Partido Nacionalista Vasco PNV en tiempos del nazismo . Preferirían ser viles siervos de Hitler que españoles libres, aun siendo católicos

Mayor soberbia,servilismo y vileza sólo era y es superada por el irracional y atávico odio a España y los españoles https://www.libertaddigital.com/espana/politica/2013-09-22/el-pnv-negocio-con-los-nazis-la-independencia-vasca-1276499947/

La destructividad humana. Erich Fromm contra el psicoanálisis (y contra Marcuse). Un interesante artículo de la revista El Basilisco, Nº 10, 1980

Estuve recordando un libro muy interesante de Erich Fromm, titulado en español como Anatomía de la destructividad humana, a raíz de una conversación con un amigo historiador, acerca de la polémica desatada por la petición, hecha por el presidente de México al rey de España, en la que el mexicano solicitaba que el rey español pida perdón por la Conquista y el supuesto genocidio y maltrato de los nativos de lo que era la actual tierra de México.

En la muerte de Fromm, artículo de Guillermo R Olmedo

Encontré un artículo publicado en la revista El Basilisco, fundada por el filósofo español, Gustavo Bueno, en el que se expone un análisis comparativo entre las tesis de Fromm y Herbert Marcuse.

http://www.fgbueno.es/bas/pdf/bas11005.pdfhttp://www.fgbueno.es/bas/pdf/bas11005.pdf

Desmitificando héroes literarios fabricados: el caso de Stefan Zweig. Sugerimos ver el video de Ramón Rubinat sobre Zweig, donde se analiza de modo crítico , materialista, la obra de Zweig.

AUTORBRAULIO GARCÍA JAÉNContacta al autor@BgarciajaenTAGS

TIEMPO DE LECTURA10′30/03/2019 19:40 – ACTUALIZADO: 31/03/2019 18:12 FUENTE https://www.elconfidencial.com/cultura/2019-03-30/stefan-zweig-guerra-nacionalismo-mundo-de-ayer_1909574/?fbclid=IwAR0OITMJ3WNweXcIZdF8npyzNvtp_kCryiiUeoVNxY7Os1hpiqiGGF0QO1I

Miles de civiles son ejecutados cerca del frente al principio de la Primera Guerra Mundial, meros sospechosos de espionaje. Un escritor austríaco, por entonces ya conocido pero que en los años de entreguerras se convertiría en un pacifista de fama internacional, escribe en su diario, en alemán, y pensando como los ejecutores: “Hay que cauterizar con el hierro al rojo lo que la suciedad ha hecho supurar”. Eso escribía en privado “el buen europeo de Stefan Zweig”, como lo llamó un escritor francés amigo suyo a quien Zweig tranquilizaba por carta sobre la firmeza de su pacifismo. ¿Y en público, qué hacía el autor de ‘El mundo de ayer’ en la Viena de la cultura y de la catástrofe de los Hasburgo?

[Los 10 libros imprescindibles de Stefan Zweig]

A finales de 1914, Zweig tenía 33 años, la edad de Cristo, el flequillo lacio y la prosa brillante, y se dedicaba oficialmente a peinar a los héroes. Así es como los privilegiados miembros del Grupo Literario del Archivo de Guerra, creado al efecto y para el efectismo, llamaban a su tarea propagandística. Al cuartel llegaban los informes de los oficiales proponiendo condecorar a algún soldado, y ellos, los escritores, los adornaban para “atrapar la atención del lector”, según resumen de un alto mando. De 9 a 15 horas cada día, el estilo de Zweig, que después se convertiría en el ciudadano del mundo que hoy leemos, se ponía al servicio de la máquina de picar carne. “Tres historias al día”, esa era la frase hecha que lo resumía todo. Por las tardes, se reunía con otros escritores en el Café Imperial a leer los periódicos, estos también acicalados por el Grupo de Prensa.

Un siglo después, la obra de Zweig (Viena, 1881-Río de Janeiro, 1942) se edita en España con una regularidad industrial. Más de un título al mes desde hace cinco años: 79 libros en total desde 2014según la base de datos del Ministerio de Cultura. La mayoría son obras suyas, aunque también hay varios ensayos y biografías sobre “el buen europeo” del que habló Roman Rolland. Judío, socialdemócrata, perseguido por los nazis, su autobiografía ‘El mundo de ayer’, subtitulada ‘Memorias de un europeo’, cuesta 27 euros y lleva 26 ediciones (y subiendo). Sin embargo, las páginas dedicadas a su fiebre nacionalista y sus ejercicios bélicos parecen arrancadas. Él, directamente, jamás escribió sobre ello el resto de su vida. ¿Vergüenza u omisión de un esteta?

'El mundo de ayer' - Stefan Zweig
‘El mundo de ayer’ – Stefan Zweig

La pregunta cobra interés probablemente por las mismas razones que su aura no deja de crecer: con el nacionalismo otra vez burbujeante y la sombra recalentada de los años treinta, los “forjadores de la conciencia europea”, entre quienes habría que incluir a Zweig, son más necesarios que nunca. “Los que creemos en la libertad debemos reconocer donde están las flaquezas de nuestros maestros, porque es absurdo negar las flaquezas de los seres humanos. Pero también tenemos que reconocer que luego da su vida por sus ideales, que son los ideales del viejo liberalismo europeo”, explica el escritor Mauricio Wisenthal (Barcelona, 1943), que en su juventud alcanzó a conocer a algunos amigos de Zweig y cuya primera mujer, Friderike, le dedicó un librito que todavía guarda.

“Conociendo estos hechos, si uno luego lee ‘El mundo de ayer’ u otros libros, te das cuenta que él retocaba algunas cosas para aparecer bajo una mejor luz”, dice Adan Kovacsis, traductor y autor de un ensayo, ‘Guerra y lenguaje’ (Acantilado), donde analiza el papel de ese grupo de escritores al servicio de la causa. “Hay algo mentiroso en eso”, añade. Kovacsis, que asume que “todo ello no le quita mérito a lo que luego escribió”, es traductor, entre otros, de Karl Kraus, contemporáneo de Zweig y quizá la voz que con mayor poder dramático se opuso a la guerra. Kraus fue más duro que su traductor al español: “Kraus criticaba que los escritores iban al Archivo para escabullirse y no ir al frente, y al mismo tiempo se dedicaban a escribir propaganda para mandar otros al frente”, señala Kovacsis.

Los editores de sus obras completas borraron el rastro; sin embargo, quedan sus diarios y la vergüenza de sus lectores

¿Pero hasta qué punto los escritos de Zweig se contagiaron de aquel súbito entusiasmo bélico de las principales capitales europeas a partir de agosto de 1914? Es difícil saberlo: en parte porque muchos de sus textos no se firmaban, tanto los del Archivo de la Guerra como los artículos que enviaba al oficialista Neue Freie Presse, y en parte porque el propio Zweig, con su silencio posterior, y los editores de sus obras completas, que los expurgaron, se encargaron de borrar el rastro. Sin embargo, quedan sus diarios y la vergüenza de sus lectores.

Días de agosto

La misma editorial que publica a Zweig y Kraus en español, Acantilado, publicó una monumental biografía de Franz Kafka en 2016, obra de Reiner Stach. El 2 de agosto de 2014, Kafka anotó en su diario. “Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde, Escuela de Natación”. Las anotaciones de Zweig, sin embargo, eran bastante más comprometidas. Y, leídas hoy, comprometedoras, a juicio de Stach, que recoge bastantes de ellas en lo que es también la biografía de medio siglo XX.

“Lieja asaltada: primero en vano, luego con éxito por los alemanes: una acción heroica”, escribe Zweig el 7 de agosto. Cuando los alemanes apresan a miles de franceses en Metz, anota: “Con un valor único: uno se siente orgulloso de hablar alemán”. Los serbios son “hordas”. En cambio, hundir tres cruceros ingleses con 2.000 soldados a bordo: “un acto heroico de cautela y osadía”. La censura hace estragos, pero él celebra las cifras oficiales: “vivir este día ha sido en verdad hermoso, me alegro ya pensando en mañana. Se habla de cien mil prisioneros”. Los civiles ejecutados, el merecido correctivo a “la suciedad que ha supurado”.

Stefan Zweig, en pie, y su hermano Alfred en Viena hacia 1900
Stefan Zweig, en pie, y su hermano Alfred en Viena hacia 1900

Zweig, obviamente, no fue el único escritor que pasó por el Archivo de la Guerra. Sin embargo, incluso una vez dentro de aquel cuartel amarillo por fuera y blanco por dentro situado en la Stiefgasse, hubo quien se resistió o fue incapaz de escribir propaganda. Rilke, por citar al único de fama hoy comparable a la de Zweig, precisamente por su incapacidad para colaborar en el adorno de los crímenes de guerra acabó relegado a un rincón, separado del grupo y subrayando -literalmente- los balances y las listas con los nombres de los soldados, según cuenta Kovacsis en el imprescindible Guerra y lenguaje (Acantilado).

Karl Kraus, que dejó durante meses de publicar su revista, La Antorcha, como enmudecida protesta ante el horror que él había visto venir y denunciado, jamás le perdonó a Zweig aquella ambivalencia. Años después, en un artículo en el que destripaba un preciosismo verbal cometido por el autor de Fouché, lo describía como “uno de los charlatanes más representativos de la cultura europea”.

Karl Kraus describió a Zweig como “uno de los charlatanes más representativos de la cultura europea”

Edward Timms, que leyó los diarios de Zweig antes de publicar una biografía de Kraus, consideró que también reflejaban que en el fondo “se sintió horrorizado ante la guerra”, pero criticó su falta de entereza. “Zweig era un pacifista que carecía del coraje para mantener sus propias convicciones”, escribió Timms en ‘Karl Kraus, satírico apocalíptico: Cultura y catástrofe en la Viena de los Hasburgo’ (La Balsa de la Medusa), publicada originalmente en 1986.

“La totalidad de sus escritos propagandísticos de Zweig fue camuflada por los editores de sus Obras Completas”, añade Timms en una nota. Los diarios de Zweig se habían publicado por primera vez en Alemania dos años antes. En España no se han editado, como tampoco su correspondencia con Romain Rolland.

El silencio y la vergüenza

El catálogo de y sobre Zweig en español sigue creciendo cada mes: durante la primera mitad de este año, una biografía ilustrada de Jesús Marchamalo y Antonio Santos, ‘Stefan Zweig, la tinta violeta’ (Nórdica); una selección y prólogo de Zweig a varios ensayos de Tolstoi, ‘La revolución interior’ (Errata Naturae); dos biografías del autor austriaco sobre ‘Balzac’ (Paidós) y ‘Magallanes’ (Capitán Swing), y otros dos libros en Acantilado, el sello de casi la mitad de sus títulos españoles: ‘Américo Vespucio. Retrato de un error histórico’ y, en mayo, ‘Encuentro con libros’.

Pero su influencia es global. El biopic ‘Adiós, Europa’, dirigida por María Schrader, que contaba su huida del nazismo y su suicidio en Brasil, compitió hace dos años por el Oscar a mejor película extranjera. Es tan global, que ya sirve para una cosa y la contraria: para el cosmopolitismo progresista de ‘La muerte de la verdad’, de la crítica literaria del New York Times, Michiko Kakutani, recién aparecido en español. Pero también para el mal disimulado nacionalismo –aunque se disfrace de “nacidos en Europa”—del columnista conservador británico Douglas Murray, en ‘The Strange Death Of Europe’, donde la que se suicida directamente es Europa, oportunamente empujada por el subtítulo: “inmigración, identidad, Islam”.Tráiler de ‘Adiós, Europa’

Murray no habla desde luego de la Europa de Juan Vernet (Barcelona, 1923-2011), el autor ‘Lo que Europa le debe al islam español’ (Acantilado), sino de esa otra a cuyas costas mediterráneas llegan hordas de inmigrantes. “Cuando tú estás viviendo en un sitio, lo que distingue a un nacionalista es que, de repente, te dicen: “usted, no es de aquí”. Usted no tiene ni la sangre pura, ni la religión, ni el color ni tiene derecho a hablar aquí”, dice Wishental al otro lado del teléfono, en su casa de Barcelona, mientras busca el libro que le dedicó la mujer de Zweig. “Eso él”, dice recordando al autor de ‘El mundo de ayer’, “se lo encontró también en Alemania”.

Seguridad burguesa

No es descartable que tuviera razón Kraus al criticar el preciosismo, de la forma y por tanto del fondo, en que incurre a veces de Zweig. Exactamente lo que rescata Kakutani en su ensayito: “Había un sentimiento de seguridad durante esos años para las clases media y media-alta”, dice la autora antes de citar al propio Zweig: “La casa de uno estaba asegurada contra el fuego y el robo su campo contra el granizo y la tormenta, y su persona, contra el accidente y la enfermedad”. Así recordaba Zweig el periodo previo a la Primera Guerra Mundial, aunque parezca que estaba soñando con la Unión Europea del siglo XXI.

Contra eso también escribía Kraus en 1926: “Justamente eso es lo que necesita el lector de periódicos. Entre Berlín y Viena la burguesía se ve introducida en la literatura mundial de la mano de Emil Ludwig y Stefan Zweig con el mayor ahorro de tiempo concebible, y la consecuencia es que de ese estilo de gente ya forma parte de ella incluso en París y Londres.” Podría haber añadido Nueva York. “Al lector le hacen habitables y acogedoras las lagunas en que consiste su formación”.

Los cadáveres de Stefan y Lotte Zweig tal y como los encontraron tras su suicidio en Petrópolis, Brasil
Los cadáveres de Stefan y Lotte Zweig tal y como los encontraron tras su suicidio en Petrópolis, Brasil

Tampoco es descartable, sin embargo, que el silencio eterno de Zweig no fuera solo producto de una omisión deliberada, o del pudor coqueta con el que siempre se adornan los recuerdos propios. Al fin y al cabo, todo lo que escribió por y para la guerra “eran fórmulas que en el fondo daban vergüenza”, como sugiere Wisenthal. Y, en mitad de los peligrosos años 30, Zweig acabó bajando a la calle a defender lo que escribía. “Él participó en las barricadas en Viena en el año 34, en la lucha por la libertad y los derechos de la gente contra los gobiernos de ultraderecha”, añade Wishental, autor de un ensayo sobre ‘Rainier Maria Rilke’ (Acantilado).

Para entonces, demasiada gente, en Viena como en Alemania, apoyaba ya a los nazis que luego lo declararían autor “no ario”. Exiliado, el 22 de febrero de 1942 sus criados lo encontraron muerto junto a su esposa en la habitación de su casa en Petrópolis, Brasil. ‘El mundo de ayer’ se publicó póstumamente.

Ramón Rubinat

STEFAN ZWEIG: ¿CAVERNÍCOLA O IMPERIALISTA?

ANÁLISIS DEL PROYECTO COMPARATISTA DE ZWEIG  
A PARTIR DE LOS POSTULADOS DE LA CRÍTICA DE LA RAZÓN LITERARIA

A partir de la Crítica de la razón literaria de Jesús G. Maestro, este libro analiza el proyecto comparatista de Stefan Zweig titulado Los constructores del Mundo. La tesis de Ramón de Rubinat es que Zweig promueve un ideario político decididamente nacionalista e imperialista, que, tras la retórica irenista, fraternalista y soteriológica de sus ejercicios comparatistas, lleva a cabo un acto de guerra, un ataque, desde el pangermanismo (Hölderlin, Kleist, Nietzsche y Goethe), contra las literaturas de las naciones enemigas de Alemania ―Francia, Rusia, Inglaterra e Italia (como crítica a lo meridional)― en las figuras de algunos de sus más reputados autores literarios: Balzac, Stendhal, Dostoievski, Tolstoi, Dickens y Casanova.

El Zweig “que se conoce” es el letraherido que celebra la singularidad de los genios literarios, el humanista irenista y fraternal dinamizador de la cultura, pero, leído atentamente, y advertido uno de lo que la Literatura Comparada es, se ve que es todo lo contrario: es nacionalista e imperialista. Pero, para darse cuenta de esto, uno debe ser capaz de distinguir entre relaciones comparatistas de analogía, dialéctica o paralelismo, y ver que no hay comparatismo entre términos autotéticos (contextos endogámicos), y saber por qué no lo hay, pero para responder a esto debe uno contar con una definición de Literatura que comprenda la fuerza transductora de la política (de los Estados) y entender que toda “interpretación” es una declaración de guerra o “test de resistencia”, una forma de medir las propias fuerzas, y que por eso el comparatismo debe ser, forzosamente, exogámico (y de ahí el problema que representa para la Literatura la dejación de los Estados frente a Babel)… Y para quedar uno advertido de esto solo tenemos la Crítica de la razón literaria.

RAMÓN DE RUBINAT PARELLADA

Ramón de Rubinat Parellada (Balaguer, 1970) es profesor asociado de Crítica literaria en la Universidad de Lérida. Ha sido lector de Lengua y Literatura españolas en la Universidad de la Guajira (Colombia), en la John Hopkins (Estados Unidos), en la Universidad de la Provenza (Francia) y en la Universidad Hankuk de Estudios Extranjeros (Corea del Sur). Es autor de las obras Crítica de la obra literaria de Javier Cercas. Una execración razonada de la figura del intelectual (Editorial Academia del Hispanismo, 2014) y La erudición chiflada de Javier Cercas (Editorial Irreductible, 2015).

http://www.academiaeditorial.com/web/colecciones/biblioteca-catedra-de-teoria-de-la-literatura-y-materialismo-filosofico/stefan-zweig-cavernicola-o-imperialista/

Atacando al filósofo por mera demagogia electoralista y vil ignorancia o las izquierdas contra Gustavo Bueno

twitter.com/somosuvieu/status/1106560240177295360

Entrevista a Gustavo Bueno Sánchez sobre asuntos relacionados con el presente de España en Europa y contra sus enemigos internos y externos en el presente

https://www.elmundo.es/opinion/2019/02/16/5c654ba7fdddffcd628b4624.html

La violencia es el mensaje. Un texto de S. Hasam

FUENTE  http://manuelsolis.mx/text.html

La deshumanización de lo humano: la violencia es el mensaje

La dinámica de la vida social se caracteriza por múltiples y recurrentes conflictos. La manera de resolverlos, de domesticar y canalizar los deseos pulsionales, es la medida del grado civilizatorio o de salvajeidad en el que se encuentra una población en un momento dado. A través del tiempo la dinámica social dentro de un marco histórico puede favorecer y estimular soluciones biofílicas que busquen que cada ser humano goce de cierta paz, seguridad y libertad; condiciones que favorezcan la realización de la vida de cada uno durante su existencia terrenal.
Lo contrario también puede ocurrir: favorecer la aplicación de soluciones que dan rienda suelta a la pulsión de muerte, a la necrofilia, a salidas inhumanas. “Muerto el perro, se acabó la rabia”, en mexicano. Una cultura que celebra con música y canto desde la infancia más temprana, una presunta “ley natural de la vida”, de la existencia humana, la guerra como estado natural y matar: “mexicanos al grito de guerra” hasta inundar el territorio bajo torrentes de sangre humana, cubiertos de cadáveres y pedazos humanos flotantes, torrentes de los que resalta un archipiélago de miles de fosas que ocultan incontables cadáveres humanos de matanzas, pues “la vida no vale nada”; no solamente la de los congéneres, sino la propia; una cultura que socava incluso el instinto de conservación.
Pero en el contexto histórico actual, ¿qué es ese “Nada” que vale la vida? Dinero, “nada, sólo dinero” (Horst Kurnitzky). La vida de cada ser humano, sus partes (órganos internos) convertidos en una mercancía más, bien ejemplificado en las industrias de trata y esclavitud, del secuestro, de tráfico de órganos, de la salud. Quien [convertido ya en una mera mercancía], es decir, lo que no es valorizable en términos del mercado, estorba; por ende, debe ser desechado, exterminado, pues, además, el proceso de desecho y exterminio molecular y masivo requiere inversión de capital ocioso en fuerzas coercitivas, equipamiento, y genera enormes ganancias, hace que el capital “crezca”, “se reproduzca”. 
Cuando la única razón de ser y actuar de los individuos, ya auto mercantilizados, auto inhumanizados, es obtener el acceso directo al dinero sin mediación social, como un fin en sí mismo, a la manera en que el rey Midas convertía (mataba) lo viviente en materia dorada sin vida, oro, queda liquidado lo que de sociedad existía (Horst Kurnitzky) y desintegradas las condiciones básicas materiales, sociales y psíquicas para el sustento de la convivencia humana. Lo inhumano es justo, lo humano es injusto; la corrupción es virtud, la decencia es desvergüenza; los “derechos inhumanos”, justicia; los derechos humanos, injusticia.  
El colapso prolongado de una civilización y su caída libre en el abismo de la salvajeidad caracteriza los tiempos actuales. Este proceso comparte rasgos comunes en todas partes y en todos los planos, desde el psíquico individual y social, hasta la esfera global, a los que se suman atributos específicos en cada ámbito y lugar particular. La vida individual y social lanzada a un estado de precariedad existencial integral, así como la devastación del entorno ecológico en territorio mexicano constituyen un capítulo específico dentro de este proceso global, del que forma parte y que le rebasa.
Por eso, si bien allí la salvajeidad ha sido una constante, con periodos de mayor o menor intensidad y propagación, el proceso actual es inusitado, quizás sólo comparable con la bestial matanza, rapiña y edificación de la Nueva España. A diferencia de entonces, donde estaba en marcha un mega proyecto colonial imperial ultra marino, hoy eclosiona una crisis de la humanidad. El derrumbe de una civilización en múltiples torrentes con rápidos, vórtices y cascadas que crecen hasta formar especies de tsunamis, sin que nadie con seriedad se atreva a predecir a dónde conducirá el proceso, salvo a señalar que se encuentra al inicio, y que es y será caracterizado por enormes dislocaciones, crisis y orgías de destrucción y muerte masiva, donde las diferentes fuerzas sociales interactuarán y se confrontarán. Este proceso lo percibe Manuel Solís como una “sensación caótica”, un “caos infinito”, que crece y crece infinitamente, pudiera uno aseverar, de manera paralela al crecimiento exponencial del capital ocioso y virtual en el circuito financiero internacional, cuyas burbujas especulativas autogeneradas crecen y crecen hasta que revientan y desaparecen instantánea y mágicamente como las de jabón, dejando tras de sí enormes zonas enteras del planeta material y socialmente aniquiladas.
Para representar y hacer aprehensible el devenir violento de este “mundo fuera de quicio” (Wolfgang Streeck), Manuel Solís ha escogido utilizar pequeños rectángulos de madera, todos exactamente de las mismas dimensiones, colocados cada uno lado a lado, que conforman dos collages rectángulares grandes, proporcionales a los pequeños rectángulos, a los que, como el “caos infinito”, el artista puede ir agregando más y más rectángulos, para representar atributos adicionales de ese proceso en expansión violenta y entrópica.
Adicionalmente, en otros cuadros, el proceso de ensalvajizamiento por incrementos es representado al contrastar la polis todavía de pie, cuna y símbolo de la cultura y la civilización, donde, como se decía en el medioevo feudal, “el aire de la ciudad libera” [„Stadtluft macht frei“], con el fondo donde, de manera instantánea por bombardeo aéreo, aquella deja de existir y queda convertida en ruinas y escombros ocultos dentro de nubes mortíferas generadas por las explosiones. La “destrucción creativa” schumpeteriana de la economía neoclásica (Joseph Schumpeter) y la neoliberal –así llamada– “disrupción creativa”, han dado paso a la destrucción pura y total. Otro cuadro muestra en un acercamiento de la polis desmembrada, en detalle unos edificios, donde quizás poco tiempo antes la vida cotidiana se desenvolvía, abiertos en canal, en ruinas y escombros, mostrando adicionalmente, a través del recurso de representar soldados de plástico kitsch con los que los niños juegan; la cultura de juguetes bélicos. En el fondo los escombros del producto final de ese proceso de socialización necrofílica.
La deshumanización de lo humano no sólo se refiere a las/os victimarias/os, sino también a las víctimas: seres humanos descuartizados, deformados, reducidos a retazos de cuerpo humano, a pedazos de carroña, por sus congéneres, que pueden ser a la vez víctimas y victimarias/os, hasta quedar, un mundo paranóico, el último sobreviviente (Elías Canetti-Caso Schreber). El mundo real deviene en un ensueño monstruoso y aniquilante, y ese ensueño, que es el mundo concreto, invade y se apropia del sueño de cada individuo cuando cae dormido, y vice-versa. Un círculo cerrado existencial de horror y angustia.
Una sensación de inseguridad, de desprotección ante múltiples amenazas ubicuas, invisibles, que pueden atacar en cualquier momento, y frente a las cuales no puede uno protegerse. El mundo como un lugar inseguro, donde cada individuo vive la precariedad integral y una sensación de amenaza existencial total.
Simultáneamente, al ver la misma portada múltiples veces el mismo día en múltiples lugares distintos, conforme desarrolla su vida cotidiana, en un proceso repetitivo, cada pasante constata que hasta ese momento es un sobreviviente, lo cual genera una sensación de placer, de satisfacción de haber sobrevivido a la víctima, al otro.
En la obra de Manuel Solís es evidente el intento de sensibilizar, de humanizar la deshumanización rampante a través de la reflexión, del recurso al “efecto de distanciamiento”, empleado a su manera en tiempos de salvajeidad por Pieter Brueghel, el Viejo en “El triunfo de la Muerte” (1562), y en el siglo XX por Bertolt Brecht en la literatura, que tiene como fundamento, entre otros, la crítica de raíz y, derivado de esta, el esclarecimiento. Crítica al consumo de la violencia, de la imagen violenta, a la deshumanización de lo humano donde, anota Manuel Solís, “la violencia es el mensaje”; mostrar que, en el sentido de los cineastas Pier Paolo Pasolini y Michael Haneke, la violencia es inconsumible.


Stephan Hasam.
2016