Günther Anders centra La obsolescencia del hombre -su gran obra de antropología filosófica publicada tras su experiencia de guerra y exilio- en la dominación universal de la técnica

Imagen de La Divina Comedia, de Dante

CRÍTICA:EL LIBRO DE LA SEMANA

“No hay hombres de repuesto”

FUENTE https://elpais.com/diario/2011/02/19/babelia/1298077940_850215.html

JOSÉ LUIS PARDO19 FEB 2011

Günther Anders centra La obsolescencia del hombre -su gran obra de antropología filosófica publicada tras su experiencia de guerra y exilio- en la dominación universal de la técnica

Decía el pensador italiano Franco Volpi que el hombre contemporáneo está ya, de antemano y en cualquier caso, sometido a las coacciones de la técnica, y que intentar escudarse frente a esa situación en el humanismo tradicional sólo indica impotencia y deseo de evadirse de la realidad, pues ninguna ética de este tiempo puede sobrepasar la condición de homilía. La obra de Günther Anders (1902-1992), un judío polaco que practicó todos los géneros literarios y que se hizo célebre por sus posiciones teóricas en el movimiento pacifista en la época de la estrategia de disuasión termonuclear, constituye toda ella un intento de sublevarse contra esa fatalidad del advenimiento del nihilismo cumplido, odioso huésped de la historia europea al que Nietzsche y Heidegger concedieron la carta de ciudadanía occidental y que desde entonces se ha hecho fuerte entre nosotros. Y precisamente porque esa omnipresencia del nihilismo toma cuerpo merced a la tiranía de los imperativos técnicos, la forma que toma el esfuerzo de Anders por pensar las bases teóricas de una posible resistencia a ese estado de cosas es la de la elaboración de una antropología (podríamos decir “antropología filosófica”, emulación de El lugar del hombre en el universo de Scheler, tantas veces considerado fundador del género); pero tendría que tratarse precisamente de una antropología apropiada a esta dominación universal de la técnica que han afianzado las sucesivas revoluciones industriales. Al servicio de este objetivo pone Anders todos sus recursos expresivos, que son muchos y muy agudos, desde el sentido del humor hasta la capacidad para la exhortación, escribiendo una obra cuya indiscutible unidad se sostiene sobre una variedad de géneros sabiamente dosificados y entremezclados en sus páginas: a ratos summa escolástica, con sus objeciones y respuestas, a ratos diario personal de viajes, a ratos anecdotario ejemplar o epistolario moral, y de vez en cuando obra de ficción que extrae efectos de verdad de personajes y territorios fantásticos. Y siempre en lucha con el tópico que sus críticos enarbolan contra él: la exageración, mostrando por doquier que es el mundo mismo el que exagera sin cesar para disimular su vanidad.

La obsolescencia del hombre

Sobre el alma en la época de la segunda revolución industrial (volumen I). Sobre la destrucción de la vida en la época de la tercera revolución industrial (volumen II)

Günther Anders

Traducción de Josep Monter Pérez

Pre-Textos. Valencia, 2011

312 y 428 páginas. 25 / 35 euros

Anders se propone mostrar por qué nos hemos vuelto ciegos al apocalipsis que protagonizamos

MÁS INFORMACIÓN

Mientras que los principales argumentos de la crítica de la técnica que se habían desarrollado antes de que Anders escribiese La obsolescencia del hombre aludían a la “cosificación” de la vida humana y a la “serialidad” de la producción en masa, Anders centra su ensayo, desde el principio, en esta idea del hombre que se experimenta a sí mismo como “anticuado” y pequeño frente a los aparatos técnicos, que se presentan como los auténticamente “bien dotados” y que le hacen avergonzarse de su humanidad: “No hay hombres de repuesto”, escuchamos decir a un enfermo terminal en un asilo para desahuciados, y se lo escuchamos decir como sonrojado porque en la era de la técnica no se haya inventado aún nada definitivo contra la caducidad de la existencia humana. Este sentimiento de vergüenza, dado que no podemos sentir vergüenza sino ante una mirada ajena, nos indica que ahora son las cosas, las máquinas, quienes nos miran. El hombre moderno desearía ser sólo un engranaje, debería ser sólo eso, pero misteriosa y trágicamente aún no está del todo adaptado a la explotación mecánica, y eso es lo que le abochorna, su propia humanidad residual. Por eso, amedrentado y fascinado por el mundo de la producción, el hombre “decide” pasarse a la condición de producto, y la llamada “ingeniería humana” (human engineering), fisiotécnica y robótica, le suministra el modo de fragmentar su conocimiento en habilidades subhumanas que subsisten mecánicamente con independencia de la totalidad de la que proceden. Y esta eliminación técnica de la humanidad es completamente coherente con la aparición de la bomba nuclear, puesto que ella muestra mejor que ningún otro dispositivo el carácter prescindible de la humanidad. En estas circunstancias, Anders se propone con su antropología mostrar a sus lectores por qué nos hemos vuelto ciegos al apocalipsis que protagonizamos, y en qué condiciones podríamos recuperar el papel de agentes históricos que la ilusión de un mundo sin muerte nos oculta día tras día.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de febrero de 2011


3º NÚMEROENSAYO

FUENTE : http://revistazejel.com/ensayo/fragmento-del-libro-hombre-sin-mundo-escritos-sobre-arte-y-literatura-gunther-anders/

FRAGMENTO DEL LIBRO “HOMBRE SIN MUNDO. ESCRITOS SOBRE ARTE Y LITERATURA” GÜNTHER ANDERS

No sin razón se me tiene por uno que pasado decenios -ciertamente no es una dedicación muy divertida- pintando sobre la pared la imagen del globo pelado rotanto en el espacio, es decir, previniendo contra la autoaniquilación de la humanidad, contra el “mundo sin hombres” (tal vez incluso sin vida).

Esta “idea fija” (como acertó Bloch, condenado a esperar permanentemente sin esperanza) me ha compañado a lo largo de más de la mitad de mi vita philosophica. Ahora bien, esta “preocupación” por el posible final, que se puso en marcha de repente, el día de Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, ciertamernte no se podía traducir de imediato en “textos”, pero sí representa propiamente un viraje(por utilizar términos de Heidegger): un viraje de mi original tema principal, pues, antes de esa fecha de cesura, casi todas mis preocupaciones especulativas, polítcias, pedagógicas, literarias -me parece que apenas tiene sentido diferenciarlas- habían valido justo para lo contrario, es decir, para hombres sin mundo. ¿Qué quiero decir con esa fórmulo?
Varias cosas.

“Hombres sin mundo” eran y son quienes están obligados a vivir dentro de un mundo que no es el suyo; dentro de un mundo, que, a pesar de estar producido y manntenido en movimiento por ellos con su trabajo cotidiano, no está construido para ellos (Morgenstern), no está-ahí para ellos; dentro de un mundo, para el que ellos han sido pensados, utilizados y están ahí, pero cuyos estándares, aspiraciones, lenguaje y gusto no son los suyos, no les están permitidos.

Esta tesis es una ampliación de la tesis principal de Marx, según el cual el proletariado no es dueño de los medios de producción, con  cuya ayuda produce y mantiene en movimiento el mundo de la clase dominante. Ciertamente, mi tesis es más general que la de Marx (pero no la contradice), pues se refiere a algo ontológico, a decir verdad, a algo negativamente ontologico. Con esto quiero decir que lo que el proletariado no puede denominar como propio no se reduce a los medios de producción creados y utilizados por él; tampoco a los products of easy life, creados igualmente por él: esta definición de falta de libertad sería demasiado estrecha. Lo desicivo es más bien -y en eso consiste lo “negativamente ontológico”- que el mundo, que él mismo fabrica o, al menos, en cuya fabricación participa, no es su mundo, en éste no está en su casa (tan poco como lo está el albañil en la casa en cuya edificación ha participado). En otras palabras: dado que vive sólo para el mundo de otros, para un mundo en que otros han de sentirse en su casa, no se le puede aplicar propiamente la caracterización fundamental de Heidegger del ser humano: que éste sea, de suyo, ser-en-el-mundo; propiamente no vive en, sino sólo dentro del mundo: dentro del mundo de otros, es decir, de la “clase dominante”, por más suaves y blandas que resulten las “cadenas” que le mantienen encadenado a ese mundo de los otros, y le lleven a considerarlas como el “mundo”, incluso como su mundo, y ya no pueda imaginarse otro mundo y no esté dispuesto de ninguna manera a “perderlo” y hasta quiera defenderlo con uñas y dientes. Mediante su lucha por el puesto de trabajo, en la que el trabajador produce a menudo cosas sin sentido y catastróficas, y sobre el que afirma tener un derecho (incluso sagrado), demuestra cuán poco vive en su mundo y que, sin ser consciente de ello, es sin mundo.

La expresión “hombre sin mundo” se refiere, pues, a un hecho de clase. La afirmación de Heidegger (concebida como antropología = universalmente válida) de que el Dasein (el ser específico del hombre) es de suyo un ser-en-el-mundo, vale esclusivamente para el hombre que pertenece a la case dominante: sólo él puede identificarse con lo que le rodea hasta el punto de reconocerlo como sumundo (con ello, “mundo como existencial”) y puede darle la razón a Heidegger. Que sus estudiantes (el noventa por ciento de los cuales eran pobres estudiantes obreros) jamás le hicieran esta objeción es un hecho político sorprendente, que no corresponde tratar aqui. Dicho hegelianamente: el “ser del esclavo” no es un “ser-en-el-mundo”, precisamente porque no vive en su mundo, sino en y para el mundo de los “señores”. La pregunta “¿a quién pertenece el mundo?”, que supuestamente define nuestro Dasein, jamás la propuso Heidegger en su prolijo análisis del concepto de mundo, a pesar de su insistencia en la Sorge y de su propia experiencia de pobreza duante años. Y tampoco tuvo nunca la idea de que quizás uno sólo “es en el mundo”, sólo se pertenece al mundo, que le pertenece de manera compartida.

Fragmento del libro Hombres sin mundo. Escritos sobre arte y literatura Günther Anders.

Pre-textos. Valencia, 2007. Págs. 13-14.

Heidegger y su anti judaísmo. Un libro de Jean Luc Nancy analiza los Cuadernos Negros del filósofo alemán. (Reseña al respecto, en español, del libro de Nancy)

FUENTE http://reflexionesmarginales.com/3.0/banalite-de-heidegger/#_edn11

Reflexiones Marginales – ISSN 2007-8501 Otorgado por el Centro Nacional del ISSN

  BANALITÉ DE HEIDEGGER  

Banalité de Heidegger

 AUTORA : MIRIAM JERADE

Jean-Luc Nancy, Banalité de Heidegger, Paris, Galilée, 2015, 89 páginas.

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Jean-Luc Nancy participa con una obra concisa y densa, más bien un ensayo largo dividido en 12 cortas secciones y una conclusión, en el debate sobre el antisemitismo de Heidegger que surgió a partir de la publicación de los Cuadernos Negros,[1] los diarios filosóficos que Heidegger mantuvo entre 1930 y 1970, que se conocen como Schwarze Hefte por haber sido escritos en cuadernos de tapa negra. Nancy intitula su estudio Banalité de Heidegger, retomando expresamente el término que Hannah Arendt acuñó para analizar los crímenes de Adolf Eichmann durante su juicio en Jerusalén: la banalidad del mal. Pocas obras han despertado tantas pasiones como Eichmann en Jerusalén,[2] el libro que colecta los cinco ensayos que Arendt publicó en el New Yorker al cual dio el subtítulo: “Ensayo sobre la banalidad del mal”.[3] Muchos malentendieron a Arendt y leyeron en esta frase una exculpación a Eichmann, asignando la banalidad a sus actos y no a la superficialidad de su juicio.[4] De la misma manera la publicación de los Cuadernos Negros ha causado reacciones no menos intensas e incluso histéricas.

Por una parte, algunos heideggerianos se empecinan en negar la dimensión antisemita de ciertos pasajes de los Cuadernos Negros: en una carta abierta,[5] Nancy respondió al Profesor Von Herrmann quien se quejó de una campaña de difamación contra Heidegger. Otros sostienen que las frases sobre la judería mundial sólo son un eco del discurso de su tiempo e intentan demostrar que la metapolítica encuadrada en la historia del ser es en realidad la oportunidad de plantear un pensamiento político en Heidegger. Mientras que la reacción inversa es concluir que Heidegger era nazi y como dice Nancy, tacharlo del anuario de la filosofía –lo que implica no haber entendido que la particularidad del antisemitismo de Heidegger fue el rechazo al biologismo racial de la ideología nazi por considerarlo parte de la metafísica. Nancy sostiene que la banalidad de Heidegger reside en haber integrado la doxa del antisemitismo que circulaba en Europa entre los años 1920 y 1940 a su sistema filosófico,[6] particularmente con la noción de pueblo, considerado no a partir del concepto de raza, sino como una fuerza espiritual, signo de la revelación de una divinidad a una humanidad capaz de dar lugar a un nuevo comienzo. Para Heidegger, el pueblo alemán, a pesar de haber errado en la maquinación (la dominación calculadora que caracteriza al ente manifestada en la técnica moderna que facilita un espacio de aniquilación, de la cual tanto lo judío como el régimen nazi eran consecuencia) es el único pueblo capaz de asegurar el advenimiento de este nuevo comienzo.[7]

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Nancy no cede entonces a lo que sería una banalización del proyecto heideggeriano que afirmaría que entender la pregunta por la filosofía a partir del sentido del ser y, al ser como evento (Geschehen) y envío (Geschick) pueda conducir en sí a la banalidad del antisemitismo. Sin embargo, no deniega que haya un antisemitismo en Heidegger o recordando un término de Lacoue-Labarthe, un “archi-fascismo”. Para Nancy, el antisemitismo de Heidegger reside en la idea de un nuevo comienzo que estaría asegurado por el pueblo alemán[8] y para el cual sería necesaria la destrucción o auto-destrucción del pueblo judío – Nancy señala que la gravedad de esta idea reside en que para Heidegger se trata de una auto-aniquilación del pueblo judío a través de la maquinación.[9]

Frente a quienes equiparan el pensamiento de Heidegger con la ideología nazi, Nancy acepta el término forjado por Peter Trawny del “antisemitismo inscrito en la historia del ser” o “antisemitismo onto-historial” (“seinsgeschichtlicher Antisemitismus”) [10] para explicar en qué sentido el antisemitismo de Heidegger se aleja del nacional-socialismo al fundar su antisemitismo no en la sangre sino en un destino onto-histórico. Nancy retoma el siguiente pasaje de los Cuadernos Negros para explicar la construcción del antisemitismo onto-historial y el análisis de la crisis de Occidente:

La pregunta por el papel que juega el judaísmo mundial no refiere a una cuestión racial sino a la pregunta metafísica que versa sobre el tipo de modalidad humana que puede, estando absolutamente desvinculada, emprender a título de “tarea” historial el desarraigo de todo ente fuera del ser.[11]

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A partir de este pasaje podemos sintetizar la reconstrucción que Nancy hace del antisemitismo de Heidegger dado que el pueblo judío tiene un papel determinante en el desarraigo del ser y figura como el actor privilegiado del declive de Occidente,[12] que si bien compartiría responsabilidad con el bolchevismo, la técnica o la racionalidad calculante, las acaba representando a todas ellas. No obstante, Nancy no parece llevar hasta sus últimas consecuencias la idea de que la maquinación hace surgir un principio naturalista de desracialización (Entrassung) reduciendo a la humanidad a una igualdad indiferenciada de los entes. Algo que no podríamos entender como una defensa de la pluralidad, tal como la conceptualiza Arendt: como la condición de la acción y de toda vida política por “el hecho de que los hombres, no el Hombre, vivan en la tierra y habiten el mundo”,[13] ya que Heidegger mantiene la idea de que hay un destino espiritual y por lo tanto historial para cada pueblo. El pensamiento de Heidegger es más bien cercano al romanticismo, especialmente, como bien señala Nancy, por el énfasis que hace en el sacrificio que tiene que hacer cada pueblo.[14]

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La estructura del antisemitismo de Heidegger se construye entonces como una narración archeo-teleológica[15] y escatológica, si bien contraria a todo modelo progresista de la historia. Nancy lo resume de la siguiente manera: para dejar ser al ser, para abrir una nueva posibilidad al ser, es necesario un nuevo comienzo y para cada comienzo – y final– es necesario un pueblo.[16] A su vez, la necesidad según Heidegger de un nuevo comienzo por el declive del Occidente en la técnica está conectada con el comienzo griego que, como precisa Trawny, sólo puede ser renovado por un renacimiento espiritual del Occidente que sería la misión del pueblo alemán como tarea filosófica.[17] Lo que Nancy analiza de manera original es la manera en que Heidegger concluye que la figura de lo judío o del judaísmo mundial por su falta de arraigo al suelo [Bodenlosigkeit] se excluye a sí mismo, aunque como subraya Nancy, la exclusión es un eufemismo para hablar de una auto-aniquilación.[18] Esta construcción es doblemente sorprendente porque como aclara en una nota al pie de página (pareciera que Nancy relega las notas más biográficas a un segundo plano para hacer un análisis del antisemitismo intrínseco a la filosofía de Heidegger y evitar caer en la condena fácil), Heidegger no podía ignorar las leyes de Núremberg o la Kristallnacht, ni mucho menos, como recuerda Trawny, el incendio de la sinagoga de Friburgo el 10 de noviembre de 1938, muy cerca de la universidad de donde fuera rector; lo que vuelve aún más grotesco al tema de la auto-destrucción.

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Sin embargo, el antisemitismo banal se reviste en Heidegger de una verdad teórica sobre la destrucción intrínseca del Occidente, consecuencia del olvido del ser, para dar lugar a un nuevo comienzo. Si Heidegger no responde a Jaspers y no se pronuncia sobre los campos de exterminio, afirma Nancy, es para no renunciar al esquema de la Geschicthe y, cuando años más tarde hace alusión a los campos, los considera el colmo destinal de la técnica sin hacer mención de quienes fueron las víctimas, puesto que para Heidegger, la técnica y la maquinación están íntimamente ligadas al judaísmo mundial.[19]

Nancy propone una posibilidad hermenéutica con la que cierra el libro, que no desarrolla del todo, en parte, a mi parecer, por aferrarse al idiomatismo heideggeriano y por no renunciar a la economía de la ontología, pues desarrollar dicha intuición implicaría ahondar en la historia intelectual del anti-judaísmo, como lo hizo recientemente David Nirenberg con una obra monumental.[20] Comprender cultural y políticamente el antisemitismo no es una tarea menos filosófica, sin embargo, Nancy apenas apunta caminos en esta línea, por ejemplo, al relacionar el motivo del nuevo comienzo con el cristianismo, a pesar de que en los Cuadernos Negros encontramos un anticristianismo. Nancy señala, aunque brevemente, que el antisemitismo de Heidegger podría estar más bien emparentado con el anti-judaísmo cristiano,[21] aunque no menciona la raigambre paulina, tradición que ciertamente Heidegger no ignoraba,[22] a partir de la cual se establece la contraposición entre un principio cristiano más elevado: el espíritu y, el afán de los judíos de aferrarse a la letra o a lo material. El rechazo a un falso principio condenado a errar que daría lugar al advenimiento de un nuevo comienzo se imbrica en Heidegger con la crítica a la sociedad moderna, al capitalismo y a la técnica. La banalidad de Heidegger es ciertamente el punto ciego ante dichas construcciones intelectuales en nombre de un criminal, y nunca sagrado, sacrificio.

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Bibliografía

  1. Heidegger, Martin Cuadernos negros 1931-1938, Madrid, Trotta, 2015.
  2. Young-Bruhel, Elisabeth Hannah Arendt. Una biografía, 2ºed, Barcelona, Paidós, 2006.
  3. Arendt, Hannah Escritos judíos, Jerome Kohn y Ron M. Feldman (ed), Paidós, Barcelona, 2009.
  4. Arendt, Hannah Eichmann en Jerusalén. Ensayo sobre la banalidad del mal, Lumen, Barcelona, 1999.
  5. Nancy, Jean Luc, Tatsachen aus Heften

http://faustkultur.de/2148-0-Nancy-Tatsachen-aus-Heften.html#.Vzz1kWNiBsP

  1. Peter Trawny, Heidegger und der Mythos
der jüdischen Weltverschwörung, 2ºed, Klostermann, Fráncfort del Meno, 2014.
  2. Jean-Claude Monod y Julia Christ, Heidegger et l’antisémitisme. Sur les “Cahiers noirs”, Le Seuil, Paris, 2014.
  3. Hannah Arendt, La condición humana, Paidós, Barcelona, 1998.
  4. Nirenberg, David. Anti-Judaism. The Western Tradition, Worton, Nueva York, 2013.
  5. Ryan Cone, Heidegger’s Confessions: The Remains of Saint Augustine in Being and Time and Beyond, Chicago, The University of Chicago Press, 2015.
  6. Leibovic, Nitzan, “The Post-Heideggerian Age”, Modern Intellectual History, Cambridge University Press, 2016.

Notas
[1] Recientemente se publicó en castellano la primera entrega correspondiente a los años 1931-1938, en la traducción de Alberto Ciria. Martin Heidegger, Cuadernos negros 1931-1938, Madrid, Trotta, 2015.
[2] Sobre la controversia que despertó el libro de Arendt ver el capítulo en la biografía de Elisabeth Young-Bruhel, Hannah Arendt. Una biografía, 2ºed, Barcelona, Paidós, 2006. Ver también la respuesta a la carta que le dirige Gershom Scholem fechada el 24 de julio de 1963, en Hannah Arendt, Escritos judíos, Jerome Kohn y Ron M. Feldman (ed), Barcelona, Paidós, 2009.
[3] Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén. Ensayo sobre la banalidad del mal, Barcelona, Lumen, 1999.
[4] Si bien la frase de la banalidad del mal sólo aparece una vez al final del libro (antes del epílogo): “Incluso ante la muerte, Eichmann encontró el cliché propio de la oratoria fúnebre. En el patíbulo, su memoria le jugó una última mala pasada; Eichmann se sintió ‘estimulado’ y olvidó que se trataba de su propio entierro. Fue como si en aquellos últimos minutos resumiera la lección que su larga carrera de maldad nos ha enseñado, la lección de la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes.” (op.cit. p.368)
[5] Se puede ver la respuesta de Nancy tanto en alemán como en francés en el siguiente enlace http://faustkultur.de/2148-0-Nancy-Tatsachen-aus-Heften.html#.Vzz1kWNiBsP [Consultado 18/6/2016]
[6] Heidegger, Martin. Cuadernos negros 1931-1938, op., cit., p. 13.
[7] Ibídem., pp. 18-20.
[8] Ibídem, pp. 20-21
[9] Ibídem, p. 34.
[10] Peter Trawny, Heidegger und der Mythos
der jüdischen Weltverschwörung, 2ºed, Klostermann, Fráncfort del Meno, 2014, p. 22. La traducción al francés estuvo a cargo de Jean-Claude Monod y Julia Christ, Heidegger et l’antisémitisme. Sur les “Cahiers noirs”, Le Seuil, Paris, 2014. Ver también la reseña que publiqué en Revista de estudios sobre genocidio, Año 7, volumen 10, Buenos Aires, noviembre 2015, pp.177-186.
[11] La traducción es nuestra. El original en alemán reza: “Die Frage nach der Rolle des Weltjudentums ist keine rassische, sondern die metaphysische Frage nach der Art von Menschentümlichkeit, die schlechthin ungebunden die Entwurzelung alles Seienden aus dem Sein als weltgeschichtliche „Aufgabe“ übernehmen kann“ (Überlugungen XIV) Nancy traduce al francés: “ La question du rôle de la juiverie mondiale n’est pas une question raciale mais la question métaphysique qui porte sur le type de modalité humaine qui peut, en étant absolument libérée, entreprendre à titre de ‘tâche’ historiale le déracinement de tout l’étant hors de l’être.” Op. Cit, p.21
[12] Martin Heidegger, Cuadernos negros 1931-1938op., cit., p. 26.
[13] Hannah Arendt, La condición humana, Paidós, Barcelona, 1998, p.22
[14] Nancy explica que en los Cuadernos encontramos una idea de sacrificio que no corresponde exactamente a la que Heidegger expone en Ser y tiempo sobre el sacrificio guerrero y el combate por la comunidad de un pueblo sino de un sacrifico más elevado, que exige la apropiación de una palabra del ser (Seyn), Op.Cit. p.73
[15] La noción de “archeo-teleología” es más bien derridiana, Nancy habla de una “archeotropía” simétrica a una “teleotropía”, lo importante es entender que esta dimensión no es progresista y no niega el pensamiento de Heidegger sobre la historia como Geschehen y Geschick. Sin embargo, como dirá Nancy más adelante, esto es contrario al pensamiento de Derrida como an-arquía de un destinoerrancia en donde el errar no se reabsorbe en un destino sino que el destino o la destinación debe pensarse a partir de la errancia. Op.cit, 64.
[16] Heidegger, Martin. Cuadernos negros 1931-1938, op., cit., p. 30.
[17] Ibídem., p. 44.
[18] Ibídem., p. 34.
[19] Ibídem., pp. 60-61
[20] Nirenberg, David. Anti-Judaism. The Western Tradition, Nueva York, Worton, 2013.
[21] Martin Heidegger, Cuadernos negros 1931-1938, Op., cit., pp 80-85.
[22] Según entiendo, Heidegger lee a San Agustín y a San Pablo en la década de los ’20 cuando contrapone el problema escatológico para criticar al cogito cartesiano. Ver a este respecto el reciente libro de Ryan Cone, Heidegger’s Confessions: The Remains of Saint Augustine in Being and Time and Beyond, Chicago, The University of Chicago Press, 2015, así como la reseña que hace Leibovic, Nitzan, “The Post-Heideggerian Age”, Modern Intellectual History, Cambridge University Press, 2016, pp.1-13.

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Poesía y política. Los resistentes fusilados por los nazis en Francia. Paul Celan y Louis Aragon escribieron sobre los héroes muertos en Francia , durante la II Guerra Mundial

Cartel nazi contra los resistentes asesinados por los alemanes en Francia, el año 1944

Este es el enlace al artículo donde se explica el tema de los resistentes extranjeros en Francia, fusilados por los nazis en 1944. https://www.franceculture.fr/histoire/aragon-eluard-hommage-groupe-manouchian-poesie

Le 21 février 1944, vingt-deux résistants du groupe Manouchian sont fusillés par les nazis. C’étaient des Francs-Tireurs et Partisans (FTP) de la Main d’œuvre immigrée (MOI). Des étrangers, communistes, qui luttaient contre l’occupant allemand. Ils sont restés célèbres car la propagande nazie avait placardée dans toute la France une affiche, sur fond rouge, censée les discréditer. Quatre d’entre eux étaient Ivryens : Celestino Alfonso, Roger Rouxel, Robert Witchiz et Wolf Wajsbrot. Le 21 février 2010, lors dune cérémonie leur rendant hommage au cimetière parisien d’Ivry, l’un des derniers témoins du groupe, Henri Karayan, a accordé une interview à l’Hebdo.net.
REPORTAJE audiovisual. El cartel nazi contra los resistentes anti nazis que fueron fusilados por los alemanes, en la Francia ocupada, durante la II Guerra Mundial

Partido Nacionalista Vasco PNV en tiempos del nazismo . Preferirían ser viles siervos de Hitler que españoles libres, aun siendo católicos

Mayor soberbia,servilismo y vileza sólo era y es superada por el irracional y atávico odio a España y los españoles https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2013-09-22/el-pnv-negocio-con-los-nazis-la-independencia-vasca-1276499947/

La destructividad humana. Erich Fromm contra el psicoanálisis (y contra Marcuse). Un interesante artículo de la revista El Basilisco, Nº 10, 1980

Estuve recordando un libro muy interesante de Erich Fromm, titulado en español como Anatomía de la destructividad humana, a raíz de una conversación con un amigo historiador, acerca de la polémica desatada por la petición, hecha por el presidente de México al rey de España, en la que el mexicano solicitaba que el rey español pida perdón por la Conquista y el supuesto genocidio y maltrato de los nativos de lo que era la actual tierra de México.

En la muerte de Fromm, artículo de Guillermo R Olmedo

Encontré un artículo publicado en la revista El Basilisco, fundada por el filósofo español, Gustavo Bueno, en el que se expone un análisis comparativo entre las tesis de Fromm y Herbert Marcuse.

http://www.fgbueno.es/bas/pdf/bas11005.pdfhttp://www.fgbueno.es/bas/pdf/bas11005.pdf

Desmitificando héroes literarios fabricados: el caso de Stefan Zweig. Sugerimos ver el video de Ramón Rubinat sobre Zweig, donde se analiza de modo crítico , materialista, la obra de Zweig.

AUTORBRAULIO GARCÍA JAÉNContacta al autor@BgarciajaenTAGS

TIEMPO DE LECTURA10′30/03/2019 19:40 – ACTUALIZADO: 31/03/2019 18:12 FUENTE https://www.elconfidencial.com/cultura/2019-03-30/stefan-zweig-guerra-nacionalismo-mundo-de-ayer_1909574/?fbclid=IwAR0OITMJ3WNweXcIZdF8npyzNvtp_kCryiiUeoVNxY7Os1hpiqiGGF0QO1I

Miles de civiles son ejecutados cerca del frente al principio de la Primera Guerra Mundial, meros sospechosos de espionaje. Un escritor austríaco, por entonces ya conocido pero que en los años de entreguerras se convertiría en un pacifista de fama internacional, escribe en su diario, en alemán, y pensando como los ejecutores: “Hay que cauterizar con el hierro al rojo lo que la suciedad ha hecho supurar”. Eso escribía en privado “el buen europeo de Stefan Zweig”, como lo llamó un escritor francés amigo suyo a quien Zweig tranquilizaba por carta sobre la firmeza de su pacifismo. ¿Y en público, qué hacía el autor de ‘El mundo de ayer’ en la Viena de la cultura y de la catástrofe de los Hasburgo?

[Los 10 libros imprescindibles de Stefan Zweig]

A finales de 1914, Zweig tenía 33 años, la edad de Cristo, el flequillo lacio y la prosa brillante, y se dedicaba oficialmente a peinar a los héroes. Así es como los privilegiados miembros del Grupo Literario del Archivo de Guerra, creado al efecto y para el efectismo, llamaban a su tarea propagandística. Al cuartel llegaban los informes de los oficiales proponiendo condecorar a algún soldado, y ellos, los escritores, los adornaban para “atrapar la atención del lector”, según resumen de un alto mando. De 9 a 15 horas cada día, el estilo de Zweig, que después se convertiría en el ciudadano del mundo que hoy leemos, se ponía al servicio de la máquina de picar carne. “Tres historias al día”, esa era la frase hecha que lo resumía todo. Por las tardes, se reunía con otros escritores en el Café Imperial a leer los periódicos, estos también acicalados por el Grupo de Prensa.

Un siglo después, la obra de Zweig (Viena, 1881-Río de Janeiro, 1942) se edita en España con una regularidad industrial. Más de un título al mes desde hace cinco años: 79 libros en total desde 2014según la base de datos del Ministerio de Cultura. La mayoría son obras suyas, aunque también hay varios ensayos y biografías sobre “el buen europeo” del que habló Roman Rolland. Judío, socialdemócrata, perseguido por los nazis, su autobiografía ‘El mundo de ayer’, subtitulada ‘Memorias de un europeo’, cuesta 27 euros y lleva 26 ediciones (y subiendo). Sin embargo, las páginas dedicadas a su fiebre nacionalista y sus ejercicios bélicos parecen arrancadas. Él, directamente, jamás escribió sobre ello el resto de su vida. ¿Vergüenza u omisión de un esteta?

'El mundo de ayer' - Stefan Zweig
‘El mundo de ayer’ – Stefan Zweig

La pregunta cobra interés probablemente por las mismas razones que su aura no deja de crecer: con el nacionalismo otra vez burbujeante y la sombra recalentada de los años treinta, los “forjadores de la conciencia europea”, entre quienes habría que incluir a Zweig, son más necesarios que nunca. “Los que creemos en la libertad debemos reconocer donde están las flaquezas de nuestros maestros, porque es absurdo negar las flaquezas de los seres humanos. Pero también tenemos que reconocer que luego da su vida por sus ideales, que son los ideales del viejo liberalismo europeo”, explica el escritor Mauricio Wisenthal (Barcelona, 1943), que en su juventud alcanzó a conocer a algunos amigos de Zweig y cuya primera mujer, Friderike, le dedicó un librito que todavía guarda.

“Conociendo estos hechos, si uno luego lee ‘El mundo de ayer’ u otros libros, te das cuenta que él retocaba algunas cosas para aparecer bajo una mejor luz”, dice Adan Kovacsis, traductor y autor de un ensayo, ‘Guerra y lenguaje’ (Acantilado), donde analiza el papel de ese grupo de escritores al servicio de la causa. “Hay algo mentiroso en eso”, añade. Kovacsis, que asume que “todo ello no le quita mérito a lo que luego escribió”, es traductor, entre otros, de Karl Kraus, contemporáneo de Zweig y quizá la voz que con mayor poder dramático se opuso a la guerra. Kraus fue más duro que su traductor al español: “Kraus criticaba que los escritores iban al Archivo para escabullirse y no ir al frente, y al mismo tiempo se dedicaban a escribir propaganda para mandar otros al frente”, señala Kovacsis.

Los editores de sus obras completas borraron el rastro; sin embargo, quedan sus diarios y la vergüenza de sus lectores

¿Pero hasta qué punto los escritos de Zweig se contagiaron de aquel súbito entusiasmo bélico de las principales capitales europeas a partir de agosto de 1914? Es difícil saberlo: en parte porque muchos de sus textos no se firmaban, tanto los del Archivo de la Guerra como los artículos que enviaba al oficialista Neue Freie Presse, y en parte porque el propio Zweig, con su silencio posterior, y los editores de sus obras completas, que los expurgaron, se encargaron de borrar el rastro. Sin embargo, quedan sus diarios y la vergüenza de sus lectores.

Días de agosto

La misma editorial que publica a Zweig y Kraus en español, Acantilado, publicó una monumental biografía de Franz Kafka en 2016, obra de Reiner Stach. El 2 de agosto de 2014, Kafka anotó en su diario. “Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde, Escuela de Natación”. Las anotaciones de Zweig, sin embargo, eran bastante más comprometidas. Y, leídas hoy, comprometedoras, a juicio de Stach, que recoge bastantes de ellas en lo que es también la biografía de medio siglo XX.

“Lieja asaltada: primero en vano, luego con éxito por los alemanes: una acción heroica”, escribe Zweig el 7 de agosto. Cuando los alemanes apresan a miles de franceses en Metz, anota: “Con un valor único: uno se siente orgulloso de hablar alemán”. Los serbios son “hordas”. En cambio, hundir tres cruceros ingleses con 2.000 soldados a bordo: “un acto heroico de cautela y osadía”. La censura hace estragos, pero él celebra las cifras oficiales: “vivir este día ha sido en verdad hermoso, me alegro ya pensando en mañana. Se habla de cien mil prisioneros”. Los civiles ejecutados, el merecido correctivo a “la suciedad que ha supurado”.

Stefan Zweig, en pie, y su hermano Alfred en Viena hacia 1900
Stefan Zweig, en pie, y su hermano Alfred en Viena hacia 1900

Zweig, obviamente, no fue el único escritor que pasó por el Archivo de la Guerra. Sin embargo, incluso una vez dentro de aquel cuartel amarillo por fuera y blanco por dentro situado en la Stiefgasse, hubo quien se resistió o fue incapaz de escribir propaganda. Rilke, por citar al único de fama hoy comparable a la de Zweig, precisamente por su incapacidad para colaborar en el adorno de los crímenes de guerra acabó relegado a un rincón, separado del grupo y subrayando -literalmente- los balances y las listas con los nombres de los soldados, según cuenta Kovacsis en el imprescindible Guerra y lenguaje (Acantilado).

Karl Kraus, que dejó durante meses de publicar su revista, La Antorcha, como enmudecida protesta ante el horror que él había visto venir y denunciado, jamás le perdonó a Zweig aquella ambivalencia. Años después, en un artículo en el que destripaba un preciosismo verbal cometido por el autor de Fouché, lo describía como “uno de los charlatanes más representativos de la cultura europea”.

Karl Kraus describió a Zweig como “uno de los charlatanes más representativos de la cultura europea”

Edward Timms, que leyó los diarios de Zweig antes de publicar una biografía de Kraus, consideró que también reflejaban que en el fondo “se sintió horrorizado ante la guerra”, pero criticó su falta de entereza. “Zweig era un pacifista que carecía del coraje para mantener sus propias convicciones”, escribió Timms en ‘Karl Kraus, satírico apocalíptico: Cultura y catástrofe en la Viena de los Hasburgo’ (La Balsa de la Medusa), publicada originalmente en 1986.

“La totalidad de sus escritos propagandísticos de Zweig fue camuflada por los editores de sus Obras Completas”, añade Timms en una nota. Los diarios de Zweig se habían publicado por primera vez en Alemania dos años antes. En España no se han editado, como tampoco su correspondencia con Romain Rolland.

El silencio y la vergüenza

El catálogo de y sobre Zweig en español sigue creciendo cada mes: durante la primera mitad de este año, una biografía ilustrada de Jesús Marchamalo y Antonio Santos, ‘Stefan Zweig, la tinta violeta’ (Nórdica); una selección y prólogo de Zweig a varios ensayos de Tolstoi, ‘La revolución interior’ (Errata Naturae); dos biografías del autor austriaco sobre ‘Balzac’ (Paidós) y ‘Magallanes’ (Capitán Swing), y otros dos libros en Acantilado, el sello de casi la mitad de sus títulos españoles: ‘Américo Vespucio. Retrato de un error histórico’ y, en mayo, ‘Encuentro con libros’.

Pero su influencia es global. El biopic ‘Adiós, Europa’, dirigida por María Schrader, que contaba su huida del nazismo y su suicidio en Brasil, compitió hace dos años por el Oscar a mejor película extranjera. Es tan global, que ya sirve para una cosa y la contraria: para el cosmopolitismo progresista de ‘La muerte de la verdad’, de la crítica literaria del New York Times, Michiko Kakutani, recién aparecido en español. Pero también para el mal disimulado nacionalismo –aunque se disfrace de “nacidos en Europa”—del columnista conservador británico Douglas Murray, en ‘The Strange Death Of Europe’, donde la que se suicida directamente es Europa, oportunamente empujada por el subtítulo: “inmigración, identidad, Islam”.Tráiler de ‘Adiós, Europa’

Murray no habla desde luego de la Europa de Juan Vernet (Barcelona, 1923-2011), el autor ‘Lo que Europa le debe al islam español’ (Acantilado), sino de esa otra a cuyas costas mediterráneas llegan hordas de inmigrantes. “Cuando tú estás viviendo en un sitio, lo que distingue a un nacionalista es que, de repente, te dicen: “usted, no es de aquí”. Usted no tiene ni la sangre pura, ni la religión, ni el color ni tiene derecho a hablar aquí”, dice Wishental al otro lado del teléfono, en su casa de Barcelona, mientras busca el libro que le dedicó la mujer de Zweig. “Eso él”, dice recordando al autor de ‘El mundo de ayer’, “se lo encontró también en Alemania”.

Seguridad burguesa

No es descartable que tuviera razón Kraus al criticar el preciosismo, de la forma y por tanto del fondo, en que incurre a veces de Zweig. Exactamente lo que rescata Kakutani en su ensayito: “Había un sentimiento de seguridad durante esos años para las clases media y media-alta”, dice la autora antes de citar al propio Zweig: “La casa de uno estaba asegurada contra el fuego y el robo su campo contra el granizo y la tormenta, y su persona, contra el accidente y la enfermedad”. Así recordaba Zweig el periodo previo a la Primera Guerra Mundial, aunque parezca que estaba soñando con la Unión Europea del siglo XXI.

Contra eso también escribía Kraus en 1926: “Justamente eso es lo que necesita el lector de periódicos. Entre Berlín y Viena la burguesía se ve introducida en la literatura mundial de la mano de Emil Ludwig y Stefan Zweig con el mayor ahorro de tiempo concebible, y la consecuencia es que de ese estilo de gente ya forma parte de ella incluso en París y Londres.” Podría haber añadido Nueva York. “Al lector le hacen habitables y acogedoras las lagunas en que consiste su formación”.

Los cadáveres de Stefan y Lotte Zweig tal y como los encontraron tras su suicidio en Petrópolis, Brasil
Los cadáveres de Stefan y Lotte Zweig tal y como los encontraron tras su suicidio en Petrópolis, Brasil

Tampoco es descartable, sin embargo, que el silencio eterno de Zweig no fuera solo producto de una omisión deliberada, o del pudor coqueta con el que siempre se adornan los recuerdos propios. Al fin y al cabo, todo lo que escribió por y para la guerra “eran fórmulas que en el fondo daban vergüenza”, como sugiere Wisenthal. Y, en mitad de los peligrosos años 30, Zweig acabó bajando a la calle a defender lo que escribía. “Él participó en las barricadas en Viena en el año 34, en la lucha por la libertad y los derechos de la gente contra los gobiernos de ultraderecha”, añade Wishental, autor de un ensayo sobre ‘Rainier Maria Rilke’ (Acantilado).

Para entonces, demasiada gente, en Viena como en Alemania, apoyaba ya a los nazis que luego lo declararían autor “no ario”. Exiliado, el 22 de febrero de 1942 sus criados lo encontraron muerto junto a su esposa en la habitación de su casa en Petrópolis, Brasil. ‘El mundo de ayer’ se publicó póstumamente.

Ramón Rubinat

STEFAN ZWEIG: ¿CAVERNÍCOLA O IMPERIALISTA?

ANÁLISIS DEL PROYECTO COMPARATISTA DE ZWEIG  
A PARTIR DE LOS POSTULADOS DE LA CRÍTICA DE LA RAZÓN LITERARIA

A partir de la Crítica de la razón literaria de Jesús G. Maestro, este libro analiza el proyecto comparatista de Stefan Zweig titulado Los constructores del Mundo. La tesis de Ramón de Rubinat es que Zweig promueve un ideario político decididamente nacionalista e imperialista, que, tras la retórica irenista, fraternalista y soteriológica de sus ejercicios comparatistas, lleva a cabo un acto de guerra, un ataque, desde el pangermanismo (Hölderlin, Kleist, Nietzsche y Goethe), contra las literaturas de las naciones enemigas de Alemania ―Francia, Rusia, Inglaterra e Italia (como crítica a lo meridional)― en las figuras de algunos de sus más reputados autores literarios: Balzac, Stendhal, Dostoievski, Tolstoi, Dickens y Casanova.

El Zweig “que se conoce” es el letraherido que celebra la singularidad de los genios literarios, el humanista irenista y fraternal dinamizador de la cultura, pero, leído atentamente, y advertido uno de lo que la Literatura Comparada es, se ve que es todo lo contrario: es nacionalista e imperialista. Pero, para darse cuenta de esto, uno debe ser capaz de distinguir entre relaciones comparatistas de analogía, dialéctica o paralelismo, y ver que no hay comparatismo entre términos autotéticos (contextos endogámicos), y saber por qué no lo hay, pero para responder a esto debe uno contar con una definición de Literatura que comprenda la fuerza transductora de la política (de los Estados) y entender que toda “interpretación” es una declaración de guerra o “test de resistencia”, una forma de medir las propias fuerzas, y que por eso el comparatismo debe ser, forzosamente, exogámico (y de ahí el problema que representa para la Literatura la dejación de los Estados frente a Babel)… Y para quedar uno advertido de esto solo tenemos la Crítica de la razón literaria.

RAMÓN DE RUBINAT PARELLADA

Ramón de Rubinat Parellada (Balaguer, 1970) es profesor asociado de Crítica literaria en la Universidad de Lérida. Ha sido lector de Lengua y Literatura españolas en la Universidad de la Guajira (Colombia), en la John Hopkins (Estados Unidos), en la Universidad de la Provenza (Francia) y en la Universidad Hankuk de Estudios Extranjeros (Corea del Sur). Es autor de las obras Crítica de la obra literaria de Javier Cercas. Una execración razonada de la figura del intelectual (Editorial Academia del Hispanismo, 2014) y La erudición chiflada de Javier Cercas (Editorial Irreductible, 2015).

http://www.academiaeditorial.com/web/colecciones/biblioteca-catedra-de-teoria-de-la-literatura-y-materialismo-filosofico/stefan-zweig-cavernicola-o-imperialista/

Atacando al filósofo por mera demagogia electoralista y vil ignorancia o las izquierdas contra Gustavo Bueno

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