Jara, desde el Materialismo Filosófico

Proponemos , desde introfilosofia, el video en que se presenta, desde la Fundación Gustavo Bueno, el libro de Javier Pérez Jara, La Filosofía de Bertrand Russell

La Filosofía de B. Russell, desde el Materialismo Filosófico

Además de la exposición del autor del libro, podemos seguir la intervención del fundador del sistema del Materialismo Filosófico, Gustavo Bueno Martínez. Se trata de una riquísima exposición de G. Bueno

Recomendamos la lectura del libro a todo aquél que tenga interés en conocer de modo crítico la obra del gran filósofo inglés del siglo XX

El ser genuflexo, libro de Jesús Turiso, Universidad Veracruzana, (Xalapa-México)

3f7b1d03-cd17-4cf8-aaef-2708cc083c42
https://www.uv.mx/bdh/files/2018/01/El-ser-genuflexo-23-de-enero-2018.pdf

el ser genuflexo libro de Jesús Turiso , profesor e investigador de la Universidad Veracruzana (Xalapa-Mexico)

¿Qué está sucediendo realmente en la política Venezolana? Un análisis crítico por el analista político Carlos Fazio

En esta entrevista, el analista político, ensayista y periodista Carlos Fazio, nos aporta una serie de argumentos muy potentes, que nos permiten tener una visión más racional,más clara y clarificadora de lo que se está jugando realmente en Venezuela y en el llamado chavismo como modelo político social y económico.

Importante para compensar toda la masa de información sesgada y manipulada en beneficio del sistema depredador neocapitalista internacional

Modelo de cambio chavista y sus enemigos, internos y externos.Análisis político crítico y dialéctico

Estados Unidos De Norteamérica, China y Rusia, desde la visita de Trump a Pekín en noviembre de 2017

La presidenta del Instituto Schiller,Helga Zepp-LaRouche, expone en este vídeo un modo de ver lo que fue es visita del presidente Donald Trump , de los EEUU a China y su relación con el presidente del nuevo Imperio Chino en curso

Visita del presidente de EEUU , Donald Trump, a China.